
Guio a la Selección Chilena Sub 17 a dos Mundiales de la categoría, con extraordinarios rendimientos en los respectivos torneos sudamericanos. Es la carta de presentación por excelencia con que cuenta Héctor Hernán Caputto Gómez (6 de octubre de 1974).
Llegó a Chile en 1997 para defender los colores de Provincial Osorno y se quedó definitivamente. Hoy, es prácticamente un chileno más y en 2026 asume uno de los desafíos más importantes de su carrera: la banca del campeón del fútbol chileno, Coquimbo Unido.
El entrenador, a quien se le referencia como un experto en fútbol joven, es el invitado de la semana del periodista Danilo Díaz en La Pizarra De..., el podcast de los futboleros de En Cancha.
La Roja mundialista, el paso por la U, un gran consejo de Pep Guardiola y mucho más, en esta charla íntima con Hernán Caputto
Los mentores de Hernán Caputto
-¿Cuándo te pica el bichito por ser entrenador?
Principalmente, cuando me cruzo en el camino con Arturo Salah, en la U. Había estudiado para ser entrenador de arqueros, hice todos los cursos mientras estaba en actividad. Cuando conocí a don Arturo, había muchas cosas que compartía. Además, él es un gran formador y siempre ve capacidades en los jugadores que dirige. Me dijo “¿por qué no te pones a estudiar como entrenador?”. Lo hice, estoy muy contento y, por supuesto, él es un gran mentor.
-Y, aparte de Arturo Salah. ¿Quiénes más fueron influencias?
Las dos únicas que tengo son Arturo y Hugo Tocalli. Dos maestros, dos personas que quiero como a mi padre, que hoy no está. Tengo mucha comunicación con ellos y en momentos grandes y no tan buenos tengo diálogos con ellos para tomar decisiones. Tienen mucha experticia y los veo más allá de lo futbolístico, sino también en el tema humano. Me apoyo muchísimo en ellos.
-En el caso de Tocalli, ¿fue fundamental su experiencia en el fútbol joven?
La línea de tiempo es así: cuando tuve la posibilidad de entrar al fútbol joven, que fue en mi último año del curso de entrenador y, a su vez, ya hacia el final de mi carrera, en estas consultas, le pregunto a don Arturo sobre dejar el fútbol y él me responde “no lo vas a dejar. Vas a dejar de ser futbolista, no el fútbol”. Al revés de otros casos, yo empecé en la Selección, no en clubes…
-¿Una Sub 15?
Claro, se formó una Sub 15 ahí. Llegué como entrenador de arqueros a la Selección y al entrar era Claudio Borghi el que comandaba el proyecto de Selecciones y encargados de las juveniles estaban Roberto Hernández y Fernando Carvallo, quienes fueron mis entrenadores y contaban con buenas referencias sobre mí. Carlos San Martín estaba como jefe de la parte de arqueros e influyó para que llegara. Esa fue mi entrada. Luego, a los dos años, conocí a Hugo, que llegó a trabajar en selecciones juveniles.

-Entrando a la cancha, Hernán. ¿Cuál es el sistema de juego que más te identifica?
Con el tiempo, con los diferentes matices, con lo que ha evolucionado el fútbol también, he ido cambiando. El fútbol moderno, lo que hay hoy, es algo que siempre me gustó. Lo que tiene que ver con la presión, la recuperación y qué hacer después de esa recuperación, según el lugar en el campo. Me gusta que sea un ataque directo, que se llegue rápidamente al arco. Hoy, cuesta mucho encontrar espacios en el fútbol y un equipo organizado, que presiona bien y que luego tiene claro cómo atacar, cuenta con ventajas.
-No te gusta mucho la posesión, entonces…
No tengo inconvenientes en la posesión. De hecho, las dos selecciones que dirigí que clasificaron al Mundial eran muy diferentes. Una que lo logramos acá en Chile y otra en Perú. Esos jugadores, en general, son los que están hoy en Selección adulta y esa, la de Perú, tenía mucha más posesión que la anterior. Entonces, creo que siempre como entrenador hay que ser flexible, cuando hay buenos futbolistas. Uno tiene que saber adaptarse a ellos y sacarles el mejor rendimiento.
-¿Da lo mismo el formato? ¿Con tres o cuatro en el fondo?
No tanto. Sí considero que la parte numeral en cuanto al sistema es relevante, pero se desarma automáticamente cuando comienza el partido; siempre. Muy pocas veces en mis años como entrenador he jugado con línea de tres o con cinco. Lo hago, si es que hay que hacerlo dentro de una modificación. Lo hago muy poco al comienzo de un partido.

La Sub 17: dos éxitos sudamericanos consecutivos
-De la Selección de 2017 había muchos jugadores que no llegaron arriba. ¿Cómo pudiste armar ese equipo, con la materia prima con que contabas?
Ser entrenador es una labor extraordinaria y la agradezco, porque pude ser técnico de selecciones juveniles por casi 10 años. Pero es complicada a la vez, porque oscilan mucho los rendimientos en temas futbolísticos, pero emocionales también, por estos cambios que hay entre los 14 y los 17/18 años. También, es difícil seleccionar futbolistas. Siempre se nombra a las “generaciones doradas” en Chile y es verdad, esporádicamente salen cuatro, cinco o 10 jugadores en una misma serie para competir. Entonces, si bien había jugadores muy buenos en el orden de la tarea en esa categoría, es decir, “vamos a jugar así” y lo hacían muy bien, tenían poca espontaneidad en temas futbolísticos. Les decíamos cómo íbamos a jugar el partido y cómo lo íbamos a ganar y así llegamos a la final contra el Brasil de Vinícius. Clasificamos al Mundial después de 20 años y lamento que muchos de esos futbolistas no hayan trascendido, pero varios sí lo hicieron y llegaron a primeros equipos. Diego (Valencia) fue vendido a Italia y otros jugadores que hoy tienen 24 años están recién explotando.
-Maxi Guerrero es el que tiene la posibilidad de dar el salto más alto ¿no?
Siempre lo dije: Maxi es un jugador moderno. Siempre fue de esos volantes que son capaces de generar el uno contra uno, romper y entrar en diferencia numérica como delantero. Por eso él fue mutando su juego y es tan importante.
-El entrenador debe estar al tanto de las capacidades de su equipo. Por ejemplo, esa Selección siempre debía partir del 0-0, porque si le hacían un gol le costaba mucho remontar…
Sí, es una buena reflexión. Lo que veía y analizábamos era que los torneos sudamericanos eran extremadamente cortos y tenías que tener muy clara la tarea. Saber qué es lo que pretendes y ellos tienen que tenerlo claro también. Los primeros partidos, cuando juegas Sub 17, son extremadamente relevantes en el tema emocional, porque te pueden dejar muy dañado y después no te recuperas más. Juegas cada dos días. La virtud de los entrenadores, te lo digo también como formador de técnicos, tiene que ser sacarles rendimiento a los futbolistas, más allá del colectivo. En cuanto al futbolista individual, si le sacas el mayor rendimiento, es lógico que el colectivo mejorará. Se logró competir en un Mundial.
-Después, en 2019, clasificas con una Selección muy diferente, un equipo con más juego… Vicente Pizarro, Alexander Aravena, Gonzalo Tapia. Cristián Leiva, que fue quien dirigió en el Mundial, llevó a Lucas Assadi…
Vale consignar que Cristian (Leiva) fue el entrenador de esa categoría en Sub 15, en un sudamericano que se realizó en San Juan, Argentina, y que yo fui a ver. Cambian los jugadores entre una 15 y una 17, porque dos años es bastante en esas categorías. Cronológicamente, sí, pero sobre todo por todo lo que tiene que ver con el desarrollo físico. Si bien fue un 60 por ciento de esos futbolistas, hubo otros que cambiamos, como por ejemplo un jugador que ahora destacó en el Ascenso y ahora jugará en Primera, como Luis Rojas, que no había estado en la 15 y fue uno de los más relevantes en la Sub 17. Había algunos futbolistas que hoy lo están haciendo bien, en Primera, incluso afuera, en Selección Adulta, de muy buen corte técnico y eso a nosotros nos lleva a buscarles la forma para que se desarrollen mejor. Eso me daba dos variantes: jugar colectivamente, más construido, y jugar de manera directa. Fue un plus haberlos podido guiar para que supieran atacar de manera directa, porque sus respectivos potenciales los tenían, y seguir evolucionando en sus partes colectivas. En nueve partidos jugados en ese Sudamericano, fuimos muy competitivos. Hicimos 19 goles y tuvimos siete en contra. Salimos primeros en el torneo y Argentina salió campeón por tener un gol más de diferencia. Esos jugadores ya tenían una virtud y la fueron explotando.
-¿Por qué no fuiste al Mundial? Es raro que un entrenador renuncie justo antes de tan importante evento…
Sin duda que, después, con el tiempo uno lo vea de esa manera. Estamos hablando de hace seis años, que tampoco es una locura, pero en seis años pasa un montón de cosas. La salida de Arturo Salah de la presidencia de la ANFP fue algo muy importante que marcó mucho. Tenerlo a él, para cualquier entrenador, era un respaldo gigantesco, sobre todo por sus valores futbolísticos.
-¿Por qué?
Él cree en los procesos, en todo lo que tiene que ver con trabajar con jóvenes y en el saber que los resultados no son inmediatos. Ni bien logramos el objetivo, yo quería saber qué iba a ser de mi futuro, porque lo quería planificar a largo plazo. No era más importante para mí que Hernán Caputto fuera el entrenador de la Selección en el Mundial, sino que Chile estuviera en el Mundial. No era yo más importante que los jugadores. Siempre lo encontré así de relevante, de hecho me encanta que se diga que Chile fuera el que fue al Mundial. No quería esa relevancia y como había cosas que no veía... Solo me dijeron “Dirige el Mundial y después vemos qué será de tu futuro”… No compartía ese camino. En su momento fui criticado, porque supuestamente dejaba botados a los jugadores, pero no fue así. Conversé con ellos, los formé, los guie. No quiere decir que yo fuera el único que podía y, de hecho, que fueran al Mundial con Cristian, que ya los conocía, fue muy bueno.
-Te fuiste para llegar a la U…
Es un club que quiero muchísimo. Llegué a hacerme cargo de todo el fútbol joven, que venían teniendo problemas en ese aspecto. Tenía la autoridad de poder comandar un proyecto y, de alguna manera, también fue interrumpido, pero yo soy así: cuando vienen oportunidades, las tomo.

Hernán Caputto y una intensa experiencia en la U
-Con todos los problemas que tenía la U en ese entonces, en serios problemas con el descenso. Tomas el equipo cuando se va Alfredo Arias y lo levantas. Llega Leo Fernández, muy joven, pero clave…
Fue una apuesta muy importante, netamente de Sergio Vargas y de Rodrigo Goldberg. Como yo estaba de entrenador, había conocimiento, porque lo había enfrentado en selecciones. Lo conocía, así que les dije: ”El enano es un personaje, pero tiene una zurda que es una locura”. Estaba la posibilidad y la ventana para traerlo, porque lo habían vendido a México y podía venir. Un acierto total. Lo pudimos disfrutar tres o cuatro meses.
-Con el estallido social y el fin abrupto del torneo, quedó la sensación de que a la U la salvaban por decreto. ¿Qué opinas?
Una de las cosas importantes en esa llegada al primer equipo fue la credibilidad de los futbolistas. Grandes jugadores, mundialistas, de Selección. Ellos tenían las ganas de de revertir la situación. Veníamos con mucho ímpetu, muchas ganas, es un club que además quiero. Hicimos una unión para que las cosas salieran mejor. Hacer club, que es lo que uno intenta donde dirige. Fue raro, porque de todas maneras levantamos, subimos. Dimos vuelta una vuelta ante Cobresal de Copa Chile, en que teníamos que ganar 4-1 y lo ganamos, con gol sobre la hora. Había una sensación muy buena y el equipo estaba bien anímicamente. Luego viene el partido con Iquique y también quedábamos con esa sensación. Después vino lo que pasó, que fue lamentable, pero que a todos nos hizo terminar el torneo. Algunos, luchando por no descender y para otros, que se definió el torneo a su favor, como para Católica.
-¿Cómo viviste el clásico con Colo Colo de ese año? El partidazo ese que se definió con un cabezazo de Julio Barroso…
Fue duro perder el partido. Gustavo Álvarez recién consiguió hace poco de romper la racha desde 2001. Imagínate que David Reyes, que es mi ayudante en mi cuerpo técnico, fue titular en ese partido del 2001, así que siempre nos acordamos... Hicimos un gran partido. Tuvimos el 2-0 apenas entramos en el segundo tiempo, con una jugada preparada de Leo Fernández. Después nos empatan y nos pasan a ganar con el gol histórico de Esteban Paredes. Luego, un golazo de Ángelo Henríquez y quedamos con un jugador menos. Estábamos aguantando bien el partido y en la última jugada, viene un córner, gol de Barroso y se termina el partido. El equipo rápidamente entendió que era más importante el torneo y, de hecho, así fue.
-En 2020 sigues en la U…
Me renuevan como entrenador del primer equipo, algo que agradecí. Traemos a (Joaquín) Larrivey y a Walter Montillo, que fueron tremendos aciertos. No lo digo por lo que lleva Larry hoy, porque en ese momento cuando llegó tenía 36 años…
-¿Había dudas?
Por su edad, principalmente, y porque venía de otra liga (Paraguay). Pero la dimensión de tener a Joaquín Larrivey y a Walter Montillo, más allá de las otras grandes figuras que tenía el equipo, es la trascendencia que les dan a los otros futbolistas para que sea mejores. No se trata solamente de ellos, sino que hacen crecer al equipo. Lo de Joaquín está a la vista hoy y Walter llegaba al equipo de sus amores después de mucho tiempo, por lo que llegaba con mucha alegría. Ese fue un año súper difícil, porque arrancamos muy bien el torneo. Luego, perdimos la final de la Copa Chile, en un partido increíble con Colo Colo. Las 12 primeras fechas y luego, lo de la Pandemia, fue raro. Estar con esos grandes futbolistas y dirigirlos por zoom es difícil… Eso nos hizo parar en 2020. También un aprendizaje. Después volvió el torneo, pudimos retomar las riendas de los primeros puestos y luego vino mi salida, algo que siempre cuesta. Hubo un cambio institucional también…
-La gente de Azul Azul que comanda. Llegaron (Michael) Clark, (Cristián) Aubert. ¿Ellos no confiaban en ti?
Se generó inestabilidad. Cuando hay un cambio institucional, en los primeros eslabones de un club, se siente. A veces se cree que no, pero los futbolistas sí lo sienten. La relación… El entrenador también lo siente. Hace algunos años tuve la posibilidad de reunirme con grandes técnicos a nivel mundial e intentábamos conversar cosas humanas, más allá de lo futbolístico. Sobre las decisiones que tomaban y uno de esos entrenadores me dijo…
-¿A ver? ¿Qué técnico?
¡Ja! Josep Guardiola. Bueno, él me dijo: “Voy a los lugares donde me quieran en los momentos difíciles”. Yo digo: “¿Y cómo sería eso?”, para seguir la conversación, ¿no? Habíamos ido con David Reyes, él nos vio con la ropa de Chile y nos dijo “¿Chile? ¡Ahí está mi amigo Patricio Ormazábal. Jugamos juntos en Dorados de Culiacán, en México!”… Estuvimos una hora hablando, no parábamos, fue una anécdota maravillosa. Pero él me dejó en claro ese mensaje, más allá de cosas futbolísticas, en que es un maestro, por supuesto.
-Pero a ver, profundiza más en ese mensaje… ¿De qué se trataba?
En los momentos buenos, están todos los dirigentes al lado, pero en los difíciles, cuando empiezas a perder, ahí se nota si es que te quieren o no, porque el futbolista lo huele. Y si el futbolista es capaz de entender que los dirigentes te quieren en todos los momentos, no aflojan, siguen, y esas fechas en que se pierde o el equipo puede no andar muy bien, se revierten. Viene justo al caso que en ese momento en la U se veía esa inestabilidad, poco apoyo y, como todo, uno sabe cuando seguir, cuando tener más fuerza y cuando no.
-Cuando el jugador se da cuenta de eso, ¿pierde la confianza o le baja el pulgar al entrenador?
Siempre creo en la lealtad y honestidad del futbolista. Pero, claro que cuando las cosas no están saliendo es normal que al jugador le cueste encontrar una respuesta o no crea en la idea del entrenador para salvar una situación. Es normal. Fui futbolista, entonces lo puedo comentar desde ese lugar. Pero cuando está la seguridad del cargo, que al final siempre en un primer equipo es por resultados, es muy probable que las cosas salgan bien. Cuando ven que hay sinergia entre dirigentes, entrenador y jugadores, todo fluye.

Un regreso fugaz al sistema de selecciones nacionales
-Terminas en la U y vuelves a la Selección Sub 17. Un equipo con limitaciones, pese a que llegó al hexagonal final…
Mi vuelta a la Selección se conjuga con la llegada de Francis Cagigao, a quien no conocía personalmente, pero sabía quién era, porque cuando íbamos a torneos a Europa, siempre estaban los scouts de grandes ligas. Cuando llega, me sorprendí, pero me gustó su llamado directo para entrar en el proyecto. Él decía que yo era la persona idónea, que había poca gente con mi experticia, y me ofrecía la parte metodológica de Sub 14, 15 y estar en la 17. Yo tenía muy buena relación con el Pato Ormazábal, que estaba en la 20, pero esa división estaba más ligada con la Adulta, con Martín Lasarte. Me sedujo, porque podía manejar ciertas cosas y elegir al entrenador para la Sub 15, quien sigue hasta la actualidad, que es Ariel Leporati. Fue bueno el proceso, difícil, porque era postpandemia, con chicos con poco entrenamientos y casi sin partidos. Llegamos al Sudamericano, en un paso extremadamente bueno, diría que de los mejores en primera fase, porque jugábamos con el anfitrión, que era muy potente (Ecuador), Brasil y Uruguay. Pasamos en la clasificatoria segundos, por sobre Ecuador…
-¿Por qué en el hexagonal ese equipo no funcionó?
Llegamos con poco al hexagonal, que es la parte que te da la clasificación al Mundial. Influyó demasiado la altura, porque pasamos de llano a 2.800 metros, a Quito. La cosa era diferente. A todos les influyó, a Argentina también le costó. Pero hay valores que rescato de ese equipo. Estaban Ignacio Vásquez, hoy en Universidad de Chile, y varios que van a ir apareciendo en Primera División. Es la categoría 2006 y 2007, por lo que siguen siendo jugadores muy jóvenes todavía. Van a aparecer.
-¿Cuánto le afectó al fútbol chileno el estallido social y la pandemia?
Fue muy dañino. Cuando tuve la oportunidad de conversar con otros seleccionadores y tener la comparación, me di cuenta que fuimos uno de los últimos países en volver a la competencia. Pensábamos que ese tiempo perdido con jóvenes no se recupera.
-¿Lo estamos pagando?
No sé, porque también los jugadores, de alguna manera, son capaces de adquirir nuevas herramientas. Por entrenadores, por estar en primeros equipos, por adquirir roce internacional. Esto de los torneos que van a jugar en que compiten con Argentina, con Brasil. Eso ayudó. Pero sí siento que ese tiempo, en que eran niños, jóvenes, siempre es más fácil para los entrenadores darles herramientas y que ellos las adquieran. Tenían 13 años y después ya 16 o 17. Pasaban de ser niños a adolescentes. No creo que haya marcado tanto en nuestro posicionamiento en la tabla a nivel selección, porque siempre ha sido más o menos parecido, pero sí influyó a nivel mundial y definitivamente a los países que no competimos. Se entrenó mucho de manera individual y a mí me gusta hablar mucho con deportistas; claro, para el de tiro, para el nadador, era muy diferente, el tenis mismo. Pero, para el futbolista, que tiene que jugar con compañeros, obvio que no fue lo mismo. Seguro que se iba a retrasar un poco más esa evolución.

Ñublense y la sombra de Jaime García
-Era complicada la situación de Ñublense cuando llegaste al club. Peleaba el descenso, se había ido Jaime García, un entrenador que dio mucho y que la gente no quería que se fuera…
Nos terminamos salvando al final. Fue una decisión complicada, pero como digo siempre, me gustan las oportunidades y ese era un desafío muy difícil. Por la situación y por lo que había entregado Jaime al club, también por su salida, que había sido abrupta. Ese tiempo fue corto y logramos el objetivo. Pero también fue corto, porque hubo algo equivocado y hoy con el tiempo lo puedo decir que fue mi manera de expresarme después de un partido, que no fue públicamente, pero fue tomado de mala manera. Las cosas con el tiempo se van sanando, pero eso no es como soy yo en general. Más allá de eso, lo tomé como una buena experiencia. Me hubiese gustado que hubiera sido en otro momento, porque es un club que está muy bien armado, tiene linda estructura, muy linda gente para trabajar en el complejo como tal. Pero, claro, no fue una buena experiencia en cuanto a las relaciones.
-¿Fue difícil trabajar ahí con Sergio Gioino, el presidente y propietario del club?
Siempre se buscan esas vinculaciones. Te buscan, cuando te conocen…
-Pero me refiero al día a día…
En el día a día, no. Ni con él ni con los dirigentes. Lo que sí había era un clima difícil afuera del complejo. Todo lo que era de la puerta para adentro, fantástico para trabajar. Sigo con buenas relaciones con gente que trabaja en el club. Pero era difícil salir a la calle, que no te critiquen. Fueron cosas que pasé yo y también otros entrenadores. Creo que eso ha cambiado un poco y seguro que será mejor para una muy buena plaza como es Chillán.
-¿Cómo fue tu paso por Deportes Copiapó? Equipo que no pudiste salvar del descenso, pero que después casi lo subes a Primera…
Se dieron varias cosas que aprovecho de comentar. Después de salir de Ñublense, no había encontrado trabajo, había algunas oportunidades y demás para que siempre comandara un proyecto de fútbol joven, en diferentes lugares; quizás porque ese es mi ADN. Pero buscaba la posibilidad en Primera División y esperé bastante tiempo para que apareciera alguna y eso fue en septiembre de 2024. Pero ya en abril o mayo había algún interés, algún sondeo, de parte de este club, que siempre estaba con inconvenientes, pero lo sacaban adelante. Me muevo en esos lugares donde te están valorando, donde te quieren. Pasaron los meses, siguió el interés y pensé “no importa la situación, estos me quisieron en momentos en que quizás otros no se interesaban. Vamos a intentarlo”. Lo hablé con mi familia, con mi cuerpo técnico, y decidí intentar la situación. Si lo lográbamos, fantástico, y si no dejaríamos una buena imagen que nos permitiera seguir en el lugar. No pudimos salvarlos, pero sí la posibilidad de continuar. No me arrepiento para nada, agradezco a Luis Galdames, el presidente, a Leo Durán, gerente deportivo, porque confiaron en nosotros, nuevamente en el proceso. Se reestructuró, se armó un plantel. Lástima no poder lograr objetivos.
-¿Qué pasó que no pudieron subir a Primera? Sobre todo en el partido con Universidad de Concepción, que perdieron el título en esa última instancia…
Estamos hablando de un equipo al que vinieron 21 jugadores y que durante todo el torneo no estuvimos por debajo del quinto puesto. Fue muy bueno, hicimos un 62 por ciento de rendimiento en total. 75 de local, lo que es muy difícil; de hecho, perdimos un solo partido y fue ese con la U de Conce. Siento que los equipos tienen su maduración, su parte lógica para funcionar, lo cual hicimos durante todo el año. De alguna manera, se nos juntaron amonestaciones, suspensiones de futbolistas en momentos claves. Lo del minutaje Sub 21 no era menor, por supuesto, porque en Primera B, a diferencia de Primera, tienen que jugar solo futbolistas del club de origen, no pueden venir a préstamo de otros lados. Luego, en el año, vas viendo a quiénes tienes y quién puede jugar. El mínimo es 63 minutos y si un día no lo haces, ya va subiendo y te vas complicando. No creo, en todo caso, que vaya por ahí…
-¿Por dónde entonces?
En momentos claves, donde deberíamos haber ganado y a lo mejor sostenido más el primer lugar, porque fuimos el único equipo que más o menos se mantuvo más semanas primero. El partido con Temuco en Temuco, que íbamos ganando, con un jugador más y nos terminan empatando. Cuando uno hace la revisión dice “estos eran los puntos que deberíamos haber ganado y no pudimos”. En el momento en que debíamos, que estábamos de local y todo, siempre pasan cosas… El tema emocional siempre es importante. U de Conce jugaba muy bien y se reforzó muy bien en la segunda rueda. Llegó más liviano a ese partido y ya…
-¿Qué les pasó con Deportes Concepción en la Liguilla? Pierden en Collao por 1-0 y, después, empate en Copiapó, sin público…
El último partido del torneo, lo que creo que nunca se había dado en Primera B, definía al campeón; siempre se definía antes. Ese partido dejó mucho daño: expulsiones, una sanción al público, pasaron 10 días en que no sabíamos si salíamos segundos o terceros… Había mucha incertidumbre. Eso también influyó. Siento que Conce llegó mejor preparado. En el partido en Collao, ese penal que fue cobrado por el VAR. Era muy parejo. Conce venía bien y entró muy bien a la Liguilla. Con público lo ganábamos, porque te daba más ánimo. Cuando en Copiapó nos pusimos 1-0, nos faltó más ímpetu, más ir a buscar el 2-0. Era el que daba la clasificación. No quería ir a los penales. Si hubiera habido ese entusiasmo… Ese partido recordó a la Pandemia. Era igual, nos escuchábamos todos. Lamento haber quedado fuera del ascenso, teniendo tremenda campaña.
-¿Qué equipos te gusta ver? ¿Cuál te llama la atención?
El que ve fútbol internacional debe entender que el fútbol moderno ya se organizó, tiene una organización a nivel colectivo que hace que haya muy poco espacio a la hora de atacar, por lo que la única manera es de contra y que también que el balón detenido ya está superando el 54 por ciento de incidencia en los partidos, para ganarlo o para perderlo. Se cerraron los espacios y uno tiene que encontrar la forma. Veía mucho al Liverpool de Klopp, me identificaba, me gustaba. Cambió bastante y ha tenido inconvenientes en el último tiempo de la mano del nuevo entrenador. Pero me gustaba eso: cómo se organiza, como presiona y, al recuperarla, cómo se ataca. Ahí está la clave del fútbol de hoy en tan pocos espacios.
-La última. En la definición del 2024, cuando Colo Colo va por el título, te quiero preguntar por la influencia de Arturo Vidal. El único que la pedía, que llevaba al equipo… Un crack, ¿no?
Nosotros habíamos descendido, pero teníamos que dejar una buena imagen, porque los futbolistas siempre buscan las oportunidades y lo que se ve a final de año pesa. Para nosotros como cuerpo técnico, también. Independiente de la calidad del equipo y que luchaba el campeonato, no es fácil jugar en nuestro estadio. Fuimos hábiles y yo veía que Arturo Vidal era un superclase. No lo había visto como entrenador y lo de él es increíble. Jugar en un momento difícil, en que también estaban viendo resultados, porque simultáneamente jugaba la U. Siempre lo comento: es lo que tienen estos jugadores superclase. No solo rinden ellos, sino que también se echan el equipo al hombro y hacen que los demás rindan para lograr un objetivo. Siempre están por sobre la media y con él estamos hablando de un súper clase, que siempre fue top en las grandes ligas.








