En un testimonio de cuánto han avanzado las medidas de seguridad en la Fórmula Uno, el piloto francés Romain Grosjean se salvó este domingo de milagro de no convertirse en la última víctima de la categoría reina del automovilismo mundial.
En la primera vuelta del Gran Premio de Baréin, Grosjean perdió el control del vehículo e impactó contra una de las vallas de contención. El choque fue de tal violencia que el auto se partió en dos y luego se prendió fuego.
Durante varios segundos los millones de telespectadores alrededor del mundo pensaron que estaban asistiendo a una tragedia, hasta que el francés emergió de las llamas y pudo salir con la ayuda de los asistentes de pista, mientras otros operarios intentando apagar el incendio.
Al final, Grosjean apenas terminó con quemaduras leves en sus manos, pero sin duda es una experiencia que no contará dos veces.