
Restan apenas unos días para que en el Estadio Nacional Universidad de Chile le brinde la despedida oficial a uno de sus máximos ídolos. Y no de las eras recientes, sino que de todos los tiempos, ya que el currículum de José Manuel Rojas Bahamondes, el Pepe Rojas (23 de junio de 1983), habla por sí solo...
Es el capitán que más trofeos alzó con la camiseta azul. Seis títulos nacionales de Primera División, dos copas Chile, una Supercopa. Además, la Copa Sudamericana, que él fue el encargado de levantar, portando la jineta. Seleccionado mundialista chileno y campeón de América, por lo demás.
Fueron en total 14 temporadas las que el exzaguero defendió la tricota azul. El hincha lo quiere, lo respeta, y pese a que dejó la actividad al finalizar 2021 (con la camiseta de Curicó Unido), los recuerdos están muy vivos todavía.
De ese camino futbolístico estelar, que lo llevó a la cima con Universidad de Chile, es que nos habla Pepe Rojas, en esta íntima conversación con En Cancha Prime.
Sueños de niñez: los comienzos
-¿Cuáles eran tus sueños cuando comenzaste en el fútbol? ¿Te imaginaste alguna vez llegar a tener una despedida como ídolo de la U?
En la niñez, y sobre todo que uno tuvo la fortuna de jugar en el equipo que le gustaba, todo fue muy satisfactorio. Quedar en la U, en las inferiores, después ir pasando etapa por etapa. Llegar al primer equipo, debutar, mantenerse 12 o 13 años en el club. Si lo hubiese soñado, me quedaba corto. Tuve la fortuna de pasar por todos los momentos que tuvo la U. La quiebra, donde entrenar en el Caracol Azul era un orgullo, jugar por la camiseta más que por el dinero. Poder consagrarse, porque uno quería al club.
-Una U que ha ido cambiando ¿no?
Son momentos. Perdí finales, gané campeonatos. Pude jugar Copa Libertadores, Sudamericana. La verdad, soy un privilegiado de estar por tanto tiempo en el club que amo.

-Los jugadores que ameritan una despedida de por sí son pocos y, por lo general se trata o de goleadores o del “10” histórico. Es raro que ese estatus lo tenga un defensor. ¿Cómo lo explicas?
Me quedo con lo que hasta el día de hoy me pasa cuando me paran los hinchas en los lugares a los que voy. Me dicen “tú me representabas mucho dentro de la cancha”. La entrega, la pasión. Para mí, ponerme la camiseta de la U era algo de mucho respeto y, a veces, como es el fútbol, uno podía jugar bien, mal, más o menos, pero el ponerse esa camiseta tenía algo de mucho valor. Por todo lo que es la U, lo que genera, por la gente que va al estadio. Eso era una mochila importante que uno cargaba al momento de saltar a la cancha. Esta es la U y ponerse esta camiseta tiene que ser motivo de orgullo. Vinieron esos años dorados en que tuve el privilegio de ser capitán y en esos cinco años que lo fui levantamos copas y eso también, hoy retirado, son las cosas que uno valora.
-¿Tu forma de jugar, quizás, vaya de la mano con la forma de ser de la U?
Pensé en hacer esta despedida y la gente lo hace sentir, en las redes sociales o en la calle. Claro, es verdad, este tipo de eventos siempre son para el goleador, el “10”, el gran capitán como Lucho Musrri… La gente ha respondido muy bien y por eso quiero vivir un momento inolvidable.
-¿Pepe Rojas lleva el ADN de la U?
Sería muy “yo-yo” decirlo; eso lo tiene que determinar la gente externa, pero para mí jugar a estadio lleno era algo que me inyectaba una energía extra. Ir a disputar un balón, tirarse al suelo, ganar esa pelota, salir jugando, que bajaran los aplausos. Wow, esto es la U…
-Entiendo la modestia, pero no caben dudas que tienes un lugar entre los ídolos de la U…
Es que hay diferencias en que lo diga yo y que lo diga la gente. Nunca he sido alguien que hable en primera persona, un “yo-yo”. Nunca me ha gustado, entonces me incomoda ponerme esa situación. Disfruté los años en que estuve en el club, siempre lo hice con el mayor de los respetos y logramos cosas importantes. También hubo momentos en que la pasamos muy mal. Lo que quiero es que siempre le vaya bien a la U; lo más importante es la U.
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-Hablemos de tus inicios en el fútbol y no deja de llamar la atención que seas de Talagante, porque la cantidad de gente de la U que sale de esa zona, Peñaflor, Talagante, Malloco, es asombrosa… ¿Pura coincidencia nomás?
¡Ja! No sé cómo estará ahora, pero en su momento era muy sabido que la gente de esta zona era de la U, aunque había jugadores de otros equipos. Se hablaba de la Quinta de Peñaflor (en su momento, Luis Musrri, Cristián Mora, Luis Abarca, Ronald Fuentes y Cristián Romero) y allí comenzó este círculo y un montón de jugadores que salieron de esta zona.
-¿Cómo recuerdas tus primeros años de formación futbolística?
Como te puedes imaginar, viajar todos los días desde Talagante al Caracol Azul… No existían las carreteras que hay hoy, por lo que era una hora y media más o menos de trayecto ida y lo mismo de vuelta; casi dos horas a veces. En invierno, se rajaba lloviendo y uno llegaba todo mojado. Ahí, en esta primera etapa, uno se fue formando o endureciendo un poco “el mate”. En ese entonces, en la Sub 16, teníamos al PF Walo (Eduardo) Míguez y a Claudio Lobos, quien todavía está en el club. Recuerdo que teníamos los “martes físicos” y te agarraban estos dos profesores y las palabras que tenían siempre para nosotros eran “hijos del rigor”. Entonces, en cada entrenamiento, cuando uno ya no daba más, decía “bueno, hay que ser hijos del rigor”. En los momentos difíciles, “hijos del rigor”.
-Eso te quedó grabado…
Esas fueron palabras que uno fue guardando. Y a veces me pasó que no quería seguir jugando más, sobre todo en la etapa entre los 16 y los 18 años, había un cansancio mental, de viajar, de la incertidumbre que vendría para el otro año, ¿seguiré?, ¿me pasarán de serie? Y a veces uno, como joven, cree que las cosas se consiguen solamente por las capacidades, pero en el fútbol no alcanza solo con eso. Hay que ser fuertes de cabeza, porque a veces hay técnicos que llegan a una institución y no eres parte de su gusto y tienes que empezar a remarla desde atrás, desde la banca, para demostrarle que se equivocó en la decisión que tomó. Eso me pasó muchas veces: me traían jugadores, compañeros, y al final siempre terminaba jugando… fue desde esa base, de los entrenamientos, de nunca regalar nada.
-El “hijo del rigor”…
Exacto, esas palabras iban quedando. También, fui un afortunado de tener profesores que fueron ídolos en el club y ellos entregaron siempre la mística de la U. Tuve a Mariano Puyol, Patricio Mardones, Víctor Hugo Castañeda; grandes profesores, porque me inculcaron siempre a mí y a los que componíamos esa serie lo que significaba la U.
-¿Quién te apañaba en ese entonces? ¿Quién era el que se levantaba a las 5 de la mañana para acompañarte a las prácticas?
Yo perdí a mi padre a los 12 años. Tengo dos hermanos mayores que, cuando podían, me acompañaban. Mi madre, dueña de hogar. Así que normalmente, lo hacía solo. Viajaba a entrenar, a veces a los partidos mis hermanos iban conmigo, pero el recorrido lo fui haciendo prácticamente solo…

Del debut profesional a un equipo que conquistó América
-¿Cómo sentiste debutar en el primer equipo de la U?
Fue haber cumplido un sueño. Esa ilusión que parte cuando uno llega a probarse al club. El sueño es poder debutar con la camiseta de la U. Fue en Puerto Montt (23 de febrero de 2003), en el antiguo Chinquihue, pasto natural, llovía torrencialmente, quedaba un barrial tremendo, el chanchito al fondo. Ese fue mi debut, pero después vino el Estadio Nacional y ahí la película cambió: lleno, gente de la U, los nervios ni te explico, el dolor de guata, sin poder dormir. Las previas, las concentraciones, con un nerviosismo tremendo de poder hacer bien, de no cagarla… Pero insisto, tuve la fortuna de tener a muy buena gente alrededor.
-¿Qué posición de todas las que jugaste en la U preferías? ¿En dónde te sentías más cómodo?
Como stopper, en esa línea de tres que era con Osvaldo y Marcos González. Es donde mejor me sentí. Pude explotar esa posición. Me acomodaba mucho, porque tenía el perfil, entendía cómo posicionarme. Si es que me abría o jugaba un poco más contra la raya. No me costó y creo que fue donde mejor me vi.
-Además que ese equipo jugaba bien y era inevitable contagiarse con tan buen funcionamiento…
El equipo de 2011 fue así. Jorge (Sampaoli) y todo su cuerpo técnico sacaron el mejor rendimiento de todos. Quedó demostrado que era un cuadro sólido, que sabía a lo que jugaba. Y nosotros en la interna también, en la medida en que fuimos consiguiendo cosas. Esa confianza de salir a la cancha y que sabías que ibas a ganar, son pocas veces las que uno siento eso.
-¿Cuáles son las claves para entender por qué esa U llegó a la excelencia?
Se alinearon los planetas. Primero, porque el cuerpo técnico venía con una forma diferente de trabajar y eso produjo algo en nuestras cabezas. Aunque en los primeros partidos no ganábamos y Jorge fue muy cuestionado durante las primeras cinco fechas. Si bien el equipo mostraba cambios desde lo futbolístico, no podíamos abrochar los partidos y ganar. Había cuestionamientos, hasta que el equipo empezó a funcionar como un relojito; el resto, ya es historia. Siento que el convencimiento que tenía Jorge desde su trabajo provocó una química especial.
-Y ese convencimiento se lo traspasó a los jugadores…
Absolutamente. De hecho, en los partidos en que no lográbamos ganar, él nos decía “sigan confiando, que en algún momento le vamos a encontrar la vuelta y esto va a cambiar”. Fue el método y eso nos hizo afrontar los partidos de igual a igual, sin importar a quién tuviéramos adelante. Hubo también, no sé si llamarla suerte, pero el trabajo fue demostrando que los planetas se estaban alineando. Cada jugador empezó a encontrar su mejor versión. Como grupo también se fue dando, desde lo dirigencial, incluso, había gente que entendía muy bien lo que era el fútbol y lo que era la U. Fue una mezcla de todo, los hinchas empezaron a sentir más confianza. Entre todos aportaron para lograr todas las hazañas que vinieron después.
-Dices “jugar de igual a igual” y eso suena súper bonito, pero de ahí a llevarlo a la realidad, cuesta bastante. Pero ese equipo de esa época, o sea, ¡ganaron dos veces en el Maracaná!
Y ahora es más difícil todavía, con los números que tienen los equipos brasileños, sobre todo Flamengo que es una máquina. Difícil. Eso no quita méritos a lo que realizamos nosotros en su momento, porque teníamos gente que no le tenía miedo a jugar en un estadio lleno, en el Maracaná y enfrentar a los tipos. Tiene dos brazos, dos piernas, entrena igual que yo, hay que ver dentro de la cancha. Quizás tengan un día malo, yo uno bueno… Quizás desde ahí se construía también, en poder creer que uno podía ir a cualquier lado y, dentro de la preparación que tuvimos en ese 2011, fue clave. Ese equipo físicamente volaba.

El fútbol chileno comienza a creérselas...
-¿Consideras que fuiste parte de un cambio paradigma en el fútbol chileno? Porque en esa época es que comenzó en Chile eso de ir a jugar a cualquier parte, que ya no bastaba con perder por poco. Antes no era tan así…
Y muchas veces, en esa parada, te terminabas trayendo un triunfo gracias a que te plantaste de igual a igual. La cabeza en el fútbol es muy importante. También parte un poco desde la nueva preparación, porque ya te podías preparar de mejor forma, desde lo físico, lo técnico, lo táctico. Comienza un revuelo de conocer mucho más al rival. Los videos, la edición. Hoy enfrentas a cualquier equipo y ya sabes las virtudes y defectos de cada jugador. Planteemos un partido y digamos “ya, los primeros cinco minutos vamos a entrar por este lado, porque a ese jugador le cuesta meterse en el partido”. Eso, hoy, se puede ver. Ese material está todo disponible…
-¿Entendió el futbolista chileno que era bueno?
Siempre ha habido jugadores chilenos con mucha capacidad y, a lo mejor, nuestra generación cambió eso. Decir “¿sabes qué? Si nos preparamos, trabajamos en conjunto, podemos lograr cosas”.
-Habitualmente, se destaca que esa generación que integraste, tanto la Selección o la U, era de máxima exigencia en cuanto a la preparación personal. Mucho entrenamiento, mucha dedicación. Un gen competitivo sumamente exacerbado. ¿Lo compartes?
Sí, claro. Siempre era esa competencia sana de irse superando cada día más. Tanto en esta U del 2011 como en la Selección era sí. Nadie regalaba ni un segundo de entrenamiento, porque sabías que si parabas se metía el otro y lo iba a hacer de la misma forma. Era muy competitivo.
Una espina clavada y un dolor que el tiempo curó
-¿Qué faltó para pasar a una final de la Libertadores? Uno repasa esas llaves y tan cerca que estuvieron…
Me quedó la espina clavada de no haber podido disputar una final de Copa Libertadores con la U. Tuvimos la posibilidad dos veces (2010 y 2012). Con Chivas fue lo más cerca, que empatamos allá en México y luego tuvimos la oportunidad en Santiago. Pucha que hubiera sido lindo jugar la final, bueno después podría haber pasado cualquier cosa, pero haber llegado a una instancia así hubiera sido extraordinario. Me faltó…
-¿Con Boca Juniors hubiera sido más complicado?
Sí, claro, Boca es Boca. Pero también en ese momento se nos fueron jugadores muy importantes y todos dicen que si se hubiera quedado Eduardo Vargas o no se hubiera ido Marcos González, pero ahí ya es entrar a especular. Si hubiésemos tenido la bolita de cristal, nos hubiera ayudado. Sería hablar de hechos que no fueron reales nomás.
-¿Crees que te faltó salir de la U de una mejor manera? ¿Te quedaba mucho más para darle a la U todavía?
Me fui con 32 años de la U y jugué hasta los 39. No niego que me dolió muchísimo salir de la U, porque tampoco estaba en los planes. Hasta el último minuto me iban a renovar, después llegó un nuevo entrenador y me dijeron que hasta ahí nomás llegaba el contrato y ya está. Ahora, con el tiempo, digo que tal vez fue el momento justo de salir de la U, por los años que vinieron después, si bien en 2017 tuvieron un buen campeonato. Luego vino un tiempo en que se sufrió. Quizás, haber sido parte de eso, el hincha hubiese cambiado un poco la manera de verme. Fue el momento justo, hubo instancias de poder volver, que tampoco se dieron, pero ahora pienso que todo ocurrió porque hasta ahí era. Que la gente de recuerde por esos momentos y no por las cosas malas que vinieron más adelante.
-¿Sufriste mucho desde afuera con esa época oscura de la U?
Totalmente. Porque uno es hincha de la U, entonces no quiere que le vaya mal. Yo disfruto, por ejemplo, ver hoy a Marcelo Díaz, a Charles Aránguiz, a Eduardo Vargas ahora también, que están jugando, que volvieron al club que ellos quieren. Me llena de satisfacción verlos con la camiseta de la U, porque uno sabe cuán especial es. El que se pone esa camiseta siempre quiere volver.







