Comienza una nueva era en Universidad de Chile. Luego del paso de Gustavo Álvarez por el CDA, ahora quien guía el barco del Romántico Viajero es Francisco Paqui Meneghini.

Y es, justamente, el ex ayudante de Marcelo Bielsa y Jorge Sampaoli en La Roja el invitado estelar de Mario Salas en Área Técnica, el podcast futbolero de los expertos que, semana a semana, se puede revisar en En Cancha.

El argentino cuenta cómo arrancó en el fútbol, el rol clave de Bielsa y la insólita manera en que llegó a ser parte de su staff, entre otros temas. Una carrera más que destacada en Chile, donde formó parte del cuerpo técnico campeón de la Copa América 2016 y, más recientemente, dejó la vara muy alta con un excelente rendimiento con O’Higgins de Rancagua.

Fútbol y más fútbol en esta charla imperdible entre Mario Salas y Paqui Meneghini.

La increíble llegada de Paqui al staff de Bielsa

-Tú vienes desde una camada de técnicos que no jugó fútbol de manera profesional. ¿Has sentido alguna desventaja por eso?

Puede ser que tal vez el medio u otras personas, sobre todo al principio, me han mirado de otra manera, pero siempre confié mucho en mi capacidad. Para mí, siempre fue lo normal. Sé que es atípico, pero fue mi historia, así que nunca lo sentí como “ay, nunca jugué”. Ya con 21 años estaba sumergido en este mundo y se me dio todo muy rápido. Por eso es que soy un técnico joven en Primera División, sin haber jugado. Nunca fue tema. Sé, en todo caso, por ejemplo, tú, que fuiste jugador; eso te da experiencia, vivencias que no tuve, pero intento, con mis herramientas, ser el mejor entrenador posible.

“En la vida, lo que me pase quiero que sea producto de mis decisiones... si me fui bien o mal, si acerté o me equivoqué, lo decidí yo”Lee también“En la vida, lo que me pase quiero que sea producto de mis decisiones... si me fui bien o mal, si acerté o me equivoqué, lo decidí yo”

-Para mí, eso requiere una inteligencia mayor y la capacidad de adaptarse a situaciones nuevas. El técnico que ha sido jugador está más cerca de conocer el camarín o de lidiar con algunos conflictos…

Siempre he sido una persona que prefiere preguntar antes que responder. A veces, me bromeaban en el cuerpo técnico. Cuando llegué, (Eduardo) Berizzo y (Luis) Bonini me decían “ya empezó con y por qué esto y por qué lo otro”. Siempre fui mucho de preguntar, en distintos procesos. Al preguntar, al escuchar, al ver, eso te va dando la posibilidad de aprender ciertas cosas. No quiere decir que las vas a aplicar, pero siempre fui curioso. También, me preocupo de rodearme de personas capacitadas, que quizás tengan mayor capacidad que yo incluso en algunos aspectos. Por otra parte, es muy importante ser genuino. No puedo intentar ser quien no soy, no puedo estar tratando de copiar cosas de otros entrenadores u otros jugadores; no es mi estilo.

-¿Cómo entraste a la industria del fútbol?

Siempre fui un apasionado del fútbol, prácticamente desde que nací. No tiene mucha explicación familiar, porque mi papa es pintor, artista, no le gusta mucho el fútbol. Ahora sabe un poco, por mí, para que charlemos… Mis abuelos sí, muy futboleros, pero en mi casa, papá y mamá, nada. Aprendí a caminar buscando la pelota, para patearla. Desde chico tenía esta pasión. Me compraban juguetes y usaba las fichas y esas cosas para hacer partidos. A medida que fui creciendo, me fui encantando cada vez más con el fútbol, con el juego, con la faceta más de hincha también.

-¿De qué equipo?

San Lorenzo. Por mi padre, pero sobre todo por mi abuelo paterno. Siempre siguiendo al equipo, pero a mí siempre me gustó el fútbol en general, no solo San Lorenzo. Ya en el colegio, en secundaria (enseñanza media) fui compañero de Inés Bielsa, hija de Marcelo, y ella, que veía que era medio loquito por el fútbol, me dijo: “¿quisieras conocer a mi papá?”. Yo nunca había querido molestar con ese tema, porque era algo más privado y no me parecía correcto. Pero ella me dijo… Le respondí que obviamente, le escribí una carta, con preguntas de fútbol y me llamó por teléfono. Me acuerdo que respondo el teléfono y me dice “Soy Marcelo Bielsa”; pensé que me estaban haciendo una broma.

-Era como para creer que era broma…

Claro. Me dice que me quería contestar personalmente, me citó en su casa y me respondió todas las preguntas. Ahí me dijo que si quería ser entrenador, él me iba a ayudar; ahí empezó toda la historia. Empecé a ir a una oficina que tenía el cuerpo técnico, en que me daban tareas. Buscaban un poco, sobre todo Marcelo, que yo tirara la toalla, porque me encomendaban cosas un poco tediosas…

Paqui es el primero de izquierda a derecha, en el cuerpo técnico de la Selección Chilena que comandaba Marcelo Bielsa.
Francisco Meneghini.Paqui es el primero de izquierda a derecha, en el cuerpo técnico de la Selección Chilena que comandaba Marcelo Bielsa.

-Te ponían a prueba un poco…

¡Pero yo estaba chocho! Me ponían a arreglar unos papelitos, yo todo el día viendo las carpetas, las cosas. Me tenían que echar de la oficina, porque yo no me iba.

-¿Era de analista tu trabajo ahí?

Sí. Me explicaban lo que ellos hacían y, cuando llegó la oferta de Chile, ya me pedían que mirara jugadores. Cuando se concreta la opción, Marcelo Bielsa habló con mi madre, porque yo era menor de edad, así que tenía que tener autorización. Tuve que dejar el último año de estudios, porque estaba en cuarto medio y en mi colegio no me dejaron rendir exámenes libres.

-¿Lo terminaste después?

Sí, pero mucho después, rindiendo dos materias un año, tres otra. Agradezco mucho a mi mamá, porque me autorizó a venir solo, dejar el último año. Ahora soy padre y sé que es difícil. Fue una decisión de mucho amor de ella hacia mí, para darme ese empujón y comenzar ese sueño.

Un crecimiento explosivo

-¿Cómo fue adaptarse a todo esa vorágine? Marcelo Bielsa, el staff que después fue al Mundial…

Para mí era todo nuevo. Llegamos e inmediatamente tuvimos unos amistosos en Austria y Suiza. Viajamos, yo jamás había ido tan lejos. Cada segundo era una experiencia nueva y tengo un momento grabado en la mente, que es la primera cena, con todo el equipo. Yo mirando las mesas de los jugadores y estaban Marcelo Salas, Humberto Suazo, Alexis Sánchez y yo realmente no podía entender dónde estaba. Ahí fueron importantísimos Marcelo (Bielsa), que me dio la oportunidad, pero sobre todo Berizzo y Bonini. Me apadrinaron, me enseñaron, me retaron cuando yo hacía cosas por no saber. Ellos fueron claves en guiarme un poco. En decirme “estas cosas son así”. El tema de los horarios, la disciplina, y ellos pregonaban con el ejemplo. Rápidamente, me metí en una dinámica de mucho trabajo, de mucha seriedad y me gustaba muchísimo. Eso me facilitó aprender rápido.

-¿Siempre con el objetivo final de ser director técnico?

Cuando Marcelo me dijo “si usted quiere ser técnico yo lo voy a ayudar”, en ese momento yo no pensaba ser entrenador. No era una posibilidad en esa época, 2006 o 2007, con 18 años, ni se me ocurría ser técnico. Ahora me pesa a mí que me contactan chicos de 15 o 16 años que quieren ser entrenadores… Pero cuando me dijo eso, me abrió un mundo, pero no trabaja pensando en que lo sería, sino que para aprender, disfrutar, aprovechar la experiencia y luego se fue dando lo de quemar etapas.

-¿Cómo fue el Mundial de Sudáfrica? Rivales como España o Suiza. Pienso especialmente en tu carga de trabajo…

Una experiencia espectacular. Todos saben cómo trabaja Marcelo. Tuvimos bastante tiempo y lo que hicimos fue que yo analicé a los tres rivales de grupo (Honduras, Suiza y España) y a los rivales de al lado, los que podían tocar (Brasil, Portugal, Costa de Marfil y Corea del Norte), pero también Marcelo organizó otro grupo de cuatro personas que analizaran a todos los otros equipos que fueron al Mundial. Estaban analizadas las 32 selecciones…

-¡Ja! Menos mal no era este Mundial, que subió la cantidad de equipos…

Más carga. De hecho, uno de los cuatro que analizaban a estos equipos era Rodrigo Guerrero, entrenador en Iquique. Hubo mucha carga de trabajo. Cuando jugamos con España, yo era el encargado de hacer la charla con los jugadores, entonces iba describiendo individualmente a cada uno. Siempre buscaba explicar las cualidades del jugador, pero siempre terminar con alguna puerta abierta para nuestro jugador, para decir “por dónde puedo entrar”. Y en el caso de España, me costaba mucho encontrarle un defecto. Terminó la charla y Marcelo dijo: “Y, bueno, no nos presentamos parece”. Yo describía a Xavi, Iniesta, Busquets, que hacían esto, lo otro… Esa cuota de humor también estaba buena. Después jugamos con Brasil, que quizás no terminó llegando tan lejos (cayó en cuartos de final ante Países Bajos), pero era un buen equipo, muy duro de enfrentar y con jugadores que, verlos en vivo, llamaban la atención. Kaká, por ejemplo, que me quedó grabado cuando pasaba corriendo por al lado. El ruido que hacía su corrida, era un galope. Más encima, tomaba la pelota y hacía lo que quería. Tuvimos el pelín de mala suerte que tocara Brasil, pero son experiencias que quedan.

Paqui junto a Sebastián Beccacece.
Francisco Meneghini.Paqui junto a Sebastián Beccacece.

De Bielsa a Sampaoli y el título de la Copa América

-Después de Bielsa, te tocó trabajar con Jorge Sampaoli…

En medio estuve en las divisiones inferiores de Universidad de Chile. Conocía a Sebastián Beccacece y él me presentó a Jorge. Cuando vuelven a la Selección otra vez me invitan y se da un periodo más corto, previo al Mundial, en que no hice todas las eliminatorias, pero ya ahí estuve en Brasil 2014.

-¿Cómo fue esa experiencia desde el punto de vista de las diferencias metodológicas? ¿Alguna diferencia?

Ese proceso, el de la Selección 2013, 14 o 15 fue muy rico para mí como entrenador, porque éramos un grupo de directores técnicos, Beccacece, Sampaoli, Flaco (Cristián) Leiva, Nico (Nicolás) Diez, Matías Manna, que está trabajando ahora con Argentina, y yo de mucho debate. Jorge y Seba, al principio, tomaron la metodología de Bielsa, muy analítica, muy de entrenar jugadas. Pero, claro, los futbolistas empezaron a crecer, los empezamos a ver en sus clubes, Jorge y Seba iban a ver entrenamientos y se empezó a abrir otro mundo. Quizás buscar otras posibilidades y ampliar el abanico táctico y metodológico. Ahí se empezó a abrir un poco la idea de juego. Todos tuvimos que soltar ciertas cosas, ir un poco más al juego desde la globalidad y no ver solamente quizás jugadas y movimientos, sino ver cómo jugábamos a nivel general. Fue enriquecedor, ya que se fueron rompiendo ciertas cosas que eran como parte del ADN, pero para que el equipo mejorara.

-¿Como por ejemplo?

Las persecuciones individuales que hace Marcelo, esa marca al hombre, se rompió para armar un plan de partido que se usaba mucho contra las potencias: esa línea de cinco o tres con dos carrileros. Siempre que jugábamos con Argentina, Brasil, España o Alemania se usaba ese esquema y cuando se jugaba ante equipos quizás más débiles, volvíamos a la línea de cuatro con el Mago Valdivia de 9. Todo ese proceso fue muy rico, de mucho debate, de tiempo de oficina. La verdad que lo guardo con mucho cariño, porque crecí mucho.

-¿Cómo viviste el título de la Selección Chilena en la Copa América de 2015?

Fue muy emocionante, aunque tenía un poco de eso que fue ante Argentina. Pero la realidad es que Chile lo necesitaba. Habíamos trabajado mucho. Mi hijo, Tommy, que ahora tiene 10 años, nació en mayo, un poquito antes, entonces estaba mucho esa emoción de mi hijo varón que había nacido justo en esa época. Me puse muy contento sobre todo por los jugadores, que siento que merecían romper la historia de no poder ganar. Rompieron muchos paradigmas, estructuras, jugar de igual a igual, no sentirse menos que nadie. Era muy importante. Íbamos a jugar a cualquier lado y no nos sentíamos menos que nadie y eso lo transmitían los jugadores. Eran ellos, dentro de la cancha, que jugaban como si lo estuvieran haciendo acá, en la esquina.

-Esa generación de jugadores si tiene algo y que transmite hasta el día de hoy es eso. No van a competir, van a ganar…

Y uno sabe cosas en la interna. Cómo se cuidan, para tratar de ganarle el puesto a un chico de 20 años. Pasaban el otro día en la tele la frase de Arturo (Vidal) de “Ahí quedó Brasil”, en el Sudamericano. Esa inconsciencia tal vez, esa rebeldía de desafiar a la potencia, fue un poco ese motor, sabiendo eso sí que son grandísimos jugadores. Puedes tener una mentalidad muy fuerte, pero sin los fundamentos. Ellos tenían la capacidad y la mentalidad de querer ganar, jugar y querer más en todos lados. Juntos, se retroalimentaban.

-¿Vivían para estos objetivos?

Había una cultura de mucho trabajo. El profe Bonini era muy exigente y Bielsa ni hablar. Se había generado una cosa, que era algo simbólico pero para mí muy importante: recuerdo las charlas de Bonini con Juan Carlos Berliner, el gerente de Selecciones, previas a las convocatorias. Ellos, con un montón de papeles sobre la mesa, viendo dónde jugaba cada jugador, el fin de semana previo a la citación y ya viendo los vuelos para que el futbolista llegara lo más rápido posible. Entonces, si Alexis Sánchez terminaba a las 8 de la noche en Roma, a las 8 y media tenía que estar en un auto, rumbo al aeropuerto, para tomar un vuelo a las 10 de la noche y llegar quizás cinco horas antes a que si tomaba un vuelo después. El jugador llegaba a Santiago, lo recogía una van, lo llevaba a Pinto Durán y lo primero que hacía era un entrenamiento. El mensaje era: cuanto antes y a entrenar. Ellos lo entendían y lo transmitían; querían estar en la Selección y daban todo por eso. Después, en la cancha se veía.

El inolvidable título de la Copa América 2015. Foto: Photosport.
Selección Chilena.El inolvidable título de la Copa América 2015. Foto: Photosport.

Paqui y el largo camino a la consolidación

-De ahí fuiste por un periodo ayudante de Beccacece, en la U y en Defensa y Justicia…

Con Sebastián fue una gran experiencia. Tenemos una muy buena relación y ahí ya avanzando en mi crecimiento, en mi intervención en los cuerpos técnicos, con una relación más cercana y de exigencia con los jugadores. Probando ciertas cosas y ahí ya empezando a visualizar cómo haría yo ciertas cosas, mejorar al entrenador también. En la U no nos fue bien, no pudimos sacarle provecho al plantel que teníamos, que después terminó siendo campeón. Lo que más rescato es que después de un proceso malo, negativo en cuanto a los resultados, nos miramos como cuerpo técnico y dijimos “bueno, para dónde vamos ahora”. Nunca hubo dudas de seguir estando juntos. Fuimos a Defensa y Justicia, un club hermoso, y ahí sí Seba logró impactar de lleno en un grupo de jugadores con muchas similitudes a los de Chile en cuanto al deseo de crecer. Luego nos volvimos a juntar para ir a la Selección Argentina.

-¿Cómo fue eso? Para el Mundial de Rusia 2018, ahí con Messi…

Un proceso muy enlodado ya desde el comienzo. Llegamos con la eliminatoria muy avanzada, con un grupo que era ya la última posibilidad que tenía de participar en un Mundial. Me sirvió mucho, como experiencia, de tener la opción de estar cerca de jugadores top. Era mi Selección, obviamente una experiencia muy linda, pero la realidad es que no nos fue bien. Ya en ese momento sentí que estaba preparado para ser entrenador, así que volviendo de Rusia, antes incluso, les comuniqué a Seba y a Jorge que terminaba el Mundial me venía para acá para Chile para iniciar mi carrera como entrenador principal.

-Llegas a Calera, con el club necesitado…

Eran los últimos dos partidos y se necesitaba un punto para lograr la clasificación, porque Víctor Rivero había hecho una campaña espectacular, con una primera rueda de campeonato. Después, el equipo entró en una mala racha, con muchas derrotas consecutivas, entonces hacía tiempo que necesitaba un punto y no lo podía conseguir. Jugamos dos partidos: perdimos con Temuco en el debut, 1-0, y nos fuimos a jugar la clasificación con Unión Española, con toda la mochila. En el primer tiempo jugamos muy bien, hicimos el gol, luego nos cansamos un poco, nos empataron, aguantamos el chaparrón y clasificamos. Al año siguiente, ya pudimos armar el equipo más a nuestra manera.

-Tu primer año como técnico titular… ¿Mucha ansiedad?

Fue muy frenético. Ahora lo pienso, hicimos esto, esto otro, armamos el equipo pero nunca sentí dudas. Ahora veo que es esa fuerza que te da la juventud, la primera experiencia que te hace no reparar en ciertos detalles. Me acuerdo que nuestro debut en esa temporada fue un partido por Copa Sudamericana, contra Chapecoense de Brasil. Y siguiendo esta línea de los técnicos y jugadores con que trabajé, nunca sentimos miedo de enfrentar. Jugamos a dominarlo, cometimos de igual y eso que era la primera participación internacional del club.

-Fue una buena participación…

Los eliminamos en Brasil, con gol de visitante, y después hicimos una llave espectacular contra Atlético Mineiro. Nos eliminaron por penales. Estábamos en el bus, listos para volver y vino el técnico de Atlético a felicitarnos. Fue una participación muy buena. En el torneo local el equipo también tuvo momentos de muy buen juego, con un grupo de jugadores muy comprometidos.

-Yo lo sufrí también, estando en Colo Colo…

¡Ja! Empatamos. Son de esos partidos en que juegas muy bien, pero no puedes ganar. Quizás hay otros partidos en que ganaste, pero no jugaste ni el 30 por ciento. Ustedes tenían un equipo de mucha jerarquía –Paredes, Valdivia-. Hubo un penal, lo pateó Paredes y terminó 1-1. Son cosas que uno tiene que aprovechar para aprender.

Pqui, nuevo director técnico de Universidad de Chile.
Francisco Meneghini.Pqui, nuevo director técnico de Universidad de Chile.

-¿Cómo fue tu primera experiencia como titular fuera de Chile? Nuevamente, Defensa y Justicia…

Fue el año pasado, después de salir de Everton. Una salida muy dolorosa…

-Rara esa salida, porque hicieron buena campaña.

Era nuestra tercera temporada, porque renovamos dos veces el contrato. En la segunda renovación, yo aposté mucho por el club. Siempre había posibilidades, pero quería seguir porque habíamos hecho el proceso de agarrar un equipo un poco desarmado, armarlo, competir muy bien internacionalmente en 2022, en 2023 competimos muy bien a nivel local y en 2024 para mí era la temporada de consolidar todo eso y pelear por el título. Con ese grupo de jugadores más unos jugadores que habíamos traído, quería pelear el título nacional. Después de perder el partido único por Sudamericana, desde México decidieron despedirme y fue muy doloroso. Habíamos jugado solo tres partidos y si yo hubiese sabido esa situación, nos dábamos la mano, no renovamos el contrato y yo podía empezar otro ciclo. Fue muy doloroso, familiarmente también, porque nos habíamos involucrado mucho con el club. Tuvimos que hacer ese duelo, sacudirnos un poco de ese proceso, y se da la oportunidad de ir a Defensa y Justicia, un club que ya conocía.

-¿Con qué te encontraste allá?

Llegamos en un momento muy particular. Con un plantel no de los mejores de los últimos años y apenas arribados en el mercado de pases nos venden al capitán (Nicolás Tripichio) a San Lorenzo y al goleador (Nicolás Fernández) a Belgrano. El equipo quedó muy debilitado y nos costó sacar un rendimiento óptimo en una liga ultra mega competitiva como la argentina, en que ganar un punto cuesta mucho, porque todos los rivales son buenos. Todas las canchas son difíciles, en todas las visitas te sientes realmente visitante, hay que hacerse muy fuertes de local. Nos costó, pero fueron enseñanzas que como cuerpo técnico pudimos capitalizar para sacar buenos resultados en la temporada con O’Higgins.

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