
El sábado 7 de septiembre de 2024, Ricardo Gareca estaba nervioso y no sabía a quién recurrir. No encontraba respuestas en la ANFP. Alguien le había dicho que Marcelino Núñez, amonestado con Argentina en la derrota 3-0 en el Monumental de River, era elegible para el fatídico duelo con Bolivia en el Estadio Nacional. Desde Quilín escribieron a la FIFA para preguntar si el entonces volante de Norwich estaba suspendido por acumulación de tarjetas amarillas.
La réplica desde Zurich fue corta: revise el reglamento de la Copa del Mundo. Lógico. ¿Se imagina usted que el organismo rector del fútbol tuviera que responder las consultas de 211 federaciones? Para eso están las normas, conocidas por los actores que intervienen en esta actividad.
El preámbulo viene a cuenta de la denuncia de Everton y Cobresal por la inclusión de Axel Encinas, jugador argentino de Unión La Calera, quien ingresó en las victorias cementeras frente a ambos rivales, dejando a los dirigidos por Martín Cicotello con seis extranjeros en la cancha. Los reclamantes sostienen que se infringió el artículo 31 de las Bases del Campeonato, donde con claridad se especifica la cantidad de extranjeros en el campo de juego.
La Calera incurrió en el error, pero su defensa se ampara en conversaciones de whatsApp y diálogos informales, que ninguna institución seria considera oficiales. Se mencionan requerimientos al jefe del Área de Registro de Jugadores de la ANFP, Jezahias Ureta, y al gerente de Ligas, Yamal Rajab, aunque en este caso la conversación es en la etapa de revisión de las bases, por lo que no debería ser considerado.
A partir de lo anterior, Oscar Fuentes, abogado de los cementeros, exsecretario ejecutivo de la ANFP en la administración de Sergio Elías Jadue Jadue, conocedor del tejido jurídico de la corporación, basa su estrategia en un fallo de la Copa Chile 2025. Deportes La Serena reclamó por un eventual incumplimiento del minutaje Sub 23 de Deportes Limache, en la semifinal del torneo.
La diferencia es sustantiva. Limache probó estar autorizado para sumar minutos gracias a la nominación de Agustín Arce a la Selección Chilena. “Se observa que existió diligencia y buena fe en el actuar del Club Deportes Limache, toda vez que ante la poca claridad y especificidad que existe en las Bases de la competencia, respecto a cuándo se entiende que un jugador no puede participar por su club por haber sido citado a alguna Selección nacional, formuló la pregunta a la autoridad a quien, efectivamente, debía hacer la consulta”, expresó el fallo del Tribunal de Disciplina, que destacó que el club “actuó de manera íntegra y legítimamente”.
En esta oportunidad, La Calera busca demostrar que los funcionarios de la ANFP, en especial la gerencia de Ligas, disponen de la potestad para interpretar las bases. Un argumento que no corresponde, porque fueron aprobadas por los clubes y luego resta su cumplimiento y aplicación. Lo medular en esta situación es desterrar la práctica de resolver todo a través de conversaciones telefónicas, mensajes por redes sociales e incluso correos electrónicos.
Una institución de la envergadura de la ANFP posee un entramado institucional, donde la formalidad es la clave. Las dudas, planteamientos o solicitudes, tienen que dirigirse al secretario ejecutivo, con paso previo por la Oficina de Partes. De esa manera existe registro e historia, y se elimina el “tú me dijiste”, el “yo creo”, el “creí que” y “pensé que”.
En este caso, una vez más, surge la interrogante sobre el papel del compliance de la ANFP, Miguel Ángel Valdés. A esta altura, es posible creer que descansa en las termas de Quilín o está dedicado en plenitud a asesorar al presidente Pablo Milad. De otra forma, no se explica tal nivel de desprolijidad.
Si bien el artículo 31 es claro y La Calera se equivocó, con la mirada en el futuro, y a fin de resolver todos los líos de escritorio que han enredado al fútbol chileno, es la hora de apuntar a redacciones simples, que terminen con la lógica del asterisco.








