
“Si su mente se lo hubiese permitido podría haber llegado muy lejos en Chile y el extranjero”. La frase es de Gonzalo Valero, el biógrafo de Víctor “Pititore” Cabrera, el mítico exdelantero del fútbol chileno cuya muerte se dio a conocer el recién pasado jueves.
Una declaración de principios. 17 palabras que resumen a la perfección la carrera del quillotano, quien dejó de existir sopresivamente a los 68 años y que se lleva consigo los recuerdos de una generación que creció viendo otro fútbol chileno, donde no había marketing y el jugador no era una especie de súper estrella del jet set.
También un período donde muchas cosas hoy inimaginables se dejaban pasar por alto a cambio del talento y los goles. Momentos en que las redes sociales no crucificaban ni alzaban porque sí o porque no.
Cabrera fue un ícono de la cultura popular chilena ligada al fútbol. El suyo es el típico caso del jugador talentoso que se truncó por tener una vida muy alejada a los pilares de un deportista. Una trayectoria llena de goles, pero también de muchísimas sombras.
El Acróbata del Gol
“Para los que somos amantes del fútbol en Quillota y en la Región de Valparaíso él es un personaje bastante particular, pintoresco y muy conocido no solo por lo futbolístico, sino también por las anécdotas e historias que se cuentan de él”, relata Valero, el periodista autor de “El Acróbata del Gol”, el libro que relata la vida y obra de quien formara una temible delantera junto a Patricio Yáñez y Jorge “Pindinga” Muñoz en el mítico San Luis campeón de Primera B en 1980.
Sus espectaculares celebraciones con pirueta incluida son las que dan origen a la obra del comunicador, también quillotano, quien señala: “Muchos cuando veíamos Zoom Deportivo, esperábamos el gol de Pititore para ver la voltereta que hacía, entonces todos esos elementos incidieron en mi deseo de escribir”.
“Creo que Pititore es un símbolo futbolístico para Quillota; un personaje muy querido para quienes vivimos el fútbol en la década de los ‘80. Para todos los chilenos, también es un símbolo”, cree Gonzalo Valero.

De la población en La Calera al fútbol tras “levantárselo” a los militares en plena dictadura
El “Piti” tuvo una infancia compleja y muy humilde. Nació el 9 de noviembre de 1957, a las 12:00 horas en el Hospital San Martín de Quillota.
Se dice que Víctor Hugo nació con una pelota bajo el brazo, pero los recuerdos de su niñez nunca fueron los mejores y lo marcaron toda la vida. “Sus papás se separaron cuando era muy chico y algunos de sus hermanos se fueron con la mamá a Santiago, mientras otros se quedaron en la población Cemento Melón de La Calera viviendo con el padre; uno de ellos fue Víctor. El papá no fue muy bueno, Víctor se salió del colegio y se terminó criando prácticamente en la calle. Desempeñó distintos oficios, trabajaba para tener dinero, para poder comer y ayudar en la casa”, indica Valero.
Uno de los mayores conocedores de la vida de “Pititore” cuenta también que “esas penas afectivas y familiares lo acompañaron toda su vida y cuando llegó al fútbol profesional no hizo cadetes, entonces tampoco tuvo una formación deportiva profesional”.
Pero la vida le deparaba una oportunidad a quien comenzó siendo llamado “Pelusa” en el barrio. Ocurrió en el verano de 1978, cuando jugaba un torneo amateur en su ciudad natal. Allí, lo descubrieron dos mitos de San Luis: Carlos “Máquina” Hernández y Eduardo“Punto” Silva.

“De inmediato consideraron que era un delantero excepcional. Víctor tenía 18 años y estaba haciendo el servicio militar en la Escuela de Caballería” cuenta el biógrafo.
Ahí, la historia es más interesante, porque en plena dictadura, para llevárselo a San Luis, había que “levantárselo” a los militares.
- No era fácil sacarlo de ahí. ¿Cómo logran que interrumpa el servicio?
En dos semanas conversaron con él, con sus papás y los convencieron de que querían llevarlo a San Luis de Quillota. Hicieron todas las gestiones, porque el Punto Silva y los dirigentes de San Luis tenían relación directa con los militares de la Escuela de Caballería y también de la Gobernación y lograron sacar a Víctor del servicio militar. En dos semanas estaba entrenando en San Luis y en dos meses debutó en Segunda División ante Ovalle y en su primer partido, de inmediato marcó un gol, a pesar de que llegó con una contextura física no adecuada para un futbolista profesional.
El futbolista duro que llega a Colo Colo, es borrado por Santibáñez y convive con las sombras
San Luis fue el comienzo del mito viviente. El niño pobre daba paso a un jugador reconocido, que prontamente se convierte en ídolo de una ciudad y sobre el que comienzan a caer los flashes abruptamente.
Valero cuenta que Cabrera “fue un delantero muy agresivo según lo recuerdan compañeros y exjugadores. Hay una anécdota bien interesante de un partido que estaban jugando con Santiago Wanderers en Playa Ancha. En una jugada le entran durísimo a Víctor y lo fracturan, sufriendo una lesión muy lamentable, pero logró ponerse de pie a duras penas y salir prácticamente por su cuenta fuera de la cancha. En pocos meses entrenó duro y logró volver a jugar. Ese era Víctor, amaba el fútbol, amaba el deporte y se exigía mucho físicamente. A veces él jugaba lesionado, pero por otro lado tenía las sombras”.
- ¿Cuáles eran esas sombras?
No se cuidaba. Era muy indisciplinado, tenía abuso de consumo de alcohol y drogas. Le gustaba la noche, se acostaba tarde, no se alimentaba bien y todos esos elementos truncaron un poco su carrera.

- Lo increíble es que, así y todo, su carrera fue buena para la media del fútbol chileno.
Desde el punto de vista de su trayectoria futbolística, su mejor momento es en San Luis, pero hay dos pasos que son importantes de analizar. Primero, cuando Luis Santibáñez lo llama para integrar la pre nómina de la Selección Chilena para el Mundial de 1982; él disputó algunos partidos, anduvo bastante bien y marcó goles, pero su indisciplina terminó por cerrarle las puertas con Santibáñez. Esa fue una espina que le quedó súper clavada. Cuando yo conversaba con él, siempre decía que estaba muy bien para haber ido al Mundial y responsabilizaba al DT de que no lo haya considerado. Sin embargo, otras personas manifiestan que Víctor cometió varios errores durante ese proceso.
- ¿El otro paso es Colo Colo?
Sí. Y contrario a lo que uno pueda pensar, le fue bastante bien. Esa temporada (1985) fue el goleador del equipo en la Copa Chile, en el Campeonato Nacional y también en Copa Libertadores. Era un equipo plagado de estrellas: (Severino) Vasconcelos, (Horacio) Simaldone, (Jaime) Vera, (Roberto) “Cóndor” Rojas, etc. Lamentablemente, ese año Colo Colo salió tercero en el Campeonato Nacional y fue considerado un fracaso y se terminó el ciclo de Pedro García. A Víctor no le renovaron, pero fue un año súper importante en su carrera.
Fue ahí cuando comenzó el declive definitivo en su carrera. “No logró sentar cabeza y alcanzar su máximo rendimiento en el fútbol profesional. Su último gran año fue en 1985 con Colo Colo”, asegura Valero.
Fuera de las canchas, Pititore fue reconciliándose con la vida, sin olvidar nunca sus fantasmas y siempre acompañado por su compañera Rosita. “Se fue el amor de mi vida”, le escribió ella al autor de la última gran obra de “Pititore”.
Un dolor que enluta a Quillota, a su familia y que deja a muchos viudos de un fútbol chileno más amateur, con menos luces y dónde lo único que valía era jugar bien. ¿Mejor que ahora o no? Difícil responderlo. Incomparable, eso sí, y sin duda alguna.








