
Brasil caminaba hacia el tiempo extra y, peor aún, hacia una eliminación histórica del Mundial 2026. A la Canarinha le costó ante un Japón ordenado y valiente, pero Gabriel Martinelli apareció en el sexto minuto de descuento para resolverlo todo.
Detrás de ese gol hubo una pausa, una mirada y un pase exacto. Bruno Guimaraes llegó al área dispuesto a rematar, levantó la cabeza entre la defensa nipona y dejó a Martinelli solo frente a Suzuki. La definición del extremo del Arsenal, en el minuto 96, dio el pase a los octavos.
No fue un destello. El capitán del Newcastle lidera la tabla de asistencias del torneo con cuatro pases de gol, uno más que Michael Olise, que este martes choca ante Suecia buscando los octavos. La diferencia es que del francés se ha escrito mucho; del brasileño, bastante menos.
El socio de todos
Buena parte del peligro ofensivo de Brasil nace de sus zapatos. Guimaraes asistió a Vinicius en dos de los cuatro goles del crack del Real Madrid, regaló otro a Matheus Cunha en la goleada a Escocia y firmó el del triunfo ante Japón. Su sociedad con los hombres de ataque es el verdadero hilo conductor de esta Canarinha.
Él mismo describió la jugada decisiva en el NRG Stadium de Houston: “Llegué al área, en mi cabeza quería tirar, pero cuando hice el movimiento para rematar, vi a todo el mundo intentando bloquear, el defensa se acerca, y en un milésimo de segundo conseguí dar el pase a Martinelli”.


Los números que no se ven
El aporte del volante de 28 años va mucho más allá del pase final. Según la FIFA, encabeza el ranking de jugadores que más veces se desmarcan para recibir (282) y figura entre los que más distancia recorren.
44,5 kilómetros en cuatro partidos, solo superado por el paraguayo Andrés Cubas (49,8). Suma además 14 intentos de ruptura de líneas y provoca 35 pérdidas al rival.
Esa entrega sin descanso explica por qué es intocable para Carlo Ancelotti, que lo tiene como inamovible desde que asumió en mayo de 2025.
“Es un jugador muy importante, muy continuo. Siempre tiene una muy buena presencia ofensiva y defensiva. Tiene el corazón muy grande”, elogió el italiano tras la victoria.
Con Casemiro entre algodones por una molestia en la ingle, el rol de “Tchuco”, como le dicen en Brasil, se vuelve aún más decisivo de cara a los octavos, donde el Scratch espera al ganador entre Noruega y Costa de Marfil.







