
Horacio de la Peña puede ser, tranquilamente, catalogado como uno de los argentinos más queridos en Chile. El “Pulga” fue el entrenador de Fernando González en sus mejores momentos, ganó dos Mundiales de tenis capitaneando al país y fue pieza clave en las medallas de Nicolás Masssú y Feña en Atenas 2004.
El trasandino hizo patria, se quedó acá y ha sido un pilar fundamental en el desarrollo del tenis nacional. Creó la Legión Sudamericana, que le ha dado a Chile la posibilidad de tener torneos Challenger en Temuco, Concepción y Antofagasta.
De todo eso, y mucho más, fue de lo que habló De la Peña con Raquetas y Palas, el podcast de En Cancha para los amantes del tenis. Mucho ojo, que hay algunas anécdotas imperdibles.
La Legión Sudamericana, el lega por el que sigue luchando
- Horacio, ha sido un año movido, como todos, desde que empezaste con esto de la Legión Sudamericana.
Esta idea del circuito Dove Men Care me consumió hace seis años. Como dije en la entrega de premios, este es el torneo número 22 que realizamos en Chile, el número 48 en la región. Mucho trabajo, pero mucha satisfacción. Nunca me imaginé que la reacción del tenis sudamericano iba a ser así.
- ¿De dónde nace esta idea? Me imagino que viene de ver carencias en el circuito, una oportunidad de crecimiento que querías darles a los tenistas de toda Sudamérica.
Yo jugué tenis en Sudamérica de chico y estaba instalado que no había torneos acá. Si querías jugar, jugabas junior y cuando te hacías profesional tenías que ir a Europa. Los que tenían el coraje y la suerte de hacerlo bien en los primeros dos años, pasaban. Los otros se quedaban.
En la pandemia empecé a hacer lives por Instagram entrevistando a los mejores jugadores del mundo — entrevistas de dos horas y media, tres horas. Siempre metía una pregunta: ¿qué piensan del tenis sudamericano? No importaba a quién le preguntara, si le preguntaba a Corretja, a Carlos Costa o a Nalbandian — todos me decían lo mismo: “El tenis sudamericano es durísimo.”
¿Por qué? Porque en juniors jugamos igual que todo el mundo, la misma cantidad de torneos. Los buenos juniors sudamericanos están entre los top 10 del mundo. Pero cuando pasan al profesionalismo, en Europa hay 168 challengers y cuando nosotros empezamos había siete. 168 contra siete. Un jugador europeo tiene un promedio de tres torneos por semana para elegir durante todo el año. Nosotros teníamos siete en todo el año.
Cuando vas a jugar ese único torneo (a Europa), vas con una presión enorme porque es la única oportunidad. Y si no tenés dinero para cruzar el charco, no jugás. La gente dice ‘el tenis es el tenis’, pero el tenis que se juega en Sudamérica es distinto al de Europa, distinto al de Estados Unidos. Tenés que viajar solo, sin conexiones para conseguir sparring, sin club, sin nada. Todo a pulmón. Encima los precios se multiplican por el tipo de cambio.
Cuando pensé todo eso me dije: ¿cómo puede ser que después de tantos años no se me ocurrió nunca? Y ese mismo día convoqué a todos los extenistas vía Zoom. En la pandemia estábamos todos dadivosos — todo el mundo dijo que sí. Me puse a escribir el proyecto y tuve mucha suerte: al día siguiente vino a almorzar a mi casa el director regional de Dove Men Care. Dos semanas antes se habían quedado sin deporte porque auspiciaban el rugby en Argentina y había habido un problema. Tenían que presentar una propuesta ese jueves. Ahí entré yo. Anillo al dedo, pero justito.

El sello del circuito y sus resultados
- ¿Cuál es el sello que sientes que le has dado a los torneos?
Lo primero es que hacemos torneos para nosotros. A mucha gente no le gusta porque quisieran que sean para todos. Son en la superficie que nosotros jugamos bien, con la pelota que nosotros jugamos bien, a la altura y en el horario que nosotros jugamos bien. Me interesa que ganen los sudamericanos.
Y lo logramos enseguida. Duplicamos la cantidad de jugadores sudamericanos en Grand Slams el primer año. En seis años los triplicamos. Hoy si agarrás el ranking sudamericano — los diez argentinos top 100, los cuatro chilenos, los dos brasileros — todos comenzaron en la Legión Sudamericana, todos hicieron sus primeros puntos de ranking ahí.
Lo mejor que tiene el circuito es que ahora un jugador se puede animar a competir en torneos grandes. Mirá lo que le pasó a Garin el año pasado: pierde ranking, vuelve, juega el Dove Men Care de Antofagasta, lo gana, se mete top 100. Tabilo fue a Concepción, hizo la final, y hoy está 40 del mundo. Nosotros no los ponemos 40 del mundo, les abrimos el camino para que florezca su tenis.
Con los que no eran conocidos es lo mismo: Tabilo no era ni chileno cuando empezó el circuito, era un chico de Canadá. Darderi se hizo italiano porque no había opciones para él en su selección, pero su ranking lo hizo acá en Sudamérica. Vino a todos mis torneos hasta que se metió y ahora es 20 del mundo.
Expansión regional: llevar el tenis a las regiones
- Hoy tenemos torneos en Concepción, Antofagasta, Santiago, Temuco — y posiblemente un Temuco 2. ¿Desde dónde nace la idea de llevar los torneos a regiones?
Si buscás el tenis solo en Santiago, va a seguir siendo un negocio chico. En Temuco, cuando llegamos, la escuela de tenis explotó — el club está construyendo dos canchas más porque no tienen dónde meter la gente. Lo mismo pasó con Concepción y con Coquimbo.
En Antofagasta nunca habían tenido un Challenger y el año pasado tuvimos cinco de siete días con sold out. Metíamos las entradas a la venta y a los 10 minutos no había más. Poníamos 100 lugares adicionales y en 15 minutos, nada. Eso en Santiago no pasa, porque en Santiago hay más opciones. Lo que hacemos es llevar un producto de primerísimo nivel a lugares donde no tienen tantas alternativas.
- ¿Qué hay del Temuco 2 y de la pista dura?
Está casi confirmado. El ATP Tour mismo me lo pidió: necesitan torneos al final del año para jugadores entre el ranking 500 y 200, porque si no, no compiten hasta marzo, queden sin nada. Ya tengo la fecha, todavía no tengo el financiamiento, pero lo vamos a conseguir.
Cuando nosotros empezamos, la queja del ATP Tour era que el circuito tenía que ser más equitativo, con más torneos en cancha rápida. Yo les dije: “Primero necesitamos ranking. Después que tengamos ranking, aprendemos a jugar en cancha rápida.” Y funcionó — los europeos no entendían cómo podían aparecer tantos sudamericanos. Ahora que están todos jugando bien, tiene sentido agregar pista dura.
- ¿Por qué no Viña del Mar, con toda su tradición tenística?
Viña tiene dos o tres problemas. Los clubes que tiene no son buenos. Las Salinas requiere muchas modificaciones y sale caro. El Club Unión es chico. El ATP hoy está muy preocupado por la salud y el bienestar de los jugadores: buenos vestuarios, buenos restaurantes, buena sala de kinesiología, buenos hoteles cerca. Hay muy pocos clubes en Chile que cumplan esas condiciones.
En Temuco empezamos con dos canchas, ahora tenemos tres, estamos construyendo dos más y se construyó un club nuevo al lado. Hoy el torneo tiene sala de jugadores, kinesiología, crioterapia, sala de recuperación. Este año tuvimos 22 sponsors. La ciudad quiere el torneo, la ciudad vibra. Cuando fui a hablar con el alcalde y el gobernador me miraban como si estuviera loco. Hoy me dicen: “Nos dijiste que iba a pasar esto y pasó, y pasó mucho más de lo que decías.
- ¿Qué es lo más difícil de generar todo esto?
Lo más difícil, como siempre, es entender el negocio. Se necesitan muchos recursos y para juntarlos tenés que tener un sponsor principal fuerte más apoyo del gobierno o de la municipalidad. Sin eso es imposible.
Donde la gente se equivoca mucho es que le pide plata al sponsor y no se ocupa de cuidarlo. Yo cuido la marca de Dove Men Care porque sin ellos no hay circuito. Me podés decir “pero tuviste 22 marcas” — sí, pero con 22 marcas chicas no levantás un challenger. Necesitás una pata fuerte, después un gobierno regional o municipio fuerte, y recién ahí suman todas las demás marcas. Si no entendés eso, no arrancás.
Otra cosa fundamental es complacer a los jugadores. Yo estoy en el torneo encima de los jugadores, los sponsors, cada persona, los familiares. La gente cuando viene a un torneo de la Legión Sudamericana sabe que viene a vivir una experiencia y que vamos a hacer todo lo posible para que esa experiencia sea memorable.

Argentina vs. Chile: diferencias entre tenistas
- ¿Qué diferencias ves entre el tenista chileno y el resto de Sudamérica?
El país que mejor supo aprovechar la Legión Sudamericana fue Argentina. ¿Por qué? Porque el cambio, los precios, las condiciones — y encima hay muchísimos jugadores. Entonces saben lo que es tener una oportunidad.
Me acuerdo del primer torneo en Concepción: llega a la final un chico de 172 centímetros, se llamaba Sebastián Báez. Llega a la final con Cerúndolo — los dos son hoy top 50. Al terminar la semifinal, Báez estaba en la bicicleta con su entrenador Seba Gutiérrez. Me acerqué y le dije que necesitaba ponerle un parche de Dove Men Care para la final y le pregunté cuánto me cobraba.
Me dijo: ‘No te puedo cobrar. ¿Cómo voy a ser tan injusto si vos nos das la posibilidad de tener esto?’ Y se lo puso gratis. Ese año, de los seis torneos que hicimos, él ganó cinco. Empezó el año 360 del mundo y lo terminó 70. Hoy cuando voy a Roland Garros o a cualquier Grand Slam y me ve, levanta la mano: lo que necesite, para él o para Bauti (su hijo), lo que sea. Ese es el mayor legado.
La relación padre-hijo: Horacio y Bautista
- ¿Cómo manejas la relación de papá, coach, director de torneo e hijo tenista?
Tenemos una relación muy sana. Él está al lado mío todo el día. Nos levantamos a las siete de la mañana, entrenamos, almorzamos juntos, tenis, gimnasio, encordar, kinesiología — todo lo hacemos juntos. Y mientras está conmigo, escucha lo que me cuesta organizar un torneo, la cantidad de esfuerzo que implica todo. Eso hace que valore mucho cada minuto.
El otro día estaba en casa a las 8:30 de la noche mirando Netflix y me llama desde Miami: ´Papá, entré a la qualy, juego mañana a las 11′. Miré, había pasaje en tres horas. Me duché, Lore (su esposa) me hizo la valija, me fui y llegué a Miami a tiempo para calentarlo antes del partido. A los dos días me tuve que volver porque tenía dos charlas motivacionales. Son esfuerzos que él ve y valora.
Ya tomé la decisión de contratarle un entrenador que me cubra por lo menos la mitad de las semanas. Un chico como Bauti necesita jugar, competir, aprender, ganar y perder. Y yo a veces no puedo comprometerme al cien por ciento.
- ¿Puedes decir quién es el entrenador?
Todavía no sabe él que lo vi. Es Facundo Argüello — fue número uno del mundo junior, estuvo top 100, trabajó con Comesaña y con varios jugadores más. Me decía: ‘Horacio, quiero una segunda oportunidad porque siento que tuve todas las oportunidades y no las aproveché’. Como entrenador me parece perfecto para Bauti.

- ¿Por qué decidiste saltarte la etapa junior con Bauti e ir directamente al circuito profesional?
La etapa junior es psicológicamente muy dura. Es como vivir tu carrera tenística dos veces. Hay chicos que necesitan esa etapa para conseguir sponsors, visibilidad, wild cards. Yo no necesito eso — tengo mis torneos, mi red de contactos, puedo intercambiar con otros torneos. El proceso no es un problema para nosotros.
Pero lo principal es la personalidad de Bauti. Él es demasiado bueno como persona — demasiado amigo de todos, se preocupa por todo el mundo, se distrae mucho. En el circuito junior eso se vuelve un problema serio.
Me acuerdo que en su segundo o tercer torneo se junta con el número uno del cuadro en primera ronda. Le gana el primer set y el otro chico se pone a llorar. Bauti cambió de banco y lo abrazó. Le dije: ‘En la cancha lo tenés que matar, dejá que llore después’. Pero esa es su esencia. Yo creo que el circuito junior lo llevaría por un camino que no quiero para él.
La generación dorada: Ríos, Massú y González
- Tuviste el privilegio de estar con Fernando González, Nicolás Massú y Marcelo Ríos. ¿Qué tenían esos tres que quizás otras generaciones no pudieron tener?
Siempre digo que soy un agradecido de la vida porque siempre tuve mucha suerte. Si me preguntabas hace 30 años si iba a ser capitán de Copa Davis de Chile, imposible. La primera competencia que represento a Chile es en Düsseldorf — entramos ocho equipos, nosotros éramos el noveno, entramos el último día porque se borró Francia. Y de último, salimos dos veces campeones. Después me llama el ministro de deportes: ‘¿Quiere ser el capitán del equipo olímpico?’ Fui con Fernando: dos medallas de oro y una de bronce.
La primera cualidad de los tres, que poca gente lo sabe, es la perseverancia. Los tenías que matar para sacarlos de una cancha. Cada uno a su manera, pero querían el máximo.
El Chino era perfeccionista. Aparte de meterle una cantidad increíble de horas, era tan bueno que hasta que no ponía la pelotita en la esquina exacta, no paraba. Nunca una excusa. Lo citabas a una hora y siempre llegaba antes.
Nicolás Massú igual — horas y horas y horas.
Fernando tuvo que construirse más porque esa disciplina no la tenía naturalmente. Pero en seis meses pasó del 186 al 16 del mundo. Mejoró su físico, pasó de estar fuera de peso y quedarse sin aire a ser un atleta de primera. Y eso hizo que toda esa magia, esa potencia y esa explosión que tenía las pudiera poner en la cancha de tenis.

- Larry Stefanki en un podcast con Andy Roddick contó que cuando le preguntó a Fernando cómo era top 20 con ese revés, no lo podía creer. ¿Cómo hiciste que González llegara al top 5 con ese revés?
La gran virtud de mis capacidades como entrenador es potenciar lo bueno y esconder lo malo. Todas las estrategias de juego de Fernando estaban diseñadas para que las pelotas llegaran a su derecha. Los saques hacían que la pelota viniera a su lado y cuando la tocaba, el rival estaba tan lejos que la ponía en cualquier esquina.
Cuando empezamos, a Fernando le gustaba sacar a 300 km/h. Yo le decía: ‘El tenis es tiempo, es matemática. Si la pelota va rápida, le das tiempo al rival para cubrirla y volver. Si la pelota va lenta y pesada, el rival tiene menos tiempo para reaccionar. Jugala lenta y con peso, y cuando encuentres el agujero, ahí sí vas fuerte’.
Ese fue el gran cambio. Pasó de ser pique a pique a jugar lento, pesado, muy controlado, y después te agarraba. Eso fue lo que hizo que pasara del 186 al punto donde muy pocas personas le ganaban.
- Me acuerdo la semifinal en Roland Garros contra el Mago Coria — uno de los partidos que siempre quedó pendiente.
Llegué al vestuario y lo trataba de consolar, pero por dentro lo quería matar. Estaba enojadísimo. 6-4, 5-4, era un baile. Coria estaba desesperado porque le habíamos hecho una táctica que no esperaba. Después del partido me dijo: ‘Qué maldito, me tenías ahí, no podía salir’. Sí, pero después dos match points en el quinto. No merecimos perder ese partido.
- ¿González tendría algún Masters 1000 si no hubiera estado Federer o Nadal en esa época?
Master 1000 sí, y hubiera peleado algún Grand Slam porque tuvo oportunidades. El año de Roland Garros contra Ferrero — 7-5 en el quinto — tuvimos mil chances. Ferrero ganó todos sus partidos de ese torneo en dos sets excepto ese. Muy cerca.
- Y el partido con Sampras en Miami, ¿cómo fue eso?
Eso lo cuento en mis charlas motivacionales. Fernando estaba 186 del mundo, había pasado la qualy de Australia, ganó tres partidos, llegó a octavos. Fuimos a Viña, que nunca había jugado bien, lo ganó. Indian Wells, pasa qualy y pierde con Federer. Miami, qualy y le gana a Moya y llegamos a Sampras.
La noche anterior le agarró un susto enorme. Me llama la mañana y me dice: ‘No puedo jugar, estoy deshidratado, tengo diarrea, me siento muy mal’. Deshidratado no puede jugar — te acalambrás a los 30 minutos. Fui con el doctor, pedí que le hicieran un test de hidratación. Salió deshidratado. Entonces legalmente podíamos hidratarlo con suero.
Le pusieron vitamina C, zinc, cosas completamente legales. Pero el suero tenía siete colores — transparente, se puso azul, verde, violeta. Me acerqué y le susurré al oído: ‘No sabés la papa que te estoy poniendo, vas a volar’. El padre estaba atrás escuchando y sabía que era vitamina C nomás, pero Fernando me miraba con esa cara... Cuando se levantó se sentía fenomenal. Fue al partido y le dio un baile a Sampras, 7-6, 6-1. Placebo total, pero eso es lo que puede hacer un entrenador cuando se mete en la cabeza de un jugador.
Copa Davis y la chilenidad
- ¿Qué significa para ti la chilenidad, ser recibido por Chile?
Chile vive su identidad nacional de una manera muy fuerte. He viajado por todo el mundo con Fernando González y a donde fuéramos, había chilenos. Una vez Fernando se mete entre los mejores del mundo y me pide irse a Chile en mitad de temporada. Le digo que está loco. Me dice: ‘Es que son las Fiestas Patrias’. Yo pensé que me estaba hueviando. Lo dejé ir y con el tiempo las conocí. Me di cuenta de que para ustedes ser chileno es muy importante. Por eso cuando me ofrecieron la nacionalidad, lo tomé como un premio importantísimo.
- ¿Qué pasó con el trámite de la nacionalidad?
“Se aprobó en el Senado, pasó a Cámara de Diputados, y ahí un político, Roberto Ossandón, hizo una jugada muy sucia: extorsionó al gobierno para que no se aprobara. Agarró la carta de méritos que se presenta en el proyecto y la mandó por email a todos los entrenadores del país para generar pica. Fue feo. Hubiera sido un premio muy lindo de recibir. Pero lo que Ossandón no calculó es que tratando de hacerme daño, lo único que logró es que la gente me quisiera más.
- ¿Cuándo sentiste que te ganaste el respeto del chileno?
Me pasó algo rarísimo. Fernando siempre le pegó muy bien a la pelota, pero jugaba bien y no ganaba. De repente empezamos a ganar mucho y la gente relacionó el éxito conmigo. Yo camino por la calle y hay de todo — algunos me quieren, otros me cargan — pero todos me saludan.
- ¿Y cómo fue cuando silenciaste al Estadio Nacional?
Lo del Estadio Nacional, contra Hans Gildemeister en Copa Davis en 1987 — cancha llena, una caldera. Todo el mundo me decía ‘Hans es el perro’. Yo llegué diciendo ‘lo voy a hacer correr por toda la cancha’. Y cuando llegué no podía creer el ambiente — gritaban, me tiraban maní, me tiraban monedas. Gané el primer set, lo tenía cansado. Partido durísimo. Lo iba ganando 5-0 en el tercer set, marco una pelota afuera — “out”, mala. Me di la vuelta, me fui a bañar. Estaba bajo el agua en pelotas cuando entra el capitán: ‘Tenés que volver, te cantaron mal la pelota’. Me puse el pantalón, las medias, salí en cuero a la cancha, me puse la camiseta mientras caminaba. Las 6.000 personas explotaron. Perdí ese game, perdí otro, y gané el cuarto set sin mayores problemas. Aprendí mucho ese día.
- Si Javier Frana dejara Argentina y Massú dejara Chile al mismo tiempo y te ofrecieran ambos puestos, ¿cuál elegirías?
A los dos los quiero muchísimo. Pero Nico lleva 14 años como capitán. Entró cuando la Copa Davis quemaba, nadie la quería, con Garin como el más veterano. Se puso la camiseta y lleva 14 años viviéndola de una manera muy particular. Yo no me pondría en esa situación. El día que Nico no quiera ser más capitán, está bien que me llamen. Mientras sea el Nico, ni cagando.








