El delantero argentino Ismael Sosa (38) sabe dar vueltas olímpicas. Lo hizo en Argentinos Juniors en 2010, y como figura, más encima. También en Tigres de la UANL, donde conquistó las coronas de la Liga MX en 2016 y 2017.
Pero le quedó una espinita clavada. Cuando jugó en Universidad Católica, en 2013, tuvo un brillante desempeño goleador, lo que le valió el boleto al fútbol mexicano, de hecho, sin embargo, no pudo ser campeón con la Franja.
Y tan cerca que estuvo. En el Campeonato Nacional de Primera División 2013 solo por diferencia de goles le cedió el título a Unión Española, mientras que en el Apertura 2013-2014 cayó en una final de infarto ante O’Higgins. Por otra parte, en el último minuto del gran desenlace de la Copa Chile, le cedió la corona a la U en Temuco.
No pudo cerrar un año espectacular con la UC y esa estación de su carrera el Chuco la repasa a fondo con En Cancha Prime.
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-Con el paso del tiempo, ¿sientes que fue injusto que se hubiera definido un título por diferencia de goles?
Me dolió un montón, por lo que cuesta ganar un título, quedar en la historia de un club, con todo lo que eso significa. Una diferencia de dos goles fue algo triste para nosotros. Es más, para el segundo semestre cambiaron el formato, quedamos con O’Higgins con los mismos puntos, pero nosotros hicimos 10 goles más. En ese momento, habría sido injusto quitarle un campeonato a O’Higgins, que es el único que tiene, por lo demás, por diferencia de goles. Dolió mucho, porque me hubiera dejado en la historia de Católica. Me hubiese encantado salir campeón allí.

-¿Hay alguna explicación para que no se diera ninguna de esas tres coronaciones, cuando estuvieron tan cerca?
En ese momento, si te pones a pensar, era una locura. Éramos el mejor equipo del año, habíamos ganado todos los clásicos, de visitante y de local, perdimos por diferencia de goles, cambiaron el formato, fuimos a una gran final y perdimos 1-0, siendo superiores a O’Higgins. Luego, una final de Copa Chile en que nos echan a un jugador en el minuto 20 (Gonzalo Sepúlveda, a los 27’), aguantando todo el partido 1-1 y en el minuto 92 nos hacen el gol (Juan Ignacio Duma). En ese entonces, Católica vivía de esos momentos en que no te salen las cosas, perdía finales y nos pasaba eso, no lo podíamos entender. Pero así es el fútbol, porque después el equipo ganó cuatro campeonatos seguidos, fue el que mejor jugaba en Chile. Ese 2013 fue muy duro, porque estuvimos a un paso de ganar alguno de los dos títulos, más la Copa Chile, y al final quedamos hasta afuera de las copas. Era inentendible.
-Un equipo con delanteros destacados, además. Carlos Bueno, Nicolás Castillo, Álvaro Ramos…
Con los compañeros, todo fue espectacular. A Nico luego lo encontré en México, cuando él estaba en el América. Álvaro Ramos jugaba en el León. Ellos estaban recién saliendo, Nico era muy joven, y yo ya estaba en la mitad de mi carrera, así que por mi lado siempre le hacía caso a Carlos Bueno, el uruguayo, que me daba consejos.
La lesión que truncó a Nicolás Castillo
-Conociste muy bien a Nico Castillo. ¿Por qué crees que nunca pudo brillar de acuerdo con sus condiciones? ¿Fue la lesión la causa?
Con Nico teníamos muy buena relación. Él hubiese sido el 9 de la Selección Chilena hoy en día estando en plenitud. Si bien pudo brillar, la lesión le jugó una muy mala pasada. Yo le había dicho, cuando volvió a Chile, que me ponía muy contento que un club como Católica le abriera las puertas y lo arropara como un ídolo del club y como un hincha que tiene la sangre cruzada. Pero, lamentablemente, cuando el jugador no rinde los dirigentes tienen que tomar decisiones y pasa por ese lado. Nos guste o no como jugadores, a veces se toman decisiones y eso duele; pasa en todos lados. Cuando el jugador está vigente, es importante, suma y sirve, pero después, cuando no se puede, pase el que sigue, como es la vida en general.
-¿Cómo era tu relación con Martín Lasarte, el entrenador del equipo de 2013?
Una relación buena. Es una persona seria, pero que se acercaba al jugador. Tenía muy buena comunicación. Estoy agradecido de él, porque cuando llegué desde el fútbol turco, no me podían contratar, por un tema de unos juicios con el club de allá. La UC me abrió las puertas, así que muy agradecido con él. Seguí su carrera, estuvo dirigiendo hasta hace poco, en equipos grandes.
-¿Te gustaría conocer el Claro Arena? ¿Lo tienes en la agenda?
Ahora, con el tema que estoy jugando se me hace imposible. Pero en algún momento seguro lo iré a conocer. Me gusta ver fútbol, viajar, tengo buenos contactos, amigos, así que ya lo conoceré. Pero me pone contento como jugador que pasó por el club y que estuvo en esa liga que el fútbol chileno vaya creciendo, que era una de las cosas que vi cuando volví: se había progresado, pero todavía estaba al debe en algunos aspectos. Ojalá que con el tiempo haya más estadios de esta magnitud, con centros de entrenamiento importantes. El jugador chileno tiene calidad, así que ojalá puedan sacar figuras para venderlas al exterior, como se hace acá en el fútbol argentino. El jugador tiene una gran calidad, pero por ahí falta más trabajo.

Regreso a la UC: misión imposible
-¿Hubo alguna posibilidad de regresar a Universidad Católica?
En un momento, cuando estaba en Tigres, se comunicaron conmigo, pero era casi imposible, porque no me querían prestar, solo vender, y tenía un precio muy elevado en ese entonces. No se dio. Luego, cuando regresé a Everton fue por el Grupo Pachuca, con el tema de que se jugaba la pre Libertadores y era una buena oportunidad para volver a Chile. La verdad es que siempre imaginé que si volvía al fútbol chileno lo haría a la Católica.
-Era imposible, entonces…
Era imposible para la Católica pagar mi pase. Por más que yo quisiera, la diferencia en salario era enorme. Ellos preguntaron, no se pudo dar… Fue para una Libertadores en que jugaba Católica, por ahí por el tiempo en que salió campeona cuatro veces seguidas, no recuerdo bien la fecha. Siempre quedó buena relación con el Tati (José María Buljubasich) y la gente del club. Después, cuando ya jugaba en otros equipos, como Everton o Ñublense, va pasando el cariño, porque ya te toca jugar en contra, pero la gente de Católica siempre me ha tratado muy bien.