Fue zaguero central y defendió las camisetas de siete equipos del fútbol chileno; entre ellos, Magallanes, el de sus amores. También se puso el buzo para ser uno de los entrenadores del primerísimo primer plano nacional en los ‘90 y 2000.

Dirigió, entre otros, a un gran Deportes La Serena, a un vistoso O´Higgins, a un Audax que llenaba el gusto, a la U, a Colo Colo. También participó de la Selección Chilena, integrando el staff técnico de Claudio Borghi.

Pero, casi de la noche a la mañana, Roberto Alfonso Hernández Notario (19 de octubre de 1951) desapareció del mapa futbolero. Hoy, prácticamente una década después, el Guagua, como era conocido por el medio, es el invitado estelar de Danilo Díaz en La Pizarra De..., el podcast de los futboleros.

El Guagua Hernández llega a los estudios de En Cancha y, entre otros temas, explica su alejamiento del fútbol chileno.

Adiós al fútbol...

-Usted comenzó como futbolista en Magallanes. ¿Qué significa ese club?

Tengo cariño por todas las instituciones que me dieron trabajo o donde estuve, pero mi club de afectos, no de hincha, porque no soy hincha de ningún club, es Magallanes. Tiene la misma evolución que los países y que la historia. Hoy es un club distinto al que yo conocí y han existido varios Magallanes. Y en esa evolución, nunca lo he dejado de querer y no he olvidado el trato que me dieron cuando llegué; fue de cariño, de afecto. Era un club bastante modesto, pobre. Llegué el ’65 a Magallanes, a las divisiones menores, y el afecto que me entregaron… Ir con esa gente que los seguía, La Bandita, que para todos esa una cosa algo jocosa de esos tiempos. ¡No! Era algo de mucho corazón.

-Y parte de nuestro fútbol…

Ver a esa gente que nos iba a consolar cuando perdíamos un partido. Habían viajado no sé cuántas horas, por carreteras que no son las de ahora. Jugábamos en Temuco, perdíamos, y a la salida del estadio nos estaban consolando ellos a nosotros y no nosotros dándoles explicaciones a ellos. Magallanes me llenó de afecto y lo sigo sintiendo. Siempre que lo veo me emociono, tuvo hace un tiempo unas buenas campañas que me emocionaron. Tengo consciencia, eso sí, que no es el mismo Magallanes que yo viví.

-¿Por qué dejó de trabajar en el fútbol?

Estaba en condiciones de seguir, pero noté que esto había cambiado mucho. El tiempo con las selecciones menores y en el trabajo junto a Claudio Borghi y su gente me hizo ver que esto tenía un cambio muy rotundo. Lo veía venir. Había estado antes, en 2010, que fue el primer club en que estuve con sociedad anónima, con los Abumohor. Ya eso me hizo ver que había diferencias con las que no sabía si iba a conectar. Cuando salí de la Selección, veía que había cosas que no iba a aceptar. Veía que todo funcionaba con representantes, cosa que no discuto, cada uno tiene que trabajar, hacer sus cosas y puede estar con quien quiera, pero en 45 o 50 años nunca había tenido a un representante, así que no lo iba a tener. Después pensé en otras formas de trabajar…

-¿En el fútbol?

Claro, porque el fútbol no es solo el profesional. Pensé en mi primer trabajo, en Municipal Las Condes, en las escuelas de fútbol. Es un trabajo muy amplio y el que más me satisface. Me di cuenta de que la gente no me quería ni me daba mucha bola para eso. Pensaban que era muy raro o quizás que yo cobraría caro, porque a todo le ponían precio.

-¿Sin preguntarle?

Nada, sin siquiera preguntarme y casi con una reprobación de que saliera de donde estaba para ir allá. Lo otro es que hoy en día la gente, por asuntos que los encuentro muy razonables, cuida mucho su trabajo y piensa “Qué va a ir a trabajar con niños. Este lo que quiere es un cargo en la Municipalidad o en el organismo que sea”. Entonces, todos se cubren mucho y yo, ante esa situación, y además estaba mayor, me di cuenta de que no me gustó. Llegué a la conclusión que había que pensar en irse quedando fuera. Voluntariamente, tratar de armarse porque no iba a haber trabajo, porque ibas a añorar la cancha y el camarín. Me fui armando para poderlo hacer. He funcionado, no totalmente alegre o conforme, pero lo ha aceptado.

El Guagua, en su época de jugador.
Roberto Hernández. El Guagua, en su época de jugador.

Predilecciones futbolísticas...

-Entremos a la cancha. Sus equipos se caracterizaron por jugar con tres defensores. ¿Por qué eligió ese dibujo?

Considero que se acomodaba bien al fútbol chileno. Lo puse en práctica con Municipal Las Condes en Tercera División. Empecé a ver cómo hacíamos para jugar con tres defensores centrales en zona, sin líbero y stoppers. Los tres centrales es algo muy antiguo. La Selección de Suiza jugaba así, con el famoso “cerrojo”. ¿Cómo juegan los tres centrales sin hacer líbero y stoppers, sino que jugar cada uno en su posición? Vi a Brasil, creo que en la Copa América del ’87, con (Sebastiao) Lazaroni, y pusieron a tres. Lo hicieron tan bien, pero me explicaron cómo lo hacían en zona. Vi cómo funcionaban y lo encontré práctico…

-¿En qué sentido?

Les daba salidas libres a los laterales. Nosotros ya teníamos laterales que salían mucho. Habían aparecido (Mario) Galindo, (Juan) Machuca, (Antonio) Arias, que iban, pero de repente no resolvíamos bien la forma de destaparnos. Hoy, no hay ningún técnico y ningún equipo que puedan descartar jugar con los dos sistemas. Con línea de cuatro o línea de tres. Hoy es una variante dentro de un partido o de un partido a otro, según el rival. Las ocupan todos los equipos. Tampoco fui un absoluto, porque hubo equipos en los que eso lo cambié. Hubo también partidos en que variamos y tuvimos el conocimiento para estar preparados para jugar con cuatro o con tres. Tengo consciencia de haber visto jugadores también. Jugué con línea de tres en el Magallanes del ’71 y ’72, con Miguel Mocciola (DT), que tomó al equipo y dijo “vamos a jugar con tres centrales”.

-Luis Santibáñez también lo utilizaba mucho…

Por supuesto. No es que yo lo haya inventado, sino que recogí la idea como una posibilidad de jugar en determinados momentos.

-La gran diferencia entre sus tres centrales, es que eran en zona, porque los tres de (Mirko) Jozic eran un líbero y otros dos al hombre…

Persiguiendo. Todo eso lo vi y repito: me preocupé antes de mirar. No es que haya hecho grandes estudios, porque uno ya viendo el fútbol se da cuenta. Ya había jugado con línea de tres, pero muchos años atrás, con otro pensamiento del fútbol. Cuando entró con tanta fuerza lo del líbero y los stoppers, a mí, que jugué tanto tiempo de central, no me gustó. Habitualmente, cuando hacías tres atrás eran perseguidores; un líbero y estos como guardaespaldas. Había muchos especializados en perseguir y en ser cazadores, pero cuando el fútbol te obligaba a esperar se veían un poquito perdidos.

-Estuvo cinco años en Municipal Las Condes. Cuesta que un entrenador esté tanto tiempo en un mismo club, ¿no?

Me sentía muy cómodo, muy bien trabajando en Municipal Las Condes, porque me dio dos cosas: el equipo, que fuimos campeones en Cuarta División y subimos a Tercera, y la gente de ahí. La gente de la Municipalidad se fue integrando mucho. Les planteé la idea de hacer una escuela de fútbol y, para ello, solicité solo algo específico, que fuera con los medios de la Municipalidad, es decir gratuita. No cobrar, que los aportes vinieran de la Muncipalidad. Hicimos algunos estudios y llegamos a tener 600 inscritos permanentes, entrenando.

-Una buena iniciativa que se materializó…

Contábamos con tres zonas, porque a la comuna de Las Condes se agregaban Lo Barnechea y Vitacura. Teníamos una en el Estadio Paul Harris, otra en el Parque Araucano que estaba recién hecho en la explanada de pasto. Me di cuenta de que todo lo que pedía, había gente que lo concebía como lógico y lo entregaban. Usamos esa explanada como escuela de fútbol para la población que había ahí, que hoy son grandes edificios. Finalmente, estaba Barnechea, en toda la orilla del Río (Mapocho). A los mismos jugadores de Municipal Las Condes los fuimos preparando para que fueran monitores de los chicos. Un grupo de 20 personas trabajando en las escuelas de fútbol. Fue creciendo el interés, trabajábamos de enero a diciembre, todo el año, en esto. Ese trabajo hoy es el que más emociona de todo lo que hice en fútbol.

-¿Y qué pasó con el proyecto?

Llegó 1993 y mis hijos habían crecido. Llegué a la conclusión clara de que, si bien acá no me pagaban mal, no me alcanzaba para costear los estudios de mis hijos. Me habían ofrecido antes ir al fútbol profesional y no lo acepté, pero pensé que si volvía a haber un ofrecimiento, lo tomaría.

Roberto Hernández, al fútbol profesional

-Y ahí apareció Deportes La Serena…

Esa fue la razón. Fui y salió todo bien, funcionó todo, pero yo estaba muy contento haciendo lo otro…

-Que buen equipo era Deportes La Serena. Usted rescató al Mocho (Eduardo) Gómez, que las nuevas generaciones no saben lo gran jugador que era…

Esa fue un poco culpa mía que haya vuelto y de su hermano, el Nene (Rubén) Gómez, un jugadorazo. Yo tenía en la cabeza por qué el Mocho se había ido del fútbol, si una lesión se sanaba. Entrando a un café en La Serena, cuando estaba recién llegado, me encuentro con el Nene. Le pregunto “¿Cómo está el Mocho?” Impecable, me dice, está para jugar. Le dije: “¿Qué piensas que lo invite para que se integre a Deportes La Serena?”. “Fenomenal, para usted y para él. Solo le pido una cosa: que lo trate bien, porque fue muy maltratado de la parte emocional”, me dijo. Así que entre los dos hicimos que pasara. Al otro día conversamos, luego ya estaba integrado y se puso a preparar. Fue una maravilla de jugador y de persona…

-Aparecieron jugadores jóvenes en ese entonces. Murci (Francisco) Rojas, Ricardo Rojas, la Vieja Quiroga, Gastón Cid…

Había un encargado que era el que hacía la magia. Él era el que elegía a los 8, 10, 12 años. Seleccionaba a esos jugadores y los preparaba. Hacían viajes, jugaban 20 partidos, 25 partidos, por Europa. Entonces, a mi me tocaba dirigir al Murci Rojas y, pese a que era joven, tenía 65 partidos internacionales. Es con los chicos con quienes hay que empezar a salir, pero en fin. Llegué a la conclusión que el jugador más sorprendente que dirigí, porque era una cosa cercana a la perfección, era Pancho Rojas. Ricardo era un ejemplo de seriedad, un fenómeno, pero Pancho físicamente era un “marciano”. Técnicamente, ¡guau! Un tipo que no tenía gran colegio, gran educación, formado a pulso, tenía una inteligencia de juego como nadie. Entendía el juego mejor que uno. Si te mostraba cosas que había que hacer, te tenías que dar cuenta…

-Con Gustavo Benítez, en Colo Colo termina jugando de puntero…

En cualquier lado. En la Sub 19, el “10” era Quiroga y él era el “8”, como volante por la derecha. Cuando lo tengo ahí me sorprende y le dije que quería que jugara, pero que la posición que tenía disponible era de lateral izquierdo. “Donde me ponga; si quiere juego al arco”, me respondió…

-Terminó jugando un Mundial de lateral izquierdo…

Y acuérdate, de lateral derecho, contra Brasil, el 3-0 en el Estadio Nacional. Que no pudo jugar Roberto Carlos. Todos preguntaban “¿por qué jugó mal Roberto Carlos?” Y no se dieron cuenta que Nelson (Acosta) sacó al Pancho de la izquierda para traerlo a la derecha y frenar a ese monstruo, que no había cómo. Instrucciones tácticas, ¿tú crees que había alguna instrucción para frenar a Roberto Carlos? Bueno, él sabía.

Foto: Agencia Aton.
Roberto Hernández. Foto: Agencia Aton.

Un O’Higgins brillante y un Audax que llenaba el gusto

-Después, pasa a O’Higgins, en 1994, donde entre otras cosas, convence para su regreso a Claudio Borghi…

Eso fue al año siguiente, historias diferentes…

-Sí. Con ese equipo del ’94 llegaron a la final de Copa Chile, con Colo Colo…

Perdimos en penales…

-Se empieza a consagrar Clarence Acuña. Aparece el Liebre (Jaime) Riveros…

Un jugador extraordinario. Moisés Ávila también, Malcom Moyano. Teníamos a Joel Molina de lateral izquierdo, pero también estaba apareciendo Rodrigo Pérez, que también era de ese grupo de jugadores jóvenes. Nos encontramos con eso y con jugadores mayores excepcionales. Trajimos al “Pestaña” (Jorge) Diaz. A mí me ofrecieron irme a O’Higgins y yo les pedía un jugador que nos juntara. ¿Cómo así? Me preguntaban… Claro, que nos junte, nosotros jugamos bien, tenemos buenos jugadores, pero no nos asociamos bien. Andaba con esa idea y los representantes me ofrecían jugadores, pero yo creí que debía preguntarle a uno que conociera. Así que le dije a la Tía Mónica, la secretaria por años de O´Higgins, que me contactara con el Oso (Ernesto) Díaz, que había sido el arquero cuando yo jugaba por el club. Con él fue que aprendí más sobre la defensa.

-¿Cómo le fue?

Lo llamé y le dije “necesito un 10 que nos junte”. Me dice que justo estaba en la sede mirando a uno con esas características. “¿Te lo mando?”. Le dije que claro, que a él le creía. A los días aparece el “Pestaña” y me pregunta por cuántos días lo iba a probar. Le dije que ninguno, que ya estaba, que firmara. Si venía recomendado de mi amigo, no podía fallar.

-Y la rompió ese año…

Los dos años en que estuvo. Era un equipo que funcionaba bien. Estaban Jaime (Riveros), Jorge (Díaz), los dos hacían cosas muy buenas. Molina por la izquierda era muy importante. Un equipo que nos dio mucha satisfacción. Ese equipo jugaba con los tres o con línea de cuatro y lo hacía bien, le daba exactamente lo mismo…

-Después, el de 1995…

Lo que pasa en los equipos. Se va Riveros, también Moyano. Salen algunos jugadores y teníamos que reforzar. Me hablan por ahí y me dicen “¿Te gustaría tener a Borghi?” Y yo “¿Borghi, a O’Higgins?” Para mí Borghi era otra cosa. Lo vi jugar en sus primeros partidos, cuando joven y ¡uf! ¿Pero cómo? Y me explicaron que podía ser que se entusiasmara. Tuvimos una conversación muy grata, arregló su contrato y se quedó. Vino también el Choche (Jorge) Gómez, el Negro (José) Ortega, Rodrigo Pérez.. Un equipo mejor que el anterior.

-¿Cómo lo hacía para manejar a alguien tan difícil como el paraguayo Hugo Brizuela?

Aprendió a jugar acá, a ser jugador de equipo. Él quería jugar solo y se daba instrucciones solo. Fue su pasada por Unión con Nelson Acosta (1994) y luego conmigo en que pudimos conversar muchas cosas para convertir esas virtudes que tenía en ayuda al club. Se logró convertir en jugador de fútbol profesional, como para llegar a jugar un Mundial con Paraguay. Lo ayudaron mucho, también, otras cosas, como que se casó, que los padres fueran profesores y no solo temáticas de si le pegaba con la derecha o con la izquierda. Hay que formar al hombre, la necesita. Él la tuvo a una edad en que ya no vas al colegio. Ese O’Higgins no anduvo también como yo creía. Pensé que podíamos lograr más, nos faltó…

-¿Un pepero?

Son tantas las variantes. Teníamos a Moisés Ávila, a Hugo Brizuela y a Cristián Torres, que jugó en México mucho tiempo. Teníamos delanteros, pero nos faltó un poco la conexión. Como cuando tienes muchas cosas, pero no sabes cómo usarlas, cómo comértelas. No tienes cómo. Tener a Ortega, Borghi y Jorge Díaz; a veces la abundancia hace mal. Moisés Ávila y Brizuela, imagínate la parejita…

-Posteriormente, vino Audax Italiano, un equipo que a los grandes siempre les hacía buenos partidos…

Hablo con el señor (Valentín) Cantergiani (presidente del club) para ir y le expreso que necesitan 10 u 11 jugadores para mantener la calidad de Primera División, porque la subida de Segunda a Primera es un golpe muy duro, que los equipos a veces no saben asumir. Se había terminado el año y le digo que tenía a varios jugadores de O’Higgins que todavía no eran contactados para continuar. Les di los teléfonos, para que él tuviera la relación directa. Vinieron (Danilo) Chacón, (Eduardo) Soto, (José) Ortega, (Hugo) Brizuela… Al otro día, a las 12, estaban todos esos jugadores con contrato en Audax. Entonces, cuando digo que lo técnico y la administración tienen que creerse; ahí está la prueba. Si no trabajan juntos, no funciona… A eso es lo que me refería la otra vez con lo de Gustavo Álvarez.

-A eso lo quería llevar. Cuando hablamos fuera de micrófono, usted me dijo que el medio no había entendido la conferencia de prensa que Gustavo Álvarez dio el año pasado, como entrenador de Universidad de Chile, previo al partido con Coquimbo, en que decía que él no podía seguir siendo el entrenador… ¿Puede desarrollar más la idea?

Me acuerdo que gesticuló con las manos, explicando que lo administrativo, el negocio, tenía que ir a la par con lo técnico. Tienen que juntarse. Si se dispersan, si va uno por un lado y el otro por otro, no camina. Eso lo trató de explicar y la gente “Este tipo se quiere ir”. Tengo un gran respeto por Álvarez, me gustó mucho lo que hizo en Chile y siento mucho que se haya ido. Si el dirigente quiere meterse a hablar de características de los jugadores o no te hace caso cuando le doy un nombre de un jugador… Si lo pesca y lo contrata y ya, es tu responsabilidad, pero cada uno en su pega. En Audax, dimos los nombres y al otro día estaban todos los jugadores contratados y eso funcionó en el club para adelante, porque seguimos en eso.

-¿Se repitió eso?

Claro, después le mencioné a Borghi. “Quiero que venga Borghi. Inténtelo, converse, ahí está el teléfono y vea si puede”. Y lo hizo, muy contento, al otro día estaba con Borghi en Santiago. En fin, en ese Audax, la otra persona que intervino fue Mario Moreno, el amigo de mi vida, mi mentor, que él se enojaba mucho cuando decía eso. Es quien más admiré. Él era el entrenador de las divisiones inferiores. Entonces, estaba este grupo de jugadores hechos y yo le pedía a él que me dijera qué había abajo. “Quiénes están para”… Y me da una lista de 8 jugadores. Yo le dije que qué estaba haciendo en Audax, que tendría que estar en la Juventus si tenía a ocho jugadores listos para el primer equipo. “Agrega en esa lista, porque lo quieren sacar del club no sé por qué, a Marco Villaseca”. Todo esto en el Café Haití, con un papelito haciendo la lista. Entonces, las decisiones técnicas son de los técnicos.

-No hay un reconocimiento para Mario Moreno. Mundialista del ’62, presidente del Sindicato de Futbolistas. Para todo lo que él significó, el medio no lo tiene muy reconocido…

No existe el reconocimiento, pero él tampoco lo quería. Él era muy particular. Mira, yo conocí a dos personas muy especiales: me hice muy amigo, y nadie lo sabe, con Fernando Riera. Y fuimos amigos en la privacidad, él nunca fue mi entrenador, lo conocí en el Colegio de Entrenadores. Conversamos un par de veces y luego me invitó a su casa. Tomábamos el té.

-¡Con marraquetas!

No, ¡ja! Me hacía comprarle ensaimada, que es un pan dulce que vendía La Selecta cuando estaba en Mapocho. Y conversábamos de fútbol. Quería contar esto por lo siguiente: Fernando Riera con Mario Moreno no terminaron bien después del Mundial del ’62. Y yo me preguntaba por qué, si Fernando era un tipo excepcional y escucharlo daba un gusto; inteligente. Luego, escuchaba a Mario Moreno y era la misma cosa. ¿Por qué tan duros? De repente conversé con uno y con otro. Le pregunto a Mario qué opinión tiene de Fernando Riera y me dice que la mejor, un gran entrenador y que le tenía mucho aprecio. Le pregunto a Fernando y me responde lo mismo. Entonces, empecé a tratar de juntarlos… Nunca los junté, cabezas dura los dos. Mostraban los dos mucho aprecio por el otro, pero nunca más se volvieron a ver. Así de extraños eran.

-Gran confidencia…

A mí siempre me llamó mucho la atención, pero tuve la fortuna de convivir en el fútbol con el pensamiento de ambos. Me siento tremendamente afortunado de esa oportunidad, porque no vi gente que fuera tan simple y tan clara para hablar algo del juego.

Foto: Photosport.
Roberto Hernández. Foto: Photosport.

La U y el equipo que ayudó a edificar

-Lo quiero llevar a la U. Una Universidad de Chile que venía de un mal segundo semestre en 1996… Se había ido Marcelo Salas y con la base del plantel jugando la Eliminatoria para el Mundial. ¿Cómo fue ese ciclo?

Había ideas que se dispersaban cuando hablaba con partes del directorio, pero había algo que nunca se dispersaba, que era la conversación con René Orozco. Era una persona de una gran rectitud, una claridad perfecta para idear cosas. Era un personaje en el ámbito público muy particular, pero en la conversación del club, del plantel, era muy diferente. Hubo planteamientos, algunos resultaban, otros no tanto, pero una cosa era clara: el equipo necesitaba hacer un vuelco. Y no en mi llegada, porque no se podían sacar ocho jugadores y traer a otros ocho, menos con las campañas de la U. Eso tenía que ser con calma, con tiempo, en dos años, para renovar un plantel que disputara fuerte. Pero dije que tampoco servía para llegar con una escoba a barrer lo que ellos no querían. Yo no servía para eso. En el primer año recomendamos a Clarence Acuña, Roberto Rojas, Ricardo Rojas y a Rodrigo Barrera.

-Usted llevó a Chamuca a la U entonces…

No, yo lo pedí, pero los dirigentes lo llevaron. Ellos conversaron y lo llevaron al club. Siento mucho por lo que ha pasado Rodrigo Barrera, porque yo lo solicité… Cualquiera lo quería, pero yo sabía la dificultad que había en traerlo de Católica a la U. Lo intentamos y se logró. No puede haber pagado un costo tan alto, con críticas y esas cosas desde el club que lo formó y al que le entregó mucho. Si no lo retuvieron, en el momento, era sin quejarse después. Lo que siguió haciendo Rodrigo para la U y para la Selección, es un jugador para aplaudir. No creo que los jugadores sean para criticar, a no ser que hayan hecho una barbaridad tremenda, otro tipo de cosa. Hizo un cambio de club nada más…

-Es fútbol…

Claro y no fue más historia que esa. Entonces, en el siguiente año hicimos el otro cambio de jugadores. Tuvieron que salir algunos y entró Flavio Maestri, ya había llegado a mitad del año anterior Pedro González…

-El Heidi, que le costó al principio…

Al principio, en los primeros partidos. Él estaba muy sentido y se expresó en un momento, en un partido difícil. Él había perdido un par de goles. Yo le dije que estuviera tranquilo, que ya le iba a salir, que siguiera en la suya nomás.

El Heidi en la U.
Pedro Gonzalez El Heidi en la U.

-En el fútbol se decía que en Santiago el Heidi no funcionaba. Porque la rompió en Valdivia, Coquimbo y Cobreloa, pero en Unión había andado mal. Pero después…

Un jugador admirable. Cuando hablo de la admiración por algunos jugadores, siempre lo junto con la persona. Pedro González era un tipo lleno de virtudes, pero como persona era muy grato. Bueno con sus compañeros, lo admiraban, lo querían en el equipo… También a esa U trajimos a un 10 colombiano.

-Edison Mafla…

Estábamos en la búsqueda de un “10”, porque trajimos a José Ortega a la U, que jugaba muy bien, pero lo fracturan en los primeros partidos. Había que buscar. El Leo Rodríguez estaba en México. Y aparece Mafla y alguien me dice “ese es”. Y lo trajimos. Tenía una forma de correr un poquito rara, le pegaba a la pelota admirablemente y aquí se la agarraron fuerte contra él. Después empezó todo el tema de la denigración por el color de su piel y empezó a vivir un momento malo. Yo tenía claro de verlo entrenar que era un buen hombre y muy buen jugador. Después fue el mejor 10 de América. Acá no lo supieron entender. Y después sí pudimos traer al Leo Rodríguez. Ahí se completó un plantel, cumpliendo los dos años, para ir por el torneo…

-¿Y por qué se fue de la U si ese equipo ya estaba armado?

Cuando formamos todo esto hubo momentos gratos y otros muy ingratos. No todo lo entendía la gente. Cuando entramos al tercer año, dijimos que nos hacían falta contrataciones. Estaba lo que se había hecho en dos años con el plantel. Yo estaba convencido de eso. Pero había un ruido fuerte, que parece que uno no lo entiende, de gente que no congeniaba conmigo como entrenador. Eso estaba. Hubo momentos en que estuve a punto de irme a las manos con tipos de la U muy importantes. Me contuvieron gente como Juanito Fuentes, Jorge Larenas. Estábamos entrando en un terreno difícil y estaba viendo que el equipo, que yo sabía lo que era, no lograba jugar bien. Y esto era en los amistosos. Llegué a la conclusión solo de que si no me iba de la U no iban a dejar jugar a ese equipo.

-Voló ese equipo después…

Ganó el campeonato por lejos. Yo tuve una reacción medio ofensiva con los jugadores cuando me despedí en el camarín del Estadio Nacional, porque les dije que me iba y que los iba a dejar tranquilos para que pudieran desarrollar lo que eran. Que los dirigiera quien los dirigiera, y les mencioné a Don Fermín, el “entrenaol” de Ronco Retes, salían campeones igual. “Adiós muchachos y que les vaya bien”. Me fui convencido. La U funciona a través de muchas cosas, mucha gente, de grupos particulares. Es muy amplia. Los oficios, las profesiones, los políticos, todos convergen en el club. Hay que tomarse un tiempo para ver eso. Todos tiran para su lado, a su conveniencia personal, y empiezan a dañar, no dándose cuenta de ello, creo yo. Tomé la decisión de irme de la U para no dañar a ese equipo que había ayudado a formar, que había dado ideas, principalmente con René Orzco. La idea no vino de un gran enojo, de una rencilla con nadie, sino de darse cuenta de que habíamos formado un equipo importante en los últimos dos años y que ahora teníamos que entrar a funcionar y el equipo se frenaba en este griterío… Que, ojo, no tenía nada que ver con la barra de la U. La barra estuvo antes, durante y después de mi estada fenomenal. Cariñosa, afectuosa y haciendo lo que siempre hizo: apoyar al equipo.

Cuando estaba en la Selección. Uno de los últimos trabajos como entrenador del DT en Chile.
Roberto Hernández. Cuando estaba en la Selección. Uno de los últimos trabajos como entrenador del DT en Chile.

Una mirada crítica al fútbol chileno de hoy

-Con tantos años en el fútbol, ¿cómo se sale de un momento tan complicado como el actual?

No quiero ser absoluto. Lo he dicho: veo una sola posibilidad y eso es ponerse serio de una buena vez. Llevamos mucho tiempo en este desastre, hasta en la época de la generación dorada se cometían barbaridades dentro. Después siguieron. Debe haber un cambio de estructura general, total, con una reglamentación para todos los estamentos del fútbol, jugadores, entrenadores, dirigentes, administradores, representantes, hinchas, creada por un grupo de gente con capacidades. Con una Federación instalada, porque la Federación no es una solución por sí sola, sino que tiene que generar toda una reglamentación para todos los estamentos, la liga, el fútbol amateur, la formación de entrenadores, todo lo que tiene que ver con el fútbol y con participación del estado.

-Así de categórico…

En todos los países donde se hizo esto hubo participación del Estado. No es que esté todo el día encima, sino que cuando se presenten problemas que no los puedan corregir las diferentes partes del fútbol ni la Federación, debe discernir el Estado, con la legislación creada. El ser humano no puede funcionar sin reglamentos, sin leyes, no puede, no está preparado y menos en una actividad tan competitiva como el fútbol. Además, con todo el movimiento de dinero que se produce cada vez más en el fútbol. Sin reglamentación, no tenemos de qué hablar. Otro problema: formación, que lo tenemos hace 20 años y no lo hemos corregido, pese a que muchos lo hemos planteado.

-¿En qué sentido?

La formación es masiva y no selectiva. No puede haber siete mil jugadores inscritos, porque en Chile no existen siete mil jugadores que jueguen bien al fútbol. Entonces, ¿qué es lo que hacen? Enmarañan, tapan todo. No hay ni las canchas, ni los técnicos ni el dinero para mantenerlo. El dinero tiene que ser para esa selectividad para todo, para los clubes. Menos divisiones y el fútbol masivo. Sí, tiene que existir. Competencias escolares, municipales para menores, regionales. Hagan todo el fútbol que quieran, pero el fútbol profesional tiene que ser selectivo.

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