Como Gerente de Competiciones de la ANFP en 2017, me tocó liderar —junto a una comisión designada por el Consejo de Presidentes y el Directorio encabezado por Arturo Salah— el retorno de la liga chilena a los torneos anuales o largos, tras años de experimentos con torneos cortos con y sin playoff.

No solo fue un cambio que permitió ordenar el calendario y ofrecer torneos más comprensibles para los hinchas, sino que, junto a la mesa de programación y el Instituto de Sistemas Complejos de Ingeniería (ISCI), avanzamos en un modelo de torneo no espejado. Inspirados en la Premier League, logramos que las dos ruedas no fueran idénticas, lo que redujo casi al mínimo los problemas de calendarización y programación derivados de estadios ocupados por otros eventos o fechas complejas en materia de seguridad y logística.

Lamentablemente, se decidió volver a los torneos espejados, lo que agravó los problemas de suspensiones y los famosos cambios de localía. Estos cambios perjudican incluso el propio trabajo del ISCI, desvirtuando los equilibrios que, con gran esfuerzo, diseña cada año el equipo responsable del fixture.

Muchos de estos temas deberán ser abordados por la nueva Liga Profesional, que deberá contar con una estructura similar a la de una empresa moderna: un CEO o líder ejecutivo acompañado de diferentes departamentos (seguridad, operaciones, marketing, competiciones, responsabilidad social, entre otros) que conformen un organigrama profesional acorde a los nuevos tiempos.

Si observamos la liga chilena de los últimos años, nos hemos quedado atrás respecto a nuestros vecinos sudamericanos. Un claro ejemplo: somos la única liga profesional de Sudamérica que no cuenta con delegados de partido (comisarios o directores de partido, como se les llama en otros países), encargados de supervisar cada encuentro del campeonato local.

CONMEBOL implementó desde 2018 un modelo de control de partidos altamente profesionalizado. En la estructura de cada juego existe un Delegado que encabeza un equipo multidisciplinario integrado por un Oficial de Seguridad, uno de Prensa, Venue Managers comerciales y de Broadcast, oficiales médicos e incluso un Hospitality Venue Manager.

La designación de estos oficiales no es arbitraria. Su función es vigilar que se cumplan todos los reglamentos y los derechos comerciales de los campeonatos, e informar cualquier incumplimiento susceptible de sanción.

En Sudamérica, nueve de los diez países ya adoptaron el modelo CONMEBOL, buscando dar mayor independencia y seriedad a la supervisión de sus torneos. La mayoría realiza workshops de capacitación para estos oficiales, cuyo trabajo debe ser completamente independiente, alejado de cualquier presión por parte de clubes o federaciones locales.

Foto: Aton.
Clásico Universitario. Foto: Aton.

En Chile, el campeonato de Primera División contempla la figura del “Director de Turno”. El artículo 58 de las Bases del Torneo señala: “Dentro del recinto del estadio, la persona encargada de verificar que se cumplan todas las disposiciones establecidas en las presentes Bases será el Director de Turno designado por el club local, en su caso, actuando en coordinación con el Jefe de Seguridad a cargo”.

¿Puede un funcionario de un club local auto-sancionarse? Técnicamente sí, ¿pero lo hará sabiendo que eso podría costarle su puesto de trabajo o generar una multa a su propio empleador?

Hoy, muchos problemas de seguridad o incumplimientos son denunciados por los árbitros, quienes muchas veces reciben avisos desde fuera del campo cuando no logran ver incidentes como mascotas, corpóreos en la cancha, pirotecnia o desórdenes dentro o fuera del estadio.

La resistencia a implementar delegados en cada partido no ha sido, según mi experiencia, por falta de voluntad de los funcionarios de la ANFP, sino principalmente por temas de presupuesto. Actualmente, los costos de los campeonatos los asume íntegramente la ANFP, ya que los clubes no aportan recursos provenientes de los derechos de televisión para la operación de los torneos en los que participan.

Por eso, uno de los grandes desafíos de la nueva Liga Profesional debe ser contar con un presupuesto específico destinado a la operación y organización de sus campeonatos. Solo así podremos sumarnos a la tendencia marcada por CONMEBOL y FIFA, y mejorar significativamente la “experiencia estadio”.

Hay muchos profesionales con experiencia que pueden aportar en este desarrollo, buscando la excelencia y la profesionalización de los torneos locales. Formar un buen equipo de docentes no es difícil, considerando que en el país existen personas con vasta experiencia en torneos FIFA y CONMEBOL.

En Chile es imperativo formar a estos profesionales capaces de supervisar y elevar el nivel de nuestros torneos. Esa será una tarea fundamental para quienes conduzcan la nueva Liga. Generar una estructura profesional no es un desafío: es una obligación si queremos que nuestros campeonatos sean atractivos, competitivos y capaces de mantener el interés de sponsors, televisión y, sobre todo, de los fanáticos que semana a semana aún quieren ir al estadio.

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