El 7 de enero Cobreloa celebró sus 49 años. Seguro que el dolor de la dramática derrota frente a Deportes Concepción, la noche del 7 de diciembre en el “Zorros del Desierto”, aún resuena. Solo la mística loína le permite al cuadro de Calama levantarse e ir por el retorno.

No es cualquier aniversario el que viene. Es el cincuentenario de una institución que cambió el curso del fútbol local a fines de los ’70, pero sobre todo en los ’80.

A diferencia de otros momentos, los dirigentes nortinos sostuvieron a César Bravo en la banca. Un técnico de la casa, que asumió el reto de evitar el descenso en 2024, cuando el destino estaba sellado. En un campeonato apasionante y equilibrado como el del Ascenso, mantuvo al equipo en la disputa por los dos cupos a Primera División, pero sucumbió en el epilogo ante los lilas.

Cosas del fútbol. El derechazo de Gustavo Gotti dio en el vertical izquierdo de Nicolás Araya y volvió a la cancha; el de Nelson Sepúlveda rebotó en el poste derecho de Hugo Araya y remeció el Bío Bío. En menos de dos minutos, la ruleta rusa de este deporte dio la gloria a Deportes Concepción y frustró a esos hinchas calameños cuya mayoría, por una cuestión etaria, conocieron la gloria y las hazañas por videos o leyendo una historia que en el tiempo se atesora y agiganta.

Revisemos. En la valla atajaron Juan Olivares, Ladislao Mazurkiewicz, Oscar Wirth, Mario Osbén y Nelson Tapia. El uruguayo es uno de los mejores porteros de la historia, con los Mundiales de Inglaterra ’66, México ’70 y Alemania ’74 en el cuerpo. Olivares fue el titular de Chile en la cita británica y suplente en Alemania ’74; Osbén en España ’82, mientras Wirth era el reserva. Tapia atajó en Francia ’98 y fue bronce en los Juegos Olímpicos de Sydney 2000. También vino Carlos Bertero, titular de Estudiantes de la Plata luego de jugar la Copa Libertadores. ¿Cuántos clubes chilenos se dieron este gusto?

A modo de anécdota y para ilustrar la grandeza naranja, entre las Copas del Mundo de México ’86 e Italia ’90, dos mundialistas se calzaron la 10. En 1988, Marcelo Trobbiani, vigente campeón del mundo con Argentina, remeció el torneo local. La descosió en el cuarto título loíno. En 1990 vino el paraguayo Adolfino Cañete, cuando se extinguía el extraordinario ciclo ochentero.

Eran otros tiempos. Imposible para cualquier conjunto chileno apuntar a ese tipo de futbolistas. Sin embargo, no fue fácil convencer figuras de esa envergadura. Calama era una ciudad que no disponía de casi ninguna de las comodidades actuales. Había dinero, pero también prestigio. Dirigentes austeros, que entendían el rol social del club, y entrenadores capaces de garantizar a ese tipo de cracks un proyecto serio.

Lo anterior no es baladí. Si algo explica la crisis que desembocó en el doble descenso de Cobreloa es la carencia de directivos lúcidos, a la altura de lo que implicaba conducir una entidad acostumbrada a desenvolverse en la élite del fútbol local, con presencia habitual en la Copa Libertadores.

Da la impresión de que la presente conducción aprende, en algunos ámbitos, las lecciones de un pasado reciente y doloroso. La competencia que se avecina será feroz. Hablar de favoritos resulta pretencioso, en un torneo donde compiten San Marcos de Arica, Deportes Iquique, Antofagasta, Copiapó, Wanderers, Unión Española, Rangers, Curicó Unido, Temuco, Puerto Montt, sin olvidar a San Luis, Recoleta, Santa Cruz y San Felipe, que, con menos presupuestos, discutirán jornada a jornada.

Será casi un año de batallar, con la obligación de ascender. La fe persiste después de heridas que a cualquier otro hubieran tumbado. Es la impronta de Cobreloa.

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