El presidente de Colo Colo, Aníbal Mosa, decidió resumir su nefasto año al mando del club escribiendo una carta. Una pobre composición escolar con la que resume la peor temporada institucional de la que se tenga memoria desde la quiebra en 2002 y en lo deportivo, casi comparable a la cuando el equipo pellizcó el descenso hace algunos pocos años.

Mosa se debió haber ido callado después del descalabro del 2025. Esa habría sido una determinación sensata y acorde a los tiempos que corren al interior de un club inmensamente poderoso a nivel nacional, en comparación a otros con recursos limitados, historia menos prolongada e inferior convocatoria al lado del Cacique, pero que a nivel corporativo y estructural le dan cancha, tiro y lado a Colo Colo. Dos ejemplos a la rápida: Coquimbo Unido y Huachipato, los campeones de los torneos de la reciente temporada.

Pero el presidente albo ha preferido “enfrentar” el fracaso, rotundo e indesmentible, a través de una carta en redes sociales. Un mensaje en el que relativiza sin ningún tipo de pudor la catástrofe institucional y deportiva de Colo Colo, lleno de lugares comunes; palabras vacías que no conectan con el desconsuelo del hincha ante una campaña futbolística paupérrima, repleta de equívocos, ausente de liderazgos positivos y de protagonistas que estuvieran a la altura de las complejísimas circunstancias que debió asumir el equipo dentro y fuera de la cancha.

Ni hablar de la superficial y descomprometida revisión que hace Mosa en su composición de enseñanza básica de lo que significaría el gran año albo cumpliendo el primer centenario: “No todo resultó como soñábamos”, escribe el presidente colocolino acerca de los planes para conmemorar los cien años, como si existiera alguna arista rescatable en el plano dirigencial de una experiencia inolvidable por lo desastrosa, mal conducida y tristemente comunicada.

“Dimos paso importantes en materia de seguridad, modernización y vínculo con nuestra comunidad. El Centenario no solo fue una conmemoración, también fue una oportunidad para sentar bases sólidas de futuro”, reza parte del mensaje de Mosa, en lo que suena a relato burlesco de una realidad completamente opuesta a lo que el hincha racional de Colo Colo puede pensar de lo que observa diariamente: una institución de relaciones históricamente quebradas entre los dos bandos controladores en lo directivo, con representantes del Club Deportivo y Social que en el directorio juegan pendularmente con sus votos, conforme a donde más poder de resolución obtengan; con una barrabrava que maneja a piacere amplios sectores del estadio Monumental y con un grupo de jugadores-líderes extraordinariamente bien pagados pero poco representativos del espíritu del Cacique.

Mosa siempre ha sido un verborreico. En el tráfago de una entrevista al paso o de una situación donde priman la inmediatez, la urgencia o la sorpresa, siempre hay un riesgo de equivocar las palabras y dejarse llevar por la confusión. Pero cuando se hace un ejercicio de introspección previo a escribir un texto, cuando el listado de errores y el espacio para la autocrítica no se pueden eludir, resulta inadmisible que la oportunidad se ocupe para engañar abiertamente a los destinatarios.

Dado el calamitoso año que enfrentó Colo Colo y la deplorable conducción dirigencial que acompañó al club, lo aconsejable era asumir el fracaso con responsabilidad y despedirse en silencio. Todo el resto solo agravan la falta y la ceguera del presidente de Colo Colo.

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