Zampedri, Gary, el Claro Arena, Garnero, los ‘4 Fantásticos’ que salvaron a Universidad Católica el año pasado. Cada cual, en su momento, contribuyó a que el continuo vaivén que afectó al equipo después de su histórico tetracampeonato, comenzara en el segundo semestre de 2025 a evolucionar hacia una escalada que entusiasmó al más pesimista hincha cruzado y que terminó con un cierre de ensueño.

Si hay uno de esos factores de impulso que debiera ocupar el lugar de privilegio es Fernando Zampedri. Difícilmente Católica vuelva a tener en las próximas décadas un jugador más determinante que el delantero entrerriano. Más allá de las estadísticas casi insuperables que exhibe el goleador, Zampedri ha sido el mayor valor en un equipo que se caracterizó por su irregularidad, y que solo el 2022 tuvo algún destello de las notables performances que desarrolló entre 2018 y 2021.

La reinauguración del Claro Arena es uno de los hitos más importantes en la historia moderna de la infraestructura deportiva en Chile que, tratándose de un esfuerzo privado, solo se le puede comparar con la imponente transformación que tuvo el Estadio Nacional que -con dineros estatales- pasó a ser un complejo multidisciplinas de nivel internacional, para acoger a los Juegos Panamericanos Santiago 2023. El impacto que significó la apertura del recinto de San Carlos de Apoquindo marcó tal impronta diferenciadora con el resto de los clubes deportivos del país, que habría sido un pecado capital que la UC no sacara una ventaja legítima por el solo hecho de presentarse en la precordillera como local. Se podrá argumentar que los partidos hay que jugarlos. Indudable. Pero que los cruzados partieron con ‘medio gol’ a favor con su hinchada repletando el Claro Arena, es un hecho indesmentible.

A Gary Medel hay que concederle un peso específico dentro del camarín que quizás ya no tiene un correlato a la altura de su trayectoria en lo estrictamente futbolístico. La presencia del ídolo sacudió el vestuario en San Carlos a principios del año pasado y fue uno de los que sostuvo, básicamente con su personalidad carismática, el mediocre primer semestre que terminó con la partida de Tiago Nunes. Brilló el bicampeón de Copa América dando la cara y poniendo el pecho a las críticas, justamente en ese período oscuro en que pareció que solo la apertura del nuevo estadio redimiría a Católica de una temporada para el olvido.

Y, por último, Daniel Garnero. El exjugador de la UC volvió al club convertido en un entrenador que ganó prestigio en Paraguay, pero que aún así para el fútbol chileno era una apuesta arriesgada, sobre todo si en la Selección guaraní, la gran prueba que distingue su recorrido como técnico, su gestión no fructificó. El argentino demostró que con una propuesta conceptual simple, directa y pragmática, viendo lo que la mayoría ve cuando juega su equipo, se le podía sacar rendimiento a un plantel más que competitivo para el medio chileno. Garnero cerró el círculo virtuoso de un segundo semestre que abrió el apetito para este 2026.

A nadie puede entonces extrañarle que el club cruzado haya tenido que cerrar su temporada de venta de tickets de abonos porque el stock se agotó en pocos días. El fenomenal boom de Católica tiene la particularidad que enlaza el crecimiento orgánico, representado en el estadio, la mejoría deportiva, materializado en la campaña y potenciación de su equipo, y el entusiasmo de su público, que proyecta un año fecundo en el plano local e internacional, y percibe el espectáculo en su cancha como una experiencia satisfactoria, incluso más allá del resultado. Un hincha de la UC que, además, si mira para el lado, hacia sus competidores más cercanos, Colo Colo y Universidad de Chile, entiende que en lo institucional hoy está varios peldaños más arriba.

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