
Este sábado, por la fecha 14 de la Liga de Primera, Universidad de Chile retomó los abrazos en el torneo tras vencer por 2-1 a Deportes Concepción, en un partido marcado por una polémica arbitral en los minutos finales.
Con el duelo aún 1-1 en el marcador, cuando el reloj marcaba el minuto 73 de juego el árbitro principal, Mario Salvo, decidió expulsar al futbolista del León de Collao, Diego Carrasco, por un supuesto insulto tras un cobro del juez.
Hasta acá, nada que no pueda ocurrir en un encuentro de fútbol, sin embargo, aquello desató la furia de los Lilas, lideradas por el propio Carrasco, que una y otra vez aseguraba no haber insultado al principal, señalando además, que en todo momento se mantuvo a varios metros de distancia de este.
Tras el pitazo final, quien se unió a los reclamos fue Joaquín Larrivey, que derechamente culpó a Salvo de la derrota del equipo en el Estadio Nacional, ya que minutos después de la roja, llegó el segundo tanto de Eduardo Vargas que sentenciaría el triunfo de los locales.

“Se desvirtuó el partido a partir de la expulsión”
“Siento que se nos escapa exclusivamente por responsabilidad del árbitro, a quien considero un gran árbitro, pero que esta vez, salvo que tenga el oído de un lobo o de un perro, se equivocó”, señaló el ex jugador de la U, que después argumentaría sus dichos.
“De acá, a 10 metros no se escucha, y él lo escuchó (el insulto) a 50 metros. Lamentablemente, me parece que se desvirtuó el partido a partir de la expulsión”, agregó.

“El primer tiempo nos dominaron, pero el segundo estábamos dominando nosotros, haciendo un partidazo. Hicimos el empate y estábamos más cerca nosotros del segundo que ellos del dos a uno. Estas jugadas puntuales frente a un gran equipo, grandes jugadores y frente a este estadio espectacular, se hace muy cuesta arriba”, indicó.
Siguiendo con su análisis de la polémica juagada, Larrivey confesó lo hablado con Carrasco, protagonista de la acción que señala nunca haber insultado directamente al juez.
“Él dice que insulta, pero no directamente al árbitro. Aparte, como te digo, es imposible que el árbitro interprete y escuche que alguien lo está insultando de acá a 50 metros. No se escucha nada, realmente. Yo trataba de comunicarme con mis compañeros y, con la gente alentando, 35.000 personas gritando, es imposible escuchar. Me resulta muy llamativo. Hoy se equivocó, lamentablemente, se equivocó y nos vamos con la manos vacías”, cerró.








