Recuerdo pocos técnicos que hayan concentrado tanto poder como Nicolás Córdova en la Selección. Por razones circunstanciales, lejos del propósito con que fue contratado, el talquino quedó convertido en el entrenador que tendrá a su cargo la Selección mayor -que tendrá dos partidos por eliminatoria y tres amistosos-, el Mundial Sub 20 como anfitrión y el Sub 17 de Qatar.
No será un Director Técnico Nacional, en rol supervisor y lejano, que lo hubo. Estará en la primera línea, tomando decisiones, asumiendo riesgos y con responsabilidad total. Reitero: nunca hubo un seleccionador con tanta exigencia en cuatro meses.
Córdova llegó al cargo bajo la administración de Pablo Milad con la labor de estructurar un proyecto de Selecciones menores, pero al poco tiempo fue interino de la Roja tras la renuncia de Eduardo Berizzo, debió hacerse cargo de una Sub 23 y una Sub 20, cuando la idea central era que estuviera en la supervisión de los planes. No fue malo, pues es joven, tiene estudios, experiencia y pareciera tener las convicciones para modificar lo que está mal hecho.
Desgraciadamente, en ese punto, no cuenta con una dirigencia activa. Sus opiniones negativas sobre el reglamento Sub 21 y los torneos cadetes no fueron considerados ni remotamente por el Consejo de Presidentes ni empujados con firmeza por Milad. Quisiera rebelarse Córdova, pero la falta de recursos, de infraestructura y, sobre todo, de convicciones de sus jefes hacen que todo esfuerzo sea vano.
No me parece buena idea que esté paralelamente pensando en Brasil, Uruguay y la nómina definitiva de la Copa del Mundo. De hecho, durante el Sub 20 habrá una fecha FIFA donde la Selección mayor jugará un amistoso contra Perú en Concepción. Córdova insiste en apelar a un equipo de trabajo para abordar todas las exigencias, pero su condición de omnipresencia lo convierte en un Zar con capacidad de articular todas las tareas, como nunca se hizo, donde las personalidades de los entrenadores de las menores chocaban con los de la Roja adulta o corrían por carriles muy separados.
¿Es una ventaja? Sí, porque tiene el panorama completo bajo su égida. No, porque depende en exceso de los resultados para mantener su condición. Si el recambio propuesto para enfrentar a Carlo Ancelotti y Marcelo Bielsa se derrumba, llegará desestibado al debut contra Nueva Zelanda el 27 de septiembre. ¿Podrá ser impermeable a los resultados? Con esta dirigencia es imposible imaginarlo. ¿Es factible pensar que este dibujo se extienda al próximo período? Lo dudo, aunque las precariedades económicas de la ANFP - ¿sigue siendo lo mismo que la Federación?- prolonguen su multi-gestión más por razones de caja que por convicción deportiva.
Septiembre será el mes de prueba para Nicolás Córdova, que perfectamente podría mirarse al espejo para encontrar parecidos con Lionel Scaloni, quien con un modelo parecido se consagró para siempre en Argentina, navegando sobre un mar de cuestionamientos. Si resulta, tendrá herramientas suficientes para exigir los cambios requeridos. Pero él sabe, como todos nosotros, que su ilusión, su trabajo y su poder penden de un hilo.