Jorge Luna (39) es uno de los referentes de Santiago Wanderers. Pese a que su primera estancia en los Caturros fue corta, logró meterse en el corazón del hincha porteño.

También en nuestro país jugó en la U de Conce, Rangers, Cobreloa y Deportes Copiapó... Sin embargo, la historia comenzó mucho antes, cuando apenas tenía 4 años de edad, en una cancha de baby fútbol, en su barrio de infancia, Don Torcuato.

En esta parte de la entrevista con En Cancha Prime, El Semilla cuenta sobre cómo fue el desarrollo de su carrera, los destinos que lo han acogido y, cómo no, detalla su estrecha amistad con uno de los máximos ídolos en la historia de Boca Juniors Juan Román Riquelme, actual presidente del club porteño.

El periplo comenzó así: “Mis inicios fueron en el barrio, en Don Torcuato, donde vivo. En Argentina, la historia siempre arranca en el baby fútbol, así que el comienzo fue a los 4 años, en un club que se llama Deportivo 23. Mis padres me llevaban ahí desde muy chico y hoy soy lo que soy por empezar desde muy niño ahí en el barrio”.

-¿Quiénes eran los que lo llevaban a entrenar en ese entonces?

El que me llevaba era mi viejo. Iba a la escuelita de fútbol. En toda mi carrera él ha estado presente, junto a mi mamá y, en realidad, toda mi familia. En ese entonces, era el único joven que jugaba a la pelota, así que siempre tenía el apoyo de ellos, mi abuela, mi abuelo.

-¿Cuándo el baby fútbol se comenzó a transformar en una posibilidad cierta de ser futbolista profesional?

El click se hizo a los 14 años, cuando estaba en el Deportivo Armenio, de Segunda División. Estaba en inferiores y, luego, estuve un año en la séptima división del club. A los 15 años ya alternaba en el equipo de Primera. Subía a entrenar y el fin de semana jugaba en mi categoría. Recuerdo que un 22 de octubre me hicieron debutar en el plantel profesional y ya de ahí uno reacciona, ya que con una edad tan corta ya está jugando de manera profesional.

-¿Le tiraba algo más? ¿O estaba claro, desde chico, que iba por el lado del fútbol?

Siempre el fútbol. En mi casa, en el barrio, siempre se respira mucho fútbol, así que mi meta fue siempre esa. Con 10 u 11 años ya viajaba solo, dos horas y media de ida y dos horas y media de vuelta, de los tiempos en que hacía inferiores en Chacarita. La meta que siempre tenía era jugar en Primera División y, luego, ayudar a mi familia, ya que éramos muy humildes, teníamos poco dinero. Luego, a los 13 años me agarró un representante que era bien conocido en Argentina, así que también comencé a tener la ayuda para ir a entrenar.

Foto: Agencia Aton.
Jorge Luna Foto: Agencia Aton.

Una amistad entrañable con Juan Román Riquelme

-Es una historia que ha contado muchas veces, pero es que hay que preguntarle por su amistad con Juan Román Riquelme. Y cuéntenos sobre el Riquelme amigo del bario, no la megaestrella del fútbol…

Es una amistad que mantenemos, tanto yo de chico como nuestras familias. Su papá con mi papá. A Román lo conocí recién a los 14 años, porque yo andaba más con el hermano (Cristian). Una vez que volvió de vacaciones desde el Barcelona, porque tenían vacaciones en diciembre, lo conocí más en profundidad. Estando yo en su casa, era una persona normal, era tímido, casi no hablaba. Ahí empezamos a construir esa linda relación que tenemos hasta ahora, que la mantenemos. Cuando vuelvo de vacaciones o estando acá en Chile siempre nos mandamos mensajes, hablando principalmente de fútbol.

-Siempre ha manifestado admiración por el futbolista Juan Román Riquelme, además…

A ver, de chico uno va teniendo sus ídolos, partiendo por el Diego (Maradona), que era lo máximo para todos como niños. Luego, en su momento apareció él, que más encima juega en la misma posición mía. Uno trataba de agarrar cosas buenas o reflejarse en este tipo de jugadores. Para mí, fue un ídolo máximo, como jugador, como persona y, más encima, jugó en el más grande que es Boca. Para nosotros en la familia, que somos todos Bosteros ahí, tener a alguien del barrio y amigo más encima que haya jugado en Boca es algo muy lindo. Tenerlo como amigo es algo especial.

-¿Conversó con usted Riquelme para que Carlos Palacios se fuera a Boca Juniors?

Cuando vino a jugar Boca con Colo Colo en la Copa Libertadores (3 de mayo de 2023, 2-0 Boca), estuve en la cancha con él. Justo estaba en Copiapó y viajé con mi hijo para ver el partido con Román. Me quedé en el hotel. Palacios había andado bien. Fueron pasando los meses y, por el fútbol que nos gusta tanto a mí como a él, siempre me preguntaba. Que cómo era, cómo se manejaba, qué tal era, porque justamente nosotros nos enfrentábamos dos veces al año. Siempre le remarqué lo mejor y las aptitudes que demostraba cuando lo enfrentaba. Después terminó llevándoselo. Palacios es de esos jugadores que a él le gustan por la manera en que juega a la pelota. Palacios lo ha hecho bien y por algo Román lo llevó. Más que mi palabra, lo que le podía decir, Riquelme tiene una gran visión y sabe lo que se llevó para el mundo Boca. Pero hablamos muchísimo de fútbol, en general, ya sea por teléfono o cuando voy de vacaciones y nos juntamos, nos amanecemos hablando de fútbol.

-Un sueño para todo futbolero…

Escucharlo a él, sobre la manera en que habla de fútbol… Se vive bien, comiendo un rico asado y hablando de fútbol con Juan Román Riquelme.

Una amistad más allá del fútbol.
Jorge Luna junto a Juan Román Riquelme. Una amistad más allá del fútbol.

-Comencemos con el desglose de su carrera. Luego de Deportivo Armenio, se fue a jugar a Jujuy. Muy lejos, para un futbolista tan joven. ¿Fue difícil?

La verdad, eso no es nada. Antes de ir a jugar a Jujuy, que está a 1.600 kilómetros de Buenos Aires, venía viajando desde Armenia, ya que había ido a un club que disputaba la pre Champions (2007, FC Pyunik de Yereván) y, luego de no poder clasificar, a los tres meses regresé a Argentina. Así que venía de un viaje bastante largo. Haber conocido y competir en ese país fue una experiencia linda. Cuando volví me fui a Jujuy y eso fue un cambio grande. Para uno, con la edad que tenía, era empezar la carrera con más claridad. Al jugar en Primera División las cosas ya se van dando por un buen camino.

-Estudiantes de La Plata fue el gran salto. ¿Qué recuerdos tiene de ese paso?

Llegué en un momento muy importante, ya que ese año volvía Juan Sebastián Verón, que venía de jugar en Europa. Justo cuando el club me compra tuve esa suerte. Una experiencia hermosa, primero por la posibilidad de jugar con alguien como él y, después, por la calidad de plantel y de jugadores jóvenes que había. La pasé bien durante un año y la disfruté. Primer semestre, bueno; segundo, no tanto porque me tocó alternar mucho. Después de ese año se abrió la puerta de venir a Chile por primera vez.

Otras culturas...

-Después de Wanderers, se va a los Emiratos Árabes (Al-Dhafra FC). ¿Choque cultural muy fuerte?

Buena experiencia, aunque está claro que el fútbol no se vive como en Sudamérica. Hay que mentalizarse, porque a las canchas no va mucha gente, no es tanta la exigencia, juegas más relajado. Son cuatro o cinco equipos que compiten, nada más, y el resto es más de relleno. Luego, te tienes que acoplar también a los jugadores del país, que no son tan competitivos. Muchos de ellos usan al fútbol como hobby. Son experiencias que se conocen estando en el país.

El momento de la firma de contrato en Al Dhafra FC de Emiratos Árabes Unidos. Foto: Club Estudiantes de La Plata.
Jorge Luna. El momento de la firma de contrato en Al Dhafra FC de Emiratos Árabes Unidos. Foto: Club Estudiantes de La Plata.

-¿Alguna historia curiosa que le haya tocado vivir?

En Arabia Saudita es más complicado para el extranjero. Pero a mí que me tocó Dubái o Abu Dabi, es mucho más libre. Pero sí uno se tiene que acostumbrar a las religiones del país. Por ejemplo, arrancábamos a entrenar y de repente sonaba la campana de la mezquita, los emiratíes se iban a rezar y los extranjeros nos quedábamos peloteando hasta que vinieran. Media hora parados, así que decíamos “es una joda esto”. Luego, en las concentraciones igual. Concentrábamos en el estadio y por la mañana pasaba un emiratí golpeando la puerta para cruzarse al frente e ir a rezar.

-Se dice que Dubái es más relajado en cierto modo que Abu Dabi.

Es que Abu Dabi, que es donde estaba yo, es la capital. En Dubái se vive diferente en el sentido que hay más cosas para hacer, es un poco más grande. Pero el extranjero vive con normalidad; sí tienes que cumplir las reglas, en su día a día. O, por ejemplo, cuando es el Ramadán no puedes tomar agua o comer delante de ellos. Esas cosas uno las tiene que manejar, pero en general el extranjero vive tranquilo. Te puedes vestir como quieras, puedes salir. Más liberal que en otros lugares de esa zona.

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