
Jugó ocho años en Chile y defendió varias camisetas en nuestro medio, por lo que cualquier futbolero puede recordarlo con facilidad: el delantero argentino Pablo Vranjicán, hoy de 40 años, que sigue vigente al otro lado de la Cordillera.
Rangers, Universidad Católica, Unión San Felipe, Santiago Morning, Deportes La Serena, Curicó Unido, San Antonio y Fernández Vial supieron contar con el atacante, que recientemente se mantuvo activo en Central Córdoba de Rosario, un club trasandino de la Primera C con el que, en todo caso, ya finalizó contrato.
Con aquel equipo eliminó a Gimnasia y Esgrima de La Plata y Sarmiento de la Copa Argentina 2025, y perdió en penales contra Independiente Rivadavia, quien al final fue el cuadro campeón. “Hicimos historia. Nunca un equipo de esa categoría había llegado a esa instancia”, le dice a En Cancha, agregando que seguirá activo en la liga casildense, “la misma en la que se hizo famoso Jorge Sampaoli”, acota.
-Pero le has dado la vuelta a la idea de colgar los botines parece, ¿no?
-Sí, porque tampoco es eterno el fútbol para los jugadores, pero la verdad es que estoy bien físicamente, no tengo problemas de lesiones y, más encima, me siguen llamando. En la medida que pueda, seguiré disfrutando.
-¿Tienes alguna opción concreta hoy?
-Voy a seguir jugando en la liga casildense este año. Además, coordino dos categorías inferiores ahí y así aprovecho de ir volcándome a la parte técnica, que me interesa mucho también.
-No estás retirado aún, pero te lo pregunto igual. Si miras hacia atrás y ves la carrera que hiciste, ¿aprobamos?
-Sí, la verdad que sí. No me arrepiento de nada. Después, por supuesto que estuve en lugares en los que deseo que me hubiera ido mejor, pero la vida es así. A veces se da de la forma que tú quieres, y otras veces no. Me quedo contento porque hice una linda carrera, más allá de que hubo momentos clave en los que si me hubiera ido mejor quizás daba el salto y terminaba jugando a otro nivel. Tengo pasaporte europeo además, entonces quizás pude haber llegado a una liga de más renombre, pero nada, se dio de la manera en que se dio y feliz por eso. Hicimos algo lindo en el fútbol.
-Vámonos a 2009, cuando saliste de Newell’s para venir a jugar a Chile, específicamente a Rangers. ¿Qué recuerdos tienes de ese momento?
-Fue una decisión muy difícil de tomar, porque en Newell’s tenía todo cerca, sobre todo a mi familia. Más encima, mi primera salida no fue a otro club argentino, sino que directamente al extranjero. Si te soy honesto, dudé muchísimo, pero feliz, porque me fue muy bien y me atendieron extraordinario en Talca. Los dirigentes, los hinchas, todos una maravilla. Hice amigos con los que hablo hasta el día de hoy. Tengo recuerdos muy lindos.

-Te atrapó Talca...
-Sí, me sentí muy cómodo la verdad. Después, está el rendimiento que uno tuvo allí en Rangers, que fue bueno también. Está claro que cuando uno está contento y cómodo, rinde mejor.
“Cualquier cosa que hagas en un club como la UC repercute mucho más”
-Y la Universidad Católica se fijó en ti. ¿Qué significó eso?
-Eso se dio por el rendimiento que tuve. Fue una experiencia nueva, otro ritmo de vida, todo diferente a nivel institucional, y obviamente cualquier cosa que hagas repercute mucho más. Ese año tuvimos la suerte de salir campeones (2010).
-¿Cómo evalúas tu desempeño? Hiciste dos goles por el Campeonato Nacional y 8 por la Copa Chile (5 a un combinado de San Pedro de Atacama).
-Yo, en el primer semestre, cuando estaba el Fantasma (Marco Antonio) Figueroa, jugué mucho más que en el segundo, cuando ya estaba Juan Antonio Pizzi. La verdad, es uno de los clubes en los que me hubiera encantado rendir mejor, pero bueno, se dio de esa manera. A veces un delantero tiene más confianza en un lado que en otro, y me quedó ese sabor de dejar una buena imagen. No lo pude hacer, pero la verdad es que fue una experiencia increíble por todo lo que viví: Campeonato, Libertadores, club grande, la repercusión y todo. Eso me enriqueció.

-¿Te cambia mucho la vida el ser jugador de Católica?
-La verdad es que quedas mucho más expuesto en un montón de cosas. Tienes que tener cuidado con lo que haces y dices. Y después, en la cancha, obviamente que no hay tiempo de espera: tienes que rendir de inmediato, porque los clubes grandes te exigen eso.

-Nombraste al Fantasma Figueroa. Qué personaje del fútbol...
-Sí. A ver, fue un año duro porque a él se le cuestionaba mucho a nivel de periodismo y a nivel de hincha, pero la verdad es que con nosotros se portaba muy bien. Es una persona muy agradable con el jugador cuando te quiere. Además, los delanteros aprendimos mucho de él. ¿Carácter? Bueno, por supuesto que tiene sus cosas. A algunos les agradará su forma de ser, a otros no, pero conmigo se portó muy bien, y lo que es mejor, cuando me tuvo que decir algo siempre me lo dijo de frente y yo valoro mucho eso.
-No obviemos que ese año hubo un terremoto de 8,8 grados Richter en Chile. ¿Cómo lo viviste como argentino?
-Ufff (risas). La verdad es que como familia nunca habíamos vivido un susto así. Fue tremendo. No sabíamos qué hacer, para dónde salir o para dónde disparar, ja. Nosotros no estamos acostumbrados a eso en Argentina y justo nos tocó. En Talca tuve algunos temblores, pero este fue otra cosa.
-En lo futbolístico, te tocó compartir con grandes delanteros en la UC.
-Sí, con Luquitas (Pratto), por ejemplo, con quien nos hicimos muy amigos. Él rindió a un nivel muy alto cuando llegó Pizzi. El Pájaro (Roberto Gutiérrez) anduvo muy bien ese año también, la rompió toda. También teníamos a Nico Castillo en inferiores y sabíamos que venía pisando fuerte. Yo la verdad es que los disfruté a todos y aprendí muchísimo. Con Lucas somos amigos, y con el Pollo (Darío) Bottinelli también. Hasta el día de hoy nos seguimos hablando.








