
John Salas terminó la temporada pasada jugando la Liguilla con Santiago Wanderers y este año decidió bajar una categoría para firmar en Fernández Vial, con el objetivo de estar cerca de su hijo.
Sin embargo, el club estuvo lejos de cumplir con sus expectativas y durante la semana pasada lo despidió sin previo aviso, dejándolo a la deriva en el fútbol chileno.
En medio de su incierto futuro, John Salas conversó con En Cancha y contó en qué está luego de ser despedido por Fernández Vial.
Hacer de Uber, cosechar cerezas, vender ceviche e invertir en ropa han sido algunas de las tantas cosas que ha hecho para generar dinero, lo cual ha tenido que implementar con los estudios para ser técnico.

- ¿En qué estás luego de tu salida de Fernández Vial?
Después de terminar mi contrato en Santiago Wanderers el año pasado me vine a Concepción. Yo soy de acá. Estoy en la casa de mi mamá, cerca de mi hijo. Haberme quedado en Fernández Vial, después de todos los proyectos que me presentaron los dirigentes, fue principalmente para estar cerca de mi hijo, a quien no veía hace tres años. Está en una edad difícil y quería estar con él. El año pasado terminé jugando la liguilla en Wanderers, opciones tuve, pero puse en la balanza el proyecto que me presentaron al principio, que parecía serio, y decidí quedarme acá con mi familia después de 12 años lejos andando por varias ciudades. Lamentablemente, con esto que pasó, ahora estoy en la casa de mi mamá y viendo cómo generar ingresos, porque quedé sin trabajo y tengo que responderle a mi hijo, sobre todo.
- ¿Qué tienes en mente ahora?
Desde que terminé el año pasado no me he quedado quieto. Al principio estuve cuatro meses sin cobrar sueldo (diciembre, enero, febrero y marzo), entonces tuve que moverme en diferentes cosas para generar plata. He trabajado en Uber; trabajé en la cosecha en Curicó sacando cerezas; y también hago ceviches acá en la casa y los vendo. Hace poquito invertí unas lucas que tenía en ropa de invierno y en eso me estoy moviendo.
Aparte estoy estudiando en el INAF para ser técnico, lo que es otro gasto. Los domingos viajo por la noche a Santiago y estoy todo el lunes estudiando y después me devuelvo. Cuando estaba entrenando en el Vial, llegaba acá tipo dos de la mañana y al otro día tenía que ir a entrenar.
- Te ha tocado duro...
Es difícil que te dejen a mitad de camino sin trabajo porque había compromisos de por medio y mil cosas detrás. Pero uno tiene que resolverlo, dar vuelta la página, porque las responsabilidades no te esperan. Mientras tanto, sigo entrenando por mi cuenta a ver si a mitad de año puedo ir a un equipo que me quiera. Tengo una buena carrera que me respalda y espero que eso cuente cuando se abra el libro de pases.
- ¿Cómo se maneja esa carga económica y física?
Este año ha sido así sobre todo porque el sueldo en el Vial no era muy alto en comparación a lo que uno venía ganando en el fútbol profesional. Había que hacer cosas aparte porque pago mensualidad y matrícula en el INAF, tengo que pagar la pensión de mi hijo y aportar acá en la casa con mi madre, algo que siempre he hecho desde que empecé a trabajar. Intento generar recursos de todos lados.
Es duro, pero tengo una consigna: cuando me siento cansado, siempre mi mente se pone en los zapatos de la gente que trabaja todo el día y se tiene que levantar a las 5 de la mañana. Mi familia es la base de mi esfuerzo. Mi madre es costurera y se sacó la cresta todos los años para generarnos recursos a mí y a mi hermano. No soy de una familia de dinero, soy de una población, entonces el esfuerzo siempre ha estado presente. Además, cuando me pasa algo o tengo una lesión, pienso en que hay gente que lo pasa peor. Tengo un caso muy cercano de una persona que todos los días lucha por su vida, entonces lo mío es mínimo en comparación. Ese es mi lema para seguir adelante.
“Uno quiere seguir jugando. Estoy vigente todavía”
- ¿Y los emprendimientos han dado sus frutos?
Con el tema de la ropa empecé hace poquito a invertir con unos conocidos de Santiago. Espero crecer un poco más. También tengo pensado empezar con un carrito de comida rápida.
El tema de los ceviches lo hago una o dos veces a la semana. A mis compañeros en el Vial les gustaba, me pedían y comían ahí en el club antes de entrenar. Y en Uber... trabajo más en DiDi que en Uber, salgo por las tardes. No deja mucho, pero sirve para la bencina, para ir a entrenar y moverme. No se me cae la corona por hacer de todo, hay que resolver.
- ¿No has tenido ninguna mala experiencia como chofer? Es complicado llevar pasajeros a veces...
Obviamente uno sale con el temor de que te pueda pasar algo, sobre todo en la noche, pero antes de salir me encomiendo a Dios. Uno no anda haciendo nada malo, sino que generando.
- ¿Cómo proyecta esta temporada después de tu salida de Fernández Vial?
Uno quieres seguir jugando. Tengo 29 años recién. El año pasado terminé jugando en un equipo grande de Chile, entonces claramente estoy vigente todavía.
- ¿Te han llamado de otros clubes?
En estos días no me han llamado para fichar porque todavía no se abre el libro de pases y falta para el mercado de invierno, pero sí me han preguntado varios agentes del fútbol por lo que me pasó, porque saben que está mal. Sigo entrenando por mi cuenta, voy al gimnasio y hablé con técnicos de algunos clubes de la zona para que me permitan entrenar con ellos y seguir activo.








