Daniel Navarrete atraviesa el momento más complejo de su carrera profesional y de su vida personal. Tras dejar Universidad de Chile como jugador libre, el defensor hoy busca una nueva oportunidad en el fútbol luego de enfrentar un extenso y doloroso período marcado por lesiones, operaciones y casi dos años fuera de las canchas.

Navarrete tuvo que librar una batalla silenciosa, tanto física como mental, en la que el apoyo de su familia y el trabajo psicológico fueron claves para no rendirse. En conversación con En Cancha, el exjugador azul abre su corazón y repasa sin filtros el proceso más duro que le ha tocado vivir: la frustración de no poder jugar, las recaídas médicas, el miedo a dejar el fútbol y, al mismo tiempo, el aprendizaje que le dejó la paternidad y el tiempo compartido con sus hijos.

“Ha sido el momento más difícil de mi carrera y de mi vida”, reconoce Navarrete, quien hoy, ya en la etapa final de su recuperación, mantiene intacta la ilusión de volver a competir y demostrar que aún tiene fútbol por entregar.

Daniel Navarrete.

- Estuviste prácticamente un año fuera de las canchas, incluso casi dos considerando la lesión anterior. ¿Cómo viviste todo este proceso desde lo personal?

Ha sido muy difícil. Ya voy casi para los dos años con la lesión anterior, así que llevo casi dos años sin jugar. Ha sido lo más duro que me ha tocado vivir, tanto en mi carrera como en mi vida. Me obligó a hacerme fuerte.

- ¿Qué rol ha jugado tu familia y el apoyo psicológico en este proceso?

Tengo dos hijos y a mi pareja, que son mi mayor fortaleza. Han sido fundamentales, el pilar de todo. Gracias a ellos he podido mantenerme firme y salir adelante, porque realmente ha sido un proceso muy complicado. Son quienes siempre están presentes cuando uno atraviesa los momentos más difíciles.

En lo psicológico, este año en la U trabajé con un psicólogo y la verdad es que me ayudó bastante. También el área médica y psicológica del club siempre estuvo presente, dándome palabras de apoyo. Estoy muy agradecido de todos ellos.

La otra cara de la lesión: la familia y la paternidad

- Muchos jugadores dicen que las lesiones, dentro de lo malo, permiten vivir cosas que el fútbol no deja. ¿Te pasó algo así?

Sí, principalmente pasar más tiempo con la familia. Cuando uno está jugando vive entrenando, concentrado, viajando, y se pierde fechas importantes. En este tiempo pude estar todos los días con el nacimiento de mi hijo, que nació este año, y no me perdí nada importante.

- Cuéntanos de esa experiencia, de ser papá nuevamente.

Feliz. Es difícil, sobre todo los primeros meses, pero muy lindo. Tengo una hija de cuatro años y ahora mi hijo, que ya tiene casi dos meses. Los amo, son mi fortaleza y me dan fuerza para seguir luchando.

- ¿Pensaste en colgar la toalla?

Sí. Muchas veces pensé en rendirme. Las lesiones de rodilla son terribles y tuve muchas complicaciones. En la segunda lesión incluso me entró una bacteria en la rodilla.

- ¿Qué pasó en ese momento?

Después de la segunda operación me fui a la casa, pero empecé con fiebre y mucho dolor. Fui a urgencia y detectaron una bacteria en la rodilla. Me tuvieron que hacer un aseo quirúrgico y otras operaciones más. Fue muy complejo, pero gracias a Dios ya pasó lo peor.

- Además sufriste una recaída cuando ya estabas cerca de volver...

Sí. Venía recuperándome desde el año pasado, cuando estuve en Barnechea. Llevaba siete meses de recuperación, salí de vacaciones y me sentía bien. Estaba entrenando en la casa, jugando con amigos, y ahí me volví a lesionar. Ya había hablado con el profe Cristian Muñoz para irme a U. de Concepción, me quería llevar, pero me lesioné de nuevo. Fue un golpe muy fuerte, tuve ganas de dejar el fútbol, pero pensé: ¿para qué rendirme después de tantos años? Llevo 12 años jugando. Hay que intentarlo hasta el final.

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