Años en Europa y con una experiencia envidiable, Sebastián Ribas arribó esta temporada como refuerzo a Rangers de Talca.

A sus 37 años, el delantero charrúa es uno de los experimentados en Primera B, que llega con un currículum potente: Inter de Milán, Mónaco, Genoa y Sporting de Lisboa son solo algunos de los equipos europeos en los que jugó.

Los Nerazzurri llevaron al atacante al Viejo Continente cuando apenas tenía 17 años, donde se codeó con estrellas como Adriano y Zlatan Ibrahimovic.

Varios fueron los chilenos que se topó en su aventura europea, siendo Matías Fernández uno al que recuerda hasta el día de hoy.

En diálogo con EnCancha, el centrodelantero llenó de elogios al formado en Colo Colo, con quien compartió concentraciones y hasta pieza en su etapa en Portugal. Además, desclasificó su llegada a Inter en 2006 y la interna del equipo dirigido en ese entonces por Roberto Mancini.

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“En el Sporting solía concentrar con él. Era un fuera de serie”

- Durante toda tu carrera en Europa, ¿con qué chilenos jugaste, a quiénes conociste?

Cuando llegué a Inter, con 17 años, tenía la posibilidad de entrenarme con el primer equipo, aunque generalmente jugaba con el equipo reserva. Pero en los entrenamientos con Primera División estaban David Pizarro, Luis Jiménez; después, más tarde, en el Genoa estuve con Cristóbal Joquera y Felipe Seymour, en el Sporting de Lisboa con Mati Fernández. Estuve varios años con ellos, siempre hicimos buenas amistades, no hasta el día de hoy, porque después en las carreras y eso te separas.

- En esa época, ¿lograste afianzar alguna de esas amistades? En especial Matías Fernández, que uno de fuera lo veía muy reservado.

En el Sporting solía concentrar con él. Era un fuera de serie. Tanto futbolísticamente como en lo personal, era increíble. Tenía una humildad terrible, con todo lo que significaba. Era un chico que estaba siempre dispuesto a ayudar a cualquiera, ya sea alguien consagrado o a un juvenil que venía a entrenarse, sin palabras.

Felipe y Cristóbal también, tuvimos menos tiempo, un semestre en Genoa, porque después todos nos fuimos a préstamo. Pero también hicimos una buena amistad. Uno, cuando está afuera, es importante que tenga compañeros de la misma nacionalidad o cercanos, porque más o menos sentimos parecidos y eso hace que uno se sienta un poco más cerca de casa. Con todos tuve una buena relación y en los momentos que compartíamos, nos hacíamos bien.

- ¿Cómo era Matías en la interna con sus compañeros? Compartiste con él quizás en uno de sus mejores momentos en Portugal.

Era muy reservado en su momento también. Callado, pero con una calidad humana que, la verdad, debo destacar. Una gran persona, un excelente jugador. Cuando a uno le toca compartir una habitación o concentración, las conversaciones son espontáneas, sean de familia, de historias pasadas en el fútbol, ese tipo de diálogos. Yo tampoco soy alguien que sea muy hablador, pero lo recuerdo así. Un tipo que lo ves y sabes que tiene una calidad humana por arriba de lo normal, y adentro de la cancha, jugando con él, era impresionante. Sabías que tenías que estar bien colocado; en un pase te podía dejar solo. Para mí, que soy delantero y buscaba el gol, era un placer jugar con jugadores así.

Sebastián RibasJugó entre 2011 y 2012 en Sporting con Matías Fernández.

Su arribo a Europa y a Inter de Milán con 17 años

¿Cómo fue esa llegada a Inter de Milán con 17 años? Imagino que no fue fácil llegar a un equipo con un camarín tan pesado como era ese en 2006-2007.

Yo estaba en Juventud de las Piedras en Uruguay, en Segunda. En su momento estaba gerenciado por italianos, y tuvimos la invitación de ir a jugar un Mundial Sub 20. Me acuerdo de que nosotros fuimos con muchas pretensiones, porque nos preparamos para ser campeones de ese torneo; llegamos y éramos un equipo desconocido para el resto del mundo. No solamente lo ganamos, sino que fuimos la defensa menos vencida, el mejor arquero del campeonato y yo fui goleador del torneo.

De ese equipo salieron jugadores que acá también los conocen, como Rodrigo Mora, que jugó en la U. Fue una camada espectacular esa de Juventud de las Piedras, y bueno, los dueños del club recibieron ofertas por mí del Inter y de Juventus. Pero este último descendió a segunda por temas administrativos. No pudo contratar jugadores y ahí arreglaron con el Inter. Y en dos semanas estaba de jugar en Segunda División de Uruguay a compartir temporada con jugadores que venían a ser campeones del mundo, con Italia en el 2006. Los había visto por televisión hace una semana y de pronto entrenaba con ellos.

Sebastián RibasLlegó en 2006 a Inter, aunque jugó más en el equipo Primavera que en el plantel de honor. Foto: Inter

- ¿Cómo fue ese cambio de vida, siendo tan joven?

Era impresionante, porque para mí era como estar en un sueño. Y sumado a estar con 17 años, con todo lo que eso implica, al lado de fenómenos y salir de un ambiente donde el fútbol era bastante precario. Uruguay sigue teniendo dificultades; más allá de que hoy está mucho mejor, sigue teniendo dificultades en ese aspecto, entonces cuanto antes uno logra salir, puede estar más tiempo en contacto con el fútbol de élite. Y para mí el Inter fue eso, fue la posibilidad de estar en una universidad del fútbol, aprendiendo de los mejores, de tratar de copiar las cosas que uno podía ver que ellos hacían, y teniendo claro que para mí, lo mío no era ganarme un puesto, porque iba a ser imposible.

Cuando llegué al Inter de delantero, estaba Hernán Crespo, que fue por quien entré cuando debuté; estaban Adriano, Julio Cruz, Álvaro Recoba, Luis Figo, Zlatan Ibrahimović; al año siguiente llegó Mario Balotelli, que era gran promesa del club. Yo estaba ahí compartiendo con Javier Zanetti, Esteban Cambiasso, Patrick Vieira... Es imposible que yo pueda dimensionar la cantidad y calidad de jugadores con los que tenía la posibilidad de entrenarme a diario. Tenía claro que era para crecer, para aprender de ellos, y bueno, pude, por suerte, debutar ahí.

- Luego, fuiste saliendo a préstamo a varios equipos, ¿era lo que necesitabas en ese momento en vez de quedarte en Inter?

Llegó un momento que ya con 18, 19 años, dos años y medio después, sentía que tenía que tener minutos de juego para empezar a hacer mi camino, y ahí fue cuando surgió la posibilidad de irme a préstamo a Francia (al Dijon), y fue espectacular, me permitió afianzarme en Primera ya como jugador mayor, no como jugador promesa. Me dio la posibilidad después, tres años después, de volver al fútbol italiano como una realidad.

- ¿Algún momento que te marcó compartiendo con todas esas figuras, o algo que te llevaste para el resto de tu carrera?

Solo cosas positivas. El ver a jugadores que prácticamente habían ganado todo, que tenían una carrera en la élite y con mucha humildad apoyando a los jóvenes, hablándoles para que ellos también aprendan y no cometan errores. Desde la parte humana hasta la parte profesional, viendo jugadores que de repente uno decía: “Este jugador no necesita hacer nada más”, y llegaban antes, llegaban dos horas antes, hacían trabajos antes en el equipo o definiendo. Perfeccionaban los tiros libres, todo un trabajo que uno decía: “Crespo no necesita quedarse definiendo”, y era el primero en hacerlo. O Figo, que uno decía que no necesitaba ir al gimnasio antes o después del entrenamiento, y todos los días estaba ahí. Todas esas cosas te marcan, porque si ellos lo hacen y son fueras de serie, imagina uno que es un jugador normal y tiene que tratar de tener esa oportunidad de jugar con ellos.

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