A Héctor Robles (55) se le recuerda en el fútbol chileno como un zaguero aguerrido y con dotes de líder, que comandó las defensas de tres equipos en su carrera: Palestino, Santiago Wanderers y Coquimbo Unido. Cómo no, la cúspide le llegó en 2001, cuando en los caturros consiguió el título de Primera División, algo que sin dudas constituye toda una hazaña.

Pero pese a que su apodo de “El Choro” guarda mucha relación con ese espíritu luchador que es tan característico del puerto, pasó ocho años en Palestino y es allí donde forjó su carácter.

Hoy, cuando se le reconoce principalmente por su faceta como entrenador, recibe a En Cancha Prime para una entrevista en que repasa en detalle su paso por nuestras canchas. Manuel Pellegrini, La Roja, el inolvidable Wanderers de Jorge Garcés y mucho más, en esta conversación íntima con el Choro Robles...

El viaje comenzó, como él lo cuenta, “desde muy pequeño. Mi papá y mi hermano me llevaron a una prueba al Estadio Nacional, a Palestino, cuando tenía 11 años. Eran esas canchas de tierra que hoy no existen. Me recibió Ricardo Rodríguez, un técnico que después fue preparador físico, entrenador de futsal, hizo una muy linda carrera. Estaba como técnico de las categorías mayores de Palestino Elson Beyruth…

-Leyenda de Colo Colo…

Claro, un tremendo jugador de Colo Colo y lo recuerdo siempre porque tengo una foto con él. Y ahí quedé, como sub 10 de Palestino, pero jugaba en la Sub 11, ya que la otra categoría no existía. Antes tampoco eran “subs”, sino Cuarta, Tercera o Segunda infantil. Fui avanzando, creciendo, formándome a través de los años, con distintos entrenadores que fueron llegando, como Carlos Valenzuela, un volante que había jugado en Audax Italiano; Guillermo Duarte, un técnico que me marcó mucho; Pancho Fairlie, un arquero que había jugado en Huachipato, en Palestino; Víctor Castañeda, tío de Víctor Hugo y de Cristián, la dinastía de los Castañeda… Y ahí fui generando todos los avances como jugador…

El ex zaguero en su época de jugador de Palestino.
Héctor Robles. El ex zaguero en su época de jugador de Palestino.

El legado de Manuel Pellegrini

-¿Qué año debutó en Primera?

En 1990, con Guillermo Duarte. Palestino en Primera. Había participado mucho también en 1989, en la Segunda División (hoy, Primera B), con Eugenio Jara, que había armado ese equipo para subir. En ese entonces dividieron el campeonato en zonas norte y sur. La U y Palestino salieron campeones de cada zona y subieron los dos; jugaron la final en el Estadio Nacional. La U salió campeón en penales. Yo ya estaba vinculado ahí, en ese equipo, pero no alcancé a debutar. Lo hice al año siguiente. Y ahí fue cuando se produjo la llegada de don Manuel Pellegrini. Venía de descender con la U y toma Palestino.

-Entonces, Pellegrini fue clave en su formación…

Totalmente. Don Manuel marcó la carrera de muchos jugadores en todo sentido. Él desciende con la U en el torneo del ’88, pasa un año y medio más o menos sin dirigir y Palestino le da la opción de retomar su carrera. De ahí yo pasé a la Sub 20 que él dirigió. Estuve con él en Venezuela, en San Cristóbal, pero no nos alcanzó para clasificar (Sudamericano Sub 20 de 1991). En fin, nos hizo tremendas personas, nos enseñó mucho todo lo que significaba el fútbol a todos los que estábamos ahí; jugadores importantes, (Severino) Vasconcelos, Víctor Hugo Castañeda, Héctor Giorgetti, el arquero que venía de la U. Formó un tremendo equipo. Desde allí, Palestino empezó a crecer bien, de la mano de Fernando Lama, su presidente. Desde entonces, no paré más. Hasta 1999 en Palestino, con altos y bajos, siempre en Primera División; hasta que ya creí que era momento de salir y se me presentó la posibilidad de partir a Wanderers…

-Claro, el “Choro” Robles… Que es algo bien curioso, porque se le asocia con Valparaíso y por lo general se pasa por alto que es santiaguino y que jugó muchos años en Palestino. ¿Cómo fue que se dio esa identificación tan grande con Wanderers?

Siento que tuve la grandeza de entregarme por entero al club, desde 1999 que llegué. Fue a una institución que venía de descender. En Palestino me enseñaron siempre que era un tipo importante desde el liderazgo. Fui capitán, desde muy joven. Tirando para adelante, en los momentos difíciles, poniéndole el hombro, tratando de que las cosas resulten. Entonces, llego a Wanderers, un equipo que venía de descender, con miles de dificultades, donde la mayoría de los jugadores se querían ir… Estaba todo medio complicado, medio podrido, pero de a poco empezamos a crecer. Llegaron jugadores importantes y los que se quedaron se sumaron a querer hacer un gran equipo, para subir de inmediato, algo que es difícil…

-O sea, está claro que salir de la B es bastante complicado…

Bastante. Mira, este año bajó la Unión Española, y la Unión debería ser el candidato número uno para salir de inmediato. No es tan así. Cuesta subir. La cosa es que se armó un buen equipo, primero con Guillermo Páez, que los resultados no se le dieron al principio y Reinaldo Sánchez no lo aguantó mucho. Trajeron a Jorge Garcés, el ’99, y ahí se hizo una muy buena campaña, con Unión, que también estaba en Segunda en esa época. Los dos equipos hicieron una muy buena campaña y terminaron subiendo ese mismo año. Ahí ya hubo un hito. En 2000 hicimos buena campaña, llegando séptimos, y en 2001 fuimos campeones…

El campeón de 2001, con Héctor Robles en la formación titular.
Santiago Wanderers. El campeón de 2001, con Héctor Robles en la formación titular.

Un título inolvidable con Santiago Wanderers

-¿Cómo se armó ese equipo de 2001? Porque demás está decir que sacar campeón de Primera a Wanderers no es algo habitual…

A través de los años se repiten ciertas cosas. Ese equipo no se gestó solo en 2001, ya desde 2000 veníamos con una buena campaña y el profe mantuvo a 11 o 12 jugadores que eran la base del equipo. Trajo piezas claves, como Jaime Riveros o Alonso Zúñiga, que vinieron a potenciar el plantel que ya teníamos.

-Tú hacías dupla de centrales con el colombiano Manuel Valencia…

Claro. Cuando jugábamos con línea de cuatro estaba con Valencia. Después, Garcés trajo a Rodrigo Barra, que venía de Puerto Montt, y ahí modificó la estructura a línea de tres, cinco volantes y dos delanteros. Los laterales andaban muy bien en el ida y vuelta, Moisés Villarroel y Zúñiga. Ahí se conformó un tremendo equipo y un sistema de juego que le cabía como anillo al dedo a todos los jugadores. Un cuadro aguerrido, con un muy buen “10” (Riveros), un centrodelantero que tenía la oportunidad y convertía, como Silvio Fernández. Lo comparo un poco con lo que pasó y lo que sigue viviendo Coquimbo Unido en este momento. El año pasado, Coquimbo hizo una tremenda campaña y siento que también tendrán cuatro o cinco años muy buenos. El entusiasmo, el vuelo, el aire que traen les va a ayudar mucho.

-¿Cómo sentían como plantel eso de ir llevando hacia un hecho histórico a una ciudad tan grande y futbolera como Valparaíso?

Entre los dirigentes, el cuerpo técnico y los jugadores se formó algo muy especial, en que todos estaban unidos para enfrentar el desafío y lograr un título que Wanderers no obtenía hacía más de 30 años. Todos los años, Colo Colo, Católica, la U y Cobreloa se llevaban el título. No salía de ahí, entonces era muy difícil poder conseguir algo, en un equipo algo más pequeño. No era fácil arrebatarles el campeonato a esas máquinas que eran Colo Colo, la U, la UC y a los que se había sumado Cobreloa. Nos unimos con la hinchada, con toda la ciudad detrás para conseguir el título, y así fue… Esa etapa como jugador en Santiago Wanderers me pone muy contento. Llegué en 1999 y me fui a Coquimbo en 2005, seis años de tremenda carrera en un club que me identificó totalmente. Hoy en día pareciera que estoy más identificado con Wanderers, pese a todos mis inicios en Palestino.

-Lindos torneos internacionales también hicieron. Una Libertadores en que le ganaron a Boca Juniors (Estadio Sausalito, 14 de marzo de 2002, 1-0)…

Mira, se jugó la primera versión de la Copa Sudamericana y fuimos uno de los equipos que estuvo ahí, en 2002. Manuel Pellegrini la ganó con San Lorenzo. Fue la primera versión y nosotros la jugamos. En esto de los torneos internacionales, imagínate cómo estuvo Wanderers: hicimos una tremenda Libertadores y no clasificamos. Pasó Boca, con 13 puntos y Montevideo Wanderers con 10. Fue un muy buen campeonato en la Libertadores y, luego, en septiembre o por ahí, la Sudamericana; antes era así. Lo que es la vida, porque fuimos a jugar con Boca a La Bombonera…

-Claro, empataron 0-0, otro buen resultado…

Sí, empatamos, en un partidazo... El día anterior, estábamos en un hotel en el centro. Yo estaba en el lobby y veo entrar a Manuel Pellegrini, que nos fue a saludar, a estar conmigo un rato. Imagínate la grandeza de don Manuel, de estar en San Lorenzo, que andaba muy bien, y se da el tiempo o la gentileza de poder ir a saludarnos a los que él conocía, al hotel. Personalmente, estuve harto rato conversando con él.

-Se le nota la gratitud con Manuel Pellegrini…

Totalmente. Una persona que influyó no solo en mí, sino que yo represento a muchos jugadores que después se dedicaron a ser entrenadores. Don Manuel es una persona que ha trascendido transversalmente en el fútbol chileno. Y no solo como entrenador, que todos reconocen la capacidad que tiene y lo que ha logrado, además de los niveles en que está hoy. Yo soy hincha, lo veo todos los partidos, cuando juega estoy alentando para que le vaya bien. Pero hablo más de la persona, el gran hombre y el gran mentor en muchas cosas. Uno se emociona cuando conversa sobre este tipo de personas, de su calidad…

-¿Era posible proyectar en ese entonces lo lejos que llegaría Pellegrini?

No sé si proyectarlo, pero lo que sí, para mí es el mejor entrenador de todos los tiempos que ha pasado por Chile. Cuando me hizo debutar, cuando me hizo crecer como persona. Me formó, en la última etapa, entre los 18 y 21 años, cuando el jugador recibe muchas cosas en todo sentido. Para mí, lejos el mejor que ha tenido nuestro país; después, claro, pueden venir otros…

El DT de Real Betis está siempre en el recuerdo de Héctor Robles. Foto: Agencia EFE.
Manuel Pellegrini. El DT de Real Betis está siempre en el recuerdo de Héctor Robles. Foto: Agencia EFE.

Paso breve pero digno: Héctor Robles y la Selección Chilena

-Debido a ese gran Wanderers, le tocó también jugar en las Selección Chilena. Eran tiempos muy duros y fíjese que con el tiempo se ha generado mucho respeto por los jugadores que salieron a dar la cara por Chile en ese momento tan complicado. ¿Lo siente así también?

Sí, claro. Con los años, uno entiende situaciones y no pone a nadie en tela de juicio. Uno tiene que entender que, en ese momento, para Corea-Japón, Chile ya estaba eliminado y muchos jugadores que estaban en distintos lugares, por diferentes circunstancias, tomaron otra opción y cada uno verá si estuvo bien o estuvo mal. Lo concreto es que había que jugar esos partidos, enfrentar a Brasil en Brasil, a Colombia en Colombia, y terminar con Ecuador en el Nacional. Eran los tres compromisos que faltaban. Fuimos a Brasil y ahí me saco el sombrero ante Marcelo Salas, porque siempre quiso estar, viajó con nosotros, jugó. Hicimos un buen partido, que al final perdimos 2-0 en los últimos 10 minutos, pero ante un tremendo Brasil.

-Después vino Colombia…

Fuimos a Colombia y nos expulsaron a tres jugadores. Estadio lleno y ellos tenían que ganar por muchos goles. Estaba Superman (Sergio) Vargas en el arco, conmigo atrás… Con tres menos y en los últimos 30 minutos no nos hicieron goles. Perdimos 3-1, con golazo del Liebre Riveros. Colombia, por un gol, no clasificó.

-En realidad, ¡expulsaron a cuatro! Moisés Villarroel, Marco Villaseca, Patricio Ormazábal y Víctor Cancino. Atrás estaban Raúl Muñoz, Jorge Vargas y usted…

¡Me quedé corto! Y mira que como en 30 minutos no nos hicieron un gol… Peleamos el partido como locos. El Superman nos decía “no nos pueden hacer un gol” y no nos entraban nomás… Íbamos 1-1 y ya después con tres jugadores menos fue imposible sostener. Luego de ese partido, terminamos con Ecuador en el Nacional, donde empatamos 0-0 y esa fue mi experiencia en la Selección. Bonita etapa, pero en una Selección complicada, difícil…

-Pero orgulloso siempre ¿no? Así, al menos, se reconoce a ese grupo de jugadores hoy en día…

Siempre pasa lo mismo. Con el tiempo se reconocen las cosas y no en el momento. Es algo de la vida, pero está bien, para toda la gente que estuvo ahí. Bueno, y Chile en estas Eliminatorias vivió algo muy parecido…

-¿Es comparable?

Sí, pero esta vez se tomó una mejor decisión, al hacer jugar a futbolistas más jóvenes. Que tengan la posibilidad de crecer en un proyecto de cara a las próximas clasificatorias. Tener una mirada a largo plazo, con jugadores que tengan chances de seguir creciendo. Eso estuvo bien; me gustó. Lo de nosotros fue distinto. Jorge (Garcés) llevó a los jugadores que estaban pasando por buenos momentos en el campeonato, lo que también es válido en todo caso…

-Wanderers, la Selección y luego viene Coquimbo Unido…

Fueron bonitas campañas, pero después Wanderers fue decayendo. En 2003, 2004, ya don Reinaldo no estaba en el club, por lo que empezaron a haber muchas complicaciones. Llego a Coquimbo y ahí, también, hice años espectaculares…

-Finalistas, de hecho…

Claro, contra Unión Española (2005). Algo muy parecido, porque en poco tiempo me gané a la gente y pude hacer campañas muy bonitas con Coquimbo como jugador. Tengo muchos sentimientos con la hinchada y la gente de Coquimbo. Estuvimos muy cerca del título, pero mira lo que son las vueltas de la vida, hoy Coquimbo logró su primera estrella en Primera División, pero porque vienen haciendo las cosas bien, en su estructura, la gente que está encargada del club, la gente que está ahí…

El equipo que sacó la cara por La Roja en tiempos difíciles. Robles titular.
Selección Chilena. El equipo que sacó la cara por La Roja en tiempos difíciles. Robles titular.

Comienza la carrera como entrenador

-Pasemos a su etapa como entrenador. ¿Cómo empezó todo?

Termino en Coquimbo y podría haber seguido jugando uno o dos años. Yuri Fernández me llama y me dice que cuelgue los botines y me vaya a Wanderers para ser su ayudante técnico.

-¿Cuántas veces le tocó el rol de salvador de Wanderers? Eso de que desde las divisiones inferiores tuvo que tomar al Primer Equipo…

Me tocó como seis o siete veces asumir en el Primer Equipo porque al entrenador principal no le fue bien. Pero es un costo muy difícil de sacarse de encima. Después, todos los entrenadores que llegaban a Wanderers me veían como un peligro.

-¿Cómo así?

La idea de uno es trabajar en equipo. Ojalá que al entrenador de turno, lo único que uno desea es que le vaya bien, que el equipo juegue, que los resultados acompañan. Cuando gana el Primer Equipo, todo funciona. En la Selección pasa lo mismo: cuando la Adulta gana, está metida para ir al Mundial, todo funciona. Entonces, lo más importante de una institución son las series menores, pero lo más visible, lo más inmediato es el Primer Equipo. Hoy, a mis 56 años y ahora, con ocho meses sin trabajo, me cuestiono algunas cosas…

-¿Cuáles?

Cuando me dicen: “Héctor, eres extraordinario en el fútbol joven”. Que es lo que más me gusta, lo que más me seduce… Formar jugadores, estar a cargo de procesos, porque lo sé hacer. Sé como formar un gran futbolista. Pero, la vida, el trabajo, el día a día, dicen: “Y éste, ¿qué está haciendo en el fútbol joven, por qué no lo subimos al Primer Equipo?”. Ahí es donde empiezas a deambular. Si estás a cargo del Primer Equipo, si estás a cargo del fútbol joven, ¿qué proceso haces? A mí me gustaría en un equipo poner en mi contrato que estoy a cargo del fútbol joven; ése es mi trabajo. Si no es así, no me lleven a mí, pues.

-¿Es lo que más le gusta?

Claro, trabajar con gente joven. Ahí viene otra cosa: hemos desperdiciado el torneo de la Segunda División en Chile; allí debería estar lleno de jugadores de 17 o 18 años jugando. Enfrentándose con adultos…

Su último equipo como DT fue SAntiago Wanderers.
Héctor Robles. Su último equipo como DT fue SAntiago Wanderers.

-¿Se fue bien o mal de Wanderers la última vez?

Más que bien o mal, me fui con sentimientos encontrados, duros, en muchos sentidos. Respeto mucho a la familia Sánchez, desde el más alto, don Reinaldo…

-Siempre se dijo que era bastante cercano con ellos…

Trabajé toda mi vida con los Sánchez, en todo sentido. Yo no les debo nada a ellos y ellos no me deben nada a mí, pero les tengo un cariño tremendo, sobre todo a don Reinaldo. Fue la persona que me llevó a jugar a su club, me entregó la oportunidad de haber conseguido cosas importantes en el fútbol y eso no se puede desmerecer. Después, la vida te lleva a distintos caminos. Yo estaría trabajando en Wanderers perfectamente…

-¿Y por qué no está trabajando?

Hubo una dificultad ahí, más del tipo familiar y uno pone a la familia por sobre cualquier recurso económico. Siempre tomaré esa decisión. Prefiero no tener nada, pero que mi familia esté bien. Les deseo todo el éxito del mundo, que a Andrés, a Luis y a don Reinaldo les pueda ir bien. Ellos son los encargados del club, junto a un señor que se llama Hernán Cortés, que es el alma del fútbol joven de Santiago Wanderers y hay que hacerle todos los honores. Wanderers tiene que agradecerle de por vida todo lo que ha hecho por el fútbol joven… Ese señor, a los 87 años, es el alma del club. La vida tarde o temprano nos va a volver a juntar.

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