Coquimbo Unido atraviesa la década más ganadora de su historia, coronándola el año pasado con el título de la Liga de Primera y este año con la Supercopa. Pero hubo un trofeo que quedó en las venas Piratas: el ascenso de 2018. Esto porque retornaron a la máxima categoría del fútbol chileno tras 11 años en Primera B.
Una campaña que estuvo comandada por Patricio Graff, de 43 años. El argentino le cambió la cara al equipo y fueron temidos en aquella campaña, dejando gratos recuerdos tanto en la hinchada como en la dirigencia, la cual confió a ojos cerrados en sus capacidades.
Su última estancia en Coquimbo Unido fue en 2022, pero por más que pasara el tiempo, el cariño sigue incondicional. Graff conversó con En Cancha y recordó sus días como capitán del barco pirata, destacando a muchos de los jugadores que tuvo y que fueron claves para la obtención del título en 2025.
Patricio Graff y sus días como pirata
Pero no solo se habló de su amor por el aurinegro, sino que también de la posibilidad de dirigir al archirrival: Deportes La Serena. Por más que se jacta de su profesionalismo y de que no es quién para cerrar puertas, admite que en estos momentos no piensa en arribar a La Portada.
- Coquimbo Unido logró su primer título en la máxima categoría del fútbol chileno, ¿pudo seguir la campaña? ¿Está al tanto de la actualidad del equipo?
Primero, me puso muy contento por todo el pueblo pirata. Más allá de que el club me dio la oportunidad de lograr el ascenso y clasificar a la Sudamericana, me dio mucha felicidad que el ‘Chino’ González y muchos de los futbolistas que yo dirigí pudieran ser campeones. Mantengo un gran vínculo con la directiva, que es la misma de mi etapa, y eso me puso muy feliz.
- ¿Qué cree que llevó a los Filibusteros a celebrar su primer título en Primera División?
Creo que hubo varios factores clave. Por un lado, encontraron un arquero con mucha personalidad que les quitó presión a los más jóvenes (Mono Sánchez). También encontraron a futbolistas mucho más hechos; casos como los de (Sebastián) Galani, ‘Pichu’ Cabrera o Dylan Escobar. Incluso el mismo (Cristián) Zavala: hoy ya son hombres, no son jugadores en proceso de formación como cuando los tuve entre 2018 y 2019.
- En ofensiva también eran fuertes...
La llegada de goleadores de la clase de Cecilio Waterman y la pegada de (Matías) Palavecino, que con ese “guantecito” que tiene aportó mucho en pelotas paradas y media distancia. Finalmente, la solidez defensiva con gente de experiencia como (Bruno) Cabrera o (Manuel) Fernández fue fundamental. Todo esto hizo que el protagonismo fuera del equipo y no de un solo futbolista.
- Si mal no recuerdo, Coquimbo Unido fue su primer club como entrenador, ¿qué espacio tiene en su corazón el cuadro Pirata?
Siempre lo he dicho: Coquimbo es mi segunda casa. Deportivamente, Rosario Central me dio la oportunidad de ser profesional, ser campeón e ir a Europa; pero en mi etapa post carrera, quien realmente me abrió las puertas fue Coquimbo Unido.
- ¿Qué tuvo Coquimbo Unido que lo enamoró?
La gente me trató de maravilla y las cosas salieron bien, algo que es fundamental. A veces necesitas que te acompañe la suerte y que se alineen los planetas para conseguir los objetivos, tal como nos pasó en ese momento (2018). Llevo a los coquimbanos en el corazón desde aquel 2017, cuando arrancamos un proceso hermoso. Disfruté mucho el camino, aunque está claro que haber conseguido el objetivo final fue lo que terminó por coronar todo el resto.
- Entendiendo este amor por el club, y sin el ánimo de presionar nada. ¿Le gustaría dirigir el día de mañana a Coquimbo Unido nuevamente?
Uno siempre quiere volver a los lugares donde disfrutó, y Coquimbo es uno de ellos. De todas formas, hay que ser muy respetuoso: hoy hay un técnico con trabajo que lo está haciendo muy bien y eso se respeta. Pero, lógicamente, me encantaría volver al fútbol chileno y, por supuesto, a Coquimbo. Es el club que me robó el corazón y los llevo siempre conmigo.
- No puedo no preguntarle, y disculpe lo indecoroso, pero si mañana lo llama Deportes La Serena para comandar el proyecto, ¿aceptaría?
A ver, obviamente esto es trabajo, pero también uno tiene que ser respetuoso. Si hoy digo que Coquimbo es mi segunda casa y que los quiero tanto, me parece que quedaría mal aceptar una propuesta del rival; sentiría que estoy faltando a mi palabra con el hincha coquimbano. Ellos se merecen que yo sea lo más transparente posible y no vender humo.
- Entonces, de momento están cerradas las puertas, ¿no?
Lo digo sin faltarle el respeto a La Serena, por supuesto. Uno siempre agradece el interés porque es trabajo y también depende del momento personal de cada uno; si uno está necesitado, las perspectivas cambian. Pero hoy, en mi situación actual, no sería una opción viable. En el futuro cabe una posibilidad, pero en el corto y mediano plazo, no está en mis planes dirigirlos.
- En ese sentido, ¿cómo quedaron las relaciones con la dirigencia de Coquimbo Unido tras su salida en 2022?
Todo terminó muy bien. Creo que ambas partes entendimos que cada uno puso lo mejor, pero las cosas no salieron como en el primer proceso; simplemente nos dimos la mano y nada más. No hubo ningún rencor ni inconveniente de por medio. Cuando creímos que lo mejor era dar un paso al costado para que ellos siguieran con otro entrenador, lo hicimos. Eso también ayuda a que el día de mañana yo pueda volver sin tener que pedir perdón por haber hecho o dicho algo indebido.
- Una dirigencia que es constantemente destacada en el fútbol chileno...
He vivido otros procesos donde no he salido tan bien. Si bien las formas y los lugares fueron distintos, no terminaron de forma desastrosa, pero sí fueron experiencias diferentes. En cambio, con la directiva de Coquimbo nos dimos un abrazo; incluso sentimos pena por tener que interrumpir esa relación. Son personas que hablan claro y dicen todo de frente, algo muy valorable en estos tiempos.
- Continuando con la excavación de su paso por Coquimbo Unido, ¿cuál es el recuerdo que más atesora de su paso por la institución?
Recuerdo perfectamente el inicio de mi carrera como entrenador en solitario en 2017. Era un torneo de transición sin descensos y, aun así, con la poca materia prima que teníamos —algunos futbolistas del club y experimentados como el querido Leo Monje— logramos salir cuartos. Después vino el campeonato y el ascenso, y finalmente el haber clasificado a la Copa Sudamericana. Esa fue la instancia en la que decidí irme a O’Higgins, en lugar de haberme quedado a disfrutar de una copa internacional con el club.
- En los años que estuvo en Coquimbo Unido, ¿cuál fue el jugador que más le llamó la atención?
Jarita (Gonzalo Jara) me llamó mucho la atención. Volvió al club con cierta edad, pero dentro del campo de juego daba soluciones solo por su capacidad para entender el juego; eso nos ayudó muchísimo. Tener a un futbolista de esa jerarquía entre nosotros, un jugador de selección, fue muy importante. Además, su calidad humana acrecentaba mucho más lo que ya era como futbolista.
- Un jugador fenomenal...
Con el balón, técnicamente era superior; a veces incluso más que los volantes centrales que teníamos en el equipo. Eso te daba muchas soluciones y opciones en la salida. Gracias a Dios, pude disfrutar de tener a un jugador de ese nivel.