
La antesala de la semifinal del Mundial entre Argentina e Inglaterra sumó un condimento inesperado en las conferencias de prensa: el color de las camisetas. La revelación de que la Albiceleste saltará al Mercedes-Benz Stadium de Atlanta vestida de azul —mismo color de las históricas eliminaciones a los británicos en México 1986 y Francia 1998— desató un divertido ida y vuelta entre los entrenadores.
Al ser consultado sobre esta elección, el DT de los Tres Leones, Thomas Tuchel, descolgó a todos con su honestidad: “Le hablas a la única persona que no sabe hasta el calentamiento de mañana de qué color jugamos. Pero... ¿Argentina juega de azul y nosotros de blanco?”, lanzó entre risas.
Al enterarse del trasfondo cabulero, acotó: “¿Es por una camiseta de la suerte? Si hubiera alguna superstición relacionada con eso, yo hubiera hecho lo mismo. Yo tengo mis rutinas supersticiosas”.
Minutos más tarde, Lionel Scaloni recogió el guante con picardía: “Yo no pedí jugar con la azul, por las dudas. No sé quién fue, pero a lo mejor es una traición [risas]. Si Thomas no tuvo problema, perfecto”.

El dolor de cabeza llamado Lionel Messi
Más allá de la vestimenta, Tuchel se puso serio al analizar cómo frenar al capitán argentino, quien a sus 39 años sigue siendo el eje del torneo. “No tengo palabras para hablar del torneo que está haciendo”, confesó el alemán.
“Pensamos en si le íbamos a hacer una marca personal, porque todos sabemos dónde se para y lo que hace, pero es difícil de frenar. Es muy singular jugar contra los campeones vigentes y contra Lionel Messi”, cerró.

Por su parte, Scaloni evitó dar pistas sobre el once titular, pero dejó en claro cómo planea contrarrestar el poderío ofensivo inglés liderado por Harry Kane y Jude Bellingham: “Siempre analizamos cómo neutralizar a estos jugadores. Intentaremos hacerlo con nuestras armas. Nuestra idea de juego la tenemos e intentaremos llevarla a cabo”.







