Roberto Cereceda (41) es, sin dudas, un caso bastante particular en el fútbol chileno. Es uno de los 10 futbolistas en toda la historia del profesionalismo que defendió a los tres grandes de nuestro medio, Colo Colo, Universidad Católica y Universidad de Chile.

El espectacular rendimiento que tuvo en un Audax Italiano memorable lo llevó a Colo Colo, donde fue campeón. Eso también propició que fuera regularmente convocado a la Selección Chilena.

Luego, una sanción por dopaje que el futbolista encaró con valentía y un renacer futbolístico en la UC, donde según confiesa, se sentía sumamente cómodo.

En esta parte de la entrevista con En Cancha Prime, el Eléctrico recuerda esos pasajes de su carrera. Lo que vivió con La Roja, el buen pasar por San Carlos de Apoquindo y cómo en la U no logró sentirse cómodo.

La Selección Chilena y el legado de Marcelo Bielsa

-En ese momento estelar, Audax, Colo Colo, es que empieza a ser nominado a la Selección. ¿Qué sensaciones tenía al respecto?

Estaba el profe (Nelson) Acosta en la Selección. Siempre cuento que pensé que me estaban haciendo una broma cuando me llamaron por primera vez. De hecho, me pasan el teléfono y yo corté para pasárselo de nuevo al coordinador e irme a sentar a la mesa en la concentración. Vuelven y me dicen “¿estás loco? Si era tal persona, de la Selección; cómo teni’ esa falta de respeto. Toma, te está llamando de nuevo”. Ahí contesto y entre risas y todos me dicen que estaba nominado. Ya ni siquiera me acuerdo lo que me dijo, me quedó como una nube de recuerdos porque otro de los sueños que quería cumplir se estaba realizando. Me cayeron las lágrimas. Devuelvo el teléfono y ni me acuerdo dónde tenía que estar. Todos me aplaudieron, me felicitaron…

El Eléctrico en la Selección Chilena.
Roberto Cereceda. El Eléctrico en la Selección Chilena.

-Fue parte activa del proceso con Marcelo Bielsa para Sudáfrica 2010…

Fue un proceso lindo del cual aprendí mucho. Era todo novedoso y a Chile llegaba un técnico de nivel mundial que estaba empezando con muchos jóvenes en busca de sus sueños. Poder estar con él y vivir esa etapa marcó mi manera de mirar el fútbol; mi forma de respetar al jugador. Aparte de todo el ámbito técnico y futbolístico, él se preocupó de cada detalle de nosotros para que estuviéramos como verdaderas superestrellas. Éramos los más importantes y los que más teníamos que tener la comodidad que correspondía a un jugador profesional.

-¿Comodidades como cuáles?

Fue él quien profesionalizó todo, Juan Pinto Durán, empezamos a viajar en primera clase, teníamos a un muy buen chef que cocinaba las comidas adecuadas. Todos esos detalles hicieron que el fútbol chileno nivelara hacia arriba. Mi admiración hacia conocer ese tipo de entrenador me hizo mirar al fútbol, la carrera, darme cuenta de que nosotros los jugadores nos merecemos un respeto más allá y que se nos trate de la manera en que corresponde. Todo creció. ¡Qué sé yo!, el personal auxiliar estaba planchando con una plancha de los años 60 y se le compró la que correspondía. Esas cosas me marcaron, porque Bielsa tenía una visión más allá y quería lo mejor para las personas que estaban trabajando.

-¿Y en lo futbolístico?

¡Para qué decir! Marcelo Bielsa era un Einstein del fútbol. La verdad, en los primeros entrenamientos no entendía nada, solo corría, entre los nervios, entre querer hacerlo, trataba de meterle máxima intensidad. Hasta en el proceso me costaba entender. Veía que hacíamos muchas cosas que después encontrábamos en los videos durante los partidos y sí se realizaban. Ahí entendíamos el porqué las realizábamos. Hoy veo fútbol un poco más y cuando aparecen esas metodologías nuevas, él ya las tenía hace 20 años. Un avanzado que nos logró entregar y nutrir con mucho. Fue la alimentación principal que tuvo la Generación Dorada. Él dio el gran inicio, encontró los jugadores y sabía lo que iba a lograr.

-¿Dónde se sintió más la mano de Bielsa?

Aparte de todos los buenos jugadores que juntó, él logró inyectar el gen de “el jugador chileno puede ser campeón del mundo, de la Copa América”. Eso fue lo que formó esa identidad. Bielsa después se fue por temas con la ANFP, cosas externas de mafiosos, sino hubiera seguido en el proceso. Los técnicos que llegaron después solo tuvieron que ser inteligentes, seguir con algo más o menos parecido –y el más parecido fue Sampaoli-. Bielsa fue el núcleo.

En la Selección Chilena.
Roberto Cereceda. En la Selección Chilena.

Un fin de ciclo muy oscuro

-Desde afuera se vio la salida de Bielsa como algo muy turbio. ¿Cómo tomaron la noticia los jugadores?

A mí me toca verlo más desde afuera, porque en esos momentos estaba en el proceso del doping. Los futbolistas estamos para entrenarnos, para jugar y hay cosas que no nos corresponden. Opinamos, debatimos, pero después llega otro técnico y tenemos que seguir entrenando y jugando. Te adaptas a la situación. Si hubiera sido por los jugadores o si hubiéramos tenido una fuerza o un poder de decir “esto está mal”, porque estuvo pésimo lo que hicieron, sobre todo con Harold Mayne-Nicholls en esos momentos, que le jugaron muy sucio, se paraba, se mantenía a Harold, al Profe Marcelo y se seguía. Pero, como jugadores, somos un mono más del circo y tenemos que seguir para donde va la dirección del momento.

-¿No quedó con una espinita con Bielsa por no considerarlo para el Mundial de Sudáfrica 2010?

Para nada, porque siempre he entendido lo que soy como jugador y, en ese momento, cuando a él le toca tomar la decisión importante, me di cuenta de que no estaba al nivel de mis otros compañeros. Así como estuve en pasajes muy altos, en ese estaba más bajo. Se optó por jugadores que estaban un peldaño más arriba y, si vas a jugar un Mundial, tienes que llevar a los mejores. Lo entendí, con tristeza, evidentemente, porque quería estar, pero también con madurez, porque mis compañeros estaban mejor.

-¿Cómo fue pelear ese puesto con Jean Beausejour?

Me pasó que, cuando estuve, participé mucho jugando, incluso acá en Chile como capitán en alguna oportunidad, así que siempre mi nivel fue a la par de ese tipo de jugador. No me tocó compartir con Eugenio Mena, que es un poco menor, de un proceso más abajo, pero con Jean, con Mark González, que después tuvieron grandes carreras, siempre estuvimos ahí. Si no jugaba yo, jugaba el otro. Niveles parecidos y el profe Marcelo ponía al que veía que estaba mejor. Me sentí siempre a la par. Yo soy de los que siente mucho cariño por el compañero, de hecho con Jean hasta hoy tenemos una linda amistad, pero en la cancha aparecía el ego futbolístico de que soy el mejor de todos y después están los demás.

-Hoy ya seguro lo recuerda como anécdota, pero ¿qué nos puede contar del famoso video que se hizo público, en que aparecías tonteando con algunos jugadores y que hasta te dejaban sin ropa?

¡Ja! Mira, yo soy mucho de reírme de las cosas que me pasan. Les cuento a mis hijas, a los que son más chiquititos. Hasta les muestro las fotos y les digo, “miren, ¿quieren ver algo divertido?”. Me río mucho de esas cosas y fue muy divertido también. Además, aparecen jugadores que éramos muy pelusones. Fue una anécdota que para nada me da vergüenza; al contrario, me de risa…

-Y en su momento, ¿también se lo tomó de esa manera? Porque de todas formas la prensa de la época lo puso en un grado de polémica…

En el momento, con mucha vergüenza, porque estaba saliendo en todo Chile. Pero, después, me cagaba de la risa… Pero, claro, en ese entonces, hasta vergüenza de salir a la calle, porque no faltaba el que me decía algo burlesco y, más que responderle, me daba risa. Entonces, ni siquiera salí por un tiempo. Siempre, desde mi niñez, soy positivo y me tomo las cosas con humor…

Llega a Universidad Católica.
Roberto Cereceda Llega a Universidad Católica.

Renacer en Universidad Católica

-¿Cómo se dio la opción de ir a Católica y de qué manera recuerda ese paso?

A la Cato la recuerdo con tanto cariño, con tantas ganas de querer y jugar y, también, con tanto arrepentimiento de haberme ido, porque fue un lugar que me recibió con los brazos abiertos. “¡Qué genial que estés acá!”… Eso fue lo que viví desde el primer minuto. Desde el Tati (José María Buljubasich), el entrenador, Mario Lepe, mis compañeros. Sentía una admiración muy linda y, aparte, las ganas que tenía de demostrar que estaba vigente y que me quería comer el mundo, porque estaba volviendo a jugar. Entonces, me sentí en un prime, porque en mi cabeza quería ser el mejor. Terminé ganando una Copa Chile, que en la definición (a penales, ante Magallanes) me atrevo a picar la pelota. Hasta cuando me voy del club, algo me decía que no era… Me arrepiento tanto de haberme ido de esa institución.

-En esos tiempos fue polémica su marcha a la U. ¿Cómo se materializó eso? ¿Tenía esa duda de no dejar Católica?

Me sentía contento, en casa, que estaba mostrando un nivel que sí o sí me iba a llevar a la Selección, que sí o sí me iban a llevar del extranjero. Además, me sentía como en familia, desde los dirigentes hasta los jugadores, y tomo la decisión porque Sampaoli y Beccacece se vuelven locos por querer llevarme; las ganas que demostraban. Además, una locura el dinero que me ofrecen, que era mucha plata. Todas esas cosas y sí hubo una cosa que me sedujo más aún: ellos estaban en su mejor momento, habían salido campeones recién de la Sudamericana, estaban clasificados a la Libertadores, iban a jugar la Suruga Bank. Todo era Universidad de Chile. Además, a todos quienes les pedí consejos, me dijeron que me fuera a la U; jugadores, compañeros. Quizás el único que por ahí era más parecido a mi pensar era mi papá. Termino yéndome y no muy convencido. Ahí un consejo: si se van, váyanse 100 por ciento convencidos; si no, quédense en el lugar donde estaban siendo felices. Económicamente, fue espectacular, pero me fui tan inseguro, que transmití toda esa inseguridad en el proceso en que estuve en la U.

-¿Es la decisión de la que más se arrepiente como futbolista?

De todas maneras, pero no porque iba a llegar a la U, sino porque estaba dejando un lugar donde estaba siendo feliz…

-Y esa, entre comillas, presión de parte de Sampaoli y Beccacece, ¿llegó mientras estaba jugando playoffs, mucho antes o después?

Algunos llamados preguntando, hablando con mi representante, nada más; no la llamaría presión. Solo que él tenía tantas ganas de que yo estuviera. También eso me hizo tomar la decisión: ver a un entrenador que tanto insistía, porque que te quiera un entrenador siempre es algo muy importante para uno como jugador. Pero nunca hubo una presión más allá. Lo que siempre me había gustado de Sampaoli es que siempre quería ser campeón de todo. Me hablaba de ganar la Libertadores, tricampeón del fútbol chileno. Él quería comerse el mundo y eso a uno como jugador lo seduce.

-¿Nunca fue un pero llegar a la U, un equipo que era clásico rival del club del que era hincha cuando chico?

Sí, obvio que era un pero. Además, me estaba identificando con otra institución, entonces también sabía que era una decisión importante. Tenía que llegar, ganarme otra hinchada más, representar a otro club. Es un cansancio enorme en la cabeza, porque estar en un equipo grande es una presión inmensa. Sabía la magnitud de decisión que estaba tomando. Si llegaba y era titular desde un comienzo se me hubiera hecho más fácil, pero llegué a un equipo formado, donde no tenía mi espacio como titular. Eso fue lo que me costó asimilar y me estancó.

Roberto Cereceda

La U: un paso no del todo feliz

-¿Sintió más presión por jugar en la U?

Para nada. El profe ya tenía a sus jugadores. Entonces, de un momento en que me llamaba y me decía que prácticamente iba a ser el más importante al llegar y darte cuenta que la realidad era otra, que eras el segundo del equipo que ya tenía, también fue algo chocante. Qué lata que te mientan de esta manera, que puedan llegar a ser tan falsos. Empiezas con dudas y eso retrasa tu rendimiento. Pasar de un lugar donde lo tenías todo a otro donde no te tienen considerado… Pero no sentí una presión por el fútbol o por la gente, ya que ya me había acostumbrado a estar en equipos grandes. Sabía que me iban a criticar el triple, lo tenía más que claro, pero lo que me frenó fue la otra parte. Además, siempre tengo la madurez para hablar de una institución extraordinaria, con una hincha increíble. Fueron otras cosas, más internas, que viví con el técnico, que me frenaron un poco.

-¿No pensó en irse inmediatamente de la U por encontrarse con un panorama distinto?

Quería puro irme, apenas llegué. Le pedía a Sampaoli. Me quería ir volando. Pero ese señor tiene más convencimiento que Tony Kamo, me convencía que iba a ser el más importante, que ahora se iba Eugenio Mena, entonces yo y 10 más. Y yo, “ya, dale” y se arrepentía. Tenía opciones de varios equipos, incluso del extranjero, pero no me dejaba ir. Y nunca me dejó. Ya después se fue él y llegó el momento y terminé partiendo.

-¿No pensó entrar en rebeldía?

No, seguía entrenando y todo. Quizás un consejo para los clubes: que no nos miren tanto como una empresa, como robots. Tienes a un jugador que no está feliz, entonces, déjalo ir, porque al final terminas pagando un sueldo, bastante alto por lo demás, y realmente no quiere estar en la institución. ¿Sabes qué? Déjenlo ir y traigan por ese dinero a alguien que esté contento. Es todo lo contrario: “es de nosotros”, así que te obligan, terminan como matándote por dentro y termina siendo perjudicial para el jugador y para la institución.

-En conclusión, ¿con qué sensaciones te quedas de Sampaoli?

Tengo tres. En lo futbolístico es muy bueno, tuvo la adaptabilidad de modernizar su juego, era muy bielsista, entró con un sistema de intensidad y de juego. Tiene muy buena visión para ver el juego y realizar cambios; eso lo admiro mucho. Lo negativo es que no tiene para qué mentirle a los jugadores o solamente utilizarte cuando le sirves y, cuando no, es como si no existieras para él. Esa parte es negativa y no la necesita para lo que ha ganado. Esas son mis opiniones que tengo. Luego, en la parte humana, con la mayoría, es bastante agradable. ¿Cuándo lo echa a perder? Cuando mantiene un grupo bien, pero el otro no. Y a mí me tocó estar en el otro grupo. Cuando les mienten a los jugadores, lo notas y te llevas una mala impresión de las personas…

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