
Ya bastante se ha hablado de la hazaña de O’Higgins a media semana en Brasil. Cuando aún la historia de los rancagüinos no termina de escribirse, el capítulo ante Bahía rinde lo suficiente como para aprobar la principal asignatura en torneo internacionales a la que podemos optar: el de la competitividad. El equipo minero calificó con distinción frente a un rival con una tesorería inmensamente superior y en instancias finales en las que el 90 por ciento de los clubes chilenos se desploma física y sicológicamente.
Que O’Higgins no sea la excepción local sería lo esperable. Pero después de ver el nivel promedio del inicio del Campeonato Nacional, no hay que extrañarse que a fines de mayo, cuando culminen las fases de grupos en la Sudamericana y la Libertadores, el balance se mantenga en rojo. Tampoco es para amargarse; es solo la constatación de un fútbol chileno en el que a los clubes les cuesta enfrentar realidades paralelas: la local y la internacional. Esta temporada no tendría por qué ser distinta, con una variable estadística que conspira para romper la media, ya que nuestro mejor representante histórico -Colo Colo- ni siquiera accedió a una copa continental.
Vamos por parte. Coquimbo Unido y Universidad Católica esperan rivales en la Libertadores que se conocerán recién el 18 de marzo. Ambos están incorporados en el bombo 3, algo así como los de tercera línea de favoritismo. Una ubicación que ya da una referencia de la evaluación externa y de lo complejo que será pasar a octavos de final. Si a eso le agregamos que el actual campeón en un par de meses perdió una buena parte de su jerarquía y peso futbolístico, debido a la partida del cuerpo técnico y algunas figuras clave en la obtención del título, y que la UC hace varias temporadas que no cruza la cordillera para un desafío copero, la expectativa de nuestros “mejores” representantes tiene que ser realista: disputar un cupo por seguir compitiendo... en la Sudamericana.
Justamente es en este certamen donde están instaladísimas las dudas sobre el nivel de competencia de los chilenos. El sorteo impidió que las dos “mejores” cartas tuvieran más opciones de acceder a los 32 finalistas, ya que Universidad de Chile y Palestino protagonizarán una de las llaves. La otra será entre Cobresal y Audax. De los cuatro equipos hoy ninguno da garantías de extender su participación más allá de quedar en la fase de grupos. Por lo que han mostrado hasta ahora, con dificultad uno sea capaz de concretar una campaña decente, entendiéndose esto como pasar a la siguiente etapa, ya sea como primero o segundo (en el repechaje).
Universidad de Chile, teóricamente el mejor aspectado de todos por volumen de plantel, enfrenta una galopante crisis de resultados que deja a su entrante técnico con la interrogante sobre su continuidad en la banca. Una eliminación ante Palestino será una herida que difícilmente cicatrice, por eso que la gran esperanza de los universitarios radica en que su rival de colonia está tanto peor. El punto es que el presente rendimiento no es un argumento que juegue a favor, pues el paso del tiempo no asegura mejoría ni progreso suficientes como para pensar en competir a nivel internacional. La U, por si fuera poco, se juega en esta llave su segundo gran objetivo de la temporada. Una marginación será un lastre poderoso y con elevados costos, y no materiales precisamente.
Sobre el otro partido playoff, ni hablar. Una clasificación a copa internacional puede sonar a castigo o condena, como usted lo quiera ver. En consideración a lo deportivo y a que el objetivo capital para Audax y Cobresal es no descender, lo mejor que les podría pasar es perder y olvidarse de un torneo internacional. Estamos hablando de largos desplazamientos, gran desgaste físico y operacional que dos planteles cortísimos y limitados no son capaces de soportar. Cualquiera de los dos, de jugar la Sudamericana, tiene garantizado un primer semestre agotador y un segundo, a nivel local, de puro sufrimiento para no irse a la B.
Lo mostrado en estas cinco fechas por Cobresal, que ni siquiera podrá jugar en El Salvador en torneos internacionales, es francamente preocupante. Solo la experiencia y categoría de su técnico, Gustavo Huerta, le otorga cierta esperanza de salvación al equipo minero. Para Audax, en cambio, con un técnico mezquino, conservador y desconocedor del medio -Gustavo Lema-, que está haciendo la práctica en un primer equipo recién a los 57 años, jugar la Sudamericana con un plantel tan despotenciado en nombres como desorientado en la cancha, es firmar de antemano el camino al infierno.








