Francisco Arrué (48), hoy director técnico de Deportes Recoleta, colgó los botines hace exactos 10 años. Si bien hoy las nuevas generaciones lo asocian más a su faceta de entrenador, lo cierto es que supo dar que hablar en el fútbol chileno durante su época como jugador, sobre todo porque tuvo la dicha de defender las tres camisetas más pesadas del medio: las de Colo Colo, Universidad de Chile y Universidad Católica.

En una franca conversación con En Cancha, Pancho repasa parte de lo que fue su carrera de futbolista, que duró desde 1995 hasta 2016, y que lo llevó a jugar -aparte del chileno- al fútbol español, suizo, colombiano y mexicano.

Además, Arrué cuenta detalles de lo que fue su bullado traspaso al Romántico Viajero, justo cuando era una de las máximas figuras de la recordada UC de Jorge Pellicer.

. El exvolante en su época en la UC. Foto: Old Photosport.
Francisco Arrué . El exvolante en su época en la UC. Foto: Old Photosport.

- ¿Te retiraste conforme con tu carrera?

Sí, me retiré pleno. Jugué en los lugares que quise jugar, hice una carrera extensa también, con tres lesiones de por medio importantes: me corté tres veces el ligamento cruzado y volví a jugar en un nivel competitivo, sobre todo en Copa Libertadores y Sudamericana. Jugué en el extranjero, en el equipo más grande de Colombia (Atlético Nacional), en México (Puebla), y me retiré estando vigente, porque físicamente me sentía muy bien y hasta tenía contrato aún. Pero quería dirigir y por eso tomé la decisión, y lo hice con una sonrisa, porque me fui con la satisfacción de haber cumplido mi sueño de niño.

- ¿Y te hubiese gustado haberte mantenido más años en el extranjero?

Sí. Pude tener esa continuidad en Suiza (en el Lucerna), en mi primera salida, cuando tenía 23 años, muy joven. Me fui con mi esposa, mis hijos, y como anduve muy bien en el primer semestre, el club me hizo una oferta por seis años. Pero yo tenía la ambición de un futbolista joven, quería jugar en España, Italia, en las mejores ligas del mundo, y entonces dije que no. Terminado el sexto mes de mi contrato, me corto el ligamento cruzado.

- No...

Sí, me recupero, pero me voy a España (Leganés) igual, que era uno de mis sueños desde pequeño. Me fui al equipo de José Pékerman, que no anduvo bien ese año, de hecho terminamos descendiendo. Había muchos problemas porque una empresa argentina había comprado a la institución, y ya había más argentinos que españoles. Estaba la posibilidad de seguir, pero decidí irme a México. ¿Me hubiese gustado mantenerme más tiempo en Europa? Por supuesto. Pude haber tomado mejores decisiones, pero cuando uno es joven toma determinaciones desde lo visceral. La tranquilidad que tengo es que nunca fue un tema de capacidad.

- Pero, espera. ¿De verdad le dijiste que no a un contrato de seis años?

Yo ahora lo recuerdo y ufff. Con mi mujer lo hemos hablado y debimos habernos quedado allá, porque además muchos jugadores de Suiza dan el salto a Alemania o Francia. Pero, bueno, era muy obtuso con algunas situaciones y tenía el convencimiento de jugar en otra liga. El campeonato suizo era competitivo, y lo sigue siendo, pero tenía ganas de irme a otro país y mucha gente de España me venía hablando, así que tomé la decisión.

“En Colo Colo somos hijos del rigor; te enseñan a ganar donde sea”

- Tú naciste futbolísticamente en Colo Colo. ¿Qué significa ser formado allí? Me imagino que conviviste con la máxima exigencia desde muy chico.

-Sí, somos hijos del rigor. Desde chico te enseñan a ganar hasta en los entrenamientos, te muestran lo que es la competitividad. A Colo Colo llegan los mejores jugadores normalmente. A Católica y la U también, claro, pero todos quieren estar en Colo Colo y hay una competencia interna muy fuerte. Eso tiene el club de diferente en relación a otros equipos en los que pude estar, que desde pequeño te enseñan a ganar y a tener ambición en el partido que sea, oficial o amistoso. Hay que ganar siempre, eso te lo inculcan.

- ¿Y te cambió la vida el ser jugador de Colo Colo? Asumo que no es fácil estar bajo la lupa todo el tiempo.

Sí, hay mucha presión del medio, de los compañeros, del cuerpo técnico, de los padres, de los rivales. Colo Colo donde va tiene que ganar. Yo estuve desde los 8 años allí, pasé a tercera infantil y estuvimos invictos, en segunda infantil salimos campeones de nuevo, y como era joven me tuve que repetir dos veces primera infantil, y en las dos salí campeón también. Entonces, había que ganar siempre. A mí me tocó una generación muy buena, además.

- ¿Qué jugadores estaban ahí?

Héctor Tapia, Manuel Neira, Pablo Contreras, David Henríquez, y otros que hicieron carrera quizás a menor escala como Javier Roca, (Pablo) Huaracán, el “Chino” (Álvaro) Sarabia. Grandes jugadores. Además, en el plantel estaban Juan Carlos Alegría, Frank Lobos, Francisco Fernández, que también era otra generación muy buena. Normalmente Colo Colo tiene buenas divisiones inferiores porque todos quieren ir. Es el club más popular y eso va generando una competencia interna que te obliga a estar siempre al máximo de tus capacidades, o si no vas a la banca o no te citan.

De la UC, sin escalas, a la U: “La barra me dio su apoyo”

El Pancho (a la izquierda) con la camiseta de la U, en un Clásico Universitario. Foto: Old Photosport.
Francisco Arrué El Pancho (a la izquierda) con la camiseta de la U, en un Clásico Universitario. Foto: Old Photosport.

- Esto es una opinión mía: la Universidad Católica 2005 es el mejor equipo en el que jugaste. ¿Compartes? Lo digo porque ese Pancho Arrué era muy completo.

Yo diría que me sentí muy cómodo, y además jugaba en una posición a la que no estaba acostumbrado. Yo a Católica llego el primer semestre de 2005, proveniente desde México, de Puebla, y recuerdo que estaba Darío Conca en mi posición. Iba al banco o era titular, nos íbamos turnando con él, pero a mí no me gustaba. Y como yo era competitivo, hablo con Jorge Pellicer y le digo que me iba a ir a mitad de año, porque creía que en otra institución grande igual podía jugar. Me dijo que no, que me quedara, que iba a jugar pero en una posición más retrasada. Perfecto, le digo, me quedo, y ahí empecé a jugar de volante mixto.

- ¿Fuiste el primer volante mixto del fútbol chileno?

Es que eso fue el 2005 con Pellicer, y después aparece el Bichi (Claudio Borghi) que baja a Arturo Sanhueza a esa posición en Colo Colo. Ahí ya el volante mixto se empezó a poner de moda, porque antes éramos todos volantes centrales. Me quedo en la UC y me sentí muy cómodo. Cuando uno juega de enganche, uno depende mucho de los mediocampistas de contención o de los laterales que te puedan habilitar, y si no lo hacen, uno está corriendo constantemente y no tiene tanto contacto con el balón. Entonces, cuando a mí me pasan a volante mixto, todos los balones pasaban por mí, los de los centrales, los laterales, los delanteros y sobre todo los del volante central, que en este caso era Jorge Ormeño. Eso me dio muchas posibilidades, porque tocaba más la pelota y además hacía jugar a Darío, que sabía que dependía de ese pase interior, de ese pase filtrado. Generamos mucha conexión, así que sí, comparto lo que dices, fue el mejor equipo, porque en Colo Colo tenía 22 años y tenía por encima a futbolistas que eran realmente refuerzos en mi posición, y era difícil jugar. No tuve nunca esa continuidad y en Católica sí.

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- ¿Y qué recuerdos tienes de esa UC? Se venía del proceso fallido de los “Pirulácticos”.

Cuando yo llego en 2005, una parte de los “Pirulácticos” ya se había ido, y se formó un equipo un poco más aguerrido, con mucho más carácter. Además, la gestión del técnico fue muy buena y siempre la destaco. Hoy, ya desde el lado del entrenador, veo que no es fácil gestionar un equipo de fútbol donde todos quieren jugar, y lo que hizo Jorge fue espectacular, porque los 30 jugadores del plantel estábamos contentos. Eso es difícil lograrlo.

- Saliste campeón ante la Universidad de Chile, en un Estadio Nacional repleto, con Johnny Herrera haciéndote burla en la tanda de los penales...

Sí, me acuerdo (ríe). Me da un poco de vergüenza. A Johnny lo conocí en la Selección, fuimos compañeros ahí, estuvimos en los Juegos Olímpicos. Teníamos buena relación de compañeros. Él tiene esas cositas, que te trata de desconcentrar, pero siempre con respeto. Como yo soy apasionado, cuando le hago el gol le hago ese gesto (“Pato Yáñez”), pero es algo que queda ahí, en cancha. El momento fue lindo porque pude hacer el gol, pero el arco se te va achicando mucho cuando vas caminando hacia allá.

- ¿Es cierto eso?

Sí, claro, en el barrio, en las ligas, en los estadios. En los penales hay siempre una cierta presión, porque están todos los ojos puestos en ti. Imagínate el Nacional de antes con 60 mil personas, repleto estaba. Además, había una situación que no era menor para los jugadores de Católica, porque se hablaba de que el futbolista de la UC era segundón, que no aguantaba la presión, y nosotros quedamos fuera de la Copa Sudamericana en semifinales perdiendo 1-0 con Boca Juniors, y después teníamos que definir el torneo y no podíamos fallar. De los cinco penales hicimos los cinco, y por eso digo que ese equipo tenía mucho carácter. Salimos campeones y mi gesto todos lo recuerdan. Claro, me da vergüenza ahora, pero cuando uno es joven te embargan las emociones y fue lindo en ese momento.

- ¿Y por qué no seguiste en Católica? Te lo pregunto porque el paso siguiente fue, nada más y nada menos, que la Universidad de Chile.

Bueno, yo jamás pensé que iba a jugar en Universidad de Chile porque me formé en Colo Colo, y en Católica además estaba muy cómodo. Tuve la posibilidad de irme a Brasil a mitad de año, y Jorge me dice que me quede porque él quería mi continuidad y yo me sentía muy bien en el equipo. Él habla con la directiva para que se me haga un contrato extenso y ahí viene el primer problema.

- ¿Qué pasó?

No me hicieron ese contrato durante el semestre siguiente y a Jorge a fin de año lo echan porque la segunda parte del 2006 no fue buena, aunque tampoco mala. Yo lo encontré injusto, y como a fin de año terminábamos contrato todos y nos dijeron que teníamos que esperar al nuevo técnico y yo lo encontré una falta de respeto, porque los dirigentes también tienen que tomarse atribuciones con algunos jugadores, que es lo normal. La Universidad de Chile venía hablando conmigo hace rato, más bien con mi representante en ese momento. Fui a la Selección a jugar un partido al extranjero, y cuando vuelvo pregunto si Católica ya ha hecho alguna oferta y me dicen que no, nada. Dejo pasar un tiempo prudente y digo, bien, nos vamos a la U.

- ¿Qué ocurrió después?

Cuando estoy en la oficina negociando con la U, ahí me llaman los dirigentes de Católica porque se enteraron que yo estaba sentado con la U, y me ofrecen un contrato extenso. A mí no me pareció la forma y dije que no, con todas las ganas que tenía de quedarme, pero hay un tema de ser consecuente también, sobre todo con la gente que tenía enfrente y me había ofrecido (un contrato). Al final termino firmando en la U, siempre con las ganas de volver (a Católica), pero después se hizo muy difícil. Estuve un año, no me quise quedar en la U y busqué otros horizontes.

- Ahora, lindo que te busque la Universidad de Chile, ¿no? Eso demuestra que seguías completamente vigente.

Por supuesto. La U es una tremenda institución, tiene una hinchada maravillosa y conmigo se portaron espectacular, no tengo nada que decir. El primer día fueron los jefes de la barra y tuve todo el apoyo por parte de ellos. Querían que hiciera lo mismo que hice en Católica y que, de alguna forma, liderara el equipo, y solo tengo palabras de agradecimiento. La U lo tiene todo y conmigo se portaron muy bien.

- ¿Qué técnico te tocó ahí?

Salvador Capitano, que un comienzo me llevé muy bien con él, y después llega el profe (Jorge) Lulo Socías como interino, y luego asume Artuo Salah, que con él el equipo remontó. No llegamos a la final, pero fuimos bien competitivos y se solucionaron muchas cosas que la interna no andaban bien.

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