Hans Salinas escribió su nombre con letras doradas en Deportes Iquique. El lateral estuvo durante nueve años en los Dragones Celestes y vivió momentos inolvidables, los que en cierto punto lo confundían a la hora de tomar la decisión de dejar la institución en diciembre del año pasado.

En conversación con En Cancha, destacó el significado del club en su carrera, pero también de la ciudad. En esta vivió sus mejores momentos a nivel deportivo y familiar, destacando el nacimiento de su segundo hijo, quien se empapó con el significado de Iquique al punto de convertirse en acérrimo hincha.

La historia de Hans Salinas en Deportes Iquique

Dentro de los grandes recuerdos que tiene Salinas con Deportes Iquique, está el ascenso 2023, cuando derrotaron a Santiago Wanderers para retornar a la máxima categoría del fútbol chileno, en un estadio repleto en el que no cabía ni un alfiler.

El lateral recuerda con cariño su paso por Deportes Iquique. Foto: Aton.
Hans Salinas. El lateral recuerda con cariño su paso por Deportes Iquique. Foto: Aton.

- Hans, entrando en el último bloque de la entrevista: en mayo se enfrentan Magallanes y Deportes Iquique. ¿Cómo visualizas ese partido? Entendiendo que hoy las realidades son distintas —ustedes van muy bien y a Iquique le ha costado este inicio—, me imagino que para tí, con más de 209 partidos defendiendo esa camiseta, debe ser un encuentro cargado de simbolismo.

Es un club al cual quiero muchísimo, esa es la verdad. Sigo todos sus partidos, los vemos siempre en familia. Mis hijos son iquiqueños: uno nació allá y el otro llegó de apenas unos días de vida a la ciudad. Durante los nueve años que estuve en el club, la hinchada, la gente y los dirigentes me trataron de maravilla.

- Muchísimos condimentos para que no sea cualquier partido en tu carrera...

Sin duda que va a ser un partido especial. Es un club donde yo pensé que me iba a retirar, pero, como te decía antes, las cosas a veces se dan de otra manera y no como uno las planea. En mi casa todos somos hinchas del club, me incluyo, y siempre los estamos apoyando. Vamos a alentar a Iquique siempre, donde sea que juegue, pero lamentablemente, cuando nos toque enfrentarnos, voy a tener que velar por mi equipo actual, que es Magallanes. Es mi trabajo y mi compromiso hoy.

- Es casi imposible no tener sentimientos encontrados. ¿Cómo viven tus hijos esa dualidad de ver al papá jugar contra el equipo de su ciudad?

(Risas) Sí, totalmente. Mi hijo de repente está ahí y canta sus canciones. Cada vez que va a ver jugar al papá, él canta y dice: “¡Vamos los Dragones de Magallanes!”. Apoya a los dos al mismo tiempo, mezcla los nombres. Es parte de la identidad que crearon allá.

- Estuviste nueve años en el norte. ¿Cómo fue ese proceso de convertirte en un hincha más? Porque no es común que un jugador desarrolle un sentido de pertenencia tan fuerte con una ciudad que no es la suya de origen.

Es que el sentido de pertenencia y la identidad que la ciudad de Iquique crea con los niños es muy alta. Allá, por ejemplo, cuando es el Día del Deporte en el colegio, no vas con cualquier camiseta; vas con la de Iquique. Para cualquier celebración, el himno que se canta es el del club. Mis hijos se saben todas las canciones de memoria.

- Se nota que para la ciudad, Deportes Iquique significa muchísimo...

Además, la comunidad y el club están muy conectados. A mí me tocó ir a muchísimos colegios a entregar entradas, a inaugurar canchas o participar en actividades sociales. Los jugadores nos involucramos mucho con la gente y eso crea un vínculo indestructible entre el club y la ciudad. Es difícil ver camisetas de Colo Colo o la U en la calle; allá todos son de Iquique. Ir al estadio allá es hermoso, la banda es espectacular y la mística que se genera con seis mil personas apoyándote, incluso cuando estás peleando en la parte baja, es algo que te motiva y te empuja cuando ya no te quedan piernas. Solo tengo palabras de agradecimiento para ese lindo club y su gran hinchada, de la cual ahora yo también soy parte.

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- Fueron 209 partidos como referente absoluto. ¿Cómo procesaste la decisión de salir, justo después de un descenso tan doloroso como el de 2025? ¿Tenías la intención de continuar o sentiste que el ciclo ya estaba agotado?

Fue una decisión sumamente dura de tomar. Mover a mi familia y a mis hijos, que ya tenían su vida armada allá después de ocho o nueve años, no fue fácil. Pero llegó un punto en el que ya no me estaba sintiendo cómodo en el club. Opté por una decisión con altura de miras y profesionalismo. Sentí que mi proceso en Iquique ya había terminado. Le tengo tanto cariño a la institución que entendí que era el momento de salir para que viniera gente nueva, con nuevos aires y energías para liderar el barco.

- Imagino que nadie en la dirigencia se lo esperaba, ¿o sí?

Conversé con el presidente en su momento y él me dejó la puerta abierta para discutirlo al término del campeonato, pero mi decisión ya estaba tomada. A veces los procesos se terminan y hay que saber aceptarlo por el bien del club.

“Ascender con el club del cual eres hincha es algo impagable y único”

- Te fuiste siendo el capitán que dio la cara en los momentos más duros y en los más felices. ¿Sientes que quedó alguna deuda pendiente o te vas con la paz mental de haberlo entregado todo por la ciudad?

Me fui en paz. Entregué absolutamente todo lo que tenía, tanto como jugador como en mi rol de capitán. Traté de ser siempre cercano a mis compañeros, a los dirigentes y a la gente. Me entregué por completo e hice mucho más de lo que estrictamente me correspondía como futbolista, pero lo hice porque quería a la institución. No me arrepiento de ningún esfuerzo extra ni de los sacrificios que hice por quedarme en el club en momentos clave. Solo puedo decir cosas buenas de Iquique y les deseo lo mejor siempre, porque tienen una hinchada gigante y dirigentes que trabajan con mucha seriedad.

- ¿Cómo fue ese último día? ¿La relación con la dirigencia terminó en buenos términos?

Terminó super bien. El día que firmé el finiquito nos dimos un abrazo con toda la gente que trabaja en el club y nos dimos las gracias mutuamente por todo el tiempo compartido. No tengo por qué irme enojado; lo pasé bonito, construí mi familia allá y nacieron mis hijos. Iquique me dio lo más lindo que tengo, que es mi familia, así que nunca podría ser un malagradecido.

- Mirando hacia atrás, ¿qué crees que falló en ese 2025 para terminar descendiendo? Era un proyecto ambicioso, con copas internacionales de por medio... ¿Qué generó ese cortocircuito?

No tuvimos la capacidad de ser competitivos en ambos torneos al mismo tiempo. Estábamos avanzando en Copa Libertadores y luego pasamos a la Sudamericana, pero en el Campeonato Nacional no podíamos sumar. Buscar culpables hoy no tiene sentido; todos tuvimos responsabilidades: jugadores, técnicos y dirigentes.

- A nivel personal, ¿esta temporada para el olvido te dejó algún aprendizaje para el futuro?

Que a veces uno se entrega tanto a la copa internacional que descuida el torneo local. Para pelear en dos frentes necesitas planteles muy amplios y competitivos. Además, Iquique es un equipo que viaja mucho más que el resto y teníamos un plantel de edad avanzada; los viajes te pasan la cuenta físicamente. Fue un cúmulo de cosas, pero si algo me deja tranquilo es que descendimos luchando hasta la última fecha. Tuvimos una racha muy buena con Rodrigo Guerrero y estuvimos a nada de lograr una épica contra la U de Chile, pero el fútbol es así.

- Para cerrar, si tuvieras que elegir el momento más feliz de toda tu etapa en Iquique, ¿cuál sería?

Sin duda alguna, el ascenso contra Santiago Wanderers. He vivido momentos increíbles: el nacimiento de mis hijos, marcar un gol en la Copa Libertadores, o aquel gol contra Huachipato que nos salvó del descenso en su momento. Pero ascender con el club del cual eres hincha es algo impagable y único. Es una alegría comparable a salir campeón. Hay jugadores con trayectorias larguísimas que nunca pudieron dar una vuelta olímpica; a mí me tocó vivir esa instancia y es lo que más voy a atesorar cuando me toque decir adiós al fútbol profesional.

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