Miércoles , 17 Enero 2018

#OpiniónCruzada Hora de los balances

Por Milo Parker (@UCParker)

Ayer –domingo- se jugó un partido bastante emotivo en el Estadio Calvo y Bascuñán de Antofagasta. La primera curiosidad fue que U. Católica no era el protagonista de la película. Todas las luces estaban con los nortinos, que se jugaban una histórica clasificación a un torneo internacional. Y se notó en cancha, el primer tiempo fue cien por ciento puma.

Fiel a la tendencia del año, U. Católica hizo un primer tiempo opaco y timorato. D. Antofagasta, por su parte, propuso lo contrario y se encontró con la apertura del marcador utilizando exactamente la misma fórmula que nos aplicó O´higgins hace sólo dos semanas. Esto a través de un centro que no parecía tan peligroso, pero que el goleador nortino –favorecido por nuestra débil resistencia defensiva- supo capitalizar de manera extraordinaria.

Cuatro minutos más tarde, e insistiendo por nuestro carril izquierdo –el de G. Voboril-, nos metieron un balón a la línea de fondo, que derivó en un centro-shot y listo. De vuelta al círculo central. Dos a cero abajo y a remar contra una corriente que, dado lo acontecido durante el campeonato, parecía imposible de remontar.

Pero esta vez fue distinto, la calculadora ya no apretaba. Y si no nos jugábamos nada, lo lógico era darles minutos a los juveniles, justamente para que “se la jueguen”. Finalmente M. Salas lo supo ver e hizo ingresar desde el arranque del segundo tiempo al chico David Henríquez. Quien, en la primera opción de gol que tuvo, no dudó en marcar una diagonal perfecta al primer palo, para definir de “palomita” al segundo. Golón.

De ahí en más, nos soltamos y definitivamente al cuadro puma se le vino la tarde, la calculadora y el recuerdo del último partido que jugamos allá (1-5 a favor de la UC). Tras el empate de D. Buonanotte –en jugada de baby con el Chapa-, D. Antofagasta, que sólo le servía ganar, se fue con todo en busca del triunfo. Lo que nos exigió bastante en defensa, pero lógicamente nos facilitó las cosas en materia ofensiva. Así fue como J.P. Fuenzalida –tras un rebote en la definición de D. Henríquez- puso la ventaja y luego L. Aued –de penal- puso la guinda de lo que sería la única remontada cruzada del torneo.

Y bueno, al fin se acabó esta verdadera película de terror que resultó ser el Transición para U. Católica. Es hora de hacer balances y empezar a construir un plantel competitivo desde los cimientos. Esperamos que la mano de don Ignacio Prieto se note y devuelva a la UC a lo más alto de Chile y ojalá podamos lograr otro título internacional.

Por último, felicito a la hinchada de U. Católica que se hizo presente en cada cancha que nos tocó jugar. Hermosos marcos de público para espectáculos que no lo fueron tanto. Un verdadero carnaval, como toda la vida. ¡Aguante Católica!

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