
A pocas semanas de su nacimiento, la bebé de Wilma González tuvo que ingresar a pabellón. La exchica reality dio a conocer la intervención quirúrgica a la que debieron someter a su hija Martina tras detectar severas complicaciones durante la lactancia.
El cuadro encendió las alarmas luego de notar un patrón de alimentación completamente anómalo en la recién nacida.

Las señales que encendieron la alerta
Tras el nacimiento de su segunda hija, la comunicadora advirtió dificultades persistentes en la rutina diaria que terminaron por agotar a la bebé.
“Desde que Martina nació, la lactancia fue a libre demanda, pero había tomas que duraban casi una hora y, aun así, al poco tiempo volvía a pedir pecho. Durante el día estaba prácticamente siempre conmigo y por las noches se despertaba muchísimo”, relató la española.
Ante la falta de avance, decidió actuar de inmediato: “Al ser mi segunda hija y saber que mi producción de leche no parecía ser el problema, decidí buscar una evaluación”.
“Prácticamente no sangró”: La cirugía a la recién nacida
El chequeo médico arrojó que la lactante padecía de frenillo corto, una condición anatómica en la boca que obligó a someterla a una frenectomía.
Pese a la angustia de ingresar a una recién nacida a pabellón, la modelo confirmó el éxito del procedimiento. “Yo estaba muy nerviosa (Nico fue quien la acompañó), pero todo salió increíble: prácticamente no sangró, lloró muy poquito, cicatrizó muy bien y ahora seguimos con los ejercicios mientras aprende un nuevo patrón de succión”, detalló aliviada.
Finalmente, Wilma explicó los motivos para hacer pública la cirugía de su hija: “Quiero compartir nuestra experiencia porque, cuando existen dificultades con la lactancia, no siempre el problema es la producción de leche. En algunos casos puede existir una limitación funcional como un frenillo corto, y una evaluación profesional puede marcar una gran diferencia”.








