Van recién tres fechas de la Liga de Primera, por lo que evidentemente es demasiado temprano para sacar conclusiones. Pero que Deportes Limache sea el líder del fútbol chileno es, qué duda cabe, toda una novedad, más aún si se considera que los Cerveceros recién el año pasado jugaron por vez primera en la serie de honor y estuvieron cerca del irse al descenso.

Es una historia de ensueño la que vive el cuadro de la Quinta Interior que, apenas hace tres temporadas, militaba en la Segunda División. Al frente del buque, en el comando técnico, Víctor Javier Rivero Faccioli (15 de marzo de 1980).

El ex portero, quien pasó sin escalas de ser futbolista a entrenador y que registra en su currículum campañas estelares con, entre otros, San Luis y Unión La Calera, es el invitado de la semana del periodista Danilo Díaz en La Pizarra De..., el podcast de los futboleros de En Cancha.

Víctor Rivero se pone el buzo de entrenador

-Partió como DT ayudante de Emiliano Astorga. ¿Cómo fue esa experiencia?

El que me hizo la invitación para sumarme al cuerpo técnico de Emiliano Astorga fue el preparador físico Andrés Toro. El año en que asciende Unión La Calera, 2010, yo era el segundo arquero; tenía 30 años. Ya llevo 8 años trabajando con Andrés. Había hecho los cursos en el INAF mientras jugaba en el ascenso y, también, había tenido algunos años de universidad, ya sea en deporte y recreación o en educación física. Tenía la inquietud. Además, tenía los cursos de preparador de arqueros. Emiliano Astorga y Andrés Toro vieron que debían profesionalizar su cuerpo técnico y, como me conocían y me daban la responsabilidad de entrenar a los arqueros, parto de forma inmediata. De jugador a preparador.

Entrenador de Deportes Limache. Foto: Agencia Aton.
Víctor Rivero. Entrenador de Deportes Limache. Foto: Agencia Aton.

-¿Cuál sería una definición de los equipos de Víctor Rivero?

Por el hecho de haber sido arquero, siempre trato de de llevar a la cancha lo que sentía, lo que me tocó vivir. Esa seguridad defensiva, el orden, el equilibrio y, después, van de acuerdo a las posibilidades económicas que uno tiene para conformar planteles. La jerarquía hemos intentado equipararla con esfuerzo, con sacrificio y, finalmente, intento conformar equipos potentes desde lo físico.

-Salir rápido, el ataque directo es también característico de sus equipos…

Sí, es una de las principales características. Las transiciones rápidas, juego directo. Pero más allá, buscamos las características de nuestros jugadores. Teníamos a los extremos más rápidos en profundidad, Popín (Daniel Castro) y (Luis) Guerra, el mayor asistidor de la Liga (Guerra) y el extremo más goleador (Castro), entonces el juego lo requería. Después, y ahí viene la lectura del cuerpo técnico, no siempre los movimientos tienen que ser profundos, los contramovimientos, también venir adentro a ocupar la espalda del latera. Jugar mano a mano con los defensores rivales. Por eso muchas veces a los equipos grandes que juegan con línea de tres, nosotros les jugamos con tres delanteros, para que quedaran mano a mano y aprovecharan esa velocidad.

-Le tocó mucho tiempo dirigir en Primera B. ¿Cómo define esa división?

Desde 2014 en San Luis, el ascenso luego con Calera. Es una división en que cualquiera le puede ganar a cualquiera y eso la hace atractiva. Además, solo uno asciende para después jugar una liguilla que prácticamente es otro campeonato. Muy difícil, en que hay equipos con mucha historia y, por lo mismo, mucha presión. En comparación a la B argentina, sin embargo, en que hay mucha presión, acá se está intentando jugar. El técnico chileno saca ventaja, porque conoce la forma y la idiosincrasia del jugador chileno.

-¿Es complicada la idiosincrasia del jugador chileno?

Va más por el lado de cómo llegas al jugador. Hacerle entender, la importancia de estar bien físicamente, de ser profesional, lo que significa competir para elevar los niveles individuales y grupales. Cuando lo convences, funciona y eso quedó demostrado con la Generación Dorada y los cambios físicos que experimentaron, desde que estuvieron en la Sub 17 y Sub 20, para ser jugadores de elite.

Momentos estelares...

-¿Qué recuerda del San Luis 2014, cuando ascienden? Jugaban Fernando de Paul…

De Paul, Jean Meneses, Felipe Salinas… De atrás hacia adelante, Salinas, Víctor Morales, Guillermo Pacheco, Eduardo Otárola, Felipe Saavedra, Álvaro Césped, el Bocha Carrasco. En ofensiva, Abán, Viotti y Comba. Campusano, Oyanedel…

-Un equipo bien variado entonces…

Cuando dejé de trabajar con Emiliano Astorga, como mi suegro era uno de los cuatro accionistas de San Luis, tuve la posibilidad de dirigir el equipo del año anterior, que había salido campeón del Apertura con Miguel Ponce. Después, decayó en el segundo semestre y tuve la oportunidad de tomarlo. Le hice saber que no era el momento, porque se iba a ver mal que el yerno del dueño asumiera. Iban a pensar que sacaban al técnico para darme el equipo a mí. Él fue sincero y me dijo: “Si no tomas esta posibilidad y el técnico que traigo asciende, se va a quedar”. Ese San Luis perdió la definición a penales con Barnechea, entonces, preferí asumir desde cero. Había una muy buena base, que eran del club, logramos traer buenos extranjeros que marcaran la diferencia y también jugadores de experiencia que sostuvieran a los jóvenes. Fue una campaña en que se jugaron 38 partidos y ascendía solo uno. Le sacamos 10 puntos de ventaja al segundo y 20 al tercero.

En su época en San Luis de Quillota.
Vïctor Rivero. En su época en San Luis de Quillota.

-¿En qué estaba pensando cuando asumió en Unión La Calera (junio 2017, Primera B)? Porque ese equipo, debido al promedio, prácticamente tenía que ser campeón para salvarse del descenso…

Después de ascender con San Luis, hubo algunas diferencias dirigenciales, que me hacen salir. Voy a Everton y logramos el Apertura y un paso a la final. No pude dirigir esa final por el rendimiento en el segundo semestre. Tomo, entonces, una mala decisión de ir a Rangers solo, pensando que después de haber ganado todo en un año y medio me iba a resultar. No tengo los resultados esperados, pero me sirvieron para darme cuenta que esto no es el trabajo de un entrenador, sino de un cuerpo técnico, de un equipo de trabajo. Los dueños de Unión La Calera me contactan y me ofrecen la posibilidad de dirigir, pero con las condiciones de yo armar el plantel.

-¿Los Pini lo llamaron?

Sí. Ya había trabajado con ellos, cuando habían querido comprar Everton. Fue una decisión difícil, porque era un campeonato de 15 fechas, en que Calera, en un año y medio había sacado 11 puntos. Necesitaba conseguir 33 en 15 partidos. Las decisiones más difíciles que he tomado son, de alguna manera, las que me han permitido trascender: la de San Luis, al asumir el club de mi suegro; la de Unión La Calera, de tomar un equipo descendido y hacer esa campaña; y la de venir a Limache, dirigirlo desde la Segunda División y estar a tres minutos de estar en la Copa Libertadores (por la final de Copa Chile 2025 que pierde ante Huachipato). En el caso de Calera, mi seguridad estaba en conformar un plantel. Poder traer los 22 o 25 jugadores es algo que no se da en el fútbol y teníamos que traer soldados, porque nadie quería venir. No tenían por qué asumir pecados anteriores. Me vieron tan convencidos los muchachos, que logramos hacernos fuertes...

-Tremenda campaña…

Claro, pese a que en los dos primeros partidos no se nos dieron los resultados. Después, como habíamos jugado 15 finales, nos llegó el premio de jugar una liguilla. Enfrentamos a Arica y ya estábamos acostumbrados a esa presión. Luego, tal y como antiguamente en la Promoción, nos toca Wanderers que venía de ser campeón de la Copa Chile. Nosotros veníamos en un muy buen momento; ellos venían de celebrar como se debe celebrar y nosotros de jugar 17 finales con el cuchillo entre los dientes. Jugamos 10 fechas siendo últimos por promedios. Ganábamos, los muchachos entraban al camarín, sacaban la calculadora y seguíamos descendidos. En la fecha 10 ya metimos a los otros equipos a esa zona y nosotros veníamos con todo el vuelo. Se empezaron a preocupar y nosotros embalados…

El mejor extranjero en Chile desde el Pipo y el Beto...

-Al año siguiente, con Calera en Primera División, le ganan 6-1 a Universidad de Chile, a Colo Colo en el Monumental… Un equipo que, además, trae a Brian Fernández, un jugador de otra categoría. ¿Cómo pudo controlarlo?

Me parece que fue el 22 de diciembre que logramos el ascenso al ganarle a Wanderers y tuvimos una semana prácticamente para armar el plantel. Estábamos totalmente fuera del mercado. Mantuvimos la base de la Primera B y como los dueños de Calera son los representantes que manejan el fútbol argentino, teníamos que apuntarles a los extranjeros. Seguíamos al “Uvita” Fernández (Nicolás), que era el hermano, que estaba en la reserva de Defensa y Justicia, pero ya había debutado, por lo que era imposible traerlo. Estaba la posibilidad de Brian, que venía de regreso del Metz de Francia, que no se había podido adaptar. Era una apuesta que, de funcionar, la rompería. Fue el mejor extranjero de los últimos 15 años. Para mí y sin desmerecer a todos los otros extranjeros que han venido, de lo que logro recordar, Brian ha sido el mejor desde la época del Pipo Gorosito y el Beto Acosta. A nosotros, un equipo tan chico como Calera, nos hizo pelear un campeonato.

-Gabriel Arias también llegó…

A Gabriel Arias lo querían reemplazar en Defensa y Justicia, porque le querían dar tiraje a (Ezequiel) Unsain y era justo el momento en que Claudio Bravo no estaba viniendo a la Selección. De ahí un poco lo sedujimos con el tema de la nacionalidad. Y así, porque atajó tres partidos y ya lo llamaron a la Selección. Después, claro, era muy difícil para él reemplazar al mejor arquero de la historia del fútbol chileno, pero para nosotros en Calera, era fundamental.

-¿Piezas fundamentales?

Como venía el equipo muy fuerte desde la B, pudimos hacer una columna vertebral, con Arias; Pablo Alvarado, que tenía mucha experiencia, venía de jugar en Racing, en San Lorenzo; (Mariano) Barbieri, que llegó en la cuarta fecha; el uruguayo (Ángel) Rodríguez, que el papá había jugado en Cobreloa (Elio Rodríguez). Era un equipo con una forma de jugar parecida al Limache de ahora, pero con un Brian Fernández impresionante…

-Insisto en cómo lo lograron controlar…

Sabíamos de todas las enfermedades de Brian. Es un chico que es muy querido, él necesita cariño, es muy demostrativo. Él deja claro que su enfermedad la tiene que superar y que el que se hace daño es él. La red de contención fue la clave y no la tuvo en otras partes. Gabriel Arias, Pablo Alvarado y Mariano Barbieri habían sido sus compañeros en Defensa y Justicia, cuando explota y va a Racing. Entonces, jugaban un papel con Brian en la contención. El más fuerte era Gabriel, que funcionaba como el padre. Alvarado era el hermano mayor y Barbieri el amigo. Y trabajar con él en el día a día… Mire, nosotros ese año empezamos a trabajar con GPS italianos y los parámetros que nos arrojaba Brian eran del fútbol italiano. La rompe, va al Necaxa, luego a Portland, donde estuvo peleando con Zlatan Ibrahimovic por ser el mejor jugador de la Liga. Era un futbolista de nivel europeo.

-Y Arias, por su parte, de La Calera va a Racing…

Terminamos el Apertura con una racha de nueve partidos, en que le ganamos a la U 6-1 y a O’Higgins 4-0 en Quillota, el O’Higgins de Milito. A Colo Colo 2-0 en el Monumental, a Everton, a Temuco. Nos sacan a los dos mejores jugadores y logramos aguantar siete partidos más en el Clausura, sin reforzarnos, peleando el campeonato con la U de Conce y Católica. Además, venía un desgaste importante en ese equipo, que había jugado en el ascenso 15 finales de campeonato, más los cuatro partidos de liguilla…

El jugador argentino despierta admiración en Vïctor Rivero.
Brian Fernández. El jugador argentino despierta admiración en Vïctor Rivero.

Lecciones aprendidas...

-Cuando usted estaba en Cobreloa, lo grabaron en un vestuario muy molesto, retando a los jugadores y eso se viralizó. ¿Le trajo problemas?

El contexto de ese partido fue la Copa Chile. Estábamos punteros en el Ascenso con Cobreloa y Arica en la Segunda División. Era partido único y les di la posibilidad a varios jugadores que la venían teniendo. Perdemos en un resultado ajustado, pero en el tema de actitud no era lo que les pedíamos a todo jugador profesional y, más allá de eso, por lo que significa Cobreloa. Todas estas grabaciones buscan generar esto. En otros tiempos, esto en los camarines era normal, pero me sirvió de experiencia. Sobre todo, ahora, con el tema de las redes, de los celulares, hay que manejarse de mejor manera.

-Se lo pregunto, ya que en el fútbol chileno a veces se comenta que usted tiene problemas con las habilidades blandas, es mal genio, se enoja mucho con los futbolistas y los termina saturando. ¿Era así o le cargaron injustamente ese mote?

Partí a los 35 años dirigiendo como entrenador. En el primer año y medio tuvimos un ascenso y tuvimos también la final con Everton. Termino saliendo de Everton por manejos, como por ejemplo tener a (Gustavo) Dalsasso en la banca. No era lo mismo perder con Dalsasso jugando que con Claudio González. Después de 300 partidos que llevo dirigiendo entre la B y Primera, son cosas que uno tiene que aprender. Me tocó manejar a (Cristian) Campestrini, que se lesiona en el primer partido, con Matías Bórquez. Siguió atajando Campestrini y nos termina ascendiendo (Deportes Limache, 2023). No es fácil que en tu primer año y medio de experiencia lo ganes todo y después empezar a convivir con lo que realmente vive un entrenador, 50 y 50 o más abajo quizás. Tuve que aprender a saber perder, cómo reaccionar ante la pérdida. Hoy, en Deportes Limache, lo que más le recalqué a los jugadores y al cuerpo técnico es que nuestra principal virtud fue gestionar a un equipo en la adversidad…

-A comienzos del año pasado, todos decían que Limache bajaba…

Todos hablaban de eso y después que Limache jugaba bien pero no sumaba. Que Limache se iba a caer, porque para su técnico era recién su segunda experiencia en Primera División. Gestionamos a un equipo en la adversidad y de todos los que pelearon abajo fue el único que mantuvo al técnico. Además de todo, de estar peleando el descenso, el equipo se metió en una final de Copa Chile para pelear por cupo internacional.

Entrenador de Deportes Limache. Foto: Agencia Aton.
Víctor Rivero. Entrenador de Deportes Limache. Foto: Agencia Aton.

Ascenso vertiginoso con Deportes Limache

-¿Cómo armó el plantel de Deportes Limache desde la Segunda División, hasta hoy?

Mi suegro me da la oportunidad en 2014 con San Luis y como los resultados nos empezaron a acompañar, como cuerpo técnico hicimos carrera. Lo de Calera nos validó mucho y, luego, no hubo buenas decisiones. Luego de clasificar a Copa Sudamericana con Calera, quizás como cuerpo técnico deberíamos haber pensado en posicionarnos en Primera División. Habíamos estado cuatro y cinco años en el Ascenso, por lo que deberíamos haber pensado que, si no salía nada en el primer mercado, podría salir algo después. En la B solo nos servía ascender. Después, tenemos una relación especial con Raúl Delgado…

-Dueño de San Felipe…

Claro, que en alguna oportunidad nos pidió ir a salvarlo del descenso, también dirigir liguilla por cuatro o cinco partidos. Esas decisiones, para nosotros como proyección del cuerpo técnico, no fueron las ideales. Llega 2023 y, por primera vez después de 10 años, no teníamos equipo a principio de campeonato. Mi suegro nos cuenta que quería dar el salto con Limache. Le había costado ascender de Tercera A a Segunda, pero que de ahí no había podido subir. Era difícil para un equipo de trabajo que siempre peleaba por subir de la B a Primera División y a un equipo que no era Concepción y otro grande de la categoría. Hablamos como cuerpo técnico, más allá que mi familia era dueña del club, y concluimos que era la oportunidad para hacer un proyecto. Tratar de replicar lo que hicimos en Calera, pero con más tiempo. Mi cuñado César fue muy inteligente, sacó presión y nos propuso un proyecto a tres años, para ascender recién a la Primera B. Sabíamos que no era así, pero nos sacó un poco la presión. Ahí profesionalizamos al club…

-Con jugadores de experiencia…

Así es. Para traer a Campestrini o a Rodrigo Brito, campeón de Copa Chile y con 20 años de carrera, necesitábamos ser un club profesional en todo ámbito. Un complejo donde entrenar, buenas canchas, concentrar, gimnasio, desayuno. Recuerdo mucho la anécdota cuando le digo a mi suegro: “Ok, acepto el desafío, pero me tiene que dar 15 departamentos”. Claro, si íbamos a buscar jugadores de Primera o Primera B, ya no podían vivir en pensión o cuatro o cinco en un departamento. Me respondió: “No porque seas mi yerno te aproveches”. ¡Ja! Pero después entendió por qué. O sea, traer a Campestrini, que había sido seleccionado argentino, o Brito, que venía con su familia. En ese conocimiento de jugadores de la división, armamos un plantel competitivo que nos permitió ascender faltando seis fechas.

-¿Cómo enfrentó la Primera B?

Fue muy importante, en Segunda División, la incorporación del analista Gerard Flores. Él había trabajado mucho en la división. Nosotros, lo que se hace en Primera lo hacíamos en Segunda, con los análisis de los equipos, en una categoría donde todavía no existían las transmisiones, era solo por streaming. Imagínese para un editor, tener que comprar todos los streamings del equipo rival, el conocimiento de los jugadores y en fin. En Primera B, ya entramos a un paño que lo conocíamos más. Ahí fue fundamental la diferencia que debían marcar los extranjeros y en eso fue muy importante Andrés Imperiale, que nos hace el scouting de los foráneos. Llega (Nelson) Da Silva, un 9 que en Paraguay había hecho solo un gol y había descendido, y que en Argentina solo había jugado los federales, nos hace 19 goles en el primer año. También Facundo Juárez, de Mitre de Santiago del Estero, y que Andrés lo venía siguiendo desde hacía tiempo; el mejor jugador del Apertura. Y (Rodrigo) Moreira, un central de experiencia, que había estado en Independiente. Más lo que conocíamos de Primera B.

-Y la inclusión de Popín (Daniel) Castro…

Y eso que él no empezó jugando. Los titulares eran Felipe Flores con Da Silva. Peleamos palmo a palmo el Apertura con La Serena y en tuvimos nuestro bajón en el segundo semestre. Se debió a que teníamos un par de partidos pendientes, con Wanderers y Santiago Morning, que si los ganábamos pasábamos arriba. Los empatamos ganando 2-0. Ahí el equipo sintió que se le escapó la posibilidad. No arrancamos la segunda parte del año bien. Nos costó un poco, pero era un equipo que en un año y medio ganó todo en la Segunda, un gran primer semestre y que luego tuvo un bajón futbolístico. Al final, lo logramos enderezar. Clasificamos a Liguilla y hay un partido que nos marca un antes y un después.

-¿Cuál sería?

Fuimos a jugar el último partido de la fase regular contra el Barnechea de La Nona (Cristián Muñoz), con todos los golpes que había recibido. Necesitábamos ganar para que en los partidos de Liguilla definiéramos en casa. Teníamos a siete jugadores a una amarilla de ser suspendidos para el primer partido de la Liguilla, así que se cuidaron. Barnechea quería despedirse a lo grande y nos hace 6-0. Clasificamos penúltimos. Para mí, tendrían que haber ascendido Serena y Barnechea, que lo desafilian. Entramos nosotros casi en el último cupo. Hubo una para de unas tres semanas, mientras se resolvía el caso de Barnechea y ahí tuvimos tiempo para un análisis futbolístico. Concluimos que como jugábamos con dos laterales extremos, (Felipe) Fritz y (Carlos) Morales, ofensivamente éramos poderosos, pero defensivamente sufríamos. Buena amplitud, llegada, pero atrás no andábamos bien. Hicimos el cambio táctico, porque para que Fritz y Morales siguieran marcando diferencias, necesitaban respaldo. Empezamos a jugar con línea de tres. Lo otro fue un cambio en la gestión.

-¿Cómo así?

Con siete jugadores al borde de la suspensión, necesitábamos seis partidos más para ganar la Liguilla y lograr el ascenso. Generalmente, el futbolista que no juega a final de año, ya no se siente muy parte del equipo, empieza a buscar dónde se tiene que ir y, en general, su cabeza está en otro lado. Ocupamos un ejemplo bueno que hizo el Colo Colo de Almirón, en una llave de Libertadores. Empezamos a diseñar las llaves a 180 minutos; dejar siempre la llave abierta. Planificábamos cuatro tiempos de 45 minutos y sabíamos que Limache podía marcar la diferencia desde lo físico en el último. Quizás algunos tendrían que jugar 10, 15 minutos, la última media hora. Equipo para jugar de local, equipo para jugar de visita. O la línea de cinco o de cuatro. Algunos jugadores iban a entrar para el alargue o para los penales. Se dio tal cual.

-Funcionó el plan…

Matábamos todos los partidos de visita, además, por la ubicación en la tabla. Primera llave, con Antofagasta, nos expulsan a un jugador en el primer minuto del segundo tiempo y ganamos 2-1 con 10. Vamos a jugar allá y expulsan a Luis Guerra, el más importante de Antofagasta, y pudimos mantener el empate y en los últimos 20 minutos hicimos cuatro goles. Luego, Magallanes, que con Ronald Fuentes intentaba jugar. Con Larrivey, Jorquera, Alfaro. También nos expulsan a un jugador de local, pero lo logramos empatar. Vamos a jugar a al Bueras, partimos perdiendo, empatamos y lo ganamos a penales. Y lo de Rangers nos pasa que marcamos la mayor diferencia como local, que fue 3-0; en la última jugada nos marcan un gol de tiro libre. Allá, que la gente levantaba a su equipo, con estadio lleno, nos desordenamos. Un descontrol de 15 minutos que nos costó caro porque Rangers se puso 3-0; quedábamos eliminados. Esto sucedió a los 15 del segundo tiempo, por lo que teníamos media hora para buscar el descuento. No nos cobraron un penal, el equipo se mantuvo controlado. Ese ascenso se nos pudo haber escapado, pese a haber sido siempre superiores a nuestros rivales. Eso, luego, nos sirvió para tomar decisiones de cara a Primera División.

El DT de Deportes Limache, junto al defensor Alfonso Parot. Foto: Agencia Aton.
Víctor Rivero. El DT de Deportes Limache, junto al defensor Alfonso Parot. Foto: Agencia Aton.

Un año de salvación

-¿Cómo evalúa la campaña pasada en Primera?

Fueron muy importantes las llegadas de César Pinares y Alfonso Parot. Como fuimos el último equipo en terminar de competir, salimos tarde al mercado y con menos billetera. Con poca credibilidad, además, y nadie iba a querer ir a descender. Nuevamente, había que apuntar a los extranjeros y hacia muchos jugadores que habíamos conocido en la B y que creíamos que podían dar un salto. Con la exigencia física podríamos equiparar jerarquía, con esa irreverencia, además, que te la podían dar los jugadores que traíamos. Aparte, a César y al Poncho no les habían renovado en Católica y necesitaban una revancha para demostrar que estaban vigentes.

-Como decía José Sulantay, el “jugador picado”…

Exactamente. Lo demostraron en el primer partido. Nuestro primer compromiso oficial fue contra el Colo Colo del Centenario, en el Monumental, en Copa Chile. Siempre fuimos en ventaja, 1-0, después Colo Colo se pone 2-1 y lo terminamos empatando e incluso lo pudimos haber ganado. Son partidos que te demuestran que hay carácter, irreverencia, personalidad, humildad bien entendida. Después, tanto jugador que ha dado la vuelta larga; siempre buscamos ese tipo de futbolista, a quien tratamos de convencer. Así lo entendieron los muchachos y queda reflejado con un dato importante: que los cuatro delanteros de un equipo recién ascendido, en este caso, Guerra, Popín, Da Silva y Pons, tengan posibilidades de ser vendidos marca lo que nos permite salvarnos. En 43 fechas hicimos 68 goles, entre Copa Chile y Campeonato Nacional.

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