A inicio de 2016, Alfredo Arias (66) tomó sus maletas y tras un exitoso paso por Montevideo Wanderers, decidió aceptar la oferta de Santiago Wanderers. El cuadro porteño, fue el primer club que el uruguayo dirigió en Chile, quedando para siempre como uno de los recuerdos más gratos de su carrera.
Un equipo con historia, una ciudad particular y una hinchada que encontró en el charrúa un discurso que encajó perfectamente con su identidad. En entrevista con En Cancha Prime, Arias recuerda su estadía en el puerto de Valparaíso, un cambio significativo luego de salir campeón en Uruguay, ya que el nuevo destino lo enfrentaba a un club con historia, pero con una realidad compleja.
-¿Cómo fue su regreso a Chile? Santiago Wanderers es un equipo grande dentro del país, ¿qué lo llevó a dar ese paso desde Montevideo Wanderers?
Yo podría decir que me convenció el proyecto y que conocía de Santiago Wanderers. Sí, me atrajo el proyecto porque siempre fue considerado un grande de las regiones en Chile. Pero la verdad es que nosotros, los uruguayos, solemos salir de nuestro país por una mejora económica. Yo igual que todos: si hubiera podido dirigir toda mi vida en Uruguay, al lado de mi familia, lo hubiera hecho. Pero una de nuestras fortalezas como uruguayos es que donde vamos nos adaptamos, y eso me pasó en Valparaíso.

-Su estreno fue contra Colo Colo en un partido clave por la permanencia. ¿Cómo vivió ese comienzo?
Recuerdo que el último partido del campeonato anterior se había suspendido por incidentes y si Wanderers lo perdía, quedaba en riesgo de descenso. Entonces arrancamos el nuevo torneo con ese peso encima y justo debutamos contra Colo Colo, que era el vigente campeón. Tuvimos la inmensa fortuna de ganar ese partido y eso nos dio un impulso enorme. La gente empezó a creer en nosotros y a partir de ahí hicimos una muy buena campaña.
-¿Qué recuerdos guarda de esa campaña en Valparaíso?
Hicimos una campaña muy buena. Dejamos al equipo clasificado a Copa Sudamericana, jugamos playoffs y solo quedamos fuera por penales. El rendimiento fue tan positivo que después de un partido me llamaron directamente desde Emelec: el presidente del club me habló en el mismo vestuario y me ofreció irme a Ecuador. Para mí fue sorprendente, sinceramente. Y claro, otra vez fue una decisión en parte económica, porque lo que nos ofrecieron era muy superior a lo que teníamos en Chile”.

La polémica cláusula de la dirigencia de Wanderers
-¿Cómo se dio esa salida, considerando que usted mismo ha dicho que Wanderers no creyó tanto en usted, como usted en el club?
Cuando firmamos el contrato, la dirigencia puso una cláusula extraña: si me querían despedir, con pagarme un mes bastaba. Yo les dije que eso era injusto, que podía ser peligroso, pero ellos no confiaban del todo. Entonces respondí: ‘Muy bien, pero si yo recibo una oferta mejor, también puedo pagar un mes y me voy’. Lo aceptaron pensando que era un ahorro… y terminó saliéndoles al revés. Antes de partir a Ecuador incluso volví a Uruguay, pero los mismos dirigentes me pidieron que pasara por la sede de Wanderers para despedirme y calmar a la gente. Ese día la calle alrededor de la sede estaba llena de hinchas. Yo asumí que me iba por una mejor oportunidad, pero la verdad es que ellos nunca confiaron realmente en nosotros.

-¿Cómo fue esa conexión con la gente y con la ciudad de Valparaíso?
Caí muy bien y al mismo tiempo ese equipo me cayó como anillo al dedo. Mi propuesta fue la de un equipo intenso, que luchaba en todas las canchas y que jugaba de igual a igual. Eso hizo que los hinchas recordaran sus tiempos de grandeza y se sintieran protagonistas, incluso cuando perdíamos. Yo notaba que estaban felices con esa propuesta. Valparaíso es una ciudad especial. Con mi señora íbamos a los cerros, a los mercados, caminábamos por las calles y la gente nos recibía con cariño. Es un lugar lleno de color, con gente muy solidaria y luchadora. Esa esencia de la ciudad también estaba en el club. Cuando tu ves todas las tragedias que ha tenido que vivir Valparaíso como ciudad, con incendios, catástrofes, siempre se pone de pie. Eso quisimos transmitir, la esencia luchadora en el equipo.

La presencia de David Pizarro
-¿Qué tal la experiencia de dirigir a un jugador como David Pizarro en ese contexto?
Cuando yo llegué, Pizarro estaba lesionado, pero alcanzó a jugar varios partidos con nosotros y fue fundamental. Era él y diez más. Los compañeros lo sabían y yo lo declaré: era el jugador que necesitábamos para organizar el juego que yo quería, el del fútbol de posesión. A jugadores como él uno no les enseña nada, al contrario: lo que uno hace es aprender. Pizarro tenía una inteligencia futbolística enorme. Lo único que lamentamos es que las lesiones no lo dejaron competir más seguido. Pero cada vez que pudo estar, marcó diferencia.
-En lo dirigencial, hubo conflictos con renovaciones y jugadores importantes. ¿Cómo fue su relación con los directivos de Wanderers?
Conmigo la relación fue correcta. Yo creo que la dirigencia hizo lo que pudo con la situación económica que tenía. No es fácil ser dirigente cuando no hay dinero. A veces los conflictos que se veían en prensa, como renovaciones o contratos, tenían que ver con esas limitaciones. Lo de la cláusula lo cuento porque fue una señal de que no confiaban del todo, pero conmigo fueron correctos. Wanderers es un club muy particular: tiene hinchada, tiene historia, pero también sufre con la falta de recursos. Y eso, inevitablemente, pesa en lo deportivo.