
Felipe Salinas no podía estar en pie durante la definición por penales. Los nervios podían más, pero también era su forma de hacer el último esfuerzo. Siguió atento desde el primer tiro fallado por Joao Souza para Flamengo, pasando por los agónicos Christopher Valenzuela y el último, el que llevó a Santiago Wanderers a ser el primer equipo chileno campeón de la Copa Libertadores sub 20, servido por Ignacio Flores.
Era demasiada la tensión, en sus hombros estaba el peso de ser el conductor de un grupo de jóvenes que con un desparpajo pocas veces en el fútbol chileno, hacía que el gigante del fútbol brasileño (y sudamericano) se inclinara a sus pies. Tal como lo habían hecho solo tres días atrás en semifinales ante otro poderoso: Palmeiras. Por eso, el íntimo abrazo con Osvaldo Catalado, su asistente, significó mucho más que un desahogo. Fue la concreción de un sueño guardado en lo más íntimo.
Probablemente solo él y sus jugadores porteños, llegaron a Ecuador creyendo que podían ser campeones, y poco a poco fueron viendo como ya no solo una ciudad, sino un país entero se volcó en torno a ellos.
Salinas fue un férreo zaguero que jugó en San Luis de Quillota, Unión La Calera, Everton y Unión San Felipe, es decir todos los equipos más relevantes de la Región de Valparaíso, menos en el Decano. Cosas del destino, ahora llevó a los verdes a la gloria eterna. Y en íntima conversación con En Cancha habla de sus formas, sus sueños y el manejo de un grupo que, para toda la historia, quedó grabado en el fútbol chileno.
De la espina clavada de jugar en Wanderers al comienzo de un proceso histórico
Jugó en todos los equipos de la Región de Valparaíso. ¿por qué no llegó nunca a Wanderers?
Sí, tuve la fortuna de jugar casi en todos los equipos de la región, menos en Wanderers. En un momento estuve muy cerca de llegar, cuando estaba Basay, pero se cayó el traspaso. Tuve tres ascensos con San Luis, La Calera y Everton, después anduve por el norte, en Cobreloa. Una carrera larga y satisfactoria.

¿Cómo nace el Felipe Salinas entrenador?
“Al término de mi carrera, nace la vocación de entrenador, porque en los equipos que jugué, generalmente fui capitán, lo que me daba esa visión de liderazgo que después te sirve para desarrollar la carrera de DT. Me he preparado bastante, he recorrido un camino largo como ayudante técnico y tomé algunas divisiones inferiores.
Y ahora dirige a un grupo de jugadores que hace historia. Parece que estaba destinado a llegar a este club
Uno a veces no cae en la cuenta del sueño que está viviendo: estás compitiendo en Copa Libertadores con el 1% de los recursos de los equipos que enfrentas. A Wanderers le ponía harta atención, sobre todo por la identidad y la intensidad, que es lo que me caracteriza.
Este equipo corre, mete y no se achica con nadie. ¿Cómo logró que un club de regiones con mucho menos recursos, hay llegado hasta donde llegó?
“Lo único que les exijo a mis jugadores es que lo den todo: no soporto al jugador que camina, no soporto al jugador que no lucha. Sentía que en esta institución esa era la identidad, y que seguramente me hubiese acomodado mucho. La carrera como jugador me ayudó a entender lo que está pensando el jugador desde adentro. Todo tiene un sentido”.
Listo para dar el salto
Volvamos a sus orígenes como DT. Ha sido ayudante y también suma experiencia con juveniles. Un recorrido largo ya, ¿no?
“Empecé en San Luis de Quillota, con Paco Raya y con José María Martínez. Después estuve a cargo de las inferiores, de los mayores de 18, y luego me fui a Trasandino con Francisco Arrué. Estuvimos un año, de ahí nos fuimos a Arica, después pasé por Audax Italiano en Primera División. Tuve un tiempo de pausa y me fui a Santa Cruz con Felipe Núñez. Después de eso llego a la quinta región, donde tengo mi hogar, y nace la posibilidad de ir a Wanderers. Se abre un cupo para la Sub-20, hablo con la dirigencia y tomo el desafío. En la primera temporada llegamos a octavos de final, peleamos la final; luego fuimos punteros absolutos en el torneo del segundo semestre, ganándole la semifinal a Colo Colo y la final a la Católica. Este equipo se ha ganado todo lo que ha conseguido. No ha sido casualidad ni fortuna: hemos hecho un camino de enderezar a muchos jugadores, de hacerlos ver que esta profesión requiere sacrificio y profesionalismo, y ellos se han alineado en esa dirección”.
¿Y ahora se ilusiona con dar un salto a dirigir un primer equipoo cree que aún debe quemar más etapas?
“Creo que ya quemé las etapas necesarias. He estado bastante tiempo como ayudante y bastante tiempo en el fútbol joven. Siento que estoy preparado para tomar un desafío en un plantel profesional; lo he hecho, así que no sería nada nuevo. Todo a su tiempo: siento que el tiempo me ha puesto en el lugar que corresponde en el momento indicado.

¿Le gustaría comenzar en Wanderers?
“Soy muy respetuoso de lo que está haciendo Francisco Palladino; él también tuvo una disposición tremenda al dejarme venir para acá. Hay que recordar que soy el ayudante técnico del plantel profesional, que también se ha visto disminuido en efectivos. Las cosas llegarán en su momento; estoy preparado y cuando toque habrá que asumir la responsabilidad”.
No es fácil trabajar con Reinaldo Sánchez, pero me imagino que ahora le debe hablar bastante...
“Ha sido una relación de mucho respeto. No tengo relación directa con él; sí hay gente, por intermedio de Luis y de Andrés (Sánchez, hijos del dueño de la SADP), que está presente y nos mandaron mensajes de saludo. He tratado de abstraerme a eso, siendo respetuoso, mostrando solo dentro de la cancha y sin meterme más allá. Los resultados hablan solos y eso te ayuda a trabajar tranquilo. La gente está muy contenta por lo que se está haciendo”.








