El inicio de la temporada chilena no solo trajo dudas sobre el funcionamiento de los equipos y la irregularidad de los grandes, sino también dejó a la vista el palpable deterioro de los diferentes campos de juego de la Liga de Primera.

En las primeras fechas, hemos visto canchas que dejan mucho que desear como la del Nacional, Sausalito de Viña del Mar, Ester Roa de Concepción, CAP de Talcahuano, Nelson Oyarzún de Chillán, entre otras, y con eso perdemos algo esencial como la superficie para el desarrollo del juego.

El crecimiento de la industria del entretenimiento y recitales es una realidad inapelable. Millones de personas esperan conciertos que, muchas veces y por capacidad, solo se pueden realizar en recintos deportivos, pero admitir eso no significa aceptar el abandono como solución. Cobrar un seguro tras un evento masivo y dejar la cancha “como quedó” es, en el fondo, mirar para otro lado. Una indemnización no devuelve la calidad del espectáculo deportivo ni el derecho del mundo deportivo de tener un campo en condiciones adecuadas.

El problema es de gestión y de prioridades. Si un estadio recibe recursos públicos o convenios privados, esos fondos no pueden destinarse solo a fachadas o a obras de retoque; deben contemplar la conservación del césped como inversión estratégica.

Actualmente, hay diferentes tecnologías que ayudan al cuidado del campo de juego como el pasto híbrido, los drenajes e incluso la posibilidad de mejorar la calidad de las cubiertas. De hecho, algunas productoras manifiestan que en los últimos años se han perfeccionado las tecnologías de cuidado del campo de juego.

Si bien estas inversiones son altísimas, representan soluciones menos costosas que el deterioro recurrente de una cancha y el descrédito que eso trae al torneo y al país como sede.

El caso del Nacional es elocuente. El 2025, la FIFA y la propia administración del recinto hicieron una inversión importante, posicionando su césped entre los mejores para la realización del Mundial Sub 20. De hecho, los jugadores de la Selección Argentina adulta, tras el partido de Clasificatorias, aseguraron en su fuero interno que la cancha del Nacional era la mejor del torneo, junto a la del Monumental de River.

Dos meses después, la agenda de espectáculos dejó el pasto del estadio amarillento y deteriorado. A pesar, incluso, de que el Nacional tiene una de las pocas canchas que resiste de forma correcta a estos eventos masivos, debido a inversiones que se han desarrollado en el último tiempo como la instalación del pasto híbrido.

Tal como ya mencioné, hay una realidad que se debe aceptar y es que hay artistas que, por un tema de capacidad, sólo se pueden presentar en el coloso de Ñuñoa. Lejos estoy de satanizar los conciertos, de hecho, estuve en Oasis en una noche mágica en Ñuñoa en el retorno de los hermanos Gallagher.

Es el Nacional un recinto deportivo, pero que también ha albergado hitos culturales y políticos, como la visita del Papa Juan Pablo II, el discurso del Presidente Patricio Aylwin en el retorno a la democracia o cada edición de la Teletón. Todos los mundos pueden convivir, pero lo que no puede faltar es el sentido común en la planificación para darle el tiempo suficiente al césped de reponerse ni el cuidado antes, durante y después con tecnología de punta para proteger la cancha.

Lo que ocurrió con la visita de Chayanne en el Sausalito fue peor aún. Tras el concierto en Viña del Mar, la cancha quedó en pobres condiciones. Las autoridades aseguraron que “la recuperación será financiada íntegramente por la productora del evento”, pero lo que esperábamos no era la reacción, sino la prevención. El suficiente cuidado de la cancha para que la estructura no la dañe, ya que el problema no es quién se hace cargo de la recuperación, sino la inversión para que no haya daños profundos.

Algunos empiezan a optar por otro camino que es el del césped sintético. La tendencia empuja hacia superficies artificiales en varios recintos, principalmente, debido a su bajo costo de mantenimiento, pero eso cambia el juego, ya que afecta la dinámica, la salud de los jugadores y el espectáculo. De todas formas, hay excepciones destacables, como el moderno proyecto de la Universidad Católica, que complementó superficie sintética con infraestructura de primer nivel.

En ese sentido, el estadio Santa Laura estuvo muy cerca de convertirse en un recinto sintético, lo que finalmente se declinó. Por su lado, el estadio Calvo y Bascuñán de Antofagasta se sumará a las canchas sintéticas de Copiapó, Quillota, La Florida, La Calera y Puerto Montt, entre otras, dejando en evidencia la tendencia.

El enorme mercado de la entretención, que cada vez crece más, nos demuestra la gran necesidad de contar con nuevos recintos que puedan albergar recitales, festivales y actividades culturales. La demanda incrementa, sin embargo, la oferta de los últimos años -salvo algunos casos como el Claro Arena- sigue siendo la misma. De hecho, el Movistar Arena se ha convertido en un “cañón comercial” olfateando, hace varios años, la necesidad de un recinto especialmente diseñado para la entretención.

Cuidar el césped no es un capricho romántico, es cuidar el producto principal del fútbol. Cada cancha en malas condiciones nos da una mala imagen internacional y una pérdida de espectáculo para el hincha local. Mientras sigamos permitiendo que la rentabilidad a corto plazo marque la agenda sin contrapesos técnicos, seguiremos viendo partidos sobre campos donde no se puede potenciar el juego en las condiciones que se requiere.

Si queremos mejorar nuestro fútbol, primero devolvamos al césped el respeto que merece, porque un estadio en óptimas condiciones, debe ser el punto de partida de nuestra actividad.

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