
A los 36 años, Alejandro Camargo vive un presente soñado. Después de más de una década en el fútbol chileno, de empezar desde abajo y de recorrer ciudades, clubes y categorías, hoy encuentra en Coquimbo Unido no solo estabilidad, sino también el mejor momento de su carrera, coronado con títulos y reconocimiento.
Con la tranquilidad y experiencia que dan los años, el volante habla con En Cancha sobre su futuro, pero también sobre sus inicios, y el proceso que lo llevó a radicarse en Chile junto a su familia.
El largo camino de Alejandro Camargo en Chile
-Mirando hacia atrás, ¿cómo evalúas tu paso por Chile?
-Vine hace más de 10 años con la meta de jugar en Primera División. Estuve dos años en la B y lo conseguí. Siempre fue con el afán de seguir creciendo. Se me está dando ahora a los 36 años, pero estoy súper contento de haber vuelto a empezar de abajo. Se valora mucho más todo lo que se consigue. Hoy me veo en Coquimbo, donde nos han tratado muy bien, y conseguir títulos no es fácil. Imagínate, recién ahora pude conseguir dos títulos en lo personal.
-¿Cómo fue tu llegada a Chile?
-Yo estaba en un equipo de Cuarta División en Argentina y apareció un representante, el mismo con el que sigo hoy, que me ofreció ir Lota Schwager. Ahí arrancó todo el proceso acá en Chile. Ellos me abrieron la puerta del club y así empezó toda esta aventura.
-¿Qué tal la experiencia en Lota?
-Muy buena, es un equipo de mucho esfuerzo. Quizás el momento fue complicado pero me permitió darme a conocer y a partir de ahí hacer carrera. Guardo muy buenos recuerdos de esa época.

—Estuviste mucho tiempo en Concepción también. ¿Cómo fue afianzarte en la UdeC?
-Tuve muchos compañeros grandes que me fueron guiando. Con el tiempo te vas compenetrando con la ciudad, el club y la gente. Acá en Coquimbo pasa algo parecido: llevamos dos años y parece que lleváramos seis, por todo lo que se generó el año pasado. La gente te hace sentir muy parte y eso te da mucha más confianza en la cancha.
—¿Qué tiene Coquimbo como ciudad y entorno que lo hace distinto?
-La gente es muy esforzada. Hace lo imposible para estar en la cancha. Los niños son muy fanáticos, te piden fotos, autógrafos, te reconocen altiro. Desde chicos les inculcan los colores, el negro y oro. Eso te genera un sentido de pertenencia muy fuerte. En todas las ciudades que he estado, nunca había visto algo igual, una ciudad tan compenetrada con su equipo. Se siente en todas las partes, y en la cancha lógicamente mucho más.

Más chileno que nunca
—Más allá de lo futbolístico, tú ya estás nacionalizado. ¿Cómo ha sido tu experiencia en el país?
-Nos han tratado muy bien en todos lados. El medio es muy respetuoso, la cultura es muy linda. Estamos muy agradecidos porque no es fácil que te abran las puertas, y creo que lo hemos sabido aprovechar.
—¿Te proyectas viviendo en Chile después del fútbol?
-Es algo que hemos conversado con mi señora. Llevamos más de 10 años acá. Al principio la idea era después del retiro irnos a vivir a Argentina, pero ahora la pregunta es si realmente volveremos en algún momento a Argentina. Estamos muy contentos acá, mis hijos se sienten chilenos, y yo soy un chileno más. Nos proyectamos acá.
-Más allá de que estás plenamente vigente, ¿has pensado en el retiro?
-Sí, es algo que a esta altura siempre ronda en la cabeza. Tengo el curso de técnico y de gerencia deportiva, que me gusta mucho, pero uno nunca sabe qué va a terminar haciendo después del fútbol.
—¿Cuál es tu visión sobre la gerencia deportiva en el fútbol chileno?
-Es fundamental tener instalaciones como las de Coquimbo. Sé que es caro, pero a la larga te trae réditos. Le das vida al deporte, a los chicos, los haces sentir respaldados. Si quieres sacar juveniles, eso es clave. Acá se está haciendo muy bien.
—¿Crees que en Chile está errado el camino en el tema de la formación?
-No hay que apurarlos. El juvenil tiene que jugar cuando te demuestra que está listo, no por obligación. Si lo apuras, le puedes quemar etapas. Acá se ha hecho bien con (Martín) Mundaca, con (Benjamín) Chandía, hay que saber llevarlos.








