El mundo se ha volcado a hablar de Diego Armando Maradona tras confirmarse su deceso a la edad de 60 años. Por ello, viejas historias reflotan en el día de su muerte, y una de las más particulares no tiene relación alguna con la redonda, sino que con las tuercas, precisamente del día en que el "Barrilete Cósmico" tuvo un Ferrari negro y lo devolvió por un especial motivo.

Antes de disputar su segunda Copa del Mundo con Argentina, Diego le pidió a Guillermo Coppola, su manager, incluir un segundo Ferrari a su garage. Eso sí, él quería un Ferrari negro, cuando en ese entonces la reconocida marca de autos de lujo italiana sólo fabricaba sus modelos en color rojo.

Coppola viajó a reunirse con Enzo Ferrari, dueño y fundador de la prestigiosa escudería, para solicitarle que el Testarossa solicitado por el mejor del mundo tenía que ser negro.

"¿Negro? ¡No existe de color negro! ¡Mis Ferraris no pueden ser de un color que no sea rojo!", le dijo Enzo a Coppola, según comentó el mismo empresario en conversación con Fox Sports.

Sin embargo, luego de analizar la situación, decidió ceder y enviar uno de los Ferrari Testarossa a Nápoles y le encargó a Pepe, reconocido pintor de autos de la ciudad, que se hiciera cargo de la petición del "Diez".

Antes del retorno de Maradona a la ciudad italiana mientras defendía la camiseta del Nápoli, Coppola se adelantó al Diego y dejó el auto en la pista para que fuera lo primero que se viera apenas bajara de su avión privado.

Se pueden meter esta Ferrari en el…

¡No, Guille, no!', '¡No, Guille no, Corrado! ¡Te la acaba de regalar el presidente!', '¡Caro presidente!'. Maradona abrazó y besó a Corrado, presidente del Nápoli quien pagó los 870.000 dólares que costó el vehículo. '¡Qué grande, presidente! ¡La máquina que yo quería!'", recordó Cóppola sobre la primera reacción de un Maradona al ver su auto, único en todo el mundo.

Todo marchaba bien hasta que Diego se dio cuenta que el auto no tenía radio y que la puerta del conductor no estaba tapizada.  "Diego, es un auto de carrera. No la tapizan, le quitan peso, ¿entendés? No sé cómo tiene espejo retrovisor. No tiene nada. El auto es de carrera", le comentó Coppola. "¿Ah, es de carrera? ¡Ferlaino, usted y Coppola se pueden meter esta Ferrari en el…", contestó el 10.

Al menos, la historia tuvo un final feliz. Al día siguiente, Diego recibió su joyita con todas las exigencias que pidió. Posteriormente, ese vehículo quedó en poder de un coleccionista español, hasta que en 2014 lo vendió en una cifra cercana a los 250.000 euros.

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