
Más de 2.2 millones de personas vieron la consagración de Santiago Wanderers como campeón de la Copa Libertadores Sub-20. Un hecho histórico para nuestro país, pues ningún otro equipo ha conseguido traer el título a Chile, hasta que llegaron los jugadores del Caturro, quienes le dieron una alegría eterna a sus hinchas.
Lucas Avendaño fue el capitán del equipo y el encargado de guiar a sus compañeros hacia la gloria. El volante categoría 2006 dejó de lado la algarabía de ser campeón y conversó con En Cancha, abordando diversos temas, pero centrándose en todo lo que hicieron para hacer realidad el sueño con el que llegaron a Ecuador: quedarse con el título más importante de la categoría a nivel continental.
El ‘10′ del equipo no solo destacó la labor realizada por sus compañeros, sino también la de Felipe Salinas, quien llegó a inculcarles la mentalidad ganadora de ir por todo. El DT fue clave para que lograran convertir la ilusión en realidad.

“La Copa pesa bastante, pero con la emoción se hizo fácil de levantar”
- ¿Pesa la Copa Libertadores? Son pocos los capitanes chilenos que han levantado el trofeo y ahora tú entraste en la historia que antes escribieron Jaime Pizarro (1991 con Colo Colo) y Karen Araya (2012 con el Cacique Femenino).
Pesa bastante, me costó un poco levantarlo, pero con la emoción se hizo fácil. Es un trofeo muy, muy lindo. Estamos muy orgullosos de anotarnos en la historia de Chile y esperamos seguir por este camino, somos un equipo lleno de sueños.
- ¿Cómo vivieron este momento? Un sueño hecho realidad.
Desde que llegamos a Ecuador estábamos convencidos de lo que podíamos lograr; el objetivo era sí o sí traernos la Copa a Chile. Fue todo muy soñado. La confianza siempre estuvo en venir a pelear por el título sí o sí, nunca estuvo la más mínima duda de lo que podíamos hacer. Necesitábamos dar un salto importante y con esto demostramos que estamos para cosas grandes.

- Mucho tuvo que ver Felipe Salinas, ¿no?
El profe (Osvaldo) Cataldo llegó el año pasado a inculcarnos que teníamos que jugar la Libertadores. Después, cuando asumió Felipe Salinas, mantuvo la misma línea y nos metió esa mentalidad ganadora. Desde que salimos campeones nacionales el año pasado, estábamos convencidos de que dependía de nosotros. Nunca miramos a los rivales como algo imposible; dentro de la cancha demostramos que éramos iguales.
- Les dio esa confianza que a veces se necesita para lograr los grandes objetivos...
Fue clave para romper la ansiedad, por decirlo así. Siempre nos dijo que todos los rivales eran iguales a nosotros, tienen dos piernas y dos brazos, así que entramos siempre a ganador. Creo que eso fue lo que finalmente demostramos dentro de la cancha y que nos ayudó para quedarnos con el premio mayor.
- ¿En qué momento cayeron en cuenta de que podían conseguir la hazaña? Me imagino que hubo un partido bisagra en el que se dieron cuenta de que estaban para grandes cosas.
El primer partido fue contra Nacional; sabíamos que era un rival difícil y, aunque por momentos lo sufrimos, fuimos superiores durante la mayor parte del encuentro. Desde ese momento nos dijimos: “Esto es nuestro y depende solo de nosotros”. Como comenté antes del viaje, veníamos convencidos y con la mentalidad de que teníamos que salir campeones para llevar la copa a Chile.
- Todavía no se lo pueden creer...
Te juro que no, ajaja. Es algo tan bonito. Es un premio al esfuerzo de cada uno de nosotros que dejó todo para seguir su sueño en el fútbol. Es una sensación hermosa y, como te decía, todavía no puedo creer lo que logramos.

“Ya somos una familia, venimos trabajando juntos hace casi dos años”
- ¿Cómo afrontaste el hecho de ser el capitán en el título más importante a nivel continental de Santiago Wanderers?
Desde chico siempre he sido el capitán de mi división por los años que llevo en el club, así que por ese lado estoy acostumbrado. Sin embargo, en este campeonato fue muy importante el liderazgo compartido: en el grupo éramos cuatro o cinco jugadores que actuábamos como capitanes y tomábamos las decisiones apoyándonos entre todos.
- Una unión que me imagino que fue clave para lo que lograron...
Si había que conversar con alguien o con los profesores, íbamos los cinco juntos; para mí fue fundamental que hubiera otros líderes dentro del camarín. No estaba solo, tenía compañeros que me ayudaban y eso fue clave para unir al grupo y tomar las mejores decisiones. La combinación de todo esto nos ayudó y fortaleció para lograr el título.
- ¿Cómo se portaban como camarín? ¿Le hicieron la tarea fácil a Felipe Salinas?
Como grupo ya somos una familia; venimos trabajando juntos hace casi dos años y nos conocemos muy bien. Aunque hay varios jugadores que tienen su genio, ya sabemos cómo llevarnos entre todos, así que todo ha sido muy lindo. Estas dos semanas en Ecuador sirvieron para unirnos más todavía. Había tiempo para todo: cuando tocaba trabajar, lo hacíamos con seriedad, y en los momentos libres aprovechábamos para distendernos un poco. Fue una experiencia muy linda en todo sentido.
- Entrando en los detalles de la final, ¿cómo trabajaron el partido contra Flamengo? Un rival que es experto en esta categoría y venía de ser bicampeón de la Copa Libertadores.
Nosotros no miramos a nadie como una potencia; como dije al principio, para nosotros la potencia somos nosotros mismos y le jugamos de igual a igual a cualquiera. Obviamente, otros equipos tienen jugadores muy buenos técnicamente, pero nosotros como grupo somos más fuertes y estamos muy unidos. Salimos a jugar de igual a igual sin importar los nombres, porque sabíamos de lo que éramos capaces y que podíamos ser mejores que cualquiera.
- ¿Cómo viviste el momento de patear el penal? No es sencillo pararse frente al arquero en una definición por el título.
Estoy muy acostumbrado a patear penales, así que en el momento de la definición no se me hizo tan difícil; gracias a Dios pude convertir. Mis compañeros me molestan por lo mismo, por cómo los pateo, porque dicen que parece que no sintiera nada. Pero es algo que me gusta: me encanta sentir esa presión. Patear un penal en una instancia así es importante y, por suerte, salió bien.

- El arquero de ellos fue bastante hostil con ustedes... les hablaba, los molestaba, parecía Dibu Martínez.
El arquero habló bastante; yo no le entendí nada, pero sí habló mucho. Me apuntaba al lado donde yo había pateado un penal antes en la Copa y me decía que había visto el video. Después me enteré por alguien de Brasil que el arquero decía que me tenía estudiado, que sabía dónde le pegaba y por eso me señalaba un lado, pero en el momento ni lo escuché.
- En ese sentido, ¿ya tenías decidido para dónde patear?
Mi forma de patear es decidir al último segundo; siempre lo he hecho así. En el último paso, justo cuando pongo el pie de apoyo, decido hacia qué lado va el balón. Por lo general, pateo cruzado, pero si veo que el arquero se tira antes, tengo la capacidad de cambiarle el lado. Por eso mi carrera hacia el balón es bastante lenta: para esperar hasta ese último momento.
- En el transcurso del partido también fue difícil, comenzaron perdiendo y parecía que no iba a llegar el gol, ¿cómo manejaron esa presión y necesidad de igualar el marcador a toda costa?
En lo personal, estaba muy convencido de que se nos iba a dar el gol en cualquier momento; estaba tranquilo porque sabía que iba a suceder. Se dio en el momento justo y después, en los penales, nunca dudé que ganaríamos. Incluso el día anterior, mientras me hacía masajes, le dije a la kinesióloga que ganaríamos por esa vía en un partido durísimo; después del triunfo nos reímos de eso porque se dio tal cual lo predije.
- Te luciste como adivino...
Soy una persona muy creyente y me aferro a Dios; sabía que este era nuestro momento como equipo. Habíamos perdido varias finales nacionales en la Sub-16 y Sub-18, por lo que sentíamos que todo estaba escrito para que se nos diera ahora en la Sub-20.








