
Al fútbol chileno han llegado distintos futbolistas, algunos de carreras más breves y otros de un currículum impactante.
En ese último grupo entra perfecto Sebastián Ribas, flamante refuerzo de Rangers de Talca y quien jugó en equipos como Inter de Milán en Italia, Dijon en Francia y Sporting de Lisboa en Portugal.
El uruguayo defendió a más de 10 equipos en el extranjero, aunque sin dudas la experiencia que más lo marcó, pese a durar poco más de un mes, fue el día en que llegó a Ucrania. Reforzando a Karpaty Lviv en 2017, Ribas vivió uno de los momentos más tensos que le han tocado en la actividad.
Fue tiempo antes de que el conflicto bélico entre ucranianos y Rusia escalara a la guerra que viven en la actualidad; pero al charrúa igual le tocó vivir la crudeza de las hostilidades entre ambos países.
Lee tambiénSebastián Ribas y su recuerdo de Matías Fernández: “Concentraba con él; era un fuera de serie”En entrevista con En Cancha, el atacante relató la dura vivencia que experimentó en sus primeros partidos con el equipo y que lo obligó a pedir una salida a donde fuese, con tal de escapar de la guerra.
“Me decían que eran enfrentamientos pequeños, estaban acostumbrados a eso”
- Hoy, a tus 37 años, ¿cuánto vale el tema familiar a la hora de elegir un equipo? No solo por lo futbolístico, sino por lo social. La seguridad es algo que les importa mucho hoy en día a los deportistas extranjeros que llegan a Chile.
La verdad es que cuando tienes familia, ese es un aspecto en el que uno se debe fijar un poco más. Por ahí, siendo soltero, tuve la oportunidad de ir a México y no lo pensé mucho. Y de México a firmar en Ucrania, y tampoco lo pensé demasiado. Y terminé en medio de la guerra. Y ahora, cuando uno tiene familia, el pensamiento ya pasa a ser más en ellos que en uno mismo. Pero es una cuestión generalizada también, una mezcla. No creo que haya país en donde el tema de la seguridad no sea un desde. Uno tiene que estar preparado y sabiendo que hay que tratar de no estar en situaciones en las que uno sabe que puede vivir situaciones de inseguridad.
- ¿Se piensa dos veces ahora, en tu caso, como futbolista? ¿Con todo lo que se ve en redes sociales o se informa en noticieros?
Lo que pasa es que no creo que haya lugares en donde uno, salvo en algún sector de Europa, no pase esas situaciones. En Sudamérica, o Uruguay mismo, tienen ese problema (de inseguridad), y ahí estuve viviendo dos años. Argentina también tiene los mismos problemas y viví ahí 7 años. Entonces, no es un impedimento o un motivo para descartar una venida a un país. Pero la gente de Rangers me hizo saber su voluntad de contar conmigo, y en definitiva, fue eso lo que inclinó la balanza a decidir salir de Uruguay, en una situación que ya se acercaba a buscar esa estabilidad en mi país.
- Mencionabas tu experiencia en Ucrania, que estuviste muy poco tiempo ahí. ¿Cómo se dio ese paso en tu carrera, por qué decidiste ir a ese país?
Fue terrible. Se me presentó la oportunidad de Ucrania, una propuesta de tres años. En ese tiempo tenía la posibilidad de renovar y quedarme en México. Ellos (dirigentes del Karpaty Lviv) también viajaron a verme. Eran tres años del contrato y, de repente, era una liga desconocida, pero muy conectada con la liga rusa. Uno veía que era posible, con una proyección, ir a un mercado ruso, que también es algo desconocido, pero bueno en Europa en esos años. Y la experiencia arrancó bien. Yo estaba en una ciudad muy linda. En el inicio del campeonato, tres o cuatro fechas, ya había hecho un gol.

- ¿Y cuándo fue el momento en que quisiste irte?
Fuimos a jugar un partido en la frontera con Donetsk. En la ciudad donde vivía, que no se veían cambios; era bastante tranquila la vida ahí, porque era más para el lado de Polonia. Pero me acuerdo que en ese momento, al llegar a ese partido el día antes, llegando, empecé a ver trincheras, ver ejércitos. Y me resultó un poco raro. Después, en el día del partido, estábamos jugando y se escuchaban, y veían, misiles que pasaban por arriba de las tribunas. Lo viví con bastante temor. Más allá de que me decían que eran enfrentamientos pequeños, estaban acostumbrados a eso.
En mi caso, yo nunca había estado en un país que estuviese en guerra, ni cerca. Recuerdo que volví a mi ciudad bastante preocupado. Charlé con mis padres, que estaban lejos y se preocuparon mucho por mí. Pedí, por favor, en el club que me dejaran salir. Al principio estaban duros, porque yo acababa de llegar y había firmado por 3 años. Pero con la ayuda de un par de argentinos que también estaban buscando su salida y que conocían a personas en Argentina, llegó la posibilidad de un préstamo a Patronato. Y no lo dudé. Ni siquiera pregunté si el equipo era de Primera División. Yo lo que quería era irme. Después de esa historia, por suerte, fue espectacular para mí. Y me permitió quedarme en Argentina y no tener que volver a Ucrania. Si no, tendría que haber vuelto.
- ¿Te impactaba esa naturalidad de tus compañeros en Ucrania? Que no tuvieran esa convicción tuya de querer salir.
Y eso que yo no viví nada comparado con lo que vivieron los chicos que se quedaron unos meses después. Porque eso que yo viví, de verdad, era algo muy normal para la realidad de ellos. Seis meses después, que fue lo que uno veía en la tele, los mismos jugadores se iban como podían para la frontera con Polonia, para irse del país. Imagino que eso fue incluso mucho peor.







