
En 2009 la Universidad Católica anunciaba a quien sería su nuevo “10″, un puesto con un peso específico en el cuadro cruzado. En esa temporada, la responsabilidad recaía en Damián Luna, un argentino que llegaba procedente de Independiente de Avellaneda, con la intención de apropiarse del mediocampo y mover los hilos en el equipo entonces dirigido por Marco Antonio Figueroa.
A mediados de mayo de ese mismo año, su travesía en el fútbol chileno terminó de manera abrupta. Diferencias irreconciliables con el Fantasma lo llevaron a tomar la decisión de dejar el club, donde no gozaba de mucha continuidad, y menos del gusto futbolístico de su DT, a quien criticó con vehemencia.
“Este tipo es un personaje. El lunes fui a entrenar y había dicho que me quería agarrar a combos, pero no me dijo nada... es medio cagón parece”, señaló en esa oportunidad el futbolista que también tuvo pasos por San Lorenzo en Argentina y Sao Caetano en Brasil.
Ahora, en pleno 2026 y con 40 primaveras en el cuerpo, Luna ve las cosas de forma distinta. En conversación con En Cancha, el exvolante afirma que hubiese encarado de otra forma aquella rencilla y que le habría encantado triunfar en Las Condes como Darío Conca, Darío Bottinelli y Diego Buonanotte, trasandinos que llegaron a la precordillera con el mismo cartel suyo.
- ¿A qué te dedicas hoy, Damián?
En 2019 dejé la actividad de jugador de fútbol y ahora me encuentro ya hace 4 o 5 años trabajando en una empresa de representación de jugadores, siempre en el ámbito del fútbol, pero ahora desde otro lado, tratando de acompañar sobre todo a los más chicos, a los que están en juveniles, guiándolos y contándoles las experiencias vividas, las buenas y las malas. Hago acompañamiento en ese rol.

- ¿Y qué tal esa experiencia? Te pasaste a la vereda de enfrente.
Está bueno. Siento que los chicos escuchan y van mejorando. Creo que cuando fuiste jugador les llegas de mejor manera, eso es un plus. Hay una complicidad especial, uno entiende mejor lo que están viviendo, los momentos buenos y malos. Trato de decirles siempre que el camino es largo, y que cuando aparezca una oportunidad hay que aprovecharla. Todo bien hasta ahora, me siento muy cómodo. Es una etapa distinta a la del jugador, que un poco se extraña, pero estamos en un rol distinto, siempre en el rubro y eso se agradece.
- ¿Te proyectas a largo plazo en el mundo de la representación de futbolistas?
(Piensa) Por ahora me siento cómodo, me gusta. Me hace sentir bien estar en todos los momentos que vive un chico que va empezando en esto, y por ahora lo disfruto. Después, es difícil decir “voy a hacer esto durante toda mi vida”. Vamos de a poco.
- ¿Dirigir no te llamó la atención?
En un momento sí. Tengo el curso hecho, estoy recibido, pero sé que es una carrera inestable, de por ahí estar seis meses en un lado y seis en otro. Ahora obviamente que me toca viajar también, pero son 15 o 20 días para luego retornar y estar con la familia para disfrutar. Eso lo disfruto mucho. El rol de entrenador es más una picadora de carne. Tienes cuatro partidos malos y te tienes que ir del club, y eso hace que tengas una inestabilidad laboral que ya la viví como jugador, y ahora, ya más grande, no quisiera volver a vivirla.
- ¿Te costó tomar la decisión de retirarte?
Le venía dando vueltas, pero la verdad es que fue de un día para otro. Terminó el año, tenía que presentarme a hacer la pretemporada en enero y no fui. Así pasó. Además, justo empecé con un proyecto de una hamburguesería con un amigo en Buenos Aires, me embalé en eso y como que no me di cuenta que había dejado el fútbol. Después, obviamente extrañas el ambiente, el estar en el túnel, el escuchar las hinchadas, pero físicamente estaba con lo justo, necesitaba de muchos cuidados en la semana, y eso hizo que no me costara tanto dejar la actividad. Hoy me pasa algo raro: me pongo a extrañar el fútbol, pero cuando me acuerdo de todo lo que tenía que hacer y todo lo que se corre hoy en día, se me pasa, ja.
- ¿Te dejó conforme tu carrera?
(Piensa) No.
- ¿No?
No. A ver, creo que fui un afortunado al poder tener una carrera de 16 o 17 años, pero cuando la comencé la proyectaba de otra manera. Pensaba que podía haber hecho algo más. Tuve lesiones importantes, no tomé buenas decisiones y eso hizo que no cumpliera con lo que yo pensaba podía llegar a ser. Pero, bueno, soy agradecido igual, porque pude cumplir el sueño de jugar en equipos importantes, aunque cuando tenía 16 años y empezaba, imaginaba otro tipo de carrera, no lo voy a ocultar.

- Jugaste en el Kissamikos de Grecia en 2015. ¿Te hubiese gustado haberte mantenido mucho tiempo en Europa?
No sé, quizás haber tenido más continuidad en Independiente, o cuando fui a Católica también. Poder haber tenido otro despegue, no sé, yo sentía que tenía las condiciones para poder hacerlo. Pero, qué sé yo, si no se dio, simplemente no era para mí. Me hubiera gustado afirmarme más a ese nivel, pero no tuve la posibilidad por errores propios y por circunstancias de la vida también.

“Por más que me hubiera manejado de otra forma, no iba a conseguir lo que quería en Católica”
- Me nombras a la Universidad Católica. ¿Cómo recuerdas ese paso por San Carlos de Apoquindo?
Corto, pero intenso. Me quedan los mejores recuerdos de Chile. Todavía sigo hablando con gente de allá, me quedaron amigos. Todos me trataron de colaborar, pero en lo futbolístico no se me dio. Por ahí el entrenador del momento (Marco Antonio Figueroa) entendía otras cosas de mi juego, y no se pudo dar. Quedó algo trunco ahí, porque tenía todo, me encantaba la ciudad, me encantaba el club, la gente me trataba muy bien, pero no fue como me hubiese gustado que sea.
- Tuviste roces con el Fantasma, que es todo un personaje en el fútbol chileno.
Sí, no se dio la relación de la mejor manera, quizás porque su forma de ser y la mía no pegaban. Igual yo tenía 22 o 23 años y creía que me podía llevar al mundo por delante y no me manejé de la mejor manera. Quería tener continuidad y la ansiedad me empezó a ganar. Ya en las prácticas no me ponía de lo que yo jugaba y eso me daba cierto fastidio, o después había partidos en los que jugaba bien y al otro no me ponía, entonces no pudimos generar una buena conexión con el entrenador. Todo terminó en un paso breve.
- Hoy, ya con 40 años, ¿habrías hecho las cosas de forma diferente?
Es que siempre me manejé de la misma forma, siempre siendo claro. En lo futbolístico tuvimos charlas con él, donde yo le explicaba que era mediocampista ofensivo, enganche o mediapunta si se quiere, incluso hasta doble 5, pero él insistía en ponerme de lateral volante y a mí eso me costaba mucho, porque mi fuerte estaba en el cambio de ritmo y no tanto en el dinamismo por los costados. Recuerdo un partido que ganamos 4-0 a Cobreloa, donde tuve la posibilidad de hacer un gol, y ahí pensé que iba a ser mi despegue, pero no se dio.
- Tu salida fue con polémica, hablando contra el entrenador...
Sí, fue fea, ahí sí debí tener un perfil más bajo. Pero nada, qué sé yo, en ese momento yo estaba muy necesitado de continuidad y la quería ya. Sí, debí tener más paciencia, pero veía que del otro lado nunca iba a tener la chance de jugar en mi posición. Por más que me hubiera manejado de otra manera, no iba a conseguir lo que quería.
- ¿Los tratos del Fantasma molestaban al plantel de Católica en esa época?
Digamos que era una persona particular. No sé cómo estará ahora, el tiempo nos va cambiando a todos, pero en ese tiempo había situaciones que eran raras o por lo menos a las que yo no estaba acostumbrado. Pero, bueno, cada entrenador con su forma. Yo eso le trato de explicar a los chicos ahora: hay cosas a las que uno se debe adaptar, porque es más fácil que el grupo se adapte al técnico que el técnico se adapte a 25 jugadores diferentes.
- ¿Pudiste hablar con él?
Sí, hablé con él en su momento y también con Felipe Achondo, que era el director deportivo, pero llegó un momento que no daba para más. Yo a Achondo le dije un día que fuera a ver los entrenamientos, para que me pudiera evaluar también, y después me terminó dando la razón al decirme que me veía bien, pero que (el Fantasma) no iba a cambiar. No se pudo dar simplemente. Es una pena, porque en mi puesto hubo muchos argentinos que la rompieron toda en Católica, y obvio que me quedó esa espina.
- Al argentino le va bien en Católica generalmente. Se le trata muy bien además.
Sí. A mí la gente de Católica me trató siempre diez puntos. Me hubiese gustado ser un (Darío) Conca, un (Darío) Bottinelli, un (Diego) Buonanotte, porque además sentía que tenía las condiciones para serlo. A veces se tiene que dar todo, que te respalde un técnico, que te den continuidad, que te den minutos, y no lo pude encontrar en el club. Había un DT que tenía una personalidad fuerte y que le gustaba hacer las cosas a su manera, y está perfecto, no me quejo. Lamentablemente quedó trunca esa posibilidad.








