La paradoja de Damián Pizarro es que, con 20 años y casi cuatro desde que debutó en Primera División, le ha pasado mucho, pero, en el fondo, no le ha pasado nada. Es decir, la enumeración es larga pero el contenido es casi inexistente. Y si nos remitimos a los dos últimos años, casi no hay material.

El “Haaland de Macul”, una infeliz ocurrencia de Hugo Rubio que sigue martirizando al muchacho, hizo algunos goles en Colo Colo. La presión de su representante y los medios amaestrados lo pusieron en la Selección Chilena, fue transferido a Italia sin tener la madurez ni la cabeza para jugar allí, lo mandaron a Francia donde no pudo ni siquiera entrar en las convocatorias, se borró de la Selección Sub 20 y otra vez la maquinaria de representación consiguió que lo perdonaran y fue devuelto a Italia para quedar varado.

Un peloteo trágico. A un mes de cumplir 21 años Damián Pizarro está lejos de ser “el mejor centrodelantero que ha salido del fútbol chileno en dos décadas”, como los giles proclamaban. En Udinese no lo quieren y su vuelta a Colo Colo, donde la amistad o la conveniencia o el chantaje de Aníbal Mosa a Fefe o de Fefe a Mosa, no sé quién se para a qué lado de la mesa acá, terminó chingándose por culpa de Fernando Ortiz. El entrenador argentino no está para recuperar jugadores y desde el comienzo le bajó el pulgar.

En Vibra ya no saben qué hacer. A ver, hay algo que sí saben hacer y siguen haciendo: filtrar el “interés” de un equipo importante para mantener la cotización. El último fue Racing Club. Un humazo 100% Daniel Behar y sus amigotes de los medios. ¿A dónde se iba Lucas Cepeda hace una semana? ¿No estaba listo? Es un loop esto.

Dicen que, finalmente, Fernando Felicevich se enojó con Mosa por no recibirle al cabro. El presidente de Colo Colo, con todas sus chiflotas, también tiene instinto de supervivencia. Ya bastante sangre le ha sacado Vibra y en la alcancía quedan dos escudos de bronce, una pastilla de menta llena de pelusas y un manual de Sony Trinitron 1978. El año pasado tiraron la casa por la ventana y ahora se dieron cuenta que no tienen muebles. Mosa vio que los hinchas no estaban convencidos de repatriar a Pizarro y no está dispuesto, al igual que Ortiz, a apostar a la recuperación.

Pero que nadie invente que esto no se veía venir. Algunos olfateamos el manoseo desde el principio. Me remito a lo que dije el 30 de octubre de 2023 a propósito de la zalagarda y los fuegos artificiales que se levantaron por la convocatoria de Damián Pizarro a la selección panamericana que dirigía Eduardo Berizzo:

“Se habla mucho del aporte táctico de Pizarro, que arrastra marcas, que aguanta la pelota, que genera espacios, pero al final hay muchas de esas opiniones que yo no sé cuán condicionadas están por el interés evidente, que si bien no lo explicitan quienes lo manejan, pero mandan a decirlo, de querer venderlo (…) es tal la necesidad de vender que terminan aplastando a los jugadores con responsabilidades que no corresponden (…) los que presionan por el lado de la venta, los del interés comercial, hacen mucho ruido y, a la larga, hacen mucho daño (…) No les interesa su desarrollo, su futuro, nada. Solo quieren venderlo”.

Que nadie se haga el sorprendido.

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