
El título continental de Santiago Wanderers Sub 20 abrió una oportunidad inédita para el fútbol chileno. El Decano no solo se coronó campeón de la Copa Libertadores Sub 20, sino que ganó el derecho de disputar una final mundial juvenil ante Real Madrid.
Ese premio, sin embargo, tendrá un sabor distinto. La final de la Copa Intercontinental Sub 20 no se jugará en Chile, pese a las gestiones que se habían instalado para llevar el partido al Estadio Elías Figueroa Brander o al Estadio Nacional.
La definición será el sábado 19 de septiembre de 2026, en el Santiago Bernabéu, a las 12:30 horas de España, según oficializó la UEFA y Conmebol.
La decisión marca un hecho inédito: será la primera vez que este torneo se dispute en Europa. Y ocurre justo cuando el representante sudamericano es chileno, en un contexto donde desde la ANFP se había reconocido públicamente el interés por recibir el encuentro.
El golpe para Wanderers es evidente. El cuadro porteño, que venía de protagonizar una campaña histórica tras vencer en la final de la Libertadores juvenil a Flamengo, deberá enfrentar al campeón de la UEFA Youth League como visitante, en la casa del rival y bajo un marco deportivo y comercial completamente distinto al que se imaginaba.
La final que Chile quería terminó en el Bernabéu
El problema no nace con la confirmación del Bernabéu. Venía instalado desde mayo, cuando Pablo Milad admitió que la sede estaba en disputa y que desde España existían presiones para llevar la final a Europa.

“España está presionando a través de su Federación, ellos quieren que la final se haga allá. Nosotros estamos peleando para que se haga en Chile”, señaló entonces el presidente de la ANFP. En la misma información se detalló que la decisión dependía de UEFA y Conmebol, no directamente de las federaciones.
El propio Milad reconocía una desventaja, pues las ediciones anteriores se habían disputado en Sudamérica. A eso se sumaba el factor económico, porque los organismos organizadores debían financiar viajes, estadía, alimentación, traslados y otros costos asociados al evento.
“Las cuatro ediciones anteriores del certamen se disputaron en Sudamérica. Ambas partes entendieron que esta quinta edición representaba una valiosa oportunidad para que, por primera vez, el certamen se celebrara en territorio europeo, manteniendo un criterio de reciprocidad”, explicaron desde la Conmebol.

Otro golpe internacional para la ANFP de Pablo Milad
La lectura política vuelve a apuntar a la ANFP. No porque Chile tuviera asegurada la sede, ni porque la definición de UEFA y Conmebol carezca de argumentos. Sino porque la federación chilena quería el partido, tenía motivos deportivos y simbólicos para pedirlo, pero no tuvo la fuerza suficiente para conseguirlo.
El caso se suma a una lista de episodios donde Chile ha quedado relegado en decisiones internacionales durante la administración de Pablo Milad.
El antecedente más fuerte sigue siendo la exclusión del país del Mundial 2030, cuando la candidatura sudamericana terminó con partidos conmemorativos para Uruguay, Argentina y Paraguay, pero sin Chile.
Después de ese golpe, Milad reconoció públicamente que la explicación recibida no fue satisfactoria. La versión transmitida apuntaba a que Chile había sido el último país en sumarse y a que la FIFA había pedido solo tres sedes para Sudamérica, argumento que dejó a la federación chilena expuesta en el plano internacional.
La posterior organización del Mundial Sub 20 de 2025 funcionó como una compensación institucional, pero también dejó un punto difícil de obviar. Chile pasó de aspirar a integrar la conmemoración de un Mundial adulto a recibir un torneo formativo como reparación política.
La Copa Libertadores Femenina 2021 ofrece otro antecedente. Chile iba a organizar el torneo, pero la Conmebol modificó el formato y sacó la final del territorio nacional. La ANFP respondió comunicando que no organizaría el campeonato, precisamente por ese cambio que llevaba la definición a Montevideo.

Una señal incómoda para el fútbol chileno
La final de la Copa Intercontinental Sub 20 tiene una carga simbólica mayor por el momento en que llega. Cuando un club chileno llega a una instancia como esta, la institucionalidad no logra capitalizar ese éxito con un evento en casa.
La escena pudo haber sido potente para el fútbol chileno: Wanderers recibiendo al Real Madrid en Valparaíso, con un estadio lleno y una generación jugando una final mundial ante su gente. En cambio, el relato será distinto: el campeón sudamericano viajará a Europa para disputar el título en el estadio del rival.
Ese desenlace no borra el mérito deportivo del Decano. Al contrario, lo agranda. Wanderers consiguió algo que el fútbol chileno necesitaba hace años: competir, ganar y poner a una cantera nacional en el mapa. El problema es que ese logro no encontró la misma respuesta desde la mesa política.
Por lo mismo, no se trata de decir que UEFA o Conmebol le “quitaron” arbitrariamente la final a Chile. Había argumentos de alternancia, costos y proyección comercial. Pero sí hay una conclusión clara es que cuando Chile necesitó incidencia para defender una sede con sentido deportivo, histórico y simbólico, volvió a quedarse corto.
Para la administración de Pablo Milad, el episodio abre otra grieta en su gestión. El país quedó fuera del Mundial 2030, no logró sostener la final de la Libertadores Femenina en el territorio inicialmente asignado y ahora pierde la opción de recibir una final juvenil que tenía como protagonista a un club chileno.
La pregunta que deja el caso va más allá de Wanderers. ¿Cuánto pesa hoy Chile en las decisiones importantes del fútbol sudamericano? La respuesta, al menos con este nuevo antecedente, vuelve a ser incómoda para la ANFP.








