
Tan extensa ha sido la carrera como entreandor de Fernando Díaz, que su bitácora cuenta con pasos por 11 clubes del fútbol chileno. Fue campeón de Primera División, además, y salvó a más de alguno del descenso, cuando la leche parecía cocinada. Trabajó con Manuel Pellegrini en la Liga de Quito y tuvo pasos por otros equipos por otras latitudes, como la UC de Ecuador o Municipal de Guatemala.
El Nano Díaz es el invitado de la semana en el podcast La Pizarra De... espacio para futboleros que conduce el periodista Danilo Díaz y que intenta descubrir cómo ven el fútbol los especialistas.
Así fue la charla con Fernando Díaz en La Pizarra De...
-En 2025 se cumplieron 20 años del título que lograste con Unión Española en 2005…
Me doy cuenta de que han pasado varios años. A nivel profesional, ya voy a cumplir 26 años desde que fui ayudante de Manuel Pellegrini en la Liga de Quito. Han pasado muchas cosas, algunas buenas, otras malas, pero estar tanto tiempo ligado al fútbol y sobre todo a la profesión que me apasiona significa que también, cada cierto tiempo, aparece una buena campaña, uno gana algo, alguna clasificación. Es un trabajo que si no ganas, desapareces.
-¿Qué te llevó a ser entrenador? Porque es difícil encontrar hoy técnicos de más de 50; y de más de 60 para qué decir…
Vamos quedando pocos. Gustavo Huerta, Ivo Basay. Como dije, eso significa que cada cierto tiempo vas ganando algo, lo que te mantiene en este trabajo. Después de muchos años, uno se va dando cuenta de por qué empezó en esto. Primero, cuando era futbolista la posición tiene mucho de entrenador, porque el arquero dirige mucho, está mirando para ordenar la defensa, anticipando la jugada del rival, pensando por dónde va a salir cuando tiene la pelota. Se va dando mucho eso. Luego, tuve entrenadores que me marcaron, como Alberto Fouillioux en la parte juvenil, o Ignacio Prieto, Fernando Carvallo, Vicente Cantatore y Néstor Isella, como profesional. En ese tiempo, la Católica era muy proclive a formar jugadores, pero también se formaron varios entrenadores: el mismo Carvallo, Juvenal Olmos, Héctor Pinto, Gino Vallentini, Osvaldo Hurtado…
-O Arturo Salah…
¡Toda la razón! Se formó en Católica y de ahí salió a Colo Colo. Eso fue creando en mí ese bichito y ya en los últimos años de jugador fui visualizando esa opción. Más que de trabajo, de pasión, porque los que estamos en esto del fútbol profesional partimos por la pasión. Justamente se fue dando que en mis últimos años tuve a Ignacio (Prieto), a Fernando (Carvallo) y en mis inicios en las divisiones formativas de la UC aparece también Manuel Pellegrini, que impulsa mi carrera y complemento algunos conocimientos del curso con DTs de mucha sapiencia como Prieto y Carvallo, con un estilo de conducción total como el de Manuel Pellegrini, que eso fue lo que lo llevó a estar donde está. Ese fue el inicio de mi carrera y afortunadamente a nivel profesional lo pude hacer con Manuel Pellegrini.
-¿Qué es la conducción total?
Primero, hay que tener un conocimiento de todos los estamentos que están. Por supuesto de la parte técnica, física y sicológica. El entrenador está a cargo de los jugadores, del cuerpo técnico y de los profesionales de apoyo. Cada vez hay más profesionales, mas armas para que el equipo pueda tener un rendimiento. Hay trabajo con nutricionistas, con sicólogos deportivos, sicólogos clínicos, coaches, grandes médicos, deportólogos, analistas, preparadores de arqueros, que en mi época no había. Entonces, son un sinnúmero de profesionales que trabajan para darle rendimiento al primer equipo. Tú tienes que tener un conocimiento de cada una de esas áreas y el estilo de Manuel es a todas esas dirigirlas hacia un objetivo, que es más o menos lo que yo trato de hacer. Esa manera de conducir y luego relacionarse con todos los otros estamentos, porque hay otro lado de ser entrenador, que es la relación con los jugadores, los demás técnicos, los entrenadores de las áreas formativas, los dirigentes, lo hinchas y con la prensa, que también requiere de conocimiento para llevar eso a cabo.

-¿Cuál es tu idea matriz del juego? ¿Cuatro defensores? O dependerá de los jugadores que tienes, porque hay una vieja frase que dice “se juega como se puede, no como se quiere”
Efectivamente. A veces he dado charlas a técnicos jóvenes en el INAF y cuando uno empieza siempre visualiza al equipo cuando uno tiene a todos los jugadores que quiere. A principios de año, hace el plantel, gana, pero con el tiempo van pasando muchas cosas. A veces pierdes, no tienes todo el plantel que quieres, ya no siempre llegas al principio al equipo, sino al final, a arreglar situaciones. Y en todas esas circunstancias es donde tienes que mostrar la capacidad, la flexibilidad, que para mí es muy importante en un técnico. No creo mucho en la frase “prefiero perder que jugar de una manera que no quiero”, porque al final a ti te contratan para sacar rendimiento, ojalá jugar lo mejor posible. A veces tienes que adaptar tu estilo ideal para, por ejemplo, salvar a un equipo del descenso. Tengo algunos conceptos que intento mantener, después voy saliendo con los principios y subprincipios de juego…
-¿A ver?
Por ejemplo, los conceptos son, para mí, orden. Cuando ves a un equipo que está atacando y cubre todo el campo, ese equipo está bien. A veces, como hincha ves que no hay nadie por la izquierda o que si viene un centro no hay nadie por el medio; eso es un ordenamiento y eso es responsabilidad del técnico. En la parte defensiva es exactamente lo mismo: cuando estás mirando un partido desde arriba dices “si cambia de lado el rival, va a entrar solo”, eso es un error del técnico. Circuito colectivo, que lo separo de la posesión. No soy muy amigo de la posesión por la posesión. La elaboración se acerca más a lo que yo creo, que es hacer circuito colectivo entre el equipo, para hacerle daño al rival lo más rápido posible. Otro concepto: en tiempos anteriores se hacía el “ida y vuelta”, luego fueron las reconversiones y ahora son las transiciones, que incluso pasó a ser un concepto de fútbol. Transición defensa-ataque y al revés. Porque si haces las transiciones rápidas, sorprendes al rival cuando lo atacas y ya te cubres bien cuando estás bien parado. Y cuarto concepto: el volumen, tanto ofensivo como defensivo, que es un poco lo que se hace en Europa. Los grandes equipos han tenido mucha gente atacando y mucha gente defendiendo. A veces, no se logran las dos cosas y tienes mucha gente atacando y poca atrás y pierdes. O si tienes mucha atrás y poca adelante, eres un técnico defensivo…
-O el arco te queda muy lejos…
Claro. Entonces, son conceptos que se tienen que ir moldeando en la cancha. Generalmente, ocupo una línea de cuatro, que colma bien los espacios en el ancho de la cancha. Uno espera tener laterales que en el momento defensivo se puedan transformar primero en la elaboración de juego y después atacar cuando la pelota va por su sector.
Las piezas fundamentales de Fernando Díaz
-Pero en todos tus equipos, un mediocampista central…
Sí. Eso para mí es clave y lo he tenido en todos los equipos. En algún momento, Joel Reyes en Unión Española, Juan Luis González en Cobreloa, el mismo (Pablo) Abdala en un momento dado, Roberto Órdenes y tantos otros. Ese jugador, cuando el rival ataca, es el que te equilibra para que no te enfrenten mano a mano los centrales. Y al atacar, es que siempre está un poco más atrás, porque si no podemos entrar por un lado, llega él y vamos para el otro lado. Es el que también, en un momento dado, cuando tienes que ser agresivo para recuperar la pelota, es que inicia y te manda al equipo. Eso yo lo he variado con 4-3-3, con dos volantes de ida y vuelta y tres atacantes, o con otro volante mixto.
-¿Ejemplos?
Uno cercano: Coquimbo. Jugaba (Dylan) Glaby, volante central, fiero, clásico, y al lado (Sebastián) Galani, un jugador que lleva bien la pelota. En mis inicios, en la Universidad de Concepción, Pablo Abdala o Freddy Segura de contención y, algo que repetí mucho, poner a un volante lanzador más cerca. El Coto Ribera en la U de Conce o Mauricio Dinamarca en Cobreloa, en la Unión a veces el Coto Sierra se tiraba un pelito más atrás. Ese jugador te da mucha sorpresa en el ataque… Por otra parte, lo de los costados, para mí siempre se tiene que cumplir con lo de las transiciones: llegar arriba y también posición de volante. También, algunas variaciones cuando juegas con 4-4-2 o con 4-3-3 con extremos… He jugado con tres atacantes en los últimos tiempos: un “9”, dos punteros, qué se yo Farfán en Coquimbo, Luis Pedro Figueroa en la U de Conce, José Luis Jerez en la Unión Española, Chandía en Coquimbo. Pero a esos jugadores, en el momento del ataque les doy libertad, me gusta que encaren, pero después tienen que tener una responsabilidad defensiva. No que vengan a ponerse de lateral, pero que con sus movimientos y sus posiciones ayuden al resto a recuperar.
-¿Por qué?
Porque veo los partidos de Europa y en Real Madrid, por ejemplo, que uno puede decir de los jugadores antiguos “Yo estoy para meterla adentro”. No, todos colaboran, de alguna manera, en la recuperación. Lo que sí es que mis equipos siempre se han caracterizado por tener un “10”, un enganche. Desde Jorge Valdivia y Mauricio Cataldo en la Universidad de Concepción, Jonatan Cisternas y José Luis Díaz en Cobreloa, Mauricio Donoso en Antofagasta, Coto Sierra, ahora último Cabral en Coquimbo o Edson Puch en Iquique. Ese talento deber estar en los equipos. Si el “6” te cumple la función de defender y ser agresivo, el otro te cumple la misión de buscar la profundidad.
-¿Por qué defender y tomar algunas precauciones tiene tan mala prensa y a la gente no le gusta?
Uno ve afuera, algunos momentos Rafa Benítez o incluso José Mourinho, estamos hablando de técnicos connotados. Incluso (Juergen) Klopp, en el Liverpool, hacía un agrupamiento progresivo, con todos los jugadores detrás de la línea del balón. Incluso, tú los veías de la mitad de cancha hacia su sector; y ningún drama en Europa. Claro que después cuando la tienen, imprimen una velocidad para atacar y de tener más gente arriba.
-Lo que vemos en el fútbol Argentino, donde nadie sale a buscar…
Exacto. Lo que sí, después salen rapidísimo y son encaradores. Es una discusión que he tenido en bastantes ocasiones. A veces, cuando a mi equipo no he podido darle esos conceptos de tener mucha gente atacando y mucha defendiendo por algo, porque un jugador no me cumplió o no lo pude trasmitir, ahí se ve más gente atrás y menos gente atacando. Ahí se puede ver más defensivo. Sin embargo, en Chile, si tú logras ser ordenado, manejar bien la pelota y tener mucha velocidad en las dos áreas, normalmente tus equipos están arriba. Vemos el caso de Coquimbo, por ejemplo, un equipo que defiende con mucha gente, sale muy rápido, y llegan por lo menos cuatro a atacar. Es una manera de jugar que puede variar también de acuerdo al intérprete, cuando tienes un “10” de categoría. Cuando no lo tienes, se pierde un poco eso.

El futbolista chileno, bajo la lupa del Nano Díaz
-¿Cómo definirías al futbolista chileno? ¿Técnico? ¿Táctico? ¿Aguerrido?
A ratos, puede ser todo eso. Le cuesta un poquito mantener el partido y todo el año ser completo. Hay que estar encima y cuando digo encima, la gente cree que hay que se súper inquisidor en todo, exigente, pero no confundir con ser grosero ni agarrar a chuchadas a los jugadores. Exigencia, pero también con cercaría. Si consigues con eso que por más tiempo se entrene mejor y que el jugador esté en los partidos, logras cosas. Son 10 veces en que mis equipos han clasificado a copas. Entonces, se logra el objetivo de que los jugadores estén convencidos de una manera de jugar o sacarles el máximo rendimiento.
-¿Cuál es tu principal cualidad como entrenador? Los jugadores que han trabajado contigo concuerdan en que es la lectura de los partidos…
Esa es una virtud. Ya con tanto tiempo, uno se va dando cuenta de que sabe leer bien los partidos.
-¿Cómo se ven los partidos desde abajo? ¿Se ve muy mal?
Pero es que volvamos al inicio de uno. Cuando estuve en las formativas, había dos o tres entrenadores que te leían antes los partidos. Te sentabas con Ignacio Prieto o con Fernando Carvallo y te decían “por este sector. Ahí está la entrada, por el lateral”. Te vas anticipando a la jugada. El hecho de haber sido arquero también ayuda, porque te vas anticipando. Eso se va acrecentando con los años. Hay varios temas con los entrenadores: la conducción de grupo, llegar a los jugadores, tener ejercicios para realizar lo que quieres, la relación con la hinchada, con el medio… Y el día del partido. Nelson Acosta, por ejemplo, leía muy bien los partidos. Es una virtud que tengo y te agregaría otra: quizás por algunas situaciones que he tenido en mi vida que son anexas al fútbol, algún accidente o un par de veces que he estado, literalmente, a punto de morir, me hacen sobrellevar bien los malos momentos. Conozco entrenadores que son muy buenos y que cuando viene la mala, que ojo, siempre viene, se vuelven locos o se empiezan a relacionar mal con el jugador, con la dirigencia o con la hinchada. En eso soy equilibrado para soportar el mal momento.
Los equipos inovidables de Fernando Díaz
-De los equipos que dirigiste, ¿fue la Universidad de Concepción de 2003 el que mejor jugaba?
Jugaba muy bien ese equipo. Valdivia, Beausejour, Luis Pedro Figueroa, habíamos recuperado a un arquero y que hizo su mejor temporada, Carlitos Ortega, Fernando Solís, que había estado en Católica, volvió a Melipilla y no le había ido muy bien. En los primeros años, ocupé mucho el concepto del “jugador picado” para hacer los planteles. Esa también podría decir que es una fortaleza, que las veces que yo he formado los planteles, se han logrado cosas. No siempre se puede llegar al principio. Teníamos a Rodrigo Raín, un jugador parejito, Andrés Oroz, uno de los mejores laterales que he tenido. Coto Ribera, que lo había tenido en las cadetes. En el segundo campeonato trajimos al Tanque Hurtado, Olea, Viveros…
-Un cuadro potente, claramente…
Como anécdota cuento que yo venía llegando de ser ayudante de Manuel Pellegrini, que no era el de ahora obvio, y cuando uno empieza a amoldarse al trabajo, me llaman de la U de Conce y en los primeros partidos no la agarrábamos. En el primer partido de local, tuvimos 312 personas en Collao y perdimos 3-1 con Puerto Montt. Ya habíamos perdido el primero de visita con Wanderers, el tercero empatamos con Temuco, el cuarto perdemos con Cobresal. Imagínate un técnico recién empezando, ¡Estaba listo! Vinimos al Monumental y sacamos un 0-0 y luego, con tres jugadores menos, perdimos contra el Audax del Bichi Borghi. Venía el partido con Unión Española, 4-0 o 4-1 y no paramos más de ganar. Jugaba bien el equipo, era bonito de verlo jugar. Hay que acompañarlo con logros también y esa vez fuimos Chile 1 por la tabla del año, que en campeonato largo seríamos campeones. Fue la primera clasificación a la Libertadores de la U de Conce, que venía de Primera B. Pero todos los equipos han tenido algo que a mí me ha llamado la atención. En Coquimbo había tenido una para después de Unión Española, la para más larga de mi carrera.
-¿Por qué se dio esa pausa tan prolongada?
Porque me creí técnico top 1 y me dije que iba a parar un poco. No había parado en 20 años. Y cuando quise volver, la Pandemia. No había opción, si me quería ir al extranjero no se podía, porque tenías que estar 14 días en cuarentena. Dos años. En ese momento, traté de hacer una mezcla entre ratos de la U de Conce 2003, Cobreloa 2004, que perdimos la final por penales, que era un equipo de mucho carácter, Unión Española, que fuimos campeones en 2005, que ese equipo cuando tuvo que ganar ganó todos los partidos, jugó bien.
-El partido con la U en el Nacional, ahí dan el salto…
Exactamente. La U era el puntero, ganamos y ahí nos fuimos para arriba hasta ganar el campeonato. Y también agregué al Ñublense de 2008, que tenía una cualidad entre mental y física, que era ir todo el partido, diagonales, todos mordían. Ganamos todos los partidos de local esa vez. Esa mescla traté de hacer.
-Clasifican contra el Audax, en Linares, un partido a mitad de semana…
Hubo un carnaval maravilloso en Chillán. En el último partido se definía quién era Chile 1 en Sudamericana y se dio la coincidencia que jugaba Ñublense contra Católica en San Carlos, Ñublense con 42 puntos y la UC con 40, el que ganaba clasificaba y ganamos nosotros... Retomando, quise hacer esa mezcla en Coquimbo cuando llegué. Bueno, primero para salvar el descenso, que cuando uno llega para algo así la idea es ganar puntos y nada más. Casi no teníamos opciones. Teníamos que ganar cuatro de los últimos cinco partidos y los ganamos. Llegamos al último, nosotros de local, que siempre dije que si llegábamos con vida a ese partido podía darse, porque Antofagasta jugaba con la Católica y La Serena con el Audax… Para que vez como cambia la cosa: cuando vas a ser campeón uno dice “a este hay que hacerle tres o cuatro”. Ahí, en cambio, el discurso fue “ganamos, perfecto, si no empatamos o perdemos por uno”. Descontamos 14 goles que teníamos con Serena y Antofagasta y zafamos por un gol.

La difícil estación Cobreloa
-Cuando vas a Cobreloa en 2004, venías con el campañón con la U de Conce y ese equipo venía de ser bicampeón. Con Nelson Acosta y con Luis Gatisto. ¿Cómo un entrenador administra eso?
Este es un ejemplo que uso mucho para los entrenadores jóvenes, porque a uno no le dicen que va a pasar por estas situaciones. Yo me voy de Cobreloa en el último partido del Campeonato Nacional (en el segundo torneo, el Clausura; en el Apertura, perdió la final con la U por penales). Estábamos hacía cuatro fechas clasificados a los playoffs, éramos los primeros candidatos y no tuve en ese momento una buena relación con Gerardo Mella (presidente de Cobreloa). Después, terminamos siendo amigos y me recomendó él a un equipo extranjero. Ese último partido, que fue el único que perdimos de local en todo el año, con la Universidad de Concepción, gatilló mi salida. Nelson Acosta llegó y salió campeón con dos fases: un ida y vuelta, otro ida y vuelta y ya, campeón. Yo quedé mirando la carnicería, pero por suerte al otro año salí campeón con la Unión. El primer llamado que recibí, en el camarín del Sánchez Rumoroso, después de ganar la copa con la Unión y pasar la vuelta olímpica y todo, fue Gerardo Mella, para felicitarme por el título. Me habían ido a buscar a mitad de año a la Universidad de Concepción desde Cobreloa, pero preferí quedarme, porque vi al equipo desatado. Cuando llegué, había ciertos conflictos jugadores-dirigentes y la Copa Libertadores fue muy mala, cero puntos. Preferí aferrarme al Campeonato Nacional y ganamos todos los partidos.
-En el momento se hablaba algo que era recurrente en Cobreloa: jugadores que venían desde antes, que tenían una remuneración, y que llegaron nuevos con mejor remuneración. ¿Eso provocó fricciones?
Sé que hubo fricciones. No específicamente por eso, no tengo conocimientos. Pero sí porque había un grupo que venía de ser campeón y llegaba otro a buscar su espacio. Después, como técnico uno tiene que flexibilizar ciertas cosas. Recuerdo una reunión, para plantearme que querían algunos cambios en la alimentación, por ejemplo, y yo accedí…
-Pero ¿qué cambios? ¿Querían comer asados?
No, no. Cosas de la hotelería y que son normales. Qué se yo, agua mineral o cosas así. Lo importante es que llegamos a un acuerdo y no hubo problemas. Después, las asperezas se fueron superando durante la Copa y por eso en el Campeonato tuvimos un rendimiento alto en porcentajes. Y perdimos la final (del Apertura).
-Ustedes pensaron que después del 0-0 acá en el Nacional, estaban listos…
Sí y quizás eso fue un exceso de confianza de todos. Todo el entorno era para eso. Después se ve en el partido que hicimos el gol (1-0) y estábamos tranquilos. Fue una desgracia que nos empataran (un autogol). En el segundo campeonato, el equipo fue un poco más irregular, pero siempre entre los cuatro primeros. Son cosas que pasaron y que no permitieron que mi primer campeonato fuera con Cobreloa, sino al año siguiente en Unión.
-¿Cómo configuraste ese equipo de la Unión campeón en 2005?
Ese año, inicialmente después de Cobreloa me iba a El Nacional de Quito, pero me llaman de Unión Española y decido quedarme en Santiago porque había estado lejos de mi familia. Tuvimos un inicio irregular, al igual que en Calama, porque, claro, también llegaron 12 o 13 jugadores y siempre hay un periodo en que los planteles se van amoldando. Cuesta mucho. De hecho, en la actualidad tuve que variar algunos conceptos y entrenamientos para sacar más rendimiento, porque cada vez te esperan menos. Eran como siete partidos en que el equipo no funcionaba, estuvimos complicados al principio. Recuerdo un partido con Melipilla allá, en que también se hablaba de un posible cambio y ganamos con gol de Mauricio Cataldo y Manolete Neira. Jugadores fundamentales: Coto Sierra, Joel Reyes. Y siempre aparece la ayuda divina: faltando cuatro o cinco fechas, que teníamos ganar sí o sí, el arquero nuestro se vuelve loco y agarra del cuello a Enrique Osses…
-Ignacio González, argentino…
El Nacho, un arquerazo. En San Felipe, en el entretiempo, que hasta se lo llevaron detenido. Ahí dijimos “sonamos”, porque era el arquero titular. Y aparece el Sam, Jaime Bravo, que venía de ser campeón en Tercera División y termina siendo el mejor arquero del campeonato. La rompió.
-Cuando te fuiste a Ñublense, ese equipo era muy contragolpeador, muy ordenado en el fondo y que tenía a Luis Flores arriba, que picaba siempre…
Y (Éver) Cantero. Yo venía de Antofagasta y ese año no hicimos una buena primera rueda, pero una segunda buenísima. Eran cuatro solamente que entraban a liguilla y nos quedamos afuera por un gol. Jugamos con Cobresal allá y con el empate nos metíamos. Oyarzún nos hizo el gol. Nueve minutos de descuento dio el árbitro, cuando se daba un minuto habitualmente… Cuando termina el campeonato, me llaman de Ñublense y yo elegí solo jugadores que ya había tenido. Sam Bravo, Joel Reyes, Juan Pablo Toro, Norambuena, Coto Ribera, Cisternas, Martelotto de Antofagasta, el Chino López de Cobreloa. Más Luis Flores y Cantero que estaba allá. Entonces, fue muy rápido el acomodo. Ese año, estaban arreglando el Nelson Oyarzún, por lo que tuve que ir a ver unas canchas. Vi la de Linares, que queda lejos, pero era tan pesada, en el segundo tiempo se te morían todos, esponjosa, que dije al tiro “esta cancha”. Ganamos todos los partidos, si no me equivoco 12 de locales seguidos.

Fernando Díaz, al rescate...
-Una característica tuya como entrenador es la de “bombero”, equipos complicados con el descenso. ¿Cómo se afronta ese desafío? Y ¿Cómo se convence al jugador de que hay que sacar puntos?
Todo parte de alguna primera experiencia. Cuando es positiva, la tiendes a repetir; aunque no siempre fue así, también he estado desde principios de año. Me pasó en 2010, que me fui a la Católica de Ecuador y estábamos ahí peleando el Campenato, parte media de la tabla, no pasaba mucho. Y me asaltaron, por eso yo decía experiencias que casi me cuesta la vida. Me pusieron una pistola en la boca durante mucho rato, y me vine. Quedaban 12 fechas y me llaman desde Santiago Morning. Estaba último San Luis, Santiago Morning y a nueve de Everton de Nelson Acosta. Dije que no. Pasaron dos semanas y ya quedaban 10 fechas, me vuelven a llamar, miré el plantel y quienes estaban afuera y ¡ya!
-Pero tenían a dos delanteros que la echaban adentro, (Sergio) Comba y (Pablo) Calandria…
Ahí hubo que convencer, porque el jugador cuando está peleando el descenso está mal. Generalmente los planteles están divididos, porque el delantero culpa al de atrás y los otros que no la meten, la culpa del entrenador. Primeramente, hay que hacer un barrido, porque no todos están en la onda, a veces hay muchos jugadores en un plantel y eso me pasó en el Morning, donde había 35 jugadores entrenando. Tienes que achicarlo para que tu mensaje llegue más rápido. Y empezamos. Había un buen equipo; estaban Michael Ríos, el Jalea (Miguel) Hernández, (Matías) Urbano, Coto Ribera nuevamente, (Rodolfo) Ferrando que era un buen arquero… Hay que decirles la verdad a los jugadores, porque la autoestima del jugador está muy baja y ahí el técnico tiene que poner la cabeza. “Yo los saco, síganme” y asumir la responsabilidad para afuera también, para que después te echen la culpa. Fue el mismo discurso que les dije a los jugadores de Coquimbo, que la salvación podía ser en cuatro partidos o en el último minuto del último partido.
-¿Funcionó?
¿Resultado con Santiago Morning? Que en el fixture nos tocaba la U de Sampaoli, que le ganamos, y Colo Colo de Cañas en el Monumental, le ganamos 1-0. Eso nos dio la posibilidad de jugar la Liguilla con Antofagasta, que era un equipazo. Nos ganaron 2-1 allá y en La Pintana ganamos 2-1. Vamos al alargue y meto a Urbano y a Calandria ahí hicimos la diferencia. Me preguntabas por qué acepto esas situaciones: primero, porque las viví y me salieron bien. Segundo, porque en Centroamérica, desde un equipo grande (Municipal de Guatemala) también me sale y clasificamos a copas internacionales. Cuando recibo el llamado de Coquimbo, veo el fixture, tocaba la U y Colo Colo, en las mismas fechas que con Santiago Morning; llegué con el mismo discurso y zafamos en el último partido… No es la idea eso sí, no creo que acepte otro, porque ya estoy enfermo de los nervios.
-Con Iquique no terminó bien la historia. Da la impresión que el equipo sufrió el síndrome de clasificar a copas internacionales…
Claro que sí. Hay una estadística que en los últimos cinco o seis años solamente dos equipos no han bajado o no han estado cerca del descenso: Palestino y Coquimbo el año pasado. Sí afecta. Considerando eso, siempre dije que Iquique zafaba en la última parte, la parte final, pero para zafar se tienen que cumplir las condiciones mínimas, que es que el jugador tiene que estar o yo tener cierta cercanía o cierto control del aspecto emocional. Pero si van tres veces a encararte a un entrenamiento, te amenazan y te agreden, porque los empujones son agresiones, ya no tengo el control emocional del plantel. No sé cómo van a estar los jugadores para el partido siguiente si saben que cualquier cosas los van a ir a apretar; por eso decidí salir.
-Ese es un fenómeno que se está haciendo habitual en el fútbol chileno. Pasó en Coquimbo, con Curicó, también en los grandes…
No es normal y habría que decirle a toda esta gente que el jugador siente cuando los apoyan. En Iquique, en general, la ciudad, apoya mucho. La localía se nota. Pero siempre hay un grupito que no se da cuenta y es ese el que le hace daño al futbolista. Al jugador no le gusta eso. No va a jugar mejor porque lo amedrenten. De alguna manera hay que hacerlo entender y que esta violencia excesiva que hay deba acabarse.

-¿Consideras que hay demasiados jugadores veteranos en el fútbol chileno? Porque si se revisan los planteles de todas las divisiones, esa es una constante…
Mucho, demasiado…
-¿Por qué se da este fenómeno?
Lo vengo planteando hace rato: ese es un problema del fútbol nacional. Demasiada edad en los planteles. Vengo saliendo de Iquique, segundo en el mundo en edad y eso sí te afecta, para la dinámica, el entrenamiento, la cantidad de lesiones. Para modificar comportamientos, cuesta mucho con jugadores de más edad. Es un tema que hay que cambiar.
-Pero, ¿por qué los entrenadores recurren a jugadores de 35, 36 años?
Voy a hacer un comentario que es “sálvate solo”, porque cuando hago los planteles, tengo una estructura. Por decir, necesito tres zurdos, un volante de contención, un lanzador, dos o tres que sean buenos para los tiros libres, un delantero que se mueva por todos lados… A mí me gusta que los extranjeros sean surtidos, de varios países, no de uno solo. Yo he tratado que en mis planteles haya máximo tres jugadores sobre 30, no sobre 35. Hay algunas excepciones, que son tipos que pueden jugar, pero no todos. En algún momento, hay que llegar a ser un poco más drástico y cortar eso. Empezar a jugar con más jóvenes…
-¿Están preparados los jóvenes?
Ese es otro tema. Yo creo que al final, el jugador joven igual te cumple. Por último, hay que darse un poquito más de tiempo para enseñarles algunas cosas de mejor manera. Si hay que, entre comillas, perder el tiempo, porque ganas con un plantel más joven. Todos estos beneficios que tienes para la Segunda División y todas las medidas sueltas están llevando a que el jugador alargue más la carrera, porque ahora sabe que puede jugar hasta los 38 años y después se va a la Segunda y sigue. Todo eso amerita una reflexión de los reglamentos, como también por qué no hay tanto jugador joven. Puede ser, porque no hay programas definidos en los clubes, salvo algunos. Se enseña a los 14 esto, a los 15 esto y a los 16 esto otro y no, como yo he visto, que se entrena igual en la 13, en la 14 y en el primer equipo. No corresponde. En varios equipos no está claro cuáles son los jugadores de proyección, entonces por eso echo mucho de menos un plan integral del fútbol chileno.
-¿Qué te parece la regla del sub 21? Porque Nicolás Córdova, por ejemplo, dice que esto no sirve…
La obligación debería ser para tener ciertos parámetros en las series formativas. Por ejemplo, tienes que saber cuáles son tus jugadores de proyección, de 13 años para arriba. ¿Qué harás con ellos? Alimentación, todas estas cosas, ok… Eso es un parámetro. El otro es que haya un programa por división, que tengan un técnico y un preparador físico, no todos lo tienen. Esas son las obligaciones. Si quieres participar, una cancha de entrenamiento para las menores. Después, todos los técnicos hablamos de que debería ser naturalmente. Sí, ese es el ideal. No estoy tan en contra de obligar que juegue un juvenil, pero de ninguna manera un futbolista de 21 años, si el jugador a los 17 o 18 ya está listo. Por eso, en los equipos donde he estado he privilegiado a esos jugadores.
-En Iquique hiciste debutar a (Antony) Henríquez…
Muy parecido a (Benjamín) Chandía y a (Martín) Mondaca, cuando jugaron. Son encaradores. Entonces, si va a jugar uno, si te van a obligar, que sea ese, el más joven. Tiene más tiempo para acostumbrarse a la Primera División. Pero, lo fundamental es obligar a los clubes a una inversión mejor en la formativa. Eso tiene que ser mandatorio. Luego, uno pondrá a los mejores.







