El diario La Tercera informa que Pablo Milad se reunirá con el Presidente electo José Antonio Kast, antes de que éste asuma oficialmente el 11 de marzo. El titular de la ANFP lo hará para revisar materias de seguridad en los estadios y algunos cambios legales relativos a la violencia generada por las integrantes de las barras bravas. En un gobierno de emergencia como el que ha declamado el futuro mandatario, la cita tiene lógica. Es importante conocer las conductas de los delincuentes que, de modos diversos, usufructúan del fútbol profesional.
En la misma nota del matutino se añade, como información de contexto, una confesión que Milad hizo cuando fue entrevistado hace ya un mes: “Históricamente, los gobiernos de derecha tienen mejor relación con el fútbol que los de izquierda”. El dirigente no profundiza, una vez más, y solo agrega que su afirmación se sustenta también en lo que ha escuchado de otros directivos de países sudamericanos, aunque, por supuesto, tampoco específica de quiénes. Milad siendo Milad.
Es efectivo que las relaciones entre la ANFP y el gobernante y sus ad lateres nunca fue fluido ni cercano, y menos eficiente y productivo. En el gobierno del Presidente Gabriel Boric aquellos burócratas de tercera y cuarta especie que tuvieron poder de decisión sobre la programación y las restricciones de los aforos de los partidos de fútbol, solo aparecieron para ganar pantalla y espacio en los medios, pero siempre operaron a partir de la cobardía, el prejuicio y la ignorancia, rasgos propios de funcionarios públicos muy bien renumerados que no corren riesgos para conservar el cargo y el sueldo. Hubo -y hay- delegados presidenciales y gobernadores que evitaron dejar cualquier huella en una determinación que contraviniera las disposiciones de Carabineros, que ya sabemos que, cada vez que pudo -y puede-, le hace el quite a cumplir las funciones de seguridad en todo evento futbolístico que no sea el de los ‘plácidos‘ encuentros de la Selección Chilena.
Aquellos lamentables capítulos que dañaron la orgánica de los campeonatos, llegan a su fin con la despedida de este gobierno y con esa suerte de dispensa que le otorga el propio Milad, cuando excusa al actual mandatario porque los intentos de cita con la ANFP nunca llegaron a sus oídos, según se lo habría comentado Gabriel Boric cuando se encontraron en los salones VIP del Nacional para el Mundial Sub 20, y la Federación le obsequió la camiseta roja de la Selección a Violeta, la pequeña hija del saliente gobernante.
Ahora que llega una nueva autoridad a La Moneda, mucho más afín a la sintonía política del Milad que fuera ex intendente del Maule en el segundo período del Presidente Sebastián Piñera, en la testera de la ANFP existe optimismo de que se avanzará sin transar en la modernización de la actividad. Se hablará en el mismo idioma, se entenderán bajo los mismos códigos, la ‘república del fútbol chileno’ por fin podrá será respetada y escuchada en palacio y en los ministerios, y todos los vacíos legales, las trabas administrativas y los nudos institucionales se resolverán con celeridad, porque no hay como la buena disposición y el diálogo entre amigos para arreglar los problemas.
Porque no podemos soslayar que el fútbol es un bien social y un deporte popular que evolucionó, piensan Milad y su entorno de advenedizos y mercachifles quienes con su presencia en el Consejo de Presidentes quebraron la estructura donde algo quedaba de responsabilidad simbólica. Y claro, como a la izquierda esa transformación no la entiende ni le acomoda, siguen razonando en Quilín, qué mejor que establecer un new deal con la entrante autoridad. Aunque no haya ni una idea nueva que exhibir, ni un plan a largo plazo que desarrollar y ni un peso que invertir para que la gente, esa que aún no pierde la pasión, vuelva a creer que realmente los que mandan quieren al fútbol.