
Ñublense es cosa seria. Este domingo, en el estadio Nelson Oyarzún de Chillán, los Diablos Rojos le sacaron los tres puntos a Universidad de Chile en el último suspiro del partido con un gol de antología.
El autor fue Diego Céspedes, volante de 27 años que llegó este año desde Cobresal tras once temporadas en El Salvador y que en su primer año en Chillán ya tiene un registro para el recuerdo. Su tiro libre al minuto 92, desde unos 40 metros, se clavó en el ángulo sin que Gabriel Castellón pudiera hacer absolutamente nada.
El gol no fue casualidad. Detrás de esa pegada hay varias horas de práctica, el consejo de un compañero en el momento justo y una historia familiar que viene desde la infancia: su padre, que también le pegaba bien a la pelota, le inculcó desde chico que entrenara las pelotas detenidas.
En conversación con En Cancha, Céspedes detalló cómo vivió el partido, qué pasó en los segundos previos al tiro libre y por qué Ñublense se ilusiona con pelear arriba en la Liga de Primera 2026.
La receta de Diego Céspedes, el héroe de Ñublense ante la U
- ¿Cómo fue la mañana de este lunes después del partido?
La verdad es que lleno de emociones, pero más que nada por el equipo. Me pongo contento por mis compañeros, a mí me tocó hacer el gol, pero el equipo quiere pelear arriba, quiere pelear cosas importantes, y para eso trabajamos y nos entrenamos todos los días. Vamos por buen camino y con un gusto muy positivo.

- Era un partido trabado, con harta pierna fuerte en el medio. ¿Qué te pidieron cuando entraste?
Me dijeron que me parara con el Lolo Reyes al medio, más que nada para darle un nuevo aire al equipo, porque mis compañeros también hacen un desgaste grande. Fue un partido muy trabajado y me tocó entrar en ese momento a tratar de ganar el partido.
- ¿Y el tiro libre?, ¿Lo tenías pensado?
Nunca pensé que lo podía patear en el momento en que ocurrió. Vi la distancia y dije: bueno, esta distancia un poco me acomoda. Hablando con el Nacho Tapia, que también patea muy bien, me dijo “pégale nomás, hermano”.
Los dos conversamos ahí para decidir quién lo ejecutaba, porque los pateadores designados —Jeraldino y Mati Plaza— ya habían salido. Como nosotros dos siempre practicamos, me tocó a mí. Lo bueno es que pudo entrar.
- ¿Hay trabajo semanal detrás de esa pegada?
Siempre practicamos. Con el Nacho Jeraldino, con el Mati Plaza, con el Nacho Tapia, nos quedamos pateando tiros libres un par de horas con la intención de mejorar. Todo es para que en algún momento, si está la posibilidad, hacerlo bien. Ayer fue la mejor demostración de que trabajando se consiguen los goles. Pero si le hubiera tocado a otro compañero, también lo habría hecho bien.

- ¿Siempre has sido pateador de tiros libres o fue algo que desarrollaste con los años?
Siempre me gustó patear. Mi papá me inculcó desde chico que tenía que entrenar los tiros libres, porque a él también le pegaba bien a la pelota. Me decía que pateara, que entrenara, que en algún momento se me iba a dar la posibilidad. En Cobresal practicaba todas las semanas, acá lo mismo, siempre estoy pegándole al arco. Ayer se dio la posibilidad y fue muy bonito, con el estadio lleno.
- Más allá del gol, ¿qué significa este momento para ti en este proceso nuevo en Ñublense?
Las sensaciones son más por la entrega del equipo que por el gol en sí. Tenemos un grupo muy fuerte, todos muy comprometidos en hacer las cosas bien. El que le toca entrar lo hace bien, el que está jugando también. Hay mucha competitividad sana y buen compañerismo.
- ¿Y el objetivo de aquí en adelante?
Me alegro más que nada de que pudimos conseguir los tres puntos para meternos en la pelea con los primeros lugares, le ganamos importante y demostramos para qué estamos, que es lo importante.
- Suman solo una derrota en el año ¿Cómo se vive eso desde adentro?
Me encontré con un equipo donde todos se apoyan, todos se corrigen y todos se matan entrenando. Un equipo muy trabajador, todos en la misma sintonía, muy profesional. El cuerpo técnico del Profe (Juan José Ribera) trabaja muy bien, nos da las herramientas, preparamos bien los partidos.
La gente del club —utileros, kines, los de la cocina— todos están muy comprometidos. Se ha formado una linda familia y creo que eso es lo que estamos representando en la cancha: el que juega, el que entra cinco o diez minutos, el que no alcanza a ser citado, todos remando para el mismo lado.








