
Cada cierto tiempo, el anhelo del estadio propio de Universidad de Chile reaparece en la conversación de los hinchas azules. Y últimamente cuando lo hace, casi siempre arrastra consigo el mismo nombre: Lampa.
La comuna del sector norte de la Región Metropolitana se ha convertido, sin haber realizado gestiones formales, en el escenario recurrente de un proyecto que lleva mucho tiempo prometiendo concretarse sin lograrlo.
El tema volvió a la palestra en los últimos días. Tras el rotundo “no” del alcalde de La Cisterna, Joel Olmos, quien descartó tajantemente recibir el recinto por los problemas asociados a las barras bravas, el alcalde de Lampa, Jonathan Opazo, salió a marcar diferencias y abrió las puertas de su comuna.
“Si la U de Chile quiere impulsar un proyecto serio y responsable como la construcción de su estadio, en Lampa cuentan con un aliado”, aseguró el jefe comunal en conversación con Radio ADN.
La frase reactivó el entusiasmo de los laicos. Pero para entender por qué Lampa vuelve a aparecer, hay que retroceder hasta 2023, cuando se instaló por primera vez la opción.
El primer anuncio: enero de 2023
La historia formal arranca a comienzos de 2023, durante la presidencia de Michael Clark. Azul Azul comunicó que su Plan Estratégico trienal entraba en una nueva etapa, consistente en la suscripción de los instrumentos jurídicos que permitieran adquirir un terreno para edificar infraestructura deportiva.

El movimiento fue posible tras saldar la deuda derivada de la quiebra de 2006, lo que permitió extender la concesión del club hasta 2052: un requisito básico, según explicaría más tarde la propia dirigencia, para poder acceder a créditos de largo plazo y pensar en una obra de semejante magnitud.
La promesa venía con plazos. Se hablaba de oficializar la compra de un terreno “al final del primer semestre de 2023”, y la euforia comenzó a instalarse en una hinchada acostumbrada a soñar con la casa propia.
Kilómetro 23: la especulación que instaló a Lampa en el radar azul
En marzo de 2023, el relato tomó forma concreta. La Tercera reveló que las conversaciones estaban muy avanzadas para comprar un terreno en Lampa.
Días después, Radio Agricultura entregó el dato de la existencia de un terreno de 20 hectáreas ubicado en el kilómetro 23 de la Ruta 5 norte, en el límite entre Lampa y Colina.
El lugar parecía ideal. Buena conectividad con la autopista (queda a 33 minutos de viaje en auto desde el centro de Santiago), ausencia de zonas urbanas en los alrededores y un uso de suelo apto para levantar una construcción de esas características.
Tanto avanzó la versión que se aseguró que un urbanista de la Universidad de Chile había visitado el terreno y quedado conforme con sus condiciones. Por unas semanas, el estadio por primera vez tuvo dirección exacta.
Clark, eso sí, mantenía la cautela en público. “El primer paso es encontrar un terreno donde se pueda desarrollar la infraestructura. Esto es paso a paso y queremos trabajar de manera profesional”, sostuvo el entonces presidente.

La primera contradicción y los frenos comunales
El entusiasmo, sin embargo, chocó pronto con la realidad. El entonces concejal de Lampa, Cristián Talamilla, desmintió la ubicación que circulaba en la prensa: aseguró que el terreno en cuestión no estaba en el kilómetro 23, sino cercano al centro cívico de la comuna, en el sector Larapinta.
Y fue más allá, al advertir sobre dos problemas de fondo: la falta de accesibilidad vial para recibir grandes flujos de público y el conflicto que generan las barras bravas. “Lampa todavía es una comuna rural”, argumentó, rechazando la opción de recibir el recinto.
El silencio, la caída de Clark y el estadio nuevamente en el foco
Tras el ruido de 2023, el proyecto entró en una larga pausa. Durante 2024 y 2025, mientras la U peleaba el Campeonato Nacional y la Copa Sudamericana, el tema estadio quedó congelado, alimentado esto también por el regreso al Estadio Nacional.
Recién en abril de este año, con la renuncia de Clark, el tema volvió a encenderse. El dirigente saliente incluyó la promesa del recinto en su carta de despedida, gesto leído por muchos como un intento de limpiar su imagen.
La llegada de Cecilia Pérez a la presidencia de Azul Azul le dio un nuevo aire al anhelo. Acompañada por José Miguel Insulza en el directorio, que puso el estadio como prioridad, Pérez optó al principio por la prudencia.
“No quiero ilusionar a los hinchas. Hemos trabajado silenciosamente para cumplirlo. Vender humo no es parte de mi esencia”, declaró al asumir.
Pero con el correr de las semanas, su discurso se volvió más concreto. En entrevista con La Hora este domingo, detalló por primera vez la hoja de ruta. Desde 2025 el club comenzó a prepagar la deuda con el Fisco que vence en 2032, lo que le permitiría apalancar créditos para comprar el terreno y, posteriormente, vender el naming del recinto, apuntando a un estadio de más de 40 mil personas.
En esa misma línea, lanzó un duro emplazamiento a la clase política: “Se necesita valentía de las autoridades regionales, comunales y presidenciales, que vean que es un recinto para el país y no llenen de problemas. Porque todos se oponen, autoridades que son hinchas dicen me encantaría, pero en mi comuna no”.
Precisamente el alcalde de Lampa puede verse apuntado por esto último. Jonathan Opazo es fanático confeso de la U, tanto así que incluso dedicó un mensaje en redes sociales por un nuevo aniversario del club el pasado fin de semana.
“El desarrollo de la comuna requiere de la inversión pública y privada. Por eso creemos que este proyecto de gran envergadura es beneficioso para nuestra comuna de Lampa”, explicó este lunes en Radio ADN, destacando además los 452 kilómetros cuadrados de superficie que tiene el territorio para emplazar una obra de ese tamaño.
Tres años después del primer gran anuncio, al menos dentro de lo que en la administración Sartor se refiere, la historia parece haber dado un giro completo para regresar al lugar de partida.
El patrón se repite en todo caso: anuncios grandilocuentes, plazos que se vencen sin cumplirse y un terreno en la zona norte de Santiago que reaparece cada cierto tiempo sin que nunca se firme un documento.
Todo, además, ad portas de un centenario que la U cumplirá en 2027 y que la dirigencia sueña con celebrar anunciando, por fin, el inicio de las obras.
Si esta vez la promesa se transforma en realidad o se suma al largo listado de ilusiones frustradas, es algo que, como siempre con el estadio de la U, solo el tiempo dirá.







