
Javier Valdés, a sus 29 años, es el máximo exponente del pádel en Chile. Es el número 77 del mundo y vive en España, donde tuvo que mudarse tras tomar la decisión de dedicarse a jugar de manera profesional en una actividad que en nuestro país está aún en pleno auge.
En el último capítulo de la temporada de Raquetas y Palas, el podcast de En Cancha, comparte detalles pocos conocidos de su carrera, su paso desde el tenis y los duros momentos que se viven cuando se toma decisión de ser jugador de pádel a nivel competitivo, viajando por el mundo.
Qué gusto tenerte con nosotros. Nos costó porque estás de viaje, en torneos, compitiendo siempre con la bandera de Chile. Muchas gracias, Javier. Cuéntanos qué te trae por el país.
“Primero, muchas gracias por este espacio y por querer invitarme. He estado viendo que hay bastantes exponentes del tenis, que también es un deporte que me gusta mucho y sigo. Siempre es grato tener estos espacios para los deportistas que quizás no somos tan conocidos, y también para dar a conocer un deporte que está pasando por un muy buen momento, como el pádel. Es un deporte relativamente nuevo y la gente quizás no sabe lo que pasa detrás de la competencia. Venimos apostando por este deporte hace muchísimos años, no desde cuando explotó, sino desde antes. Muchas gracias por invitarme. Se dio porque mi base es Europa y cuando vengo a Chile no tengo mucho tiempo. En este momento estoy haciendo una escala estratégica porque voy a jugar el torneo de Miami, que es un P1 de Premier Pádel. Con ganas de estar acá y aprovechar de ver a la familia un poquito también”.
¿Cómo es la vida en el circuito? ¿Te sientes más viajero que padelista, que deportista? Porque también pasa mucho con los tenistas: avión y cancha, avión y cancha.
“Sí, creo que los deportes son muy similares en el formato de competencia y cómo funciona el tema del ranking y las categorías de torneo. El pádel, al popularizarse tanto en el período post pandemia —yo creo que desde 2020— nos empezó a tocar viajar mucho más. Antes competíamos todo dentro de España, que era como la capital del pádel. De los veinte torneos al año que había en el circuito profesional, jugábamos cuatro fuera de España. Era mucho más cómodo y más económico competir. Hoy en día nos acercamos bastante a lo que es el tenis: está la gira de Medio Oriente, la gira de Norteamérica que se está jugando ahora, después volvemos a Europa, luego Sudamérica. Al final, nuestra casa se convierte en aeropuertos. Además, cuando uno pierde ya no puede regresar a su casa, tiene que quedarse en esa ciudad entrenando hasta el siguiente torneo. Muy similar a lo del tenis. Pero bueno, aprovechando y disfrutando el proceso, viviendo lo que yo creo es un momento crucial para el pádel y que lo estoy agarrando en su peak. Uno es privilegiado de poder estar viviendo ese momento del deporte".
Los inicios y la decisión de ser profesional
Ahora está en su peak, pero tú también te iniciaste en el pádel cuando era un deporte de nicho. ¿Cómo te iniciaste? Entiendo que tuviste una etapa importante en el tenis y que tu padre fue un gran mentor para que te dedicaras a este deporte.
“Más que mentor, yo diría que fue un gran exponente a nivel Chile. Fue un jugador y también en su momento un empresario que apostó por el deporte. Yo tuve la suerte de nacer dentro de una cancha de pádel, pero me gustaba mucho más el tenis e intenté hacer una carrera junior hasta los 13 o 14 años. Fue ahí cuando vi la opción, en un deporte que era muy chico, de decir: ‘Bueno, me quiero dedicar al pádel y dejar todos los deportes que hacía´. Obviamente me gustaba jugar fútbol, me encanta el tenis, pero fue decir: ‘Me quiero dedicar al pádel, quiero hacer una carrera y profesionalizarme poco a poco’. A día de hoy me río porque en primero o segundo medio, cuando el deporte no lo conocía nadie, yo iba con mi bolso con las paletas y mis compañeros me miraban y me decían: ‘¿Qué es esto? Es paleta de playa’. Años después que suena mucho, todos juegan y me escriben diciéndome que se acuerdan de que llevaba las paletas. Es bonito. Yo siempre digo que al final de todo esto nos vamos a dar cuenta el día que nos retiremos, porque la burbuja en la que vivimos —competencia, entrenamiento, la rutina del deportista— no te deja valorar dónde estás“.

¿En qué momento dijiste que el pádel era lo tuyo, que esto iba a ser tu vida y que ibas a ser profesional?
“Creo que también fui bastante inteligente al ver la situación. En Chile, a los 13 o 14 años en tenis, yo era de la generación de Cristián Garín y Bastián Malla —en esa época habían ganado el Mundial Junior— y había una competencia muy intensa. En pádel era yo contra mí mismo, no había nadie. De hecho, nunca tuve una etapa de menores acá en Chile; siempre jugué con los adultos. Hasta que acompañé a mi papá en su último mundial. Ahí, mientras peloteaba como siempre, me vieron los entrenadores de la selección de Argentina y me dejaron invitado a ir a entrenar con ellos una pretemporada. Ese fue mi primer choque: en Argentina ya había miles de menores, ya tenían selección de menores, y los de mi edad estaban compitiendo en adultos con muy buenos resultados. Fue cuando dije: ‘Me quiero dedicar a esto’. No me veía tan lejos, pero sí había una diferencia enorme que, con trabajo y esfuerzo, pude suplir.
El 2017 empieza tu carrera profesional. ¿Cómo fueron esos primeros años en cuanto a financiamiento y viajes?
“Yo creo que sí es parecido al tenis en lo del sacrificio. Pero como el deporte era muy chico en ese momento y no se ganaba lo que se gana hoy en día —que en el pádel, siendo honestos, se está ganando mucho mejor, aunque seguimos muy por debajo de lo que gana un tenista o un golfista— fue algo que vi desde el principio. Los premios han mejorado, pero al estar todo mucho más competitivo, también aumentaron los costos. Antes, las primeras cuatro parejas viajaban con el entrenador. Hoy en día la gran mayoría lleva su equipo: entrenador, preparador físico —aunque a veces se comparte, por ejemplo, el preparador físico va con seis jugadores—, pero al final son muchos más gastos. No es solamente que tú tengas que llegar al torneo; hay un equipo detrás.
Cuando tomé la decisión en 2017 de irme a vivir a España fue porque quería competir: acá en Chile no tenía competencia, y en Argentina los buenos jugadores ya estaban yéndose a España. Fue decir: ‘Tengo que cruzar el charco’. En ese momento, solo las mejores ocho parejas del pádel vivían del pádel; todos los demás tenían que hacer clases o tener otro ingreso. Yo, por suerte, a día de hoy estoy con grandes marcas que apoyan mi carrera, pero en esos momentos, cuando el pádel no era tan popular, mucha gente que jugaba pádel —amigos de mi papá, de la familia, empresarios más chicos— me auspiciaba y me ayudaba. Esa gente que me apoyó al principio, que yo creo que es lo más difícil, tiene el mismo valor que las grandes marcas que hoy confían en mí.
La pandemia y el crecimiento del pádel en Chile
Pero viene la pandemia y el pádel explota. ¿Te sentiste un visionario?
“Yo creo que la burbuja no nos dejó pensar en la magnitud de todo lo que creció gracias a la pandemia. Acá en Chile, que es donde la pasé —por suerte llegué a tiempo—, era de los pocos deportes que se podía jugar: no se podía jugar tenis, ni fútbol, los gimnasios estaban cerrados. Y yo siempre digo que el gran gancho que tiene el pádel es que es un deporte muy social: nos juntamos cuatro amigos y aunque tengamos diferentes niveles lo pasamos bien. A diferencia del fútbol, donde si un equipo es más malo lo pasa mal, o del tenis. A mí me pasa que cuando trato de ir a jugar tenis con mis amigos tenistas, siento que se aburren porque saco peor que ellos. Ahora me está encantando el golf y tengo amigos golfistas, me sacan a la cancha, pero veo que se aburren porque no tengo su nivel.
Siento que la gracia que tiene el pádel, y lo que logró para atrapar a tanto aficionado, fue el tema de que es muy social, se mejora rápido y no necesitas —a nivel amateur— que haya un nivel muy parejo en la cancha. Por eso juegan familias, pololo con polola. A mí me pasa que aunque haya mucha diferencia de nivel con quien sea, lo termino pasando bien. Entonces, no sé si la palabra es “visionario”, pero tuve la suerte de estar donde estaba.
Está creciendo mucho el deporte. ¿Cómo armas tu calendario? ¿Cómo te proyectas a seis meses?
“Hoy estoy dándole prioridad al circuito Premier Pádel, que es el circuito mundial. Lo comentaba antes: tuvimos uno o dos años jugando dos circuitos profesionales por temas contractuales, hasta que los jugadores decidimos quedarnos en uno, que es Premier Pádel, avalado por la Federación Internacional de Pádel. Premier Pádel hace las tres categorías más importantes: el Major, el P1 y el P2. La Federación Internacional se encarga de los torneos de categoría más baja, que en el tenis vendrían siendo como los Challenger.
Ahí uno tiene que ver el calendario y decidir qué le conviene. Hoy en día hay mucha demanda: en una semana puede haber cuatro o cinco torneos de distintas categorías en todo el mundo. Uno se va armando su gira y hace la estrategia: ¿voy a los mejores torneos o me voy un poco más lejos para sumar más puntos?
La dificultad de los partners
Y en la elección del partner, ahora estás con Renzo. ¿Cómo se elige el partner en el pádel?
“Yo creo que el tema del partner en el pádel es lo más difícil, porque al final es tu compañero de trabajo, pero además pasas muchas horas con él en viajes, aviones. Y hay momentos —yo tengo 29 años, ya lo pasé— en que la temporada es muy larga y uno termina quemándose en el sentido de que te vas fijando solo en lo que hace mal tu compañero. Entonces es muy complicado tener la mezcla perfecta: no tener tanta confianza como para perder el respeto profesional, pero sí la confianza suficiente para decirse las cosas. Yo siempre digo que esto es como una empresa y la empresa tiene que ir a ganadora. Pero también pasa lo mismo que cuando el jefe es muy amigo de los empleados: se cruzan barreras que a veces no es bueno cruzar.
Con la experiencia que ya llevo en el circuito profesional, me he dado cuenta de que esto hay que mirarlo con frialdad: es una empresa y uno tiene que hacer lo mejor posible en ella, porque el día de mañana te puede llamar una empresa más grande y tienes que decir que sí, o puede que no funcione y tengas que salir a buscar otra.
Lo chistoso es que todo es muy informal. A veces es un DM. Un mensaje del tipo “oye, ¿vas a seguir con tu compañero?”. Es verdad que tampoco somos tantos jugadores como en el tenis, entonces uno sabe cuándo una pareja lleva cuatro primeras rondas perdidas. Y hay veces que es tan informal que un día antes del cierre de inscripción te llama tu compañero y te dice: ‘Oye, me llamó alguien con mucho mejor ranking. Sorry, te quedas sin partner’
Uno lo entiende. Si el cambio es por alguien similar a ti, ya es otro tema. Pero si te llama Tapia porque se lesionó su compañero para jugar tres torneos, obviamente le das la mano a tu pareja y le dices: ‘Suerte’. Son oportunidades que hay que agarrar".

¿Cuántos partners has tenido? ¿Y con quién lograste el mejor feeling y los mejores resultados?
“El número no lo sé, pero bastantes. También he sido un poco tóxico en mis relaciones de pareja: mucha ida y vuelta. Creo que con quien más jugué fue con José Sánchez, un español. Pero más que un mejor momento, diría que fue mi primera etapa con Agustín Gutiérrez. Justo con Agustín también terminamos jugando la temporada pasada juntos. La primera etapa, que creo que fue el 2019, hubo un momento en que nos fue muy bien: buenos resultados, y había semanas en que sentía que no podíamos tirar la pelota afuera. Veníamos jugando muchos torneos, muchas qualis, muchas previas, viajando mucho, y esa misma inercia nos enganchó bien.
Había momentos chistosos: por ejemplo, estábamos inscritos en dos torneos uno tras del otro y justamente metimos semifinal de un Challenger, pero teníamos que presentarnos al día siguiente a jugar la qualy de un torneo grande. Nos tocó decir: si ganamos, no nos podemos presentar al torneo grande. Hablamos con la organización y al final tuvimos que entrar a la cancha igual. Pensabas: necesito llegar al torneo grande porque me da más puntos, pero me estoy jugando una semifinal. Perdimos, peleados, y viajamos toda esa noche a Portugal —estábamos en el norte de España— para llegar a jugar el torneo FIP de Portugal".
¿Se puede vivir del pádel?
Aquí vemos el Premier Pádel ya como un tour establecido y organizado. Desde tu visión, ¿desde qué ranking un padelista puede vivir del deporte?
“Es una pregunta muy difícil, porque a día de hoy creo que estoy dentro de los mejores 80 jugadores del mundo, y los españoles y argentinos, al ser tantos, no tienen un número 65 de Argentina con los contratos que puede tener un top 100 que sea, por ejemplo, el número uno de Italia. El italiano puede estar en el puesto 100 del ranking, pero va a tener muchos mejores sponsors porque en su país es una figura.
Y a diferencia del tenis —y este es un punto muy importante—, el padelista hoy en día tiene sus ingresos más fuertes, yo diría en un 70/30, más por auspiciadores personales que por prize money. Eso a diferencia del tenista, donde la gran diferencia está en los torneos, o del golf. Entonces, el pádel tiene que dar ese click para ser aún más profesional: que los jugadores se sustenten de los premios más que de los sponsors. Para que suba el prize money tienen que subir los derechos televisivos y los auspicios de los torneos.
Yo creo que para que haya más prize money hay que entender que el deporte es muy nuevo y muchos organizadores todavía no ganan dinero haciendo los torneos: son apuestas a futuro. Pasa lo mismo, por ejemplo, con el ATP 250 de Santiago, que llevan mucho tiempo apostando y quizás los últimos años han visto resultados positivos. En el pádel el circuito les cobra mucho por los acuerdos, y tampoco se les puede exigir más a los organizadores. Lo vi de cerca por lo que se ha hecho en los torneos acá en Chile, y es súper complicado. El circuito tendría que bajar un poco los costos para que el organizador gane algo más, y ojalá destinar un porcentaje de eso al prize money".
¿Dónde gasta más un jugador de pádel?
“Yo creo que hoy en día en el traslado. Me acuerdo que cuando jugaba en 2017-2018, si iba a jugar un torneo en Valencia y perdía, esa noche ya dormía en mi casa en Madrid —a tres horas—, entrenaba seis días con mi equipo y el siguiente torneo se jugaba una semana después en otra ciudad. Hoy en día, si yo hubiese perdido el miércoles en Cancún, juego recién el otro martes y tengo que quedarme esa semana afuera. No puedo irme a España ni siquiera venirme a Chile, que estoy un poquito más cerca, porque tengo que seguir entrenando con mi equipo. El costo de esas “escalas” cuando uno pierde aumentó muchísimo, tanto por un tema de competencia como porque tampoco te sale rentable volver a tu casa para después salir de nuevo".
Las semejanzas del pádel y el tenis
Mencionaste antes el Chile Open y el tenis. ¿En qué convergen el pádel y el tenis, y cuáles son las mayores diferencias entre los circuitos?
“Yo creo que son muy parecidos. De hecho, la última vez que se jugó el Premier Pádel en Chile, el año pasado, fue en San Carlos de Apoquindo y se usaron las mismas instalaciones que el tenis. No son hermanos, son primos. Ese es el término.
Ahora, para diferenciarse un poco, inventaron el Star Point desde este año. Antes habían inventado el punto de oro. Yo creo que la rueda ya está inventada y no hay que cambiar mucho un formato cuando el tenis, con muchos más años, ya hizo la prueba y error de cómo hacer los torneos y tiene el manual armado. Es muy fácil copiar y hacer pequeños cambios para diferenciarse, como el Star Point: a la segunda ventaja se juegan dos ventajas, y a la tercera se juega un punto de oro directo. Me parece bien. A mí me gustaba el punto de oro directo, pero al final hay que mirar lo que hace el tenis.
Algo que me gusta mucho del tenis es que el calendario está definido con un año de anticipación. En marzo de 2026 ya sabemos todo el calendario del 2027 y quizás del 2028. En el pádel nos mandan el calendario en enero del año en curso y uno no puede planificar bien. Pero bueno, es un deporte nuevo y se entiende.
Y hay algo muy importante en lo que no somos tan parecidos al tenis: nuestros cuatro torneos más importantes del año los jugamos al aire libre. El pádel al aire libre pierde mucho. Lo estamos viendo en el torneo de Cancún: hay mucho viento, es incómodo para los jugadores y para el espectador. El circuito tiene que darse cuenta de que para que haya un buen espectáculo y el deporte siga creciendo, tiene que ser indoor.
“Estar fuera del top 50 me duele”
Javier, 29 años. Recuerdo una declaración tuya de 2023 en la que dijiste que querías consolidarte en el top 50. Llegaste al 46. ¿Cómo evalúas tu carrera hasta ahora?
“Lamentablemente siempre soy muy autoexigente y estar fuera del top 50 me duele, no me es cómodo. Pero mirándolo con calma, hay muchos jugadores que querrían estar en mi posición. He estado toda mi carrera dentro de los mejores 100 jugadores del mundo, y no es menor. Toco madera porque nunca salí del top 100 y no he tenido que volver a pelearla desde abajo, que es durísimo. Lo veo en los tenistas: estar acostumbrado a la élite y tener que ir a jugar Challenger es un golpe fuerte. Aunque también es muy valorable, como lo que le pasó a Nicolás Jarry, que comenzó con ranking bajo y después de un largo proceso —que solo él y su equipo saben lo que significó— llegó a la final de Roma. A Garín también le ha pasado algo similar.
A mí no me ha tocado esa experiencia. A veces digo que me gustaría vivirla, pero de momento prefiero estar dentro del top 100. Mi objetivo a mediano y largo plazo es el top 30, porque creo que tengo las capacidades y el nivel para hacerlo. El ranking al final es una cuestión de semanas: metes un resultado y te metes en el top 30, o pierdes un partido que no deberías perder y bajas al 50″.
Tú eres el único referente chileno en el Premier Pádel Tour. ¿Cómo ves el desarrollo del pádel en Chile y si vamos en la dirección correcta para que haya más Javier Valdés en el circuito?
“Por lo que he ido viendo —y en el último tiempo he estado un poco más en Chile—, veo que hay niños que se están dedicando. Está, por ejemplo, Mati Jiménez, con quien entrené hoy: dejó el colegio, está haciendo exámenes libres, va a competir en menores y adultos. Está haciendo una etapa que yo no pude hacer, que es competir en menores a nivel regional y mundial. Y está Juan Escalona, que está viviendo en Barcelona, en la academia de NOX. Ya debería empezar a salir un recambio.
Siendo objetivo, a esos jugadores les faltó un poco —igual que a mí— competir en su categoría de menores localmente. Pero los más jóvenes ya tienen esa competencia acá en Chile: los niños de sub 10, sub 12, sub 14 ya están compitiendo a nivel local, y eso ayuda muchísimo. Yo lo suplí de otra manera: competía un poco en tenis y me iba a entrenar a Argentina con niños de mi edad. Pero siempre digo que no poder competir en categoría menores fue una piedra en mi camino. Yo a los 14 o 15 años ya competía en primera categoría acá en Chile con el mejor jugador del país, lo que también me ayudó enormemente. Con Carlos Zarhi fuimos invictos en Chile durante cinco o seis años: solo perdimos un partido contra una pareja argentina. Eso puede ser muy bueno, pero hay que saber manejarlo. Me hubiese encantado medirme también contra niños de mi edad o jugar un mundial de menores representando a Chile. Esa es la ventaja que tienen España y Argentina, y ya se está construyendo acá“.

¿Recomiendas salir de Chile a los 14, 15 o 16 años para potenciar una carrera en el pádel?
“Yo creo que las transiciones son siempre muy importantes y que no deben ser de cero a cien. Hay niños que juegan acá, van a entrenar a Argentina, algunos van a España. Hay que hacer esas transiciones con sus plazos, porque para un niño ir directamente a entrenar a España y competir allá puede ser frustrante: acá es el número uno o dos de Chile, va a llegar allá y habrá niños mucho mejores que él, no estará acostumbrado a perder y puede terminar sin querer agarrar una paleta.
A mí lo que me sirvió mucho fue ir un mes a entrenar a Argentina dos o tres veces al año, y una vez a España. Así uno también va calibrando lo que tiene antes de meterse con los leones“.
¿Y qué te pasó a ti cuando saliste de Chile y te enfrentaste a ese nivel? ¿Te golpeó?
“Por suerte no me frustré. Siempre fui muy competitivo —al borde de ser muy caliente, digamos— pero tenía claro que en Chile, por más que era el número uno con 15 o 16 años, esa no era la realidad del pádel mundial, y siempre lo tuve muy presente. Mi entorno también me lo comentaba: cuando iba a entrenar a Argentina veía al número uno de allá y había mucha diferencia de nivel. Entonces no fui con la cabeza de que tenía que ganar todo.
De a poco me fui familiarizando con el circuito y haciéndome conocido. Me fui solo a España, no me fui con un compañero, un poco a la aventura, y todas esas cosas sirven para madurar. Obviamente lo ideal es irse con un compañero ya conociéndose, pero el hecho de ir ahí y tener que dar lo mejor para que jugadores apostaran por mí, sin tener ranking ni muchos puntos, también me sirvió mucho para el desarrollo de mi carrera.
¿De qué sirvió el boom de la pandemia para el pádel en Chile, con el tiempo que ya pasó?
“Yo creo que lo que sirvió fue que el boom explotó y se popularizó mucho el deporte, se puso de moda. Gracias a eso entraron también los niños, porque los papás los empezaron a llevar. El hecho de que nosotros en el circuito profesional siguiéramos compitiendo a puertas cerradas —éramos de los pocos deportes que se podía ver— hizo que la gente se empezara a enganchar con el pádel como espectáculo. Yo consumo pádel y es mucho más interactivo que el tenis: hay jugadas mucho mejores que ver. En el tenis de hoy a veces no alcanzas a ver la pelota.
Acá en Chile también creció exponencialmente la cantidad de clubes y el circuito amateur. Había meses con tres torneos grandes amateurs, la gente jugaba los tres fines de semana en familia. ¿Qué pasó a día de hoy? Que se sobresaturó de canchas. Todos vieron la oportunidad de negocio: pongo el rayado, pongo las canchas y va a funcionar. Y ahí se equivocaron. Llegó un punto en que hay más canchas que jugadores, más oferta que demanda. Eso quizás le hizo un poco de daño al ambiente, porque la gente empezó a decir “el pádel baja”, cuando en realidad la palabra correcta es que el pádel se estabilizó. Van a quedar los clubes que tienen que quedar. No he escuchado a nadie que diga “dejé de jugar porque me aburrí”. Lo que pasó es que en pandemia quizás jugabas cinco veces a la semana y ahora juegas dos o tres; antes ibas a los tres torneos del mes y ahora vas a uno. Es normal: se te abrió un abanico de otras cosas por hacer. A nivel de cantidad de jugadores se estabilizó. Han cerrado clubes, están vendiendo canchas, pero los clubes que hicieron bien las cosas no tienen cancha disponible. Ya no hay tres circuitos amateurs, hay uno, pero es lo que da el mercado".
¿Cuánto es la vida útil de un padelista y cuál es tu mayor sueño para lo que resta de tu carrera?
“Siempre vi jugadores competir hasta los 40 o más. Belasteguín se retiró a los 44 o 45 años siendo muy competitivo, terminando dentro de las mejores ocho parejas del mundo. Mi visión siempre fue llegar más o menos hasta los 40, pero cada temporada que pasa voy reduciendo un año. Los viajes, los hoteles, es desgastante. También por eso los tenistas se retiran cada vez más temprano: el deporte se ha vuelto mucho más exigente físicamente. Los jugadores del top van con entrenador, preparador físico, kinesiólogo, ya son un equipo completo.
A día de hoy el pádel ya no premia tanto el talento puro como hace diez años. Tienes que ser un atleta. Soy muy amigo de Agustín Tapia y él tiene un talento increíble, pero marcó la diferencia cuando también mejoró físicamente. Por algo lleva tres años siendo número uno del mundo: se dio cuenta de que el talento solo no era suficiente. Ahora todos son atletas, los premios económicos subieron y los que vienen atrás están respirando en la nuca, entonces todos quieren seguir mejorando día a día".
Las críticas al pádel: “No hay publicidad mala”
Un deporte muy criticado en redes sociales. ¿Sientes que el pádel recibe críticas injustas?
“Yo creo que sí, que se lo mira como un deporte para tenistas frustrados. También hay gente que se lo toma para la chacota. Pero yo siempre digo que no hay publicidad mala, y eso también ayuda a que el deporte esté en boca de todos. A nivel del profesionalismo esas críticas no llegan, resbalan. Yo lo veo más en Chile y en Argentina: al jugador de pádel a veces se le ataca diciendo que es afeminado, que somos el hermano chico del tenis, que el que no le dio para jugar tenis juega pádel. En España esos comentarios no se escuchan.
Carlos Zarhi, que lo mencionaste antes. Para los que no lo conocen, fue considerado el próximo “Chino” Ríos en su época y después se volcó al pádel. ¿Cómo fue tu conexión con él y esa etapa como partners dominando el circuito nacional?
“Lo que viví con Carlitos fue algo muy especial y me ayudó mucho en mi desarrollo como deportista, porque él apostó por un niño de 15 años cuando ya era el número uno de Chile. Yo lo veía jugar contra mi papá, que seguía jugando el circuito nacional, y eran rivales. Fue bonito y siempre lo he reconocido: Carlitos apostó, entrenábamos juntos, me apañaba cuando acá en Chile no tenía con quién trabajar. Y yo creo que él también vio el potencial de decir: “Puedo empezar a jugar con él y ser competitivo.” Se lo tomó como un reto.
Él venía de algo que yo decía que les falta a los niños acá en Chile: Carlitos compitió mucho en su etapa de menores en tenis, fue de los mejores del mundo en ciertas categorías, y eso lo traspasó al pádel. Yo traté de absorberlo al máximo, sobre todo en cómo competía y cómo vivía el deporte. Mi primera gira a España creo que fue con Carlitos, nos fue bastante bien, y ahí fue donde yo di el paso de querer quedarme en Europa. Carlitos tenía otras prioridades en ese momento, pero siguió en el mundo del pádel y hemos sido compañeros de selección. Yo siempre he dicho que si Carlitos hubiese querido dedicarse más y dar ese salto al charco antes de que yo me fuera, tenía todas las capacidades para haber sido un muy buen jugador.
¿Cómo era tu relación con él? Tiene bastante más años que tú.
“Sí, tiene diez años más. Yo empecé con él a los 15 y él tenía 25, terminando la universidad, con una vida completamente diferente. Siempre le gustó más el área comercial y de emprender, aunque estudió derecho. Me acuerdo que un año estuvo estudiando para su tesis y podíamos entrenar solo en horarios no tan buenos. Pero Carlitos, aparte de ayudarme en el lado deportivo —que siempre digo que lo exprimí al máximo en cómo competía—, también lo vi como un hermano grande que me asesoraba en todo lo que él había pasado como deportista y siempre me decía que lo más importante era ser mejor persona, porque eso es con lo que se queda la gente. Fue un vínculo muy bonito y le tengo mucho cariño.
La caída del Premier Pádel en Chile para este año
El Premier Pádel estuvo en Chile el 2024 y 2025, pero para 2026 no tenemos fecha. ¿Es un golpe para el deporte en nuestro país?
“Yo creo que en esta ocasión no fue culpa de la organización acá en Chile. El deporte es muy nuevo y no puede ser que en enero nos presenten el calendario siempre sujeto a cambios. Lo que pasó —y lo sé un poco internamente— es que Chile había pedido una fecha, se le había confirmado, y en esa fecha podían hacer el torneo en la misma locación de los últimos años, al aire libre. Pero Premier Pádel por sus propios temas de calendario les terminó ofreciendo mayo, y en mayo no había un lugar para hacerlo indoor en Santiago. Fue un tema logístico de último minuto, ese fue el gran problema.
A mí obviamente me afecta porque es el torneo local y lo espero con mucho entusiasmo. A los jugadores también les gusta mucho venir a Chile. Esperamos con fe que el próximo año vuelva al calendario, porque al ser un P1 es como jugar un Masters 1000: están las mejores 30 parejas del mundo, masculino y femenino. Es un torneo de altísimo nivel y Chile como mercado se lo merece".
Y ante tu ídolo, Belasteguín. Le ganaste en tres sets. ¿Fue la victoria más importante de tu carrera?
“Yo creo que fue la más importante a nivel ranking: ellos estaban creo que en el puesto cinco o seis del mundo. Fue un torneo muy especial también porque en los dos últimos años antes de que Bela se retirara fui muy cercano a él. Desde 2017, que fue mi primer año como profesional, Belasteguín siempre fue muy generoso con los jugadores que veníamos de Sudamérica, sabiendo el esfuerzo que hacíamos. Bela siempre nos abrió las puertas de su club para que pudiésemos entrenar, sin conocernos, solo porque conocía un poco a mi papá.
Siempre línea abierta con él. De hecho, tuve un entrenador durante mucho tiempo al que me costó mucho decirle que quería cambiar de aires, y llamé a Bela para preguntarle cómo manejarlo. Él me dijo que no existe el entrenador ideal, que uno tiene que tratar de exprimir lo mejor de cada uno, pero que el buen entrenador es el que saca el máximo de sus jugadores. No el que entrena al número uno, al dos y al tres del mundo. El que a ti te hace mejor. Eso me quedó muy grabado.
Cuando le gané ese partido, sabía que era su último año. Entramos a los octavos contra ellos, lo daba mentalmente por perdido aunque obviamente entras a ganar. Empezamos, buenas sensaciones, ganamos. Fui al vestuario y Bela estaba terminando de ducharse. No me dio para pedirle la camiseta: aparte de que le había ganado, sabía lo que le estaba costando ese año, así que eso quedó pendiente. De hecho, ayer hablé con él porque es el director del torneo de Miami, le avisé qué día llegaba para ver si podemos ir a comer o hasta entrenar juntos.
El pádel pone la mira en los Juegos Olímpicos
La incógnita: ¿el pádel va a ser olímpico?
“Estamos muy cerca. Yo creo que el pádel, a nivel de espectáculo, da mucho más que el squash, sin desmerecer. Se juega en más países, hay un circuito mucho más competitivo y global, siendo que el squash es un deporte más antiguo con más historia. Este año se va a jugar como deporte oficial en los Juegos Europeos, y en los Panamericanos fue deporte invitado. Está en la mira, es cuestión de tiempo.
En las próximas olimpiadas no lo veo, pero quizás en las siguientes —creo que son en Australia— ya se debería ver el pádel, porque se está consolidando y ya se juega en todos los continentes. Solo falta un poco de tiempo para que uno vea el ranking y haya más banderas. Hoy está muy cargado de Argentina y España, con algunos países europeos específicos. Chile aparece por suerte en el top 100, y recién entró un paraguayo. Hay que esperar un poco más de diversidad en el ranking.
¿Te ilusiona jugar unos Juegos Olímpicos con la bandera de Chile?
“La verdad, si son dentro de ocho años, no sé si Javier Valdés estará ahí. Nunca me lo visualicé cuando era niño ni me lo visualizo ahora: vivo el presente. Pero obviamente, viendo lo que significa una olimpiada, sería algo muy especial. Es otra dinámica: hay una delegación, estás rodeado de deportistas que se preparan toda su vida para una sola competencia. Al final el pádel, como el tenis, te da revancha continuamente. En una olimpiada no. Es breve e irrepetible. Me siento representando a Chile en cada competencia que voy, aunque sea un deporte individual, pero esto sería algo mucho más especial. Espero por lo menos poder verlo, y creo que los jugadores que les toque ese momento van a ser unos privilegiados, porque nadie se imaginó nunca una olimpiada de pádel.








