Son casos muy selectos. Los jugadores que hayan militado en los tres grandes del fútbol chileno se encuentran a cuenta gotas y, entre algunos de los casos destacados, están Adolfo Nef, Óscar Wirth, Fabián Estay, Jean Beausejour o Roberto Cereceda...

También aparece en esa lista el invitado de esta semana en La Pizarra De..., el podcast de los futboleros, y que en esta oportunidad recibe al ex volante y hoy director técnico de Deportes Recoleta, Francisco Esteban Arrué Pardo (7 de agosto de 1977).

Fue formado en las divisiones inferiores de Colo Colo, donde estuvo entre 1995 y 1999; jugó en Universidad Católica, de 2005 a 2006, y también se puso la tricota de Universidad de Chile, en 2007.

Francisco Arrué y cómo avanza su carrera de técnico, en esta charla en profundidad con el periodista Danilo Díaz.

Pancho Arrué se pone el buzo y arranca el camino como DT

-Cómo entrenador diste una vuelta bien larga. ¿Te costó arrancar tu carrera en Segunda División? Sobre todo pensando en que te formaste en Colo Colo, con todas las comodidades que da eso.

Es cierto que todos los entrenadores quieren dirigir en Primera División. Cuando me retiro (2016), uno de los compromisos que asumí, no firmados, era quedarme a dirigir en Coquimbo. No se da esa opción y eso me desilusionó un poco del medio. Me puse a trabajar en comunicaciones y, después, busqué la opción de empezar a dirigir. Me conseguí el número del presidente de Colchagua, lo llamé y empecé a abrir puertas solo. Me reuní con él, le hice una presentación y ahí comenzó mi carrera como entrenador.

-Fue rápido, en líneas generales…

Hicimos un torneo inolvidable para Colchagua y justo vino el estallido social. Arica iba un punto por arriba de nosotros y terminó ascendiendo y Colchagua sin nada. Quería esperar una opción en Primera B y, por esperarla, viene la pandemia y me quedo un año sin dirigir. En ese periodo me encuentro con Harold (Mayne-Nicholls) en un café y me cuenta que tenía el proyecto de Trasandino, en que estaban por ascender. Él entrevista a varios técnicos para Segunda, yo no quería volver, pero entendiendo que a Harold lo conocía desde muy chico, desde la Selección y la Católica, me entrevista y al final toman la decisión por mí. No es fácil esa categoría.

-¿Cómo se juega en la Segunda División?

De todas formas. Hay algunos técnicos que son más de elaborar, otros más directos, al pelotazo. Otros que les gusta mucho el roce. Depende del ADN de cada entrenador. Yo siempre he intentado jugar, que lo hice como futbolista durante mi carrera. Traté de darle una identidad a ese equipo. En algún momento fuimos segundos con Trasandino y en los últimos meses, que no tuvimos la posibilidad de reforzarnos, solo pudimos llevar a Lucas Simón, que estaba en Primera B, terminamos quintos o sextos ese año. Me llaman de San Marcos de Arica, que asciende, porque les jugamos bien de local y de visita. Hablaron con Harold también. Me entrevistan, quedé en una terna con otros entrenadores, dos argentinos, y al final decidieron por mí. Así he ido cimentando este camino como entrenador. Después me llaman de Audax Italiano, sin representante de por medio, siempre lo digo porque acá hoy en día está muy de moda que los representantes tienen muchos clubes a los que uno puede ir. Afortunadamente, en los clubes a los que he ido, incluso que los dueños son representantes, nunca he tenido una relación con ellos, desde el trabajo…

-Hablaste de Coquimbo. Es un club que algo genera en los futbolistas, ya que muchos que van allí quieren quedarse…

Gusta porque, de partida, todos en la ciudad son de Coquimbo, llenan el estadio, son hinchas muy fieles, están en las buenas y en las malas. Claro, a veces en las malas demuestran su insatisfacción, pero eso es parte de esta actividad. Es una ciudad muy linda para vivir, me retiré ahí en Coquimbo. Nunca había jugado en Primera B. Pensaba retirarme en Huachipato, pero se presenta esta posibilidad de que el Coto (Juan José) Ribera fue a tomar Coquimbo, se puso a dirigir, y cuando asume, ese equipo no ganaba hacía 21 fechas. El Coto me llama, no tuve buena relación con los nuevos dueños de Huachipato, donde era capitán, y que ya no son dueños…

-Bueno, no sabemos si son dueños o no son dueños…

¡Ja! Ahora están en otro club. Bueno, decidí irme por un tema de sanidad mental y porque estaba un amigo dirigiendo. Fue una linda experiencia, competitiva, se hizo un buen grupo, nos salvamos del descenso a la Segunda en la última fecha, con estadio lleno y alargué, entonces, mi carrera por seis meses. Teniendo contrato, decido retirarme y el club también se portó excelente conmigo. No tengo nada que decir, porque recibí el cariño a una carrera tan extensa.

El ex mediocampista lleva cinco años como entrenador.
Francisco Arrué. El ex mediocampista lleva cinco años como entrenador.

La figura del volante mixto

-Cuando comenzaste como jugador en las inferiores de Colo Colo, eras un “10”, pero con el paso de los años, retrocediste y terminaste prácticamente como un segundo contención, con la cancha de frente. ¿Cómo fue esa evolución? ¿Eso evolución se observa también en tus equipos?

Por supuesto. Creo que fui el primer volante mixto de Chile. Jorge Pellicer fue muy visionario, en ese sentido, porque cuando decido quedarme en Católica, en mi posición de enganche estaba Darío Conca. Yo era titular, a veces banca, entonces no estaba dispuesto a seguir seis meses más en Universidad Católica siendo banca, porque pensaba que podía jugar en otro equipo como titular. Jorge me pide que me quede, que iba a jugar, pero más atrás. Siempre fui táctico, porque tuve una muy buena formación, que fue Gustavo Benítez. Aprendí mucho, él era un adelantado para esa época…

-¿En qué sentido?

En que hacía trabajos tácticos que no hacía ningún otro equipo. Era pragmático, los jugadores entendían los movimientos, dónde teníamos que ponernos de acuerdo a donde estaba el balón. Eso no lo había tenido con otro entrenador y lo tuve en el primer equipo. Yo era muy joven, porque me subieron a los 17 años, entonces aprendí todo este tema táctico que antes no se le daba tanta importancia. Antes era más de creatividad, “yo juego acá y acá tengo que rendir”, pero los roles y funciones de cada posición no estaban claras y con el profe Gustavo aprendí todo eso….

-Volvamos a la UC y cuando decides quedarte…

Cuando Jorge me señala esto, decido quedarme en Católica y fue lo mejor que pude haber hecho, porque me sentí muy cómodo. Cuando uno jugaba de enganche, dependía mucho de los que venían atrás, de los volantes, y antiguamente, los volantes eran más de corte, entonces el enganche tenía que correr para allá y para acá. Intervenía poco con el balón. Cuando Jorge me baja a jugar de volante, al lado de (Jorge) Ormeño, todos los balones pasaban por mí. Iba a buscar la pelota y de ahí empezábamos a generar. Me sentí muy cómodo y no quise salir más de ahí; incluso, cuando me voy al Atlético Nacional de Medellín (2008), me llevan de “10” y yo no jugaba ahí desde hacía varios años. Me costó retomar, porque jugar de espaldas es distinto a tener la cancha de frente.

-Para el que tiene buena técnica, jugar de frente es mucho más fácil…

Claro, es mucho más fácil y eso me pasó. Después eso se vio en Colo Colo, con Arturo Sanhueza, que también jugaba más adelante; en Wanderers, era volante por la derecha y a veces jugaba de “10”; el Bichi (Claudio Borghi) en 2006 empieza a jugar con Arturo más de volante. Luego, ya empieza la moda de los volantes mixtos y el de corte comienza a tener poca cabida en los equipos, porque los planteles se ponen también más valientes para jugar. Empieza la tendencia con (Marcelo) Bielsa en la Selección y ahí el volante central fue quedando de lado o tuvo que empezar a progresar para entender que con balón también es importante.

-Muchos de esos volantes de corte eran los mejores en sus barrios y cuando llegan al fútbol profesional, se “embrutecen” un poco…

Son jugadores muy importantes, que le dan el equilibrio al juego. Por ejemplo, yo jugaba al lado de Ormeño, y me iba hacia adelante y, a veces, era un doble punta o un doble enganche. Jugábamos con Darío, que nos repartíamos el campo de juego y sabía que atrás estaba bien resguardado, porque Jorge juega muy bien y era el equilibrio de nuestro equipo. Entonces, para uno, como volante mixto, era mucho más fácil. Después, yo sabía dónde me tenía que posicionar cuando perdíamos balones. Yo no quitaba mucho, pero lo hacía con el posicionamiento. Cuando uno hace bien los movimientos desde la táctica, por supuesto que todo fluye. Por eso son importantes los jugadores que entienden el juego. Debiésemos dar un paso importante desde la formación.

En Universidad Católica, junto a Eduardo Rubio. Foto: Old Photosport.
Francisco Arrué. En Universidad Católica, junto a Eduardo Rubio. Foto: Old Photosport.

Claves futbolísticas...

-Todos los invitados que hemos tenido en este programa concuerdan en lo que dices, “comprender el juego” y cuestionan que hoy en día el jugador no lo está entendiendo, que están enfocados en su sola función…

Pero, más que dedicados a su pura función, hoy hay tantos factores externos que al jugador no lo dejan tener el foco solo en el fútbol. Ven poco fútbol, no ven partidos los fines de semana. Carecen de ese barrio que uno tenía antiguamente, cuando pasaba todo el día jugando y ahí se podía aprender. Nuestra sociedad ha evolucionado y, para el deporte, ha sido peor, porque no hay espacios donde puedan ir a compartir, a jugar, a crear, a entender el juego. Desde la formación, tampoco han ido capacitando a nuestros futbolistas, para que la actividad crezca. Hay carencia de buenos formadores, no quiero generalizar, pero es lo que he visto tanto como jugador y como entrenador. Falta sacar mejores formadores, porque es la única manera en que los jugadores puedan entender el juego y que pueda nuestro fútbol evolucionar, ¿o vamos a esperar nuevamente una camada de buenos jugadores que nos dure tres o cuatro años? Esto tiene que ser un proyecto país, que nos ayude a mejorar, pero como no hay prioridades…

-En tus equipos, ¿cómo te gusta la recuperación de la pelota? ¿Ir de inmediato post pérdida a buscarla o retroceder detrás de la pelota todo el equipo y cerrar los espacios?

Depende de cómo te juegue el rival…

-¿Del rival o de los jugadores que tienes?

De ambos. Un entrenador tiene que preocuparse del rival, porque tiene comportamientos que se repiten durante un partido y uno eso, como entrenador, lo tiene que aprovechar. Claro que lo más importante es lo que haga mi equipo y uno tiene que hacerles entender a los jugadores qué hacer en cada momento del juego. En cuanto a la presión, ojalá me salgan jugando, porque me encanta presionar alto. Me gusta presionar alto cuando inician, me gusta presionar tras pérdida, por supuesto, pero depende de los momentos del juego. Por más que yo quiera presionar tras la pérdida, los equipos que me ha tocado dirigir hacen tanto desgaste por presionar que a veces no se puede, por un tema energético. Nos preparamos para eso, pero a veces les digo a los jugadores que no vamos a presionar los 95 minutos, imposible, ningún equipo lo hace, en qué momento del juego hacerlo y en qué sector del campo. Un paréntesis, eso sí…

-Cuéntanos…

Cuando me voy a San Marcos de Arica a Audax (2023), el primer partido se lo ganamos a Unión La Calera y el segundo era con la U. Entonces, en San Marcos, nosotros presionábamos alto siempre, a todos los equipos que nos salían jugando. El equipo presionaba mucho y atacábamos inmediatamente. Entonces, para ese partido con la U, preparé ese partido con presión alta, porque la U salía jugando harto y todavía recuerdo: (Cristopher) Toselli no salió nunca jugando con los centrales. Lanzó todo el rato y a mí como entrenador, eso me ayudó a crecer, porque en ese momento no tenía un plan B. Como entrenador, me gusta ir al frente y presionar, pero al final me salen todo el tiempo con pelotazo y terminamos perdiendo ese partido. Con este tipo de partidos uno va creciendo y viendo lo que te va entregando el rival. Entonces, hoy, si no te salen jugando, también hay plan B para poder hacer daño.

-¿Quiénes fueron los técnicos en los que te fijaste para querer ser entrenador?

Me tocó un técnico, al que le tengo mucho cariño, que fue Salvador Capitano (Universidad de Chile 2007). Nos hacía entrenar mucho, como cuatro horas, pero eran prácticas muy pasivas, con muchas pausas. Entonces, pensé que cuando fuera entrenador eso lo iba a cambiar, porque para mí tienen que ser cortos, pero muy intensos, porque es lo que me gusta. Soy fanático de la Premier League, así que me gusta esa intensidad, me gusta proponer y eso me ha pasado con algunos equipos: en Colchagua, fuimos el equipo con más goles en las tres categorías, pero nos convertían mucho también. En Trasandino, lo mismo, por lo que uno empieza a evolucionar. En San Marcos, también hicimos muchos, pero ya nos empezaron a convertir menos, porque como entrenador, empiezas a manejar el aspecto defensivo.

-¿Los entrenamientos son de 45 minutos?

Son, en total, una hora y 40 minutos, pero contamos el preventivo, que dura 25 minutos; la activación en cancha… Pero el entrenamiento en sí, con distintos módulos, es una hora 15, con pausas para tomar agua, con todo marcado, para que a los jugadores los vayamos teniendo concentrados, porque si de algo carecen hoy en día los jugadores es de concentración y ese relajo, cuando por ejemplo les das más tiempo para hidratarse, hace que pierdan toda la concentración. Algunos entrenadores te dan tres o cuatro minutos para tirar la broma, perder el foco de la sesión. Tratamos de darle una estructura al entrenamiento para que el jugador esté concentrado; la intensidad está ligada a la concentración.

-Te retiraste no hace mucho tiempo, por lo que conoces bien al jugador actual, al de 35 años, por ejemplo…

No quiero que el jugador haga lo que se hacía antes. Hay jugadores que hay que saber cómo darles en la tecla. Uno tiene que gestionar un camarín de 30 jugadores y lo más difícil para un entrenador es gestionar las emociones, mantener la atmósfera de competencia la hora 20 que dura la sesión. Porque el mensaje es súper claro: todo mi cuerpo técnico sabe cómo jugamos, cómo vamos a iniciar, a progresar y a finalizar, tenemos información que nos da el rival también, por lo que hay una coherencia en el mensaje con lo que se hace. Lo hago, porque tuve entrenadores que me marcaron desde lo negativo y desde lo positivo.

-¿A ver desde lo positivo?

Jorge Pellicer, muy estructurado; Arturo Salah, y en el caso de mi carrera, tuve a Mario Salas que me gustó mucho su forma de entrenamiento, la manera de ver el fútbol, sin desmerecer a los otros entrenadores, a los que les tengo mucho cariño y aprendí mucho. Con Jorge Pellicer fui a todos lados, en Católica, en Huachipato, en la U. de Conce… Pero en el ocaso de mi carrera, me toca Mario, que también era muy estructurado, entonces termino con esa visión del entrenador, porque quizás si me hubiera tocado otro, quizás sería distinto hoy. Entiendo la carrera desde la estructura, el mensaje, la disciplina y la intensidad.

Entrenador chileno. Foto: Agencia Aton.
Francisco Arrué, Entrenador chileno. Foto: Agencia Aton.

La pizarra de Francisco Arrué

-A la hora de armar tus equipos, ¿prefieres tres defensores o cuatro?

Un entrenador de fútbol tiene que ser capaz de, por lo menos, dos estructuras. Que de una misma estructura de juego, puedas pasar a otra. Me gusta mucho la línea de cuatro, de hecho juego 4-4-2 hoy en día, pero tampoco es plano, sino es en hexágono. A los volantes ofensivos los meto por dentro, porque me gusta que los laterales estén siempre altos. Con esa misma estructura, puedo jugar 3-5-2, pero lo entreno. Cualquier dibujo que entrene, lo puedo usar después en el partido. Jamás les pediré a mis jugadores que usen un sistema que no hemos trabajado. La clave es de una estructura es poder pasar a otra y que el jugador lo entienda, porque si necesitamos ganar, puedo jugar con línea de tres, no de cinco, de tres con los carrileros bien adelante. Si necesitamos cuidar resultado, línea de tres, pero con los carrileros más bajos. No me caso con la estructura y hay que ver también con qué cuenta en el plantel. El entrenador no puede ser tozudo, porque a veces no da…

-Cuando fuiste a San Marcos de Arica en 2023, era un cuadro muy agresivo. ¿Cómo lo pudiste armar? Más encima, fueron perjudicados por cobros referiles en los primeros partidos, que estuvieron cuatro fechas sin ganar…

Lo recuerdo perfectamente, porque ahí estuvo en juego mi cargo en esos primeros cuatro partidos, de los cuales tres podríamos haber ganado sin problemas. El primero, contra Iquique, clásico rival, fue un partido en que deberíamos haber ganado sin problemas. Me gustan los equipos que atacan, nos entrenamos para eso. Efectivamente, hubo cobros que nos perjudicaron y terminamos perdiendo los partidos. El cuarto lo perdí bien, porque el equipo jugó mal ante San Felipe. El quinto fue contra Recoleta, mi actual club, y sabía que si empataba o perdía ese partido, tenía que salir. Yo entiendo que el fútbol tiene estas cosas; no hay en nuestro país ese apoyo que el entrenador necesita. Vengo acá y, para mí, ese partido marcó mi visión como entrenador, desde los sistemas de juego. Vine a jugar con 4-4-2 con un hexágono al medio y fue un muy buen partido; empatamos. Después jugamos contra el San Luis del Chupete (Humberto Suazo) y (Mathías) Vidangossy, un equipazo, y ganamos. Esa identidad que tenía el equipo me permitió después ir al Audax…

-¿Te costó la decisión de ir al Audax? Porque necesitaba salvarse y ustedes en San Marcos estaban peleando por entrar a la Liguilla…

Uno tiene que ser honesto como persona; si hay un valor que no transo es la honestidad. Estaba muy contento en Arica. Cuando me llaman de Audax, hablo con el presidente y con el gerente deportivo y les dije que tenía esta opción en Audax, que qué pensaban ellos. Les dije que yo quería seguir. Ambos me respondieron “profe, vaya, porque sus equipos juegan para Primera División”. Me dieron la posibilidad de salir y hasta hoy tengo buena relación con ellos. Por eso uno apela a los valores. Fui honesto, lo hablé y por eso me fui a Audax. De esto la gente no se acuerda, porque es cruel todo esto, pero estaba peleando el descenso Audax. El primer partido lo ganamos a La Calera, el segundo lo perdimos ante la U, como ya lo recordé, el tercero ganamos y, después, tuvimos un mes para preparar al equipo. Después de ese mes de para, jugábamos en El Salvador y queríamos ir a presionar allá…

-Y jugaron de noche, más encima, que es distinto a hacerlo a las tres de la tarde…

Tarde-noche. Preparamos al equipo, yo lo veía más dinámico, más intenso. Hice algunas modificaciones, con jugadores más dinámicos que no estaban jugando y que conmigo jugaron, que es lo mismo que hice en Arica… Llegamos a El Salvador y ese día al utilero se les olvidaron hasta las camisetas. Uno como entrenador, tiene que lidiar con eso, porque esas cosas te sacan del foco. Llego al camarín y les digo a los jugadores “olvídense de las camisetas, piensen que están en el barrio y tenemos que entrar a ganar”. Le di al partido la importancia que había que darle, los jugadores salen, hacen un partidazo, ganamos 4-3 y podríamos haber ganado por más goles.

-Un partido que al final fue clave para que Cobresal perdiera el título…

Al final, Cobresal tuvo un segundo aire en el segundo tiempo, pero ganamos y nos salvamos con ese resultado, faltando tres partidos para que terminara el torneo. En cuatro fechas, ganamos tres y nos pudimos salvar. Ahí viene después que el equipo soltó…

en su época en San Marcos de Arica.
Francisco Arrué en su época en San Marcos de Arica.

Las dificultades para mantener el foco

-¿Por qué pasa eso en el fútbol chileno? Porque ese partido lo ganan y después pierden feo los tres partidos siguientes…

Había un tema emocional que no era menor. Se habían ido dos técnicos anteriormente y cuando ocurre algo así es porque algo pasa, no es normal. Yo era el tercer técnico, el cuarto, entre comillas, porque hubo un interinato, entonces era un plantel golpeado desde lo emocional y cuando logramos jugar de esa forma en El Salvador y quedarnos en Primera, el equipo desde la cabeza soltó. Nosotros seguimos entrenando de la misma forma, con la misma intensidad, los jugadores también, pero a la hora de competir, los primeros tiempos de esos tres partidos fueron muy malos. Tenía que llegar en el entretiempo y de alguna manera “meter un poco de corriente” y hacer algunos cambios. El equipo reaccionaba, pero no nos alcanzaba para ganar o empatar. Con Colo Colo hicimos un muy buen segundo tiempo, que nos termina jugando de contra; contra Magallanes lo mismo. No pudimos hacer goles y terminamos perdiendo. El último partido lo jugamos con Huachipato (campeón), tomo la decisión de no llevar a algunos jugadores por situaciones en particular, y voy con más jóvenes, con las mismas ganas de ganar el partido, ya que lo iba a ver todo Chile. Nos expulsan a un jugador a los 10 minutos y terminamos también perdiendo ese partido. Son cosas que pasan y para las que hay que estar preparados.

-¿Es mucho del jugador chileno eso de “soltar”?

Es la cultura del sudamericano, porque también jugué en Colombia; en España, en el Leganés; en Suiza, en el Lucerna; y en el Puebla de México. Al jugador chileno cuando uno le exige, rinde y rinde bien. Pero uno no lo puede soltar. Cuando cree que esto está todo ganado, se equivoca, porque esto es día a día. Eso te lo va enseñando la experiencia. Este es mi quinto equipo dirigiendo, llevo cuatro años, poco, entonces hay cosas que uno trata que después no le vuelvan a pasar. Pero sí esta actividad requiere de energía, de estar día a día a tope y llegar a una atmósfera de elite, porque es la única manera para que después el jugador se desempeña como uno quiere. En las vacaciones uno puede soltar, pero antes no, por la cultura, porque desde pequeño a uno no lo llevan a esa exigencia. Antiguamente no nos hablaban ni de nutrición. A mí, cuando me subieron en Colo Colo a los 17 años, nos quedábamos a hacer tiros libres, después pasábamos a comernos un churrasco al casino del Monumental y nadie nos decía nada… Me hubiese encantado que en esos tiempos nos hubieran enseñado desde lo nutricional, porque de esa generación, todos jugaron en Europa. Imagínate si hubiésemos entendido mejor la profesión…

-Cuando salvaste a Audax Italiano, llamó mucho la atención que te fueras. Esto lo digo yo, pero en ese entonces me enteré que un club que tiene dos dueños, Gonzalo Cilley, y el otro, Ricardo Pini, dueño de La Calera. Le gustabas a Cilley, pero no a los Pini…. Después, vuelves. ¿Ese episodio perjudicó tu carrera?

Las cosas pasan por algo. Justamente me quedo sin dirigir a fin de año. Gonzalo, que era el presidente, me dice que quería que siguiera y Ricardo me habló también para que me quedara, pero en esa charla me había propuesto unas cosas que yo no iba a aceptar, en cuanto al staff. Al final, como no acepté, a los dos días me llaman y me dicen que no continúo. Me quedé sin dirigir esos tres meses y, después de eso, me vuelve a llamar Ricardo Pini para ir a San Luis…

-O sea, ahora al revés…

Claro. Se entera Cilley que me llama Pini para ir a San Luis y me ofrece ir a Audax. Entonces, entre ir a San Luis o a Antofagasta, que también tenía una opción real de ir allá, o ir a Audax… Al club lo conocía, no a todos los jugadores, porque habían cambiado a la mayoría, al 80 por ciento. Estaba en Santiago, Primera División, entonces opto por ir. Acepto el desafío, en otro contexto, con un plantel que estaba armado por otro entrenador. Me puse el desafío, fue difícil, porque no había armonía en el club desde lo dirigencial y por supuesto que cuando ocurre eso cuesta mucho, porque eso irradia hacia abajo…

-¿Cómo se nota eso?

Se nota en el día a día, en el ambiente, en los trabajadores, en los administrativos, en el staff. Uno se desgasta en esas cosas en que no tiene que desgastarse y te va quitando energía. Al final, cuando termino saliendo de Audax, creo que fue una buena decisión. Hablé con Gonzalo, ellos también pensaban que era momento de darle un aire al equipo, y yo también.

Dos pasos singulares por Audax Italiano.
Francisco Arrué Dos pasos singulares por Audax Italiano.

Un 2025 complicado

-El año pasado fuiste a Ñublense. Estuvieron en la Copa Libertadores y hay un partido clave: cuando pierden con la U 5-0 en el Nacional ¿Cómo marca eso tu ciclo?

Lo mío de Ñublense carece de todo análisis, porque estuve muy poco. Dos meses y medio, dirigí siete partidos y, de esos, los tres primeros de Copa Chile, amistosos, entre comillas, porque como no pudimos hacer partidos de pretemporada, mis primeros fueron esos tres para prepararnos para la Copa Libertadores.

-A competir al tiro…

Es que el club no pudo gestionar amistosos. Había que venir a Santiago, todos los equipos ya tenían su agenda, entonces al final no pudimos jugar. Entonces, nuestros “amistosos” fueron los de la Copa Chile, que esos de amistosos no tienen nada. El equipo jugó bien, íbamos punteros del grupo, pero luego vienen dos semanas del terror: venía Universidad de Chile, Boston River, Limache y Boston River y ahí nos jugábamos la clasificación a la Copa. Con la U hicimos un buen primer tiempo, pero a los 30 minutos nos expulsan a Esteban Valencia. En el entretiempo les dije que igual íbamos a ir a buscar el resultado, porque me gusta siempre ir a ganar, atreverme, que mi equipo sea valiente. Con 10, quise ir a ganar el partido y ocurre que a los dos minutos nos hacen el primer gol, a los cinco el otro, a los 10 otro… Y el equipo termina perdiendo por 5-0. Ese partido dejó al equipo emocionalmente tocado.

-¿Dudaron?

No dudaron de la forma, sino de ellos, de sus capacidades. Antes de llegar, dije que había que rejuvenecer un poco el plantel, porque era el tercero más longevo de Latinoamérica. Llego y estaba el mismo plantel, que pude traer a un par de jugadores más jóvenes… Eso no quiere decir que los jugadores de más experiencia no puedan mejorar, pero para eso se requiere tiempo de trabajo y eso no tuvimos. Todos los jugadores mejoraron: hay evaluaciones nutricionales, pero había un déficit de intensidad que eso no se agarra de la noche a la mañana. Después vamos a Uruguay, el equipo no juega bien y perdemos 1-0. Agarro al plantel y le digo lo que está pasando, qué tenemos que hacer, porque Limache jugaba igual que Boston River. Hacemos todo lo que hay que hacer ante Limache, que terminamos empatando, pero podríamos haber ganado de local. A los tres días, volvíamos a jugar con Boston River. Fueron dos semanas estresantes, desde el descanso, el cambio de jugadores. Con Boston terminamos empatando, después de ir ganando 1-0. Ahí pasa lo que venía olfateando: un tema físico…

-Se notó muchísimo…

A los 60 minutos, el equipo se cae físicamente. Boston River era un equipo muy joven, de promedio 24 años de edad, que corría mucho. Cuando detecto esta situación, voy a sacar a un jugador en particular, que no estaba físicamente, que era (Bernardo) Cerezo, que venía de una operación y estuvo dos meses fuera, sin entrenar. Entrenó dos semanas y lo utilizo porque es muy competitivo; con Limache compite bien, con Boston también, lo voy a sacar y hacer dos cambios más también, porque vi que el equipo estaba sin chispa, y el Chucky (Jovanny) Campusano me levanta la mano que se había lesionado. Tuve que parar el cambio, dejar a Cerezo, jugada siguiente, por su lado, le desbordan y gol. No es culpa de Cerezo, sino primero mía, como entrenador, que lo tuve que haber sacado antes, pero al final esas decisiones a veces no esperan. Quizás tenía que salir de Ñublense, había una atmósfera que no era la mejor desde que llegué. La imagen de Jaime García allá en Chillán es muy potente… Pero no era una molestia específica conmigo…

-Es más institucional…

Sí. Entonces, después de ese partido, me junto con los dirigentes, que son del fútbol, y me mencionan este tema de la atmósfera, que estaba muy compleja mi continuidad, que ellos sienten que el plantel lo siente… No dude y dije “me voy”, porque uno como entrenador necesita el respaldo de la gente que te contrata en cada club. Es importante respetar los procesos. Los entrenadores que trabajan merecen esa consideración y cuando no está es mejor dar un paso al costado. Por eso, finalmente, la decisión fue mutua, eso me llevó a estar nueve meses sin trabajo, pero con la tranquilidad de haber tomado la mejor decisión. Ahora, ¿nos faltó más tiempo para sacarles más rendimiento desde lo físico? Sí, pero no tuvimos.

Un difícil paso por Ñublense en 2025.
Francisco Arrué Un difícil paso por Ñublense en 2025.

-Te tocaron Audax y Ñublense, clubes cuya propiedad es de representantes de jugadores. ¿Es difícil trabajar así?

Te podría decir que sí, pero no lo es. No tuve ningún problema ni con los dueños de Audax, que solo fue esa conversación incómoda que mencioné con Ricardo, ni con los de Ñublense. En ninguna de esas instituciones estuvieron mis representantes, porque no tengo representante. Entonces, fue muy grato…

-¿Pero meten mucho la cuchara?

No, porque me conocen y como me conocen, saben que cualquier cosa que me puedan sugerir lo más probable es que, si es algo conveniente para el equipo, uno accede a traer jugadores. Pero esos jugadores los tengo que conocer y querer para que puedan llegar. Desde ese punto de vista, fueron muy respetuosos conmigo, no tengo nada que decir. Nunca tuvieron ninguna insinuación de nada. La conversación con Ricardo, en que no estuve de acuerdo y que termino saliendo la primera vez, fue por staff ¿eh? No por traer jugadores. Nunca tuve problemas con los dueños, salvo decisiones que a veces las toman con el termómetro del hincha y creo que ahí es donde hay una equivocación.

-¿Cómo ves a Deportes Recoleta, de cara a la Primera B, que se viene con equipos grandes esta temporada?

Tomo el desafío de muy buena forma. Para mí, este no es un retroceso, sino una oportunidad. Siempre veo las cosas así. Llego a un club familiar, muy buenas personas, conozco los dueños y a Chamaco (Sebastián González) que es el gerente deportivo. Muy buena relación con ellos y hemos podido armar un equipo competitivo, con jugadores de nombre y que se amoldan muy bien a mi idea de juego. Hemos logrado convencer para que estén en Recoleta.

-Con un arquero, Jaime Vargas, que lo miran los equipos de Primera División. Tiene 23 años y ya tiene prácticamente 60 partidos como titular…

Es un arquero que tiene mucho potencial. Creemos que podemos mejorarlo aún más, potenciarlo y seguramente si ahora estuvo interesado Colo Colo, no me cabe duda que a fin de año habrá muchos clubes más interesados en él. Tiene mucho más por dar.

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