Hay derrotas que duelen y hay derrotas que marcan una generación. Lo que ocurrió este martes en el Estadio BBVA de Monterrey pertenece a la segunda categoría. Bolivia jugó mejor, dominó más, disparó más, tuvo más córneres, completó más pases y generó mayor peligro esperado que su rival. Y aun así, regresa a casa sin Mundial. Irak 2, Bolivia 1. La aritmética del fútbol, brutal e inapelable.
Los números son una autopsia de la tragedia verde. Bolivia terminó el partido con el 68% de la posesión —más del doble que los iraquíes— y ejecutó 16 remates, siete de ellos al arco. Lanzó también 16 córneres, frente a los apenas dos de Irak. En cualquier análisis racional de este partido, la escuadra sudamericana debería haber ganado. El fútbol, sin embargo, no entiende de racionalidad.
Irak marcó en el minuto 10, cuando Ali Al Hamadi aprovechó la única oportunidad clara que tuvo en la primera mitad para golpear primero. Bolivia respondió con más pelota, más presión y más ocasiones, hasta que Moisés Paniagua igualó en el 38 y devolvió, aunque fuera por quince minutos, la ilusión de un pueblo que lleva 32 años sin ir a un Mundial. Fue el espejismo más cruel de la noche.
Porque en el 53, Aymen Hussein convirtió el 2-1 con la frialdad de quien sabe que no necesita hacer más. Y tenía razón. La Verde tuvo el balón, los córneres y los remates. Irak tuvo el gol que cierra las puertas.
El australiano Graham Arnold, entrenador de los iraquíes, construyó un equipo compacto, vertical y letal en sus escasas llegadas. La paradoja es feroz: la selección con menos recursos del partido fue la más eficiente. La que más corrió, más tocó y más buscó fue la que se quedó sin nada.
Óscar Villegas, desde el banquillo boliviano, verá repetirse estas estadísticas en sus pesadillas. Dirigió a un equipo que hizo todo lo que se supone que hay que hacer para ganar un partido de fútbol, salvo marcarlo en el marcador cuando correspondía.
Irak, a un durísimo grupo
Irak, que no participaba en un Mundial desde México 1986 —hace exactamente 40 años—, jugará en el Grupo I junto a Francia, Senegal y Noruega. Debutará el 16 de junio en Foxborough ante los de Erling Haaland. Un regreso histórico construido, paradójicamente, sobre las ruinas del sueño ajeno.
Bolivia, en cambio, extiende su ausencia mundialista a 36 años. La próxima oportunidad llegará en 2030. Para muchos de los jugadores que estuvieron en Monterrey esta noche, simplemente no llegará.
Dominaron todo. Perdieron lo único que contaba.