
Era el año 2008 y a la Universidad Católica llegaba Nicolás Gianni, un atacante argentino proveniente de Argentinos Juniors, que tan solo duró un semestre en la tienda cruzada.
El trasandino, que hoy es asistente técnico de Hugo Colace en Atlético Tucumán, no mostró la mejor de sus versiones en Chile, algo que reconoce en esta conversación con En Cancha.
Además, Gianni le tira flores a Fernando Carvallo, su entrenador en esa época en la UC, recuerda con cariño a su amigo Milovan Mirosevic y destaca con énfasis a Gary Medel, que con 20 años recién estaba empezando a destacar. “Un crack con todas sus letras”, dice.

- ¿Qué recuerdos tienes de tu paso por la Universidad Católica?
Los mejores. Es un club grandísimo, súper ordenado. La realidad es que ese año no pudimos hacer una buena campaña y los más criticados fuimos los extranjeros. Pero, bueno, a mí entender no jugué tantos partidos, y los que jugué siento que no lo hice mal, pero no tuve mucha continuidad y eso fue lo que empañó mi estadía en Católica.
- ¿Te quedó una espinita clavada?
Sí, obvio. Cuando veo que chicos argentinos que triunfan en Chile, me acuerdo de que yo también tuve una gran oportunidad. Quizás fue poco el tiempo que estuve. Yo pertenecía a Argentinos Juniors y esa siempre fue mi casa. Decidí retornar para volver a ser feliz, para sumar minutos, para sentirme nuevamente jugador. Eso fue lo que pasó.
- ¿Qué factores crees que te llevaron a no rendir acá en la UC?
Mira, yo creo que tuve partidos buenos, pero claro, un club grande te exige que estés siempre a tope. Si no analizo, nunca jugué en mi posición natural y el equipo no andaba bien, no hizo un buen torneo, y al final todo eso fue empañando mi rendimiento individual. Cuando eso pasa, los extranjeros son los primeros criticados, pero está bien, yo hago mi autocrítica igual. No estoy diciendo que la rompí ni nada, obviamente algo me faltó. Pero después de Católica seguí jugando y me pude reponer.
- Fernando Carvallo era el DT en esa época, ¿no?
Sí. La verdad, un señor, un señor del fútbol, de esas personas que entendían todo. Tenía un manejo extraordinario. No sé qué será de él, pero tengo un grato recuerdo de su persona. Después estuvo por un tiempo (Mario) Lepe, y luego el Fantasma (Marco Antonio Figueroa). Ahí decidí irme.
- ¿No entrabas en sus planes?
Fue raro, la verdad, porque fue el día que erré el penal con Colo Colo (amistoso jugado en Temuco en enero de 2009). Ahí él me había puesto, y más allá de mi fallo, hicimos un gran partido, porque ganamos 3-0. Después de eso él decidió no ponerme más, así que nada, acepté esa realidad y tomé la decisión de irme.
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- Peleabas el puesto con Milovan Mirosevic, ¿no? Estaba difícil jugar...
Sí, imagínate. Me tocaba pelear el puesto con él y muchas veces también ponían a Gary (Medel) ahí, entonces claro que la tenía complicada. A mí me ponían de volante derecho y la realidad es que esa nunca fue mi posición. Yo siempre fui un delantero o un mediapunta si se quiere, entonces me tocaba pelear con ellos por un lugar, que eran unos fenómenos. Milo, hoy por hoy, sigue siendo un amigo que me dio el fútbol. Había chicos que estaban surgiendo en la cantera y lo hacían bien también, así que nada, quedó en anécdota mi paso.
- Me nombraste a Gary Medel. ¿Se veía en ese tiempo, con apenas 21 años, el potencial que tenía?
Sí, la verdad que sí. Lo logré conocer muy bien. Con él, particularmente, nos llevábamos de diez. Éramos muy cercanos, andábamos siempre juntos. Después, por el tiempo y por la vida, nos separamos, pero en ese tiempo ya se veía algo distinto en él. Entrenaba diferente al resto. Después, tenía sus locuras también, ja.
- ¿Qué clase de locuras?
No, sus líos fuera de la cancha, locuras de juventud. Ahora, después llegaba a entrenar y era el mejor de todos, con un físico impresionante. Yo, por ejemplo, jamás lo vi trotar suave en un entrenamiento. Siempre estaba a full, se entregaba al cien por ciento. Eso era sorprendente. La verdad, un crack, un crack con todas sus letras.







