John Salas se formó en Naval de Talcahuano y en 2015 logró dar el salto a Universidad de Chile, donde terminó firmando contrato hasta diciembre de 2019.
Un periplo de altos y bajos. No tan solo porque tuvo que lidiar con varios préstamos, sino también por la insuficiencia renal que lo afectó en los primeros meses y que casi le cuesta la vida.
Así lo relató el propio John Salas en conversación con En Cancha, donde detalló todo lo que tuvo que pasar para volver a jugar y doblarle la mano al destino.
En esa misma línea, el defensa de 29 años, que viene de ser despedido sin previo aviso por Fernández Vial, recordó su experiencia en otros equipos del fútbol chileno y la posibilidad que tuvo en su momento de volver a la U.
- ¿Cómo se dio tu llegada a la Universidad de Chile?
Me hicieron un seguimiento de un año y medio desde la Sub-16 cuando estaba en Naval. Fuimos a jugar unos partidos del Campeonato de Fútbol Joven contra la U y anduve muy bien. Me llevaron a préstamo por un año. En ese momento también nos llamaron de Colo-Colo a dos jugadores de Naval, pero como yo ya le había dado la palabra a la U, no quise ir a Colo-Colo porque ya tenía algo seguro en la mano.
Estuve un año a préstamo y en ese periodo sufrí una insuficiencia renal aguda, que fue noticia en ese tiempo. Martín Lasarte me había subido al primer equipo; alcancé a estar cuatro meses, hice la pretemporada con ellos y después me dio la enfermedad.
- Muy duro me imagino...
Fue duro, algo que casi me deja fuera del fútbol. Estuve 20 días hospitalizado en la Clínica Dávila en Santiago, súper mal. Perdí 10 kilos y lo pasé muy mal. Como familia lo sufrimos mucho; mi mamá, de hecho, perdió un bebé en ese momento por la situación de estrés que estaba pasando por mí. Fue un momento súper triste, sobre todo a esa edad en la que estás a puertas de ser profesional.
- ¿Cómo lograste sobreponerte y retomar el nivel para que la U decidiera comprar tu pase?
En ese momento, los directores de Azul Azul decían que yo no volvería a ser el mismo. Imagínate, estuve ocho meses sin jugar, perdí diez kilos de músculo y peso. Mi primer entrenamiento tras volver de la enfermedad consistió en caminar de área a área, y listo, ahí terminé. Fue un proceso durísimo para la cabeza porque uno tiene un sueño y piensas que todo se truncó. Llegué a pensar que no jugaría nunca más a la pelota.
Gracias a la ayuda de mi familia, de Dios y a mi fuerza, pude salir adelante. Retomé la titularidad en la juvenil de la U, entrenaba siempre con el primer equipo y jugaba en las inferiores. Cuando se terminó mi préstamo, como la gente de la U creía en mí por lo que había mostrado antes de enfermarme, le pidieron a Naval una prórroga de un año más de préstamo. Me recuperé, demostré que la enfermedad había sido solo algo agudo y que podía seguir con mi vida normal, así que me compraron y firmé un contrato por tres años con la U.
- ¿Fue el momento más duro de tu vida?
Sí. En el fútbol no he tenido lesiones graves, nunca me han operado, pero ahí tuve que luchar por mi vida. Mi mayor apoyo fue mi mamá, que viajó desde Conce a Santiago. Yo estaba viviendo en la pensión de la U cuando me dio esto y no le quería decir para no preocuparla, hasta que ya no daba más y me ingresaron por urgencia. Ella me dio todo el amor y su compañía.
- ¿Qué significó la U en tu carrera?
Cuando uno comienza el camino de querer ser futbolista, siempre sueña en grande. Uno de niño ve la tele y dice: “yo quisiera ser uno de ellos, yo quisiera jugar ahí”. Cuando se dio la oportunidad, imagínate, yo salté de Naval a la U. En Naval no teníamos nada, ni cancha para entrenar, y llegué a la U y había de todo; me pasaban hasta los calzoncillos para entrenar. Te encuentras con una realidad totalmente distinta que a mí no me asustó, porque yo sabía lo que era no tener nada.
Al segundo día de llegar a Santiago tuve que entrenar con el primer equipo al tiro, porque la juvenil había viajado justo a jugar a Concepción y a mí me mandaron a entrenar con el plantel. Imagínate lo que fue pasar de estar en mi casa y entrenar en Naval, a llegar allá y tener que entrenar con Gustavo Canales, Lorenzetti, Gonzalo Espinoza, Sebastián Ubilla y Johnny Herrera. Te puedes imaginar la diferencia, la emoción y también la responsabilidad. Una cosa es llegar y otra es que después te compren.
- ¿Llegaste con personalidad o perfil bajo?
Yo siempre me mantuve calladito, con mucho respeto hacia las historias que tenían esos jugadores. Siendo humilde y acatando las órdenes de los directores técnicos. En la cancha era donde uno hablaba, con ganas y con inteligencia.
“Estar en la U es otra cosa, es un equipo grande y con una hinchada muy fiel”
- ¿Cómo fue tu debut? ¿Recuerdas cómo fue ese estreno con la U?
Yo jugué muchos amistosos de titular con el plantel de la U después de la pretemporada que hicimos con Martín Lasarte. Después de eso me enfermé y tuve un tiempo para recuperarme. Luego volví cuando estaba Guillermo Hoyos y me metí de nuevo en el plantel.
Ya después yo necesitaba jugar. A principios de ese año 2017 —que fue el primer año que se implementó la regla del sub-20— me habían llamado de Temuco para ir a sumar minutos allá, pero el profesor Guillermo Hoyos me tenía considerado y no me dejó ir a préstamo porque recién había firmado mi contrato. A mitad de año, sabiendo que ese año nacía mi hijo, yo necesitaba generar un poco más de recursos y probarme en el fútbol profesional. Pedí irme a préstamo y ahí fue donde partí a Santa Cruz para el segundo semestre de 2017. Antes de eso, cuando estaba Sebastián Beccacece, me citó a dos partidos en Primera: contra Unión La Calera en el Nacional y contra Huachipato en el CAP.
- Viviste hitos importantes dentro de la institución...
Yo pertenecí cinco años a la U y, del tiempo que pude estar ahí, viví todas esas cosas: los banderazos antes de los clásicos afuera del CDA, los partidos a estadio lleno en el Nacional, los clásicos y los torneos internacionales. Estar en la U es otra cosa, es un equipo grande y con una hinchada que todos saben que es muy fiel. Viví y disfruté mucho esos años.
- Después de la U pasaste por hartos equipos del fútbol chileno, en el norte y en el sur. ¿Cuál fue el club que más te marcó en lo que llevas de carrera?
Coquimbo Unido. En Coquimbo fue donde prácticamente me hice un nombre: salí campeón, descendí y jugué una semifinal de Copa Sudamericana. Estuve tres años ahí. Fue el primer equipo con el que jugué en Primera División, porque yo salté de Iberia en Segunda División a jugar en la máxima categoría con Coquimbo. Jugué todo el año y anduve muy bien.
- ¿Pudiste volver a la U?
Mira, en ese tiempo estaba la dirigencia de Azul Azul con Sergio Vargas como gerente deportivo. Me junté con él en el Costanera Center después de mi primer año en Coquimbo, donde me había ido muy bien en Primera tras saltar desde Segunda División.
Lo que pasó fue que a mí me quedaba el último año de contrato con la U. Normalmente, cuando un jugador se va a préstamo, la U te renueva el contrato por un año más; pero como yo venía de Segunda, en la U no me renovaron y me cedieron así nomás. Quizás nunca pensaron que jugaría el torneo de Primera División.
Cuando terminó el torneo y vieron que anduve bien, quisieron que volviera porque no sabían si seguía Matías Rodríguez y en mi posición estaba Augusto Barrios. En la reunión, Sergio Vargas me dijo que me querían; en ese tiempo estaba Hernán Caputto de entrenador y él también me llamó. Yo iba a llegar a pelear un puesto. El problema fue que a mitad de año, como yo venía jugando bien, Coquimbo me hizo firmar un precontrato por dos años. Entonces, a fin de año, la U tenía que volver a comprarme porque legalmente no me habían renovado el contrato.
- ¿Qué pasó en ese momento?
Al final hice la pretemporada completa con la U a fines de 2019, concentré y entrené hasta el último día de mi contrato, que fue el 30 de diciembre. Ese último día hablé con Caputo y me dijo que yo le servía por las dos bandas, pero que en ese momento querían traer a otro jugador (Guillermo Soto, que finalmente tampoco llegó). Como ya estaban Matías Rodríguez y Augusto Barrios, Caputo entendía que yo en Coquimbo ya tenía un lugar ganado y que iba a jugar Copa Sudamericana. Le agradecí el interés, pero le aclaré que yo necesitaba seguir jugando para que mi carrera continuara creciendo. Fue una buena decisión.